Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

drama

Estiu 1993

Estiu 1993

Algunos directores y guionistas hacen enormes esfuerzos por explicar historias naturalistas. Quieren reproducir la vida sobre un celuloide. Ha sido el motor de algunos de los más inspirados movimientos cinematográficos de la historia, como el realismo poético francés, o el neorrealismo italiano. Cada uno con sus formas propias, deseaban ser fieles a la realidad y, pasada por la mirada del creador, hacer emerger lo poético. Hoy en día, sigue siendo uno de los faros que, paradójicamente, lleva a más realizadores y realizadoras contra las rocas. Confunden lo realista con lo trágico y lo sutil con lo insustancial. Y la tragedia, en este caso no la del relato, se consuma.

“Estiu 1993” tiene todos los ingredientes para acabar chocando con esas mismas rocas llenas de buenas intenciones y excesos de autoestima. Basa la historia en las vivencias de la realizadora, la protagonizan dos niñas muy pequeñas y no tiene ninguna intención evolucionar a través de la acción. Es muy probable que sea la combinación de estas decisiones tan arriesgadas la que hace al filme tan mágico.

Si dirigir actores es difícil, dirigir niños está casi prohibido. Laia Artigas, Frida en la película, y Paula Robles, con apenas 4 años interpreta a Anna, no se comportan como dos personajes sino como dos niñas reales. Juegan como juegan las niñas, tocan como tocan las niñas, ríen y lloran como ríen y lloran las niñas. Juegan felices y, de repente, algo explota y pasan al llanto, o a la inversa. A este nivel sólo se puede llegar mediante la improvisación. El riesgo es que las niñas no digan aquello que es necesario que digan para que la trama fluya, algo que no pasa jamás. Algunas escenas son increíblemente largas y, a pesar de ello, las niñas hacen lo que la historia requiere con esa naturalidad.

La directora, Carla Simón, sube la apuesta manteniendo casi con rigor total el punto de vista de Frida. Los padres (Bruna Cusí y David Verdaguer) parecen decorado en muchos momentos. Sobre todo al principio, cuando Frida aún no está familiarizada con ellos. Sus conversaciones son esa especie de rumor que los niños apenas atinan a entender pero del que, en cambio, captan la emoción a la primera. Los planos, a ratos, son casi subjetivos. Las conversaciones entre los “mayores” condicionan los comportamientos de Frida, pero el espectador casi nunca los recibe de forma explícita, como suele suceder. Como ella, cazas palabras, frases, tonos, emociones. Lo demás, lo reconstruyes.

Cuando acabó la película, que tuve la oportunidad de ver en Xiscnèfils, hubiera querido ir a dar las gracias a todo el equipo que participó. Pocas veces me han hecho vibrar tanto con un relato tan cotidiano. Recuerdo una emoción muy parecida en la trilogía Antes de amanecer, o en La soledad. Son películas en las que uno se reconoce porque son capaces de captar lo esencial de lo que sucede y vestirlo en un cuadro hiperrealista.

Transmitir verdad es un bien preciado, perseguido por muchos. Simón ha conseguido con creces mostrar los rincones de su historia sin darlos de forma obvia. Nos lleva al mundo interior de Frida, a nuestra psicología más infantil. Quizás ingenua, pero compleja.

Política

Sobredosis de “procés”

Unos días antes del referéndum, un amigo tuiteó que le sorprendía la cantidad de gente que sólo escribía mensajes a favor o en contra, como si la vida no tuviera más cosas importantes. Me sentí interpelado porque soy consciente de que tuiteo demasiado sobre el “monotema”. No tanto por estos días, en los que es lógico que lo inunde todo. Es sobre todo por los años que hace que esto es así.

Es una reflexión que me he hecho de forma íntima muchas veces. Comprendo el mensaje de mi amigo porque hasta yo estoy cansado de mí mismo en twitter. Como si sólo me interesara esto. La vida es más una suma de retales; familia, amigos, trabajo, cervezas, viajes, retos, y aspiraciones, que un trozo de tela único, plano y repetitivo.

Mi vida sigue centrada en mis proyectos profesionales, me preocupa estar al día de cómo va la economía y los sectores que me afectan de forma más directa. Continúo apasionado por la ciencia y consumo libros y revistas como lo hacía. Me acuno viendo una película o serie casi a diario. Quizás es el mejor momento del día. Mucho mejor que cuando pienso o discuto sobre la independencia. Y ahora he añadido a mis entretenimientos escaparme a escuchar ópera de vez en cuando.

La pregunta lógica que me hago es, si me interesan tantas cosas, ¿por qué demonios escribo siempre de lo mismo? Suelo llegar a una serie de justificaciones, que no acaban de calmar del todo la mala conciencia por no mostrarme más diverso.

La causa principal es que me interesa. Es así. De hecho, siempre me ha interesado la política. Sobre todo, porque implica informarse un poco de todo. La identidad, como proceso de construcción personal, social y como espacio político me parece un tema apasionante.  En él interseccionan presente, pasado y futuro, cuestiones mediáticas, culturales, históricas, y sociales muy complejas y donde, en mi opinión, se da una clara situación de injusticia en Catalunya desde muchos puntos de vista.

No voy a entrar en esto ahora, ni en rebatir su percepción de que las redes sociales han radicalizado al pueblo. Aunque han jugado un papel importante y las redes tienden a la endogamia y maniqueísmo, no estoy muy de acuerdo con él. Pero justificarme me obligaría entrar en unos matices, que me apartarían del tema central del artículo.

Además de interesarme mucho, cuando entro en twitter, hay un río de gente hablando sobre el monotema. En uno y en otro sentido. Es muy sencillo dejarse llevar por lo que todo el mundo habla. Twitter es una herramienta donde la clave está en la interacción entre usuarios y el grado de interacciones que obtengo hablando de esto es muy superior al resto de temáticas. Sé que, al integrarme en el debate de todos, alimento que en otros temas nadie interaccione conmigo, pero no puedo negar la sensación de hablar en el desierto si comento lo último que he leído en “Investigación y ciencia”.

Antes de escribir un twitt, intento preguntarme si voy a aportar algo de verdad con él. Aunque me apasione, escribir digamos que sobre física o economía me da pudor. Me da la sensación de que hay gente más adecuada para hacerlos porque saben más. Reconozco que este filtro es muchísimo más liviano si es sobre política. Sí tengo seguridad cuando hablo de cine. Pero el problema es que no suelo ver las cosas cuando se estrenan y veo desfasados mis comentarios sobre una película que hace tiempo que abandonó las salas.

Los debates en twitter son muy limitados. El esfuerzo de síntesis te obliga a expresas cosas que son fácil de malinterpretar en temas polémicos. Pocas cosas son tan fáciles como acabar abrazándote a una discusión con un energúmeno que te lleva al barro. Y claro, él ahí se maneja mejor. Este es el motivo más importante por el que, algunas épocas, he tratado de distanciarme de twitter, pero la carne es débil.

Me he propuesto publicar twitts sobre otros temas y evitar un poco el debate sobre la independencia. Soy consciente que estos días va a ser complicado. De hecho, tengo algunos posts pensados y medio preparados para estos días. Pero me esforzaré en ir un poco más allá y hablar de la última película o serie que he visto (ahora miro “The night of” y es fantástica), de la próxima ópera que disfrutaré (llevo semanas escuchando “Un ballo di maschera” de Verdi, que veré en el Liceu en 15 días), trataré de compartir también los links de noticias de ciencia (como esta misma semana, que se entregó el nobel de física al equipo que detecto las ondas gravitacionales, o el nobel de medicina a los que explicaron bien los ritmos circadianos)…

En fin, la vida es más compleja y completa que un solo tema. Mostrar demasiado una misma cara en un ámbito en concreto (twitter en este caso), no significa que haya renunciado a todo lo demás. Creo de verdad que el tema es muy importante y que debe hablarse. Pero eso no es óbice para no hablar de nada más.

Política

Las papeletas y las porras

Ayer fue un día de emociones muy fuertes. La noche anterior casi no dormí. Los nervios no me dejaron. Sabía que habría un antes y un después del 1 de octubre. Aunque llevaba meses afirmando que la policía no actuaría con violencia, sí era muy consciente que nos enfrentábamos a un estado muy poderoso. Y que podía tener consecuencias graves. Colectivas y personales.

Me levanté a las 4, y me fui a mi colegio electoral. Llegué a las 5 de la mañana y ya debía haber unas 50 personas. En menos de media hora, superábamos de largo el centenar. El primer temor era la llegada de los mossos. Así estábamos. Con la confianza que no nos echarían si éramos muchos, pero con el temor que nos cazaran justo introduciendo las urnas y se acabara todo antes de empezar. Había expectación. Una calma tensa que presagiaba lo que pasaría.

A unos cuantos nos pidieron apoyar y defender un colegio electoral pequeño de una barriada donde no había ido casi nadie a protegerlo. Nos fuimos para allá con una furgoneta. Casi no había cobertura. Caminábamos unos metros para acercarnos a una plaza donde, según cómo, conseguíamos cazar un poco para enviar 4 whatsapps. Estaba lo bastante lejos como para sentirme “incomunicado”. Sobre las 9 empezaron a llegar las noticias. La policía estaba entrando a saco en un colegio electoral muy cerca al colegio donde me tocaba votar.

La sensación era muy estresante. La gente del colegio que abandoné creía que era cuestión de tiempo que se presentara la policía allí donde parte de mi familia esperaba para votar. Con unos cuantos, conseguí volver sobre las 10 y media. El torrente de imágenes ya había empezado. Ponía la piel de gallina ver a toda esa gente tan poco preparada como yo, plantando cara a la policía. Veías cómo los aporreaban, arrastraban por el suelo, los tiraban por las escaleras, rompían dedos, pegaban patadas a lo karate kid, formando como si cargaran contra un tumulto peligroso. Les daba igual la edad, el carácter pacífico de las concentraciones donde las únicas armas eran papeletas y urnas. Las cifras de heridos subían y subían. Y mientras, llegaban rumores constantes de que la policía se iba a presentar en los colegios donde estaban tus amigos, tu pareja, tu familia…

Pero entonces llegó el orgullo. Fue emocionante pasearme por el colegio de Sabadell, en el que la policía nacional había entrado a sangre sólo 1 hora antes. Habían vuelto a colocar urnas y unas colas enormes esperaban a depositar su voto. Sólo tenían eso. La dignidad de volver a levantarse mientras el entorno mantenía las cicatrices que había provocado la policía poco antes en forma de cristales rotos.

Pero no fueron los únicos. Sant Iscle de Vallalta es un pueblo chiquitín, con el que tengo una tremenda relación personal en el viven menos de 1300 personas. Las imágenes de la policía son impresionantes. Unos pocos habitantes defendían el colegio electoral mientras la policía nacional se aproximaba en formación. Y eso que, poco antes, habían tenido que defenderse de un ataque de la Guardia Civil.

Empezaron a llegar imágenes de mossos de escuadra defendiendo a la gente de las agresiones de las policías españolas, algunos llorando en una situación que los sobrepasaba, de los tractores ocupando calles para evitar el acceso de las lecheras, de los bomberos poniéndose en primera fila, de amigos que sabes que no comparten ni siquiera la idea del referéndum que bajaban a votar. Y lo compensaban todo. Absolutamente todo.

Así que pasabas rápido de las lágrimas de rabia a las de emoción. Lo que no desaparecía era la sensación de miedo, cuando toda la rumorología apuntaba a una reaparición de las cargas a última hora de la tarde para incautar las urnas, ahora ya sí llenas de votos.

Por la tarde recibí un mensaje que pedía ayuda en Cerdanyola, les faltaba gente. La cosa estaba tranquila en mi colegio y éramos muchos. Así que cogí el coche y me fui a Cerdanyola. Estuve allí casi toda la tarde. Muy tranquila. Tuve tiempo de charlar y de sentarme a mirar las noticias que llegaban de todas partes. La prensa internacional empezaba a denunciar lo que estaba pasando. Pero el tratamiento informativo que se le daba a la situación desde los medios que forman parte de la maquinaria del estado aumentaba la sensación de impotencia.

También empezaron a llegar imágenes de gente concentrada en ciudades españolas para denunciar lo que nos estaba pasando. Desde diversas ciudades gritaban “Cataluña, no estás sola”. Gente digna, que luchan por cambiar las cosas en unas condiciones diría que incluso peores que las nuestras, sobre todo mediáticas, y con los que muchos esperamos construir parte de nuestro futuro, pase lo que pase.

Los colegios empezaron a cerrarse entre aplausos y gente emocionada. Habían conseguido cerrarnos algunos colegios y llevarse algunas urnas con sus miserables órdenes. Pero habíamos llegado hasta el final, obligados a custodiar lo que ellos deberían proteger. Afortunadamente, los rumores de nuevas cargas no se cumplieron. Empezó el recuento y, de nuevo, viendo que mi colegio estaba protegido, decidí ir a recargar pilas para celebrar lo que sea que hayamos conseguido en la plaza Catalunya de Barcelona.

Un montón de gente, sobre todo jóvenes, vivía con emoción el final del día. Era una victoria, pero con un sabor muy amargo. Nos habíamos sabido organizar, y sus golpes no habían callado nuestra voz. Esperábamos el discurso institucional de Puigdemont. Los minutos pesaban cada vez más y, por fin, apareció flanqueado por todo el gobierno. El camino sigue, y abrió la puerta para que Europa medie la situación. Aunque difícil, es la única salida posible a todo esto. Impecable.

Sentí que, ahora sí, se había acabado el día. Me fui para casa con ganas de lamerme las heridas. De asumir todo lo que había pasado. Para dejarme ir. Sabía que me llevaría días aceptar todo lo que había pasado. Convencido que el 1 de octubre ha sido el día que todo lo cambia. Dolido por todo lo que hemos tenido que pasar, pero sabiendo que su violencia no ha sido suficiente para vencernos. Orgulloso de saber que, pase lo que pase, cuando piense en estos días, sabré que yo era de los que, en la mano, llevaban una papeleta. Y ellos… Ellos llevaban porras.

Política

Dolorosa equidistancia

Desde que el soberanismo tomó relevancia pública en la famosa manifestación del 10J con el lema: “Som una  nació. Nosaltres decidim.”, las cosas han ido muy deprisa. El soberanismo ha crecido a la vez que el apoyo a la autodeterminación se ha mantenido estable en el 70-80%. Pero no podemos negar que una parte más o menos importante de los que están de acuerdo en que los catalanes tenemos derecho a la autodeterminación, y no son independentistas, no ve clara esta vía “unilateral”. Gente del mundo de la cultura de la órbita que siempre representó el PSC, parecían estupefactos y se han expresado poco. Ahora parecen estar saliendo todos de la cueva. Que Coixet o Serrat expresen en voz alta lo que piensan, es bueno.

¿No quieren la independencia? Me entristece, pero de eso se trata. Que lo expliquen. Que den sus razones. Que confronten sus ideas con los que defendemos el sí. No me molesta y no va a cambiar mi opinión sobre ellos. He visto muchas de las películas de Coixet y sigo escuchando los discos de Serrat. Y siempre he sabido lo que pensaban.

Lo que sí me duelen son las descalificaciones sin entrar en el fondo de la cuestión.  Dice Coixet que “es cuando [los independentistas] imponen sus aspiraciones, asumiendo que todos las compartimos, cuando empiezan los problemas”. Aclaremos una cosa; los independentistas no aspiramos a un referéndum. Queremos la indepedencia, como los unionistas seguir en el Reino de España. Junto con muchos no independentistas, defendemos un referéndum porque creemos que es la mejor manera de saber qué quiere la gente. En cambio, no hacer un referéndum sí impone una salida, que curiosamente coincide con la que ella prefiere: el no a la independencia.

Aún más grave es que diga que “[los no independentisas,] en el mejor de los casos, somos invisibles y se nos barre del ágora pública”. Ellos, los de la farándula, quizás se han expresado poco, pero sus tesis las han defendido muchos. En Catalunya se publican montones de diarios. Por ejemplo, El Mundo, ABC, La razón o El País, se publican desde Madrid. En ninguno de ellos publican de forma regular opinadores independentistas, salvo alguna excepción, como Joan B. Culla o Francesc Serés en El País. Además, los dos diarios catalanes más importantes en lectores están en contra; La Vanguardia y El Periódico. En ellos escriben, sobre todo, firmas que no desean la independencia. Carol, Pàmies, Costas, Foix, Jorba, Juliana, Puigverd, Montagut, Zarzalejos, Morán, Tapia, Évole, Fuentes, Sardà, Mejide, De España, Ollé, Palà, o Coll. Cuando abres cualquiera de estos dos diarios, es evidente la clara mayoría en contra.

¿Abrirlos? De hecho, muchas veces no hace falta. Las portadas de El Periódico y La Vanguardia son editorializantes y contrarias, ya no a la independencia, sino al referéndum. “Los comuns dan calabazas al 1-O“, “La purga de interior alarma a los Mossos“, “Los mossos, con la ley“, o cuando los dos diarios casi expulsaron de las portadas la filtración de la operación Catalunya. Hoy mismo, han utilizado la conmemoración de los 25 años de las olimpiadas para editorializar en contra ignorando, de pasada, que por primera vez, el presidente español comparece en la audiencia.

La crítica de “pensamiento único” acostumbra a referirse a TV3. Es chocante que, con un 10% de audiencia, sea la base de una supuesta idiotización de los catalanes. También que se acuse de sectario a su director y que, este, después fiche a una presentadora abiertamente contraria al proceso. Según ellos, en la televisión pública catalana, el no a la independencia no existe. ¿No? ¿Y qué dicen de esto tertulianos de TV3 como López Alegre, Mercader, Tomàs, Pardeiro, Boada, Sáenz-Diez, Moreno… ¿Y RAC1? ¡Oh! RAC1… Carol, Sardà, López Alegre, Galdón, López-Fonta, Bertomeu, Mármol…

¿Será entonces que silencian a la propia Isabel? Google también lo desmiente. En una búsqueda rápida, podemos ver que Coixet ha aparecido a menudo en los medios catalanes estos últimos años. En TV3, promocionó “Normal” (2016), fue entrevistada en Els matins también (2105), en el 33, Tria33 (2015)Bestiari Il·lustrat (2013), 33 recomana (2016), en Catalunya Ràdio, el los matins (2016)La Finestra (2015), o en RAC1 en 2016. Es una búsqueda nada exhaustiva, de un solo click.

En cambio, Coixet no se queja de los medios de Madrid. No se queja de que, en el diario donde ha escrito uno y dos artículos en contra de la independencia, apenas haya firmas que la defiendan. En los medios de Madrid, da igual si son televisiones, radios o diarios, públicos o privados. El desequilibrio es tan apabullante que cuesta entender la queja de Coixet.

Continua con algo peor. Asegura que no es una fascista. La pregunta es: ¿quién la ha llamado así? ¿Y desde qué tribuna? He buscado en google. En ninguna de las 10 primeras páginas hay ningún artículo calificándola así. No he seguido. Alguien más fino podría decirme que en realidad la idea de fascista se asocia a la de “unionista” y no a Coixet en concreto. También he buscado en google. Que reunan los dos conceptos y que sea un artículo que pueda ser considerado catalanista, sólo he encontrado lo siguiente: un artículo de La Vanguardia donde habla del ataque de fascistas el 11 de septiembre de 2013 en Madrid, un blog con un artículo de trinitro en el que apela a los fascistas pero, en ningún caso equipara unionismo a fascismo, y un artículo en un blog personal con apenas 600 visitas que, aunque no equipara fascismo con unionismo, sí acusa de complicidad al gobierno español con el fascismo. Un artículo entre 100 y en un blog personal… Y, en todo caso, la comparación que hace no es muy distinta a la que hace la propia directora cuando afirma que “no ser indepedentista no es ser fascista, ni de Ciudadanos, ni del PP”, donde pone todo un poco en el mismo saco.

Aquí es donde twitter se convierte en el comodín estrella de quién quiere justificar que ha sido acosado e insultado. Da igual si estos insultos se producen después de que ellos hayan proferido insultos brutales o insinuaciones como las que Coixet dice padecer y, esta vez sí, con tribunas poderosas. Por eso, su artículo no es naif. Es injusto.

Los ataques de nazismo, totalitarismo, bolivarianismo, estalinismo, complicidad de ETA, son tan constantes, tan repetitivos, desde tantas tribunas, desde tantas firmas, desde tantos lugares, que me da una punzada en la tripa cuando gente a la que respeto, como Coixet, Serrat, o Évole lo ignoran o, con suerte, me ponen a la misma altura. Y no, estos ataques no vienen de perfiles de otros tuiteros hiperventilados, que los hay en todas las casas. No. Son directores de diario, son ministros, son empresarios, son personas con responsabilidades civiles

Si no es verdad que les silencien en los medios con línea editorial catalanista, ni tampoco sufren ataques de personas relevantes, ¿por qué, en vez de protegerme o, por lo menos, solidarizarse, me acusan de lo que hacen, no ellos, pero sí los que defienden lo que ellos quieren?

La respuesta es tan sencilla como trágica. No soportan la idea de no ser hegemónicos, de no controlar el relato. No soportan que los medios que sostienen su discurso no tengan ninguna capacidad de influir. Se les antoja increíble que mucha gente no compre sus tesis. Y el comodín del twitter es muy suculento…

Sí, twitter se ha agriado. Para todos. Y es una pena. El soberanismo no es tan generoso como lo era. Hay que estar ciego para no verlo. Está más crispado y no me gusta. Se acercan los momentos más duros y hay que volver a abrir los brazos.

Pero no es eso lo que dicen criticar. Se mantienen en una equidistancia que les otorga un plus de legitimidad. Se introducen con una crítica suave a los del “no” para luego arremeter con dureza a los del “sí”. Equiparan el insulto de un tuitero con el de un ministro. Sin tener en cuenta los resortes de poder de las partes, ni el contexto. Ignorando cómo hemos llegado aquí. El por qué. Las manifestaciones masivas y cívicas. Los discursos de sus líderes, con predisposición a la acogida, apartándose de lo étnico y con mirada europeísta.

Es una equidistancia que me duele. Porque es falsa. Porque no es equidistante.

Política

La salida fácil del Reino Unido

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El Reino Unido ha decidido irse y llega el momento de las interpretaciones. ¿Cómo puede ser que los británicos, en especial los ingleses, no quieran permanecer en la UE? Mentiría si dijera que me ha sorprendido la lectura que abunda en mi TL. Los británicos son xenófobos. No nos quieren. ¡A nosotros!

No voy a negar que sus peores instintos de supervivencia como pueblo y su pasado como gran imperio hayan ocupado parte del debate. Pero, ¿eso es todo lo que vamos a decir? No creo que merezca la pena remarcar el cinismo que suponen estas lecciones cuando, en tu propio país, gana un partido que dispara a los inmigrantes mientras se ahogan. Ni la vergüenza que siento al escuchar a nuestros políticos dando lecciones a una democracia centenaria sobre qué es mejor que el pueblo no vote.

Lo que sí es remarcable es nuestra total incapacidad de autocrítica. O sea, que los británicos son racistas y aquí se acaba todo. ¡Qué bien! Porque, claro, la UE es el proyecto más ambicioso que se haya construido jamas. Y es raro que no quieran participar…

Si Europa fuera un proyecto ilusionante, ¿alguien cree que UK estaría ahora a punto de iniciar una negociación para abandonarla? Si las instituciones europeas dieran soluciones, ¿de verdad los ingleses preferirían vivir de lado?

No se trata de reclamar ni una Europa más socialdemócrata ni más liberal. Ni conservadora ni comunista. No se trata de si hace aquellas políticas o estas. Es mucho más básico. Se trata de que a la gente le sirvan de algo más que para poner el plato en la mesa a un puñado de burócratas. Así de crudo. De que la ciudadanía pueda incidir, ni que sea un poco. No son las políticas, es la democracia. No es que no nos guste el pilar, es que nos olvidamos de poner la base.

Podemos seguir bramando contra la xenofobia de los británicos o trabajar para que se arrepientan de la decisión que han tomado. Se trata de si forzamos a nuestros políticos a que mejoren las instituciones a través de las que dicen representarnos, o de si les damos, a ellos sí, la salida fácil.

guion y cine

La chica danesa

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La chica danesa explica la historia de un pintor casado que descubre que se siente mujer. Basada en un hecho real y ambientada en los años veiente de siglo pasado, hace un retrato de los enormes conflictos que provocan en un hombre el descubrimiento de una sexualidad que contradice los órganos de tu cuerpo. Y los de su pareja…

La historia ya es, de por si, sobrecogedora. El travestismo, como “Transamérica” y otros fims han demostrado, son un material poco explorado en el cine y de una enorme complejidad como para hacer toda una serie de films que traten de desgranar todo el meollo de la cuestión.

Si la ambientación nos situa 100 años atrás el conflicto se amplifica. El propio contexto homófobo y las dificultades para aceptar y transmitir una orientación sexual lo alimentan, sin necesidad de que la película se recree. Ésta parece más interesada en el conflicto personal que en caer en cuestiones más tópicas, como la violencia ejercida. Se preocupa más por el temor a la violencia que de la violencia en si.

Muchas personas han puesto en valor la enorme interpretación de Eddie Redmayne. No les falta razón. Parece estar acomodándose a los papeles que le exigen transformaciones físicas enormes, como en “La teoría del todo”. No es fácil construir un personaje tan complejo como el que interpreta, tan lleno de contradicciones. Entre el amor a su mujer y las emociones que lo empujan hacia sentimientos que no es capaz de entender ni aceptar.

Pero no puedo evitar que me interese más el del segundo personaje de la película. Si ya es difícil asumir que tus sentimientos contradicen tu “naturaleza” de hombre, mucho más interesante es la situación emocional de su pareja. Aquella que está dispuesta a todo pero que también tiene necesidades. Aquella que quiere estar al lado de su pareja a pesar de que las renuncias lleven casi a perderlo.

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Alicia Vikander ya me encantó en “Un asunto real”. De nuevo, hace un gran papel. La transformación de su personaje es sensacional. De un atractivo casi inevitable en las primeras secuencias, donde hasta un “transexual” es incapaz de huir de su sonrisa y su atractivo, hasta las emociones contradictorias que padece conforme la trama de va desarrollando.

De hecho, creo que la película tiene dos grandes temas. El obvio (¿Cómo enfrentarse a una orientación sexual con la que ni tu ni tu entorno se siente cómodo?) y el complejo; ¿cuáles són los verdaderos límites del amor? ¿Dónde reside el amor en realidad? ¿Qué significa la entrega? El amor, ¿es ofrecer al máximo a tu pareja o aceptar aquello que desea hasta el final?

Además,  al personaje de Alicia le acompaña un conflicto superior. Ella sueña con el éxito como pintora, que encuentra alimentando el travestismo de su pareja. A mayor éxito profesional, mayor distancia marital. Debe optar entre seguir alimentando el alter ego de su pareja (Lily), o recuperar la líbido masculina.

Todo ello nos lleva a la conclusión que la dirección de casting ha sido sensación. Erigiéndose como una de las piedras angulares, la película sustenta un argumento atractivo sobre un buen guión y dos interpretaciones muy adecuadas a las exigencias del texto.

La realización conecta bien con la historia. El propio director (Tom Hooper) ha explicado cómo ha buscado, a través del color, conectar con la pintura impresionista de la época en Dinamarca.

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Pero esa sería una lectura sólo superficial de la realización. Me parece brillante la planificación y ejecución de la secuencia en la que “Lily” aparece por primera vez, en la que el personaje de Eddie Redmayne descubre sus inclinaciones, hasta ahora, escondidas. El uso que se hace de la pintura (a través de los árboles pintados en los cuadros y de los horizontes, o como espejo del personaje) y de los reflejos en el agua o en los espejos (jugando con la alteridad del personaje) alimentan esa especie de juego entre las dos almas de Lily.

“La chica danesa” es un film interesante, rico en conflictos y con un casting interesante. Toda una fuente donde alimentar el espíritu y donde confrontar emociones y snetimientos.

Literatura

Victus

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Y descubrir, al fin del último extremo, más allá de Éufrates y Rubicones, sin lloros, oh, grandeza y consuelo de los pocos y pobres, de los débiles y desdichados, que cuanto más oscuro sea nuestro crepúsculo más dichoso será el amanecer de los que están por venir.

Política

El tacómetro sube de revoluciones

Celebració Sant Jaume

Contra pronóstico, tenemos acuerdo en Catalunya. Artur Mas cede su sitio a cambio de dos cosas: que el presidente sea de su confianza y que la CUP garantice estabilidad al gobierno en todo lo relacionado con el proceso. Y ahora sí. Las barreras en el camino del soberanismo casi desaparecen. ¿Garantiza eso la independencia? No, pero obligará a mover ficha a las instituciones españolas.

Repasemos un poco los hechos. Antes de las vacaciones ERC y CDC llegan a un acuerdo para formar Junts Pel Sí. ERC cede diluir su identidad a cambio de que Mas, aunque candidato, no lidere la lista, y de un programa de marcado carácter social. Tanto JxS como la CUP se comprometen a que, si tienen mayoría absoluta en el Parlament, iniciarán el proceso de desconexión. Si no superan el 50% de los votos, habrá que pasar por las urnas tarde o temprano.

Estos tres meses han generado un enorme desgaste emocional entre los soberanistas. La inoperancia de los políticos a los que se les ha delegado un proyecto duele entre los que les han votado. La semana pasada, la CUP rechazó a Mas. En el post anterior dije que la felicidad del unionismo demostraba que la CUP se había equivocado. En especial, se felicitaban los sectores de izquierda que esperaban comerse a la propia CUP con la leche del desayuno…

A Artur Mas se le ha humillado. Pero vista la situación, sólo tenía una opción racional: abandonar a cambio de forzar a la CUP hasta el límite. Presidente de la confianza de Mas y, sobre todo, justificar su derecho a volver después de todo esto. Jugada muy inteligente. Sólo sobraba el devolver la humillación tratando de humillar a la CUP a través del discurso. Muy desagradable.

Las reacciones de los líderes y defensores del unionismo en sus diversas formas demuestran un hecho: aún con los ojos chisposos por el cava que se han tragado esta semana, el acuerdo los deja en una situación muy complicada. Las acusaciones de fraude es de las cosas más psicodélicas que he leído en tiempo.

Lo que firman JxS y la CUP no es un acuerdo de investidura sino de legislatura. Los acuerdos de legislatura requieren un acuerdo de gobierno y estabilidad parlamentaria. Durante estos tres meses se ha discutido muchísimo de política, aunque alguno parece no haberse enterado. Lo último que se ha negociado es un plan de choque social con partida presupuestaria. Con partida presupuestaria. Insisto porque en nuestro país los fuegos artificiales legislativos son habituales.

También utilizan otro argumento; a Puigdemont no lo ha votado nadie. No. Ni a Mas. Ni a Rajoy, ni Zapatero, ni Aznar… En España estamos en un sistema parlamentarista. Esto significa que no votamos a un presidente sino un parlamento que escoge a un presidente.

Dicen también que el acuerdo es porque el soberanismo sabía que estas elecciones irían peor. Probablemente. Con ello interpretan que el soberanismo ha perdido apoyo social. Discrepo. Lo que ha perdido apoyo son sus representantes, que durante 3 meses han dado la sensación que fallaban a su electorado.

Algunos hablan de fraude de ley. No soy jurista. Si no me equivoco, esto implica utilizar una ley para infringir otra. Es decir, nos avisan de lo obvio; el soberanismo está dispuesto a saltarse la ley. En eso tienen razón. Llevamos avisándolo años porque creemos que la ley es absolutamente injusta. Legitimidad vs. legalidad. De lo que ha ido esto desde el principio…

Lo que es de traca es que algunos de los que nos acusan llevan años defendiendo a los okupas, a los insumisos de la mili, a los que han practicado la eutanasia activa, la retroactividad de la dación en pago, y a los que se saltan la ley en pos de lo que consideran un bien superior. En esto, se cogen de la mano con los que defienden a los médicos que se saltan la ley porque alguna intervención va en contra de su moral. Está claro que la moralidad de saltarse la ley también va por barrios.

Ahora el soberanismo puede apretar el pedal del gas. Ya analizaré en otros posts el escenario que veo. Sí avanzo que veo pocos obstáculos en el camino del soberanismo. Se ha pactado un camino para llegar y políticas sociales a aplicar de mientras. Habrá estabilidad parlamentaria.

Se abrirá un proceso constitucional en forma de debate público. Santiago Vidal lo ha explicado para quien ha querido escucharle. Estoy seguro que sumará apoyo social, sobre todo del espacio de Podemos. ¿Qué hará Podemos? ¿Votar en contra del plan de choque? ¿Esa es su alternativa?

Las instituciones españolas sólo tendrán dos opciones: hacer una propuesta que contrapese la catalana o actuar con beligerancia. La primera necesariamente ha de pasar por las urnas. La beligerancia puede salirles bien, pero lo dudo. Lo más probable que se les gire en contra.

La realidad es que este acuerdo garantiza la victoria del soberanismo. O independencia u oferta española con cara y ojos. Esto se acelera. Abrochense los cinturones.