Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

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El valor del directo en la televisión del futuro

Hace años, hacer en televisión un programa en directo era algo muy complejo. Más allá de las noticias, muy pocos programas de televisión se hacían en directo por el enorme riesgo y los elevados costes que esto suponía. Y eso hacía que aquellos programas que sí se hacían en directo, hicieran incapié en ello, recordando al espectador que lo que estaban viendo en sus pantallas ocurría justo en esos instantes.

Eso suponía un enorme prestigio. Parecía que un programa en directo estaba más vivo y era más interesante y real que si se hacía en diferido. Aunque eso sigue siendo así, de alguna manera asumimos como normal que los programas sean en directo. Muchos de ellos lo son. Sin contarlos, diría que son mayoría.

Y entonces llega internet. Se habla mucho de cómo internet rompe las barreras del espacio. Pero es que también rompe las del tiempo. Ya no tengo por qué ver Buenafuente o El diario de Patricia en directo. Puedo verlos por la mañana o cuando llego a casa si es que no estoy en casa cuando empiezan.

¿Qué sentido tendrá entonces hacer programas en directo? El programa diario no estaría asociado a una hora (más allá del momento de colgarlo en la red) y al hecho de que, si está vinculado a actualidad, tendrá una fecha de caducidad muy próxima.

Claro que se muchos de estos programas pueden emitirse en streaming en directo. Pero lo que es seguro es que podremos verlos a la hora que nos venga en gana. Y eso conlleva muchos cambios en la relación entre contenido y telespectador. De la misma forma que Lost es una serie y, en cambio, los lazos que hemos establecido con ella son muy distintos a los que habíamos establecido hasta entonces con cualquier serie, Buenafuente no será lo mismo cuando nos acostumbremos a verlo cuando nos apetezca.

El cambio más drástico que intuyo es que el tratamiento de la actualidad cambiará. Cuando los guionistas de un programa como Buenafuente preparan el guion, saben con qué información llegará el espectador al sofá. Si Millet ha salido ya de la carcel o no, y si el Barça ya es líder de primera división. Pero ahora, puede que la información que ellos traten se haya actualizado. Puede que cuando el espectador mire su tele (o su iPhone, iPad o lo que demonios quiera usar), Millet ya estará otra vez en la cárcel o el Barça habrá perdido la liga (¡ey, espero que no!). Así que la relación entre actualidad y entretenimiento audiovisual podría tomar un rumbo.

Más allá de esos matices, ¿qué sentido tendrá hacer directos con el sobrecoste que eso supone? Yo creo que se reducirá mucho la cantidad. Me atrevería a decir que sólo tienen sentido dos tipos de programas que seguirán haciendo en directo:

– Eventos masivos de interés general. Por ejemplo partidos de fútbol, conciertos, ficciones que trascienden de lo habitual y que se espera que sean grandes éxitos (como el final de Lost o el estreno del último film de Eclipse)…

– Información de noticias. En eso tiene mucho sentido la información 24 horas que va repitiendo contenidos.

Así, de la transición que hicimos del diferido al directo pasaremos de nuevo al diferido. Pero un diferido… diferente. A la carta. De más calidad.

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La regulación de la publicidad en televisión

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No soy ningún experto en regulación en los medios de comunicación, pero creo que la nueva ley audiovisual permitirá que los canales de televisión emitan hasta 29 minutos por hora. Así que, a la práctica, la mitad del tiempo, las teles podrán ser anuncios.

Las asociaciones en defensa de los consumidores han protestado. No les parece bien. Claman a que la saturación de publicidad perjudica a los espectadores y a los anunciantes. Y yo digo, ¿y qué?

¿Por qué hay que marcarles un tope de tiempo? Si una televisión quiere ser publicidad las 24 horas del día, ¿por qué no podría serlo? Si hay alguien dispuesto a anunciarse y otro dispuesto a verlo en esas condiciones, yo no tengo nada que decir.

El tema es que, como en casi todo, el mercado debería autorregularse. La gente no es tonta y, si en una cadena hacen menos publicidad que en otra y esta llega a estorbarles, pues sólo se pasarán a la competencia. Por otro lado, los clientes, que son los anunciantes y no los espectadores (no olvidemos este detalle), saben perfectamente que los espectadores aprovechamos para ir al lavabo o preparar la cena mientras ellos se dejan un dineral. Así que ellos tampoco entrarán en un espacio que esté demasiado saturado.

Alguien quizás podría pensar que hay pocas televisiones y pueden ponerse de acuerdo; todas metemos 40 minutos de publicidad y el que no quiera tendrá que asumirlo. Aunque ya no es así (en Barcelona tenemos casi 50 canales de televisión), aceptándolo como premisa, no tengo ninguna duda de lo que pasaría. Sería un incentivo a la fuga de espectadores. ¿A dónde? Allí donde no hay barreras en el campo… todavía; internet.

Yo, y no soy el único, sólo miro en televisión fútbol. Y, algunos domingos, fútbol americano. Nada más. Las películas y algunos programas los veo por internet. Y una vez se llega a la red, no hay duda que los medios ya no podrán ponerse de acuerdo porque, de hacerlo en contra del espectador, acabarán por encontrarse alguien que lo haga sin tanta publicidad.

En este país tenemos la mala costumbre que el papá estado tiene que velar siempre por nosotros. Eso acabará por traducirse, ya lo veréis, en que regularán la publicidad también en internet. ¿Por qué no iba a hacerlo si es a lo que está acostumbrada la gente?

En mi opinión, el estado sólo debería controlar dos cosas; el horario infantil (cosa que, por cierto, no hace) y que cuando se hace publicidad, se avise (cosa que tampoco hace siempre). Traspasado a internet, lo único que queda es el control sobre avisar de la publicidad, porque el horario infantil pasa a ser responsabilidad total de los padres (no tiene sentido hablar de horario en internet, es asíncrono).

Nos hace falta un cambio de chip. El espectador/usuario lo tiene ahora más fácil para tomar decisiones. Las empresas están obligadas (estamos obligadas) a gustarles o nos abandonarán. Que el estado no juege ni el papel del ciudadano ni el de las empresas. Con que haga de estado, es suficiente.

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Las televisiones en un portal único

Gracias a un twitt de Sergio Gazeau, CEO de Lingus, he leído esta noticia en Expansión. Según parece, las cadenas de televisión (el artículo no lo especifica, pero entiendo que son, al menos, TVE, Antena 3, Tele 5, la Sexta y Cuatro) estudian la posibilidad de volcar todos sus contenidos en un solo portal.

Por lo que cuenta la noticia, Albertis Telecom, ha creado un portal inspirado en el modelo hulu. Esta web americana aglutina los contenidos de las mayores cadenas de su país, excepto la CBS y goza de gran éxito.

Como en casi todo, hemos tenido que esperar a que allí funcionara algo para aplicarlo en nuestro país. De todas formas, ya me está bien que las cosas empiecen a cambiar en nuestro país.

Creo que el twitt de Sergio era muy acertado «El círculo empieza a cerrarse» porque esto provocará que mucha gente descubra el potencial de poder ver lo que quieras cuando quieras en el sitio que quieras. Y, por ende, el resto de portales orientados a contenidos audiovisuales nos veremos beneficiados. Estoy seguro.

Destacaría el elemento de que las cadenas parecen haberse dado cuenta de que son capaces de generar más audiencia todas juntas que cada una por separado. Curiosa demostración de que no siempre 1+1 es igual a 2. El hecho cierto es que la cocompetencia es un camino que abre muchas posibilidades, por lo menos, en nuestro sector.

Creo que es una buena noticia para todos que sabremos aprovechar tanto los productores de toda la vida como los de nueva generación.

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Series de televisión online autorreferentes

La semana pasada, en Alt1040, colgaron el primer episodio de una serie que se llama Ikea Heights creada para Channel 101. Merece la pena verla;

IKEA Heights from DaveAOK on Vimeo.

Hay varios aspectos que me parecen interesantes;

1º/ El primero es obvio; la escasez de recursos alimenta la imaginación. La serie es de lo más divertido y la propia incapacidad de poder montar un plató lleva a utilizar Ikea (sin pedir permiso) como fuente de espacios. En si, es brillante. Además, ha enriquecido la historia porque que la empresa en la que trabaja el protagonista sea de cojines, te hace dibujar una sonrisa.

2º/ Como siempre, y como hemos dicho varias veces, uno de los elementos clave es la posibilidad de la distribución de los contenidos de forma libre. Utilizar vimeo, como es el caso, o cualquiera de las otras posibilidades de webtv tipo youtube, blip… es clave en la estrategia para que todo el mundo conozca lo que haces.

3º/ Voy un poco más allá. Antes he comentado que, a priori, tener que hacer uso de Ikea nace de la necesidad. Pero la clave de la cuestión es; ¿cómo aprovechar esa «desventaja»? Estamos acostumbrados a que, en las ficciones (ya sean series de televisión, películas…), las partes irrelevantes se eliminan. Es lo que se conoce por elipsis. Y una de esas partes que suele desaparecer es la parte donde los personajes se desplazan de un lugar a otro. Pero cuando te ves obligado a grabar en Ikea, lo que sucede es que esos desplazamientos sólo pueden realizarse por en medio de las estanterías. Mostrarlo le da un tono cómico y, lo que normalmente es irrelevante, pasa a tener cierto interés.

Quizás a alguno le parezca pretencioso pero yo no puedo evitar que los paseos entre las estanterías de esta serie online, y toda esa gente mirando, me recuerden a cierto cine de vanguardia. ¿No le veis similitudes, por ejemplo, a la serie sobre USA de Lars Von Trier? Me refiero a Dogville y Marderlay. Tampoco dejaría de lado las sobreinterpretaciones que hacen los actores parodiando los culebrones de televisión.

No hay duda de que, lo que nace como las ganas de contar algo, se convierte en parte de la construcción de los nuevos lenguajes audiovisuales, en puro metalenguaje. Obviamente, todo esto no es culpa de internet. De hecho, el cine toda la vida ha explorado nuevas formas de contar cosas. Lo que sí está haciendo internet es poner fácil la distribución a un montón de gente con talento pero sin recursos que pueden ofrecer trabajos que pueden ser vistos por la audiencia, cosa que el cine y la televisión convencional sí dificultaban eso. Y ello acelera ese proceso de investigación.

Por cierto, esta no es la única serie de Channel 101. Merece la pena echarles un ojo.

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Proyección ingresos de la television online

A mediados de agosto, webTVwire publicó las últimas previsiones de ingresos para el sector de la televisión por internet según emarketer comparado con la inversión en televisión convencional y en el global de internet.

Los datos para el 2013 son que la televisión online pasará de representar un 1,5% de toda la inversión en publicidad en internet a ser el 11%. Si, en cambio, nos comparamos con la inversión en televisión, el webtv pasará del 0,5% al 5%.

Parece que, poco a poco, el sector de las webtv se está haciendo su sitio.

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guion y cine

Ciutat Morta

Ciutat morta

Ayer TVC emitió el documental que ha ido ganando popularidad a cada dificultad que se le ha puesto para acercarlo al gran público. Se ha convertido en un éxito de audiencia (un 19% en un canal con un 1,4% de media) y ha generado un enorme buzz en las redes sociales. Incluso, una concentración a posteriori frente a las sedes de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona.

El documental retrata cómo, tras un desalojo policial de una fiesta okupa en el centro de Barcelona en 2005 donde un policía queda en estado vegetativo, 4 inocentes fueron torturados y acabaron en la cárcel. La tesis del documental es que hay todo un entramado corrupto que prefiere tener a antisistemas en la cárcel antes que reconocer un error. Y todo ello con el telón de fondo de la Barcelona «parque de atracciones» para turistas. Es como si detrás de las postales, la luz y el cosmopolitismo se escondiera una ciudad gris y corrupta.

El documental es sencillo en sus formas. Algo oscuro y tétrico. Sólo se concede luz cuando se trata de retratar esa ciudad para turistas, lo que la convierte en algo falso, artificial. Me recordo un poco al arranque de Blue Velvet de David Lynch, como si estos primeros minutos fueran una metáfora de las más de 2 horas de Ciutat Morta.

Siento que al documental le faltan voces del lado del «poder». Falta el derecho a réplica. Pero eso no hace flaquear al documental. Su contenido es tan fuerte e incontestable, y está explicado tan en primera persona, que es imposible no conmoverse.

Algunas reflexiones:

1º/ Creo que la tesis no es acertada. Más que ver un sistema corrupto, lo que yo vi es un sistema incapaz de asumir el error. Frente a este, lo tapa amplificándolo y haciendo sus heridas aún más sangrantes.

2º/ Los más interesados en defender el contenido del documental es la gente que cree sinceramente en los cuerpos de seguridad. Son (somos) precisamente estos los que hemos de ser más exigentes. Mirar para otro lado sería terrible. Por eso, creo que el sistema ha de articular respuesta para este tipo de situaciones.

3º/ El documental profundiza poco en la persona que deja en estado vegetal al policía. Critica los silencios de la administración frente a los abusos policiales pero casi nada los de las más de 1000 personas que estaban en la fiesta okupa y que algunos de ellos seguro que vieron a quién lanzó el tiesto. Es evidente que el silencio de la administración es mucho más grave. Pero el mecanismo humano que lleva al silencio es el mismo; la autoprotección. Si como ciudadanos no somos exigentes con nosotros, difícilmente conseguiremos que las administraciones sean mejores que nosotros. Al fin y al cabo, esas personas también han permitido que 4 inocentes pasaran muchos años en la cárcel, que uno de ellos se suicidara y que un homicida esté en su casa.

4º/ Ha costado que TVC emitiera el documental a base de mucha presión cuidadana. Triste que haga falta eso. Pero no podemos perder de vista que, al final, no tenían ninguna obligación y lo han hecho. Preguntémonos si eso hubiera pasado en la otra televisión pública.

Si alguien no lo ha visto, puede verlo aquí;

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Sálvame y el horario protegido

Jorge Javier Vázquez

Ayer la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) le dio un ultimatum al programa Sálvame para que adapte sus contenidos a lo exigible en horario protegido. En teoría, las televisiones no pueden emitir contenidos inapropiados para niños de 6 de la tarde a 10 de la noche. Desde Mediaset han salido en defensa de su programa y de los puestos de trabajo. También aseguran que esto se debe a organizaciones ultraconservadoras nada representativas. Algunas reflexiones:

1º/ Las televisiones tienen unas limitaciones legales. Como todas las empresas. Una de ellas, establece que hay los horarios protegidos. Es una de sus obligaciones. Apelar a la libertad personal con niños haría reír si no fuera que las televisiones hacen por sistema contenidos inapropiados para niños. Y la responsabilidad puede ser de los padres, pero ¿eso exime a las teles de cumplir con las normativas? En absoluto.

2º/ Las televisiones son privadas. ¿Y ya está? No. Porque esas teles no emiten (sólo) por internet. Para llegar a nuestra casa utilizan el espacio radioeléctrico. El espacio radioeléctrico es muy limitado y, por eso, es público y lo gestiona el gobierno. Las televisiones tienen una concesión pública. Es decir, que les estamos concediendo algo muy preciado y escaso. ¿Tan terrible es pedirles cosas a cambio?

3º/ Mi amigo Gonzalo Martín me contestaría que es ponerle barreras al campo. Y tiene parte de razón. En la época en la que los contenidos pueden consumirse a través de internet a cualquier hora, estas limitaciones tienen un efecto menor que hace 10 o 15 años. Ahora bien, la fuerza que hoy tiene la televisión sigue siendo enorme. Es de acceso mucho más fácil que cualquier vídeo de youtube (a uno o dos clicks como máximo!). Sin ir más lejos, en un año la televisión ha popularizado un líder político relevante. Ni la mayor experiencia youtubera ha tenido un impacto medianamente parecido.

4º/ En «Sálvame» dicen que que esto es un ataque para favorecer a su competencia, que a esas horas hace culebrones. Viendo cómo funciona todo, probablemente tienen razón. Dicho esto, eso no hace más deseable su contenido ni aceptable dentro de horario protegido. «Sálvame» es un juego. Pero la lectura que hace el espectador medio de un programa así no es esa. Ve «realidad», frente a la ficción de los culebrones. Sin duda, los culebrones son una bazofia, pero «Sálvame» es execrable.

5º/ Alguien puede pensar que esto es contradictorio con mi punto de vista liberal. No lo creo así. Que lo hagan a las 11 de la noche, si quieren. Yo no me meteré con lo que un adulto haga con su tiempo ni con una familia que permita a un niño pequeño estar viendo tele a esas horas. Pero con lo que le afecte a un niño sí que me meto. Porque le veo indefenso. Libertad no es sinónimo de libertinaje.

6º/ Por último están los puestos de trabajo que «se pierden». ¿Seguro que se pierden? ¿Qué hará Tele 5 si les impiden hacer «Sálvame»? ¿Dejarán las barras de colores las 3 o 4 horas que dura el programa o crearán otro formato? «Sálvame» no sería un ejemplo de programa «caro», ni de necesitar un equipo espectacular. Por tanto, tampoco parece que este sea un buen argumento.

Las televisiones se sienten con la libertad de hacer lo que les plazca. Pocas veces les llaman la atención. El precio que pagamos es que aceptamos como normal cosas que no lo son. «Sálvame» no merece ocupar la casi totalidad del horario protegido.