Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

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Empresa y vídeo online / internet

El vídeo online y la desintermediación

El otro día leía un interesante post de Gonzalo Martín sobre desintermediación. Os recomiendo su lectura porque profundiza en el concepto. Yo hago una pequeña definición del asunto y abro una reflexión.

Hasta ahora, si querías emitir contenido de vídeo tenías muy pocas opciones: o negociabas con una de las pocas televisiones que tenían licencia para emitir o te quedabas con las ganas. Con internet esa barrera ha desaparecido.

Aunque esto tiene algún  pero económico (no es fácil monetizar los contenidos ni es tan sencillo como subir el vídeo a un youtube), el hecho cierto es que ha cambiado muchas cosas. La más importante es que una cierta censura y condiciones draconianas mueren en este proceso.

En teoría, los 4 que ahora mandaban pierden control y capacidad de decidir. Y los procesos creativos, o las ideas poco representadas, las imágenes que, por escabrosa o por el motivo que sea, acababan en un cajón, ahora han cobrado nueva vida.

El elemento clave, desde mi punto de vista, es que se ha roto lo que se conoce como barrera de entrada. Hasta ahora, colar tus contenidos era carísimo y muy pocos podían hacerlo. Hoy, todo el mundo puede colgar su vídeo en internet.

Abro un pero que pocas veces he visto cuestionado. La enjundia del asunto es: antes mandaban 4 (tve, las 3 privadas y las autonómicas). ¿Y ahora? En realidad, hoy también tenemos un pequeño grupo de empresas, con intereses mediáticos, políticos y económicos que «controlan» de facto que vemos y hacemos en la red y que, por tanto, tienen un potencial censurador muy grande.

Los separaría en dos grupos: proveedores de streaming y proveedores isp.

Los proveedores de streaming son los servicios que permiten subir vídeos a la red y que luego los espectadores puedan verlos (youtube, vimeo, blip…). En realidad, tienen una capacidad enorme de censura. He vivido algún caso de cerca de algún canal honesto que ha sufrido el cierre y lo difícil que es reactivarlo (sin contactos diría que imposible).

En teoría las normas están claras. Y la inmensa mayoría de estos contenidos no son un problema para ellos. Pero eso no evita que hay un embudo. Como la mayoría de las personas buscan los vídeos en los mismos sitios, es imprescindible estar en ellos. Así, en España, no estar en youtube es no estar. Intermediación monopolística.

Por otra parte, estos mismos proveedores tienen también un buscador que te hace estar o no estar. Aquí es donde volverán a aparecer (y donde, de hecho, han aparecido ya) las nuevas barreras de entrada. O pagas mejorando las búsquedas de forma natural con SEO, o pagas por aparecer primero con SEM. O estás fuera. Nuevas barreras de entrada en los nuevos espacios.

Los proveedores de isp son los que nos dan conexión a internet (Telefónica, Orange, Jazztel…). Ellos saben exactamente el tipo de contenido y el contenido concreto que estamos consumiendo. Sobre esto sí que se ha hablado mucho: la neutralidad de la red (que el proveedor isp no pueda condicionar la velocidad o el acceso de nuestra conexión en función de los usos que hagamos).

Sabemos que estos ya han practicado una cierta censura, en especial con los sistemas P2P (contra los que tienen algunos intereses). Y, en este caso, volvemos a tener un nuevo embudo por el que hemos de pasar. ¿Qué pasa si un contenido afecta frontalmente sus intereses? Y una pregunta casi más interesante: ¿y si un contenido les interesa mucho?

No es que tema una censura a la antigua, pero sí con nuevas fórmulas: por ejemplo enterrándolos en los resultados haciéndolos inaccesibles y haciendo la conectividad a esos contenidos incómoda (reduciendo la velocidad y cosas similares).

¿Realmente estamos desintermediando o estamos colocando nuevos intermediarios con intereses distintos? ¿Qué tipo de contenidos encontrarán problemas para ser emitidos por la red? Hoy, todos aprendemos. Pero cuando estos players tengan claro de qué va esto, ¿cómo llevarán el agua a su molino? Preguntas que no sé cómo contestar…

 

guion y cine

Censura y prepotencia

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Llegas un día a casa, con ganas de salir y le planteas a tu pareja ir al cine. ¿Por qué no ir a ver 2012? Parece que debe ser entretenida. 150 minutos de explosiones y ciudades destruídas. Coges a tu hijo de 10 años y, cuando llegas a la sala, te encuentras con que hay un cartel en el cine; «Esta película no está recomendada a menores de 13 años». Vaya, ¿y ahora qué hacemos?

¿Te has preguntado alguna vez quién hace esas calificaciones? ¿Quién decide si una película es o no apta? Pues se trata de un grupo de 6 personas que ejercen de tribunal. No son expertos en cine sino gente «que representan al espectador medio». Así, es un tribunal de «gente normal» que se renueva cada 2 años.

A esos «espectadores medios» les dan una lista diciéndoles que las pelis se pueden calificar de 4 maneras (apta para los públicos, no recomendada a menores de 13 años, no recomendada a menores de 17 y X, en las que se incluye pornografía y apología de la violencia). Y entonces vienen 6 tipos y ellos solitos en base a unos criterios muy subjetivos, deciden qué calificación debe recibir un film a modo de orientación, menos en el caso del X, que exige proyectarla en cines muy concretos. De hecho, sólo hay 8 en toda España.

Todo esto viene al follón que se ha liado con la sexta entrega de Saw. Resulta que después de que nos hayamos tragado los 5 primeros episodios de esta saga, los miembros del consejo de calificación de la ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales) se reunió para decidir qué calificación darle. Uno no fue. Debió de dolerle la tripa antes de salir de casa. De los 5 que fueron a verla, una debía ser una ama de casa acostumbrada a cine de barrio y le escandalizó los litros de sangre por centímetro de celuloide. Otro pensó que sus hijos, después de ver el film, podían acabar cogiendo una catana y diseccionarle a él y su mujer en pedacitos. El último, debió ser un defensor de la moral al que le parecía perverso.

Sea como fuere, 3 de los 5 miembros decidieron calificarla X. Y así es como el criterio de 3 personas «representativas» del país han decidido la práctica censura no de la primera, ni de la segunda, ni de la tercera entrega. No. Ha sido la sexta. Hemos necesitado 6 películas para ver la apología de la violencia en el film.

Así, podríamos pensar que de las 300 copias que hizo la distribuidora, 292 se quedarán en las estanterías de algún almacen. ¡Se equivocan! Porque las salas X ya funcionan con DVD, así que probablemente todas las copias se quedarán para criar polvo.

Está muy bien que nosotros, que contínuamente nos sentimos justificados para acusar de mojigatos a los americanos porque censuran escenas de films. Y entonces les explicamos cómo han de hacer las cosas para ser contemporáneos. En realidad, no lo hacemos sólo con el cine, sino que les explicamos qué modelo sanitario deberían tener o qué relación establecer entre religión y educación, etc. etc.

No es la primera vez que hacemos un ridículo espantoso de este tipo. Recuerdo que no hace mucho prohibimos una película que se llamaba «Fóllame» (ese es el título que le dimos nosotros, la original se llamaba bésame), que es cierto había mucho sexo explícito pero que hubiera tenido una carrera comercial de pena porque era mala de narices y, en cambio, fue mucha gente a verla.

¿De verdad hace falta alguien que califique las películas? ¿Los que fueron a ver la máscara no sabían que era una comedia? ¿Quién acaba en la Huérfana esperando una película de amor? ¿Cuánta gente de más de 20 años fue a ver Mentiras y gordas? Insisto como he dicho otras veces, la gente no es tonta. No necesita que nadie le diga qué han hecho pensando en él y qué no.

En vez de ser tan prepotentes e ir dando lecciones por el mundo, quizás podríamos fijarnos en nosotros porque puede que descubramos que ni somos tan modernos ni tan abiertos como creíamos.

Por cierto, si a alguien le hace ilusión ver la calificación de las pelis que ahora hay en carterelera, puede verlas aquí.