Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

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«Los dos Papas» de Fernando Meirelles

La película situa al Papa Francisco y al emérito Benedicto XVI en una conversación fictia previa a la renuncia al cargo del segundo. Bergoglio quiere renunciar, cansado de una Iglesia que no cuida de los más débiles y Benedicto trata de convencerlo que, si lo hace, dañará la imagen de la institución.

La película mezcla la teatralidad de «La duda» con unos debates sobre el papel que debería jugar la Iglesia y el Vicario de Cristo como máximo exponente, que recuerdan a los que Guillermo de Baskerville tiene con Jorge de Burgos en «El nombre de la Rosa». Y, como sucediera en el clásico de Eco, los dos modelos de Iglesia chocan a través de dos figuras carismáticas y, en este caso, reconocibles por todos.

La historia está razonablemente bien trenada y los diálogos fluyen, a pesar de que asumen el riesgo de estar contados en tiempo real, lo que tiene un mérito considerable. El texto, además, lo remachan las interpretaciones que, a ratos, brillan.

Donde la película se encalla para mi gusto es en la construcción de los personajes. Benedicto es casi tan temible como Jorge de Burgos y Francisco más santurrón que Guillermo. Después de la flojísima «Francisco, el Padre Jorge», el documental de Wenders «Francisco, un hombre de palabra» y esta de Meirelles, al Papa Francisco le habrán hecho todas las hagiografías antes de morir.

Meirelles no es santo de mi devoción. «Ciudad de Dios» me interesó más, pero quizás es mejor que los otros films suyos que he visto (me decepcionaron «A ciegas» y «El jardinero fiel»). Debo, eso sí, tacharle que califique su film de «inspirado en hechos reales» porque sabe que muchos interpretarán la reunión como real. Me pregunto a qué tipo de Iglesia achararía una conducta así.

Política

Nuestro Vox de cada día

Desde que vimos un pabellón madrileño lleno de gente interesada en lo que decían los líderes de VOX, ocupan portadas y portadas. Hay una especie de mezcla de asombro, interés por entender el fenómeno y un mayor o menor grado de temor sobre lo que su éxito significa para nuestra sociedad.

Comprendo la preocupación y la necesidad de preguntarnos por qué están teniendo un éxito tan rápido, pero creo que debemos reflexionar hasta qué punto es necesario y bueno dedicarles tanto tiempo en nuestros informativos.

La comunicación en la política tiene dos ingredientes fundamentales: frame y agenda. Es decir, de qué hablas, en qué términos y cuándo lo pones sobre la mesa. Estos dos ingredientes hacen ganar y perder elecciones. Siempre se dice que un partido de gobierno sólo puede perder el poder precisamente por esto, porque tiene una gran capacidad para condicionar el frame a través de la agenda política del gobierno.

Si cuando Vox cuestiona las políticas de igualdad, partidos políticos y agentes sociales critican las medidas propuestas, les estamos sirviendo en bandeja el control de la agenda. Y, lo que es peor, les damos control total en la definición del frame. En primer lugar, convertimos la cuestión en susceptible de ser puesta en duda. Sobre un tema donde había consenso social, si hoy quieres hacer un debate público, tienes que darles sitio en defensa de la pluralidad de ideas. Involuntariamente, estamos legitimando su posición.

Además, el debate se hará en los términos que han decidido. Esto les permite defender mucho más fácilmente su tesis. El uso de las palabras determina los procesos lógicos que seguimos y, por lo tanto, las conclusiones a las que llegamos. Así, debates que se estaban cerrados, ahora vuelven a ser actualidad.

La aparición de VOX mueve lo que se considera «normal», que, en política, se convierte en la centralidad. Si de verdad los medios de comunicación están tan escandalizados como parece, quizás deberían tratarlo como un fenómeno marginal. O dejará de serlo.

Política

La amenaza de Vox

Cuando Pedro Sánchez ganó la moción de censura, lo consiguió con el apoyo de los partidos soberanistas. Lo hizo sin necesidad de tomar compromisos porque los partidos nacionalistas catalanes entendieron que con un gobierno del PSOE sería más fácil comunicarse e incluso llegar a acuerdos.

Ha habido algunos cambios. No se puede negar que, como mínimo, los dos presidentes se sientan cara a cara públicamente. Ciertamente, aunque los gestos han sido pequeños, es mejor que lo que teníamos.

Sin embargo, como el PSOE esconde cada gesto que tiene con Cataluña para sufrir menos desgaste, no hace el fundamental; exigir que los cargos que sí dependen directamente de ellos, fiscalía y, sobre todo, abogacía del estado, apuesten por mejorar las condiciones de los presos.

Es en este contexto que el gobierno socialista nos pide que apoyemos los presupuestos de 2019. Si no se aprueban, tal vez el gobierno caerá antes de tiempo, y luego lo pagaremos en forma de gobierno con la derecha del PP, el anticatalanismo de Ciudadanos y los fascistas de Vox.

Este es el escenario que nos dibujan: 155, eliminación de las autonomías*, desaparición de TV3 y el fin de la inmersión lingüística en las escuelas. A cambio, nos ofrecen una pequeña parte de las mismas inversiones que el gobierno de Madrid lleva prometiendo desde principios de este siglo. Es decir, muy poco.

Y tienen razón en que el costo de tener un gobierno con las derechas desbocadas y los fascistas es enorme para los catalanes. Pero… ¿Y para el partido socialista? ¿Qué coste tendría? ¿En qué posición queda el partido? ¿Y su líder? ¿Quién, de toda esta generación de políticos, puede sobrevivir a lo que sucederá si gana esta derecha?

El costo de no gobernar es enorme también para el PSOE. Especialmente para su aparato. Tampoco consideran ni la generosidad ni el desgaste que supuso para los partidos soberanistas el apoyo gratis que les dieron. Por lo tanto, si quieren aliados en Cataluña, tendrán que ganárselo. Sin negociación, todos pagaremos las consecuencias. Ellos también.

*Me puntualizaban en twitter que la constitución y la dificultad de modificarla, ahora jugaría en favor del catalanismo porque Vox no podría hacer desaparecer las autonomías. Tiene razón. Lo que sí podrán hacer es vaciarlas de poder porque las autonomías se han «rellenado» a través del artículo 150.2 de la constitución. Son «transferencias» que el estado ha concedido después de negociaciones, pero, desde el punto de vista legal, son leyes aprobadas por el parlamento español. De la misma forma que las han concedido, las pueden revocar sin necesidad de negociar nada con Catalunya. Las competencias autonómicas no están protegidas por la constitución, de manera que eliminar las autonomías es muy difícil, pero vaciarlas de contenido y hacerlas inservibles, muy sencillo.

Política

Porra electoral 21D

Para aproximarme a los resultados, he hecho un par de cálculos por separado. En cada caso he utilizado criterios no contradictorios, pero sí algo diferentes, por lo que obtengo resultados algo distintos.

Primera porra:

La primera porra la baso más en intuiciones y, por supuesto, en lo que indica la demoscopia. Aún así, para entender bien los resultados que propongo, hay que asumir algunos principios en los que baso mis expectativas:

  • Asumo que la participación va a subir, tampoco en los términos que algunos medios insisten. Mi cálculo se basa en casi un 78%. Implica 3 puntos más de participación y una participación de los residentes alrededor del 81% (esta cifra es la que nos darán la noche de las elecciones).
  • Sabemos, grosso modo, que el 1 de Octubre participaron más de 2,25 millones de personas, de los cuales, más de 2 millones votaron sí. Algunos votos no se contabilizaron porque fueron requisados. Sólo que entre los votos requisados y la gente que se quedó en casa por miedo a votar rozaran el 10%, estaríamos hablando de unos 2,2 millones de síes y 2,5 millones de soberanistas.
  • La mayor parte del voto soberanista no independentista irá a CeC y la mayoria del voto del sí irá a JxC, ERC y CUP. Parte del sí irá a CeC.
  • JxC tiene el candidato más atractivo del soberanismo y ERC más credibilidad. No sólo por la independencia. También les es más fácil explicar su pasado.
  • Entre el unionismo, C’s no se percibe como tan casposo como el PP y el PSC va a recuperar voto, además de rascar buena parte del voto de Unió. De todas maneras, percibo un voto oculto superior en el PP que en C’s o PSC. De hecho, las encuestas miden un grado de voto oculto, sobre todo en C’s, que estoy convencido que no se corresponde con la realidad. Lo explico en este post.
  • CeC está en medio y, con toda la que ha caído, no parece la mejor posición para afrontar estas elecciones.

Estos son los resultados que he obtenido:

Incluso creo que me he puesto en un escenario que, en mi opinión, no es favorable al soberanismo. Los independentistas no obtienen los 2,2 millones de síes, ni la suma con comunes, tampoco llega a los 2,5. Los partidos unionistas crecen muchísimo. Aún así, el resultado que obtengo da una mayoría absoluta justa al soberanismo. Veo estos resultados como un suelo para los soberanistas.

 

Segunda porra:

El segundo escenario lo he construído en base a flujos entre partidos. En vez de hacer los cálculos en función de los anteriores criterios, me he fijado en cómo creo que pueden moverse los votos entre partidos.

  • La mayor parte de JxS acabará entre JxC y ERC.
  • La mayor parte de  C’s será fiel a C’s.
  • En el PSC también creo que el voto será bastante fiel, aunque una parte pequeña creo que irá a CeC y una aún más pequeña al soberanismo (ERC).
  • CSQP perderá votos, que se repartirán entre votos prestados: indepes (a ERC), y españolistas entre PSC y C’s.
  • Al PP también le costará aguantar. Parte del voto creo que se irá a C’s y PSC.
  • CUP volverá a ceder voto a ERC, que era voto prestado.
  • Unió es una de las grandes claves. Una parte muy importante irá al PSC. Pero otra, por ideología de clase, irá al PP (españolista) y a JxC (catalanista).
  • Ya que todo el mundo está de acuerdo en que aumentará la participación, he considerado nulo el flujo de votantes de partidos a la abstención. También el flujo entre bloques.
  • Otra de las claves es la abstención. He contado con que el 20% de los abstencionistas votarán. Además, he tenido en cuenta que, entre los abstencionistas que esta vez votarán, predominan los unionistas. En las elecciones de 2015 ya se incorporó mucho voto abstencionista. Aunque en una proporción menor que entre los votantes de siempre, JxS+CUP incorporó más voto que PSC+PP+C’s. Esta vez he contado que el nuevo voto unionista será algo superior al soberanista (50% para PSC+PP+C’s y 40% para JxC+ERC+CUP). Esto nos lleva a una participación de casi el 80%.

Este es el cuadro de flujos:

En este caso, los resultados serían los siguientes:

Porra electoral por flujos 2017

Estos resultados son aún mejores para el soberanismo y, aún así, siguen por debajo de los 2,2 millones de votos. Estoy seguro que muchos unionistas piensan que los abstencionistas son todos suyos. Asumiendo la misma participación y que todo el nuevo voto fuera unionista, JxC+ERC+CUP obtendrían 68 diputados, la mayoría absoluta. ¿Y si sólo el 30% del nuevo voto fuera independentista? Haría falta una participación superior al 85%, que implica un 87,5% de participación entre los residentes en Catalunya. Las dos cifras me parecen imposibles.

 

Porra definitiva

Así, he hecho una porra media entre los dos resultados, que es la siguiente:

Porra Elecciones catalanas 2017

Los pequeños cambios responden a:

  • Entre JxC y ERC intuyo que el nombre de Puigdemont tiene mucho peso. La CUP creo que resistirá y que, incluso, una parte pequeña del voto de JxS lo recogerán.
  • Entre el PSC y C’s también debía escoger entregar un escaño a uno u otro y he optado por C’s por el efecto bandwagon, es decir, por la percepción de victoria que se respira a su alrededor.

El día 21, ya no podremos especular más. Entonces hablaremos lo algo aún más imprecedible y difícil de gestionar: ¿cómo administrar los resultados?

Política

Las encuestas del 21D

Encuesta La Vanguardia 10/12/2017

(Encuesta de La Vanguardia del 10/12/2017)

Las encuestas de estos días apuntan 3 tendencias claras: C’s y PSC suben muchos escaños, la mayoría independentista no está garantizada y el PDCat recupera posiciones respecto a ERC. Tengo reservas respecto a las previsiones que hacen. Trataré de desarrollar de dónde surgen mis dudas.

La participación

Se apuntan participaciones de hasta el 85%. Son cifras mucho más altas que se han dado siempre. Estas elecciones serán especiales, pero las de 2015 también lo fueron y la participación fue del 74,95%.

Además, estos datos tienen algo de engañoso. Esta cifra incluye los votantes residentes en Catalunya y los residentes fuera de España con derecho a voto. Si analizas cuál fue la participación de los residentes en Catalunya, la participación sube al 77,44%. Si queremos llegar al 80% de participación, necesitamos que los residentes aumenten su participación 2,56 puntos, una subida del 3,3%. Es creíble.

En cambio, el voto exterior sólo participó el 7,45%, lo que significa que debería multiplicar por 10 su participación. Es verdad que el número de personas respecto al total es pequeño (3,5% del censo). Pero, en estas cifras de participación tan altas, una parte pequeña desmovilizada obliga a grandes incrementos en la que sí lo está. Para llegar al 80% de participación, o se incrementa el voto exterior una barbaridad, o la participación en Catalunya ha de superar en mucho el 80%. En 2015 y para llegar al 80% de participación, hubiera hecho falta una participación del 82,68% de los residentes en Catalunya. Supone una subida de 5 puntos. Superar mucho estas cifras, no parece realista.

El censo

Este año el censo aumenta en 43.130, de los cuales 28.779 en el extranjero. El censo aumenta en un 7’7% y más de la mitad está en el colectivo que hemos dicho que vota menos. Por tanto, una nueva barrera para incrementar la participación.

Mucha de estos nuevos votantes son gente joven, donde el apoyo al soberanismo es mucho más alto que la media. Además, durante estos años, habrá muerto gente mayor (en Catalunya, mueren unas 60.000 personas cada año), donde el unionismo recibe más apoyos. Parece razonable pensar que esta nueva parte del censo sea, mayoritariamente, soberanista. Y no sobre el incremento neto (los 43.130), sino sobre los muchos más necesarios para compensar las muertes.

El trato de los datos

La tercera es la «cocina» que hacen de los datos. En las encuestas, PSC y C’s suman un crecimiento de casi 10 diputados. Estos no se explican por las caídas de Comunes y PP, por lo que sólo caben 3 explicaciones.

1. Flujo de voto soberanista a voto unionista
Si el voto entre bloques, soberanistas y unionistas, fuera permeable, esta podría ser una explicación. Pero no lo es. Los votantes de un lado y otro mueven su voto entre partidos de perfil nacional idéntico, pero no abandonan una identidad para abrazar la otra, al menos no de forma notable. Por tanto, queda descartada.

2. Ley d’Hondt

La ley d’Hondt no es del todo proporcional. Si hay una fuerza con muchos votos, tiende a beneficiarla. Como JxS obtuvo casi el 40% de los votos y este paquete de votos se lo van a repartir dos partidos, algunos defienden que se beneficiará al resto de partidos. Por supuesto, entre ellos C’s y PSC.

Pero este efecto fue nulo en las pasadas elecciones. He probado de repartir de forma equitativa los votos entre ERC y PDCat y la suma de diputados que obtienen es la misma.

Hondt Catalunya 2015

Quizás repartidos de alguna otra forma, subiría o bajaría algún diputado. En ningún caso, justificaría el crecimiento de PSC y C’s.

 

3. La mayoría silenciosa

Sólo nos queda que todo el nuevo voto y el de Unió sea para ellos. Las encuestas llegan a esta conclusión a través de la «cocina». Es verdad que el PP, C’s y ahora también el PSC son los partidos con más voto oculto. Es lo que jusificaría que, aunque sólo el 7% de los ciudadanos dicen que votarán C’s en la encuesta del CIS, le otorguen una intención de voto del 18,2%.

He aquí la famosa «mayoría silenciosa». Ya se utilizó durante años para explicar el diferencial de participación entre las elecciones catalanas y las españolas. También explicaba el voto dual; los catalanes votan más fuerzas catalanistas en las catalanas y más españolistas en las generales.

Lo que sucede es que, como hemos visto, en las elecciones de 2015 ya subió la participación y se superó las participaciones de las españolas. El «nuevo voto» quizás era silencioso, pero no era unionista. O no tanto como se esperaba. El nuevo voto JxS+CUP era superior al nuevo voto PSC+C’s+PP, aunque en un porcentaje menor que entre los votantes “de toda la vida”. Si asumimos que la participación puede subir entre 2 y 5 puntos, es una barbaridad pensar que será todo voto unionista.

 

El 8 de octubre

Creo que el error fundamental de las encuestas se esconde en la sobre estimación del voto oculto del PSC y, sobre todo, de C’s. Las correcciones al alza de las fuerzas españolistas ha funcionado siempre y es correcto hacerlas. Pero creo que los correctores utilizados hasta ahora pierden utilidad tras la manifestación españolista del 8 de octubre. Allí mucha gente perdió la vergüenza a sacar la bandera española. A partir de este momento, no tiene sentido esconder el voto. Sobre todo en Ciudadanos, con un voto más joven y desacomplejado.

 

Entonces, ¿qué?

Publicaré mi porra de cara a las elecciones. Quiero acabar de afinar los resultados que estimo. Pero sí me atrevo a decir que no veo grandes diferencias con el Parlament que tenemos a día de hoy.

drama

Estiu 1993

Estiu 1993

Algunos directores y guionistas hacen enormes esfuerzos por explicar historias naturalistas. Quieren reproducir la vida sobre un celuloide. Ha sido el motor de algunos de los más inspirados movimientos cinematográficos de la historia, como el realismo poético francés, o el neorrealismo italiano. Cada uno con sus formas propias, deseaban ser fieles a la realidad y, pasada por la mirada del creador, hacer emerger lo poético. Hoy en día, sigue siendo uno de los faros que, paradójicamente, lleva a más realizadores y realizadoras contra las rocas. Confunden lo realista con lo trágico y lo sutil con lo insustancial. Y la tragedia, en este caso no la del relato, se consuma.

«Estiu 1993» tiene todos los ingredientes para acabar chocando con esas mismas rocas llenas de buenas intenciones y excesos de autoestima. Basa la historia en las vivencias de la realizadora, la protagonizan dos niñas muy pequeñas y no tiene ninguna intención evolucionar a través de la acción. Es muy probable que sea la combinación de estas decisiones tan arriesgadas la que hace al filme tan mágico.

Si dirigir actores es difícil, dirigir niños está casi prohibido. Laia Artigas, Frida en la película, y Paula Robles, con apenas 4 años interpreta a Anna, no se comportan como dos personajes sino como dos niñas reales. Juegan como juegan las niñas, tocan como tocan las niñas, ríen y lloran como ríen y lloran las niñas. Juegan felices y, de repente, algo explota y pasan al llanto, o a la inversa. A este nivel sólo se puede llegar mediante la improvisación. El riesgo es que las niñas no digan aquello que es necesario que digan para que la trama fluya, algo que no pasa jamás. Algunas escenas son increíblemente largas y, a pesar de ello, las niñas hacen lo que la historia requiere con esa naturalidad.

La directora, Carla Simón, sube la apuesta manteniendo casi con rigor total el punto de vista de Frida. Los padres (Bruna Cusí y David Verdaguer) parecen decorado en muchos momentos. Sobre todo al principio, cuando Frida aún no está familiarizada con ellos. Sus conversaciones son esa especie de rumor que los niños apenas atinan a entender pero del que, en cambio, captan la emoción a la primera. Los planos, a ratos, son casi subjetivos. Las conversaciones entre los «mayores» condicionan los comportamientos de Frida, pero el espectador casi nunca los recibe de forma explícita, como suele suceder. Como ella, cazas palabras, frases, tonos, emociones. Lo demás, lo reconstruyes.

Cuando acabó la película, que tuve la oportunidad de ver en Xiscnèfils, hubiera querido ir a dar las gracias a todo el equipo que participó. Pocas veces me han hecho vibrar tanto con un relato tan cotidiano. Recuerdo una emoción muy parecida en la trilogía Antes de amanecer, o en La soledad. Son películas en las que uno se reconoce porque son capaces de captar lo esencial de lo que sucede y vestirlo en un cuadro hiperrealista.

Transmitir verdad es un bien preciado, perseguido por muchos. Simón ha conseguido con creces mostrar los rincones de su historia sin darlos de forma obvia. Nos lleva al mundo interior de Frida, a nuestra psicología más infantil. Quizás ingenua, pero compleja.

Política

Sobredosis de «procés»

Unos días antes del referéndum, un amigo tuiteó que le sorprendía la cantidad de gente que sólo escribía mensajes a favor o en contra, como si la vida no tuviera más cosas importantes. Me sentí interpelado porque soy consciente de que tuiteo demasiado sobre el “monotema”. No tanto por estos días, en los que es lógico que lo inunde todo. Es sobre todo por los años que hace que esto es así.

Es una reflexión que me he hecho de forma íntima muchas veces. Comprendo el mensaje de mi amigo porque hasta yo estoy cansado de mí mismo en twitter. Como si sólo me interesara esto. La vida es más una suma de retales; familia, amigos, trabajo, cervezas, viajes, retos, y aspiraciones, que un trozo de tela único, plano y repetitivo.

Mi vida sigue centrada en mis proyectos profesionales, me preocupa estar al día de cómo va la economía y los sectores que me afectan de forma más directa. Continúo apasionado por la ciencia y consumo libros y revistas como lo hacía. Me acuno viendo una película o serie casi a diario. Quizás es el mejor momento del día. Mucho mejor que cuando pienso o discuto sobre la independencia. Y ahora he añadido a mis entretenimientos escaparme a escuchar ópera de vez en cuando.

La pregunta lógica que me hago es, si me interesan tantas cosas, ¿por qué demonios escribo siempre de lo mismo? Suelo llegar a una serie de justificaciones, que no acaban de calmar del todo la mala conciencia por no mostrarme más diverso.

La causa principal es que me interesa. Es así. De hecho, siempre me ha interesado la política. Sobre todo, porque implica informarse un poco de todo. La identidad, como proceso de construcción personal, social y como espacio político me parece un tema apasionante.  En él interseccionan presente, pasado y futuro, cuestiones mediáticas, culturales, históricas, y sociales muy complejas y donde, en mi opinión, se da una clara situación de injusticia en Catalunya desde muchos puntos de vista.

No voy a entrar en esto ahora, ni en rebatir su percepción de que las redes sociales han radicalizado al pueblo. Aunque han jugado un papel importante y las redes tienden a la endogamia y maniqueísmo, no estoy muy de acuerdo con él. Pero justificarme me obligaría entrar en unos matices, que me apartarían del tema central del artículo.

Además de interesarme mucho, cuando entro en twitter, hay un río de gente hablando sobre el monotema. En uno y en otro sentido. Es muy sencillo dejarse llevar por lo que todo el mundo habla. Twitter es una herramienta donde la clave está en la interacción entre usuarios y el grado de interacciones que obtengo hablando de esto es muy superior al resto de temáticas. Sé que, al integrarme en el debate de todos, alimento que en otros temas nadie interaccione conmigo, pero no puedo negar la sensación de hablar en el desierto si comento lo último que he leído en «Investigación y ciencia».

Antes de escribir un twitt, intento preguntarme si voy a aportar algo de verdad con él. Aunque me apasione, escribir digamos que sobre física o economía me da pudor. Me da la sensación de que hay gente más adecuada para hacerlos porque saben más. Reconozco que este filtro es muchísimo más liviano si es sobre política. Sí tengo seguridad cuando hablo de cine. Pero el problema es que no suelo ver las cosas cuando se estrenan y veo desfasados mis comentarios sobre una película que hace tiempo que abandonó las salas.

Los debates en twitter son muy limitados. El esfuerzo de síntesis te obliga a expresas cosas que son fácil de malinterpretar en temas polémicos. Pocas cosas son tan fáciles como acabar abrazándote a una discusión con un energúmeno que te lleva al barro. Y claro, él ahí se maneja mejor. Este es el motivo más importante por el que, algunas épocas, he tratado de distanciarme de twitter, pero la carne es débil.

Me he propuesto publicar twitts sobre otros temas y evitar un poco el debate sobre la independencia. Soy consciente que estos días va a ser complicado. De hecho, tengo algunos posts pensados y medio preparados para estos días. Pero me esforzaré en ir un poco más allá y hablar de la última película o serie que he visto (ahora miro “The night of” y es fantástica), de la próxima ópera que disfrutaré (llevo semanas escuchando “Un ballo di maschera” de Verdi, que veré en el Liceu en 15 días), trataré de compartir también los links de noticias de ciencia (como esta misma semana, que se entregó el nobel de física al equipo que detecto las ondas gravitacionales, o el nobel de medicina a los que explicaron bien los ritmos circadianos)…

En fin, la vida es más compleja y completa que un solo tema. Mostrar demasiado una misma cara en un ámbito en concreto (twitter en este caso), no significa que haya renunciado a todo lo demás. Creo de verdad que el tema es muy importante y que debe hablarse. Pero eso no es óbice para no hablar de nada más.

Política

Las papeletas y las porras

Ayer fue un día de emociones muy fuertes. La noche anterior casi no dormí. Los nervios no me dejaron. Sabía que habría un antes y un después del 1 de octubre. Aunque llevaba meses afirmando que la policía no actuaría con violencia, sí era muy consciente que nos enfrentábamos a un estado muy poderoso. Y que podía tener consecuencias graves. Colectivas y personales.

Me levanté a las 4, y me fui a mi colegio electoral. Llegué a las 5 de la mañana y ya debía haber unas 50 personas. En menos de media hora, superábamos de largo el centenar. El primer temor era la llegada de los mossos. Así estábamos. Con la confianza que no nos echarían si éramos muchos, pero con el temor que nos cazaran justo introduciendo las urnas y se acabara todo antes de empezar. Había expectación. Una calma tensa que presagiaba lo que pasaría.

A unos cuantos nos pidieron apoyar y defender un colegio electoral pequeño de una barriada donde no había ido casi nadie a protegerlo. Nos fuimos para allá con una furgoneta. Casi no había cobertura. Caminábamos unos metros para acercarnos a una plaza donde, según cómo, conseguíamos cazar un poco para enviar 4 whatsapps. Estaba lo bastante lejos como para sentirme “incomunicado”. Sobre las 9 empezaron a llegar las noticias. La policía estaba entrando a saco en un colegio electoral muy cerca al colegio donde me tocaba votar.

La sensación era muy estresante. La gente del colegio que abandoné creía que era cuestión de tiempo que se presentara la policía allí donde parte de mi familia esperaba para votar. Con unos cuantos, conseguí volver sobre las 10 y media. El torrente de imágenes ya había empezado. Ponía la piel de gallina ver a toda esa gente tan poco preparada como yo, plantando cara a la policía. Veías cómo los aporreaban, arrastraban por el suelo, los tiraban por las escaleras, rompían dedos, pegaban patadas a lo karate kid, formando como si cargaran contra un tumulto peligroso. Les daba igual la edad, el carácter pacífico de las concentraciones donde las únicas armas eran papeletas y urnas. Las cifras de heridos subían y subían. Y mientras, llegaban rumores constantes de que la policía se iba a presentar en los colegios donde estaban tus amigos, tu pareja, tu familia…

Pero entonces llegó el orgullo. Fue emocionante pasearme por el colegio de Sabadell, en el que la policía nacional había entrado a sangre sólo 1 hora antes. Habían vuelto a colocar urnas y unas colas enormes esperaban a depositar su voto. Sólo tenían eso. La dignidad de volver a levantarse mientras el entorno mantenía las cicatrices que había provocado la policía poco antes en forma de cristales rotos.

Pero no fueron los únicos. Sant Iscle de Vallalta es un pueblo chiquitín, con el que tengo una tremenda relación personal en el viven menos de 1300 personas. Las imágenes de la policía son impresionantes. Unos pocos habitantes defendían el colegio electoral mientras la policía nacional se aproximaba en formación. Y eso que, poco antes, habían tenido que defenderse de un ataque de la Guardia Civil.

Empezaron a llegar imágenes de mossos de escuadra defendiendo a la gente de las agresiones de las policías españolas, algunos llorando en una situación que los sobrepasaba, de los tractores ocupando calles para evitar el acceso de las lecheras, de los bomberos poniéndose en primera fila, de amigos que sabes que no comparten ni siquiera la idea del referéndum que bajaban a votar. Y lo compensaban todo. Absolutamente todo.

Así que pasabas rápido de las lágrimas de rabia a las de emoción. Lo que no desaparecía era la sensación de miedo, cuando toda la rumorología apuntaba a una reaparición de las cargas a última hora de la tarde para incautar las urnas, ahora ya sí llenas de votos.

Por la tarde recibí un mensaje que pedía ayuda en Cerdanyola, les faltaba gente. La cosa estaba tranquila en mi colegio y éramos muchos. Así que cogí el coche y me fui a Cerdanyola. Estuve allí casi toda la tarde. Muy tranquila. Tuve tiempo de charlar y de sentarme a mirar las noticias que llegaban de todas partes. La prensa internacional empezaba a denunciar lo que estaba pasando. Pero el tratamiento informativo que se le daba a la situación desde los medios que forman parte de la maquinaria del estado aumentaba la sensación de impotencia.

También empezaron a llegar imágenes de gente concentrada en ciudades españolas para denunciar lo que nos estaba pasando. Desde diversas ciudades gritaban “Cataluña, no estás sola”. Gente digna, que luchan por cambiar las cosas en unas condiciones diría que incluso peores que las nuestras, sobre todo mediáticas, y con los que muchos esperamos construir parte de nuestro futuro, pase lo que pase.

Los colegios empezaron a cerrarse entre aplausos y gente emocionada. Habían conseguido cerrarnos algunos colegios y llevarse algunas urnas con sus miserables órdenes. Pero habíamos llegado hasta el final, obligados a custodiar lo que ellos deberían proteger. Afortunadamente, los rumores de nuevas cargas no se cumplieron. Empezó el recuento y, de nuevo, viendo que mi colegio estaba protegido, decidí ir a recargar pilas para celebrar lo que sea que hayamos conseguido en la plaza Catalunya de Barcelona.

Un montón de gente, sobre todo jóvenes, vivía con emoción el final del día. Era una victoria, pero con un sabor muy amargo. Nos habíamos sabido organizar, y sus golpes no habían callado nuestra voz. Esperábamos el discurso institucional de Puigdemont. Los minutos pesaban cada vez más y, por fin, apareció flanqueado por todo el gobierno. El camino sigue, y abrió la puerta para que Europa medie la situación. Aunque difícil, es la única salida posible a todo esto. Impecable.

Sentí que, ahora sí, se había acabado el día. Me fui para casa con ganas de lamerme las heridas. De asumir todo lo que había pasado. Para dejarme ir. Sabía que me llevaría días aceptar todo lo que había pasado. Convencido que el 1 de octubre ha sido el día que todo lo cambia. Dolido por todo lo que hemos tenido que pasar, pero sabiendo que su violencia no ha sido suficiente para vencernos. Orgulloso de saber que, pase lo que pase, cuando piense en estos días, sabré que yo era de los que, en la mano, llevaban una papeleta. Y ellos… Ellos llevaban porras.