Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

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Los colegios profesionales, juez y parte

colegios profesionales

Cuando España fue (no) rescatada por Europa, ya supimos que la Unión quería que liberalizáramos algunos mercados en los que teníamos unas enormes rigidezas. Se referían al mercado laboral, sí. Pero también al de los profesionales, donde los colegios controlan la oferta y mantienen sus márgenes.

No hace falta saber mucho de economía para conocer que los mercados se regulan a través de la oferta y la demanda. Básicamente, si la oferta es mucho más pequeña que la demanda, los márgenes son enormes. En cambio, si la oferta crece mucho, los márgenes se hacen mucho más pequeños.

Pero esto es lo que sucede en mercados donde la oferta y la demanda fluctúan en función de los precios. Pero hay mercados donde eso no pasa. Cuando compras o alquilas un piso, cuando te separas o cuando necesitas un antihistamínico, no tienes más remedio que ir a un arquitecto, un abogado o un farmaceutico. Te cueste lo que te cueste.

En estos casos, la demanda es inflexible. Es decir, como necesariamente tienes que vivir en algún sitio, has de pasar por el mercado de arquitectos. Cuando te encuentras mal, necesariamente has de pasar por la farmacia. Y, a no ser que estés dispuesto a destrozar tu vida, si quieres separarte, necesitas un abogado.

Si estos sectores (y muchos otros, como ingenieros, médicos, periodistas…) tuvieran la capacidad de gestionar el volumen de oferta, podrían controlar los precios. Y, por tanto, los márgenes que ganan. Y, por desgracia, la tienen. ¿En perjuicio de quién? Del cliente, que es el ciudadano, por supuesto.

¿Cuál es el argumento a favor? Ellos dicen que son profesiones «delicadas». Los edificios se pueden caer o las pastillas, mal administradas, matarte. Tienen razón. Ellos garantizan esos mínimos. ¿Cómo? En algunos casos con formación extra. En otros… Eso quisiera saber yo.

Es decir, que damos por hecho que un licenciado en arquitectura, después de media vida en la universidad no está preparado para hacer edificios que se aguanten. También que esa formación extra que «garantiza» el colegio no puede cursarse en la universidad en la forma que se quiera (postgrados, masters…).

No, resulta que la respuesta es que la tienen que gestionar unos tipos que… ¡oh sorpresa! Si entra mucha gente en la profesión ven sus márgenes perjudicados. La pregunta es, ¿qué harías tú si la admisión de mucha gente en tu círculo te perjudicara y tú tuvieras la llave? O lo que es lo mismo,¿qué harías si fueras juez y parte?

Me hace cierta gracia cómo algunos sectores que critican los excesos de proteccionismo del mercado laboral español, reclaman para sí una protección porque es bueno para «todos». Siempre digo que en este país no hay liberales, aunque algunos conservadores se disfracen. Todos piden su parte del pastel. No entienden que el papel del estado es otro.

Dicen que la competencia sería mala. ¿Mala? ¿Para quién? Que la calidad bajaría. Sería la primera vez que el aumento de la competencia sobre un producto o servicio baja su calidad. No han entendido las bondades del sistema capitalista.

El papel de los colegios debería ser ofrecer servicios a sus asociados. Poner de relieve su valor. Si de verdad son una garantía, deberían trabajar para que el cliente lo perciba. Y que no se preocupen. Si lo hacen, todos los profesionales irán locos por estar colegiados.

Eso sí, a ellos les obligaría a bajar a la arena. Según estimaciones del gobierno (estas deben ser verdad, porque están cabreando a sus compinches de siempre), una reducción del 1% en los márgenes profesionales aumentaría el PIB en una décima. Es decir, 100 millones de euros. Y no hay que olvidar que ese 1% iría a parar a los bolsillos de los ciudadanos, claro.

Los ciudadanos no tenemos por qué pagar los derechos de unos pocos que llaman al apocalisis si hacemos cosas que perjudican sus intereses. Yo no veo tan diferente a un ingeniero de caminos de un panadero. Si tiene que luchar por los clientes que lo haga. Como hacemos todos.

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