Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

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Spamamigos en facebook

Este es un post protesta. No es que yo tenga un montón de amigos en facebook. Soy consciente que, por el camino, he aceptado como amistades a mucha gente que se me han agregado sólo por los amigos que, a su vez, tengo. No saben quién soy, pero si tengo a esa gente, ya está bien tenerme como contacto.

Otras veces han sido proyectos que, constituídos como «personas» en facebook lo utilizan para publicitar sus servicios y también los he aceptado. Al fin y al cabo, no pongo en la red nada que me no me interese hacer público. Por tanto, tanto me da quién lea lo que comparto.

Y para poder leer lo que escriben los contactos que me interesan tengo varios grupos de amistades que me garantizan que, cuando un contacto mío poco activo escribe algo, no caiga en seguida en el pozo de las actualizaciones. Así que tampoco me afecta que actualicen más de la cuenta.

Pero hay contactos que te envían constantemente nuevas amistades que ni tú conoces ni ellos te conocen. Otros te machacan a diario con grupos que no sabes muy bien ni a qué vienen. Y otros te piden que te hagas fan de cosas de lo más curiosas.

Incluso eso, que a veces me molesta, llego a tolerarlo. Pero lo que es el colmo es gente que te invitan a algo, tú lo ignoras y al día siguiente (e incluso escasas horas después) te vuelven a invitar al mismo grupo. De hecho, el cabreo ahora me viene porque un tipo se ha empecinado en que me haga fan suyo. De lo más cómico e irritante a la vez. Pues no me da la gana.

Me parece bien que las empresas y gente particular quieran utilizar las redes sociales para generar negocio. Pero es evidente que alguien les ha explicado mal en qué consiste esto del 2.0. Lo importante no tiene nada que ver ni con alimentar tu ego personal a toda costa,  ni en tener el máximo número de contactos posible. Tiene que ver con conversación, con contactos de calidad y con ser capaz de transformar toda la información que «escuchas» en la red a tu favor fuera de lo que ahora llamamos el online.

Valdría la pena que, de tanto en tanto, aprovecharan parte de su tiempo en leer qué dicen a este respecto los que de verdad saben sobre el tema. Hay varios y con opiniones en algunos casos divergentes. Pero todos entienden que el spam no lleva a ninguna parte.

Esos amigos acaban por caer de la lista (ayer borré a 2 por ese motivo y uno de ellos, por cierto, experto en branding personal). Y, lo que es peor. Quizás son gente interesante, con cosas que merecería la pena escuchar. Pero la imagen que tengo de ellos ahora mismo es muy negativa. Y les costará (mucho) que cambie de opinión.

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La comunidad del no contenido

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Estos días en el 3er campus de seedrocket participaban algunos proyectos que tenían componentes sociales. Y claro, la pregunta obvia que surgía es; ¿cómo vais a generar la comunidad? Cuando arrancan los proyectos, y ya no hablo de los proyectos de seedrocket que creo que lo tenían más claro, las respuestas suelen ser un vago; «vamos a ofrecer herramientas sociales».

Todos entendemos que toda herramienta que nos brinden y mejore nuestra sociabilidad es susceptible de ser adoptada por la masa. Pero en el fondo de la pregunta, lo que se esconde es; ¿Qué anclaje con el mundo real vas a establecer en tu mundo virtual?
La clave de facebook es que ha sabido concretar muy bien esa respuesta; socializando contenidos muy relevantes, desde el punto de vista emocional, para los usuarios. Las fotos es el mejor ejemplo que se me ocurre. Que, no sólo miremos las fotos en las que nos etiquetan, sino también las que antes nos daba pavor que nos enseñaran como las de los viajes, es significativo.
Como digo, la clave está en que el contenido, en este caso la foto, es emocionante y muy susceptible de ser compartida. Así, las etiquetamos de manera que nuestros amigos saben que pueden visitar nuestro álbum. Dicho con otras palabras, sobre el contenido pivota la comunidad.
Pero, como todo, evoluciona. Igual que en todas las ramas del arte, suele empezarse por intentar mimetizar la realidad. Sin ir más lejos, los pintores trabajaron mucho para llegar a la excelencia del barroco, por ejemplo, con Velázquez. Pero una vez llegado a ese punto, tiende a evolucionarse a puntos más abstractos y complejos, especialmente desde inicios del s. XX en el caso de la pintura.
Eso es lo que les ha pasado a las fotos del facebook y las etiquetas. En una primera fase, las etiquetas mimetizaban la realidad, es decir, servían para señalar a las personas que aparecían. Pero, como digo, el concepto evolucionó. Pronto, la gente aprovechó las etiquetas para enviar postales de navidad de forma masiva. La gente etiqueta a todos aquellos que quieren que reciba la postal y cada uno de esos amigos recibe la notificación en su muro. Aunque el contenido continuaba siendo importante, la etiqueta como herramienta para distribuir algo, gana peso.

Pero el proceso de abstracción no acabó ahí. A alguien se le ocurrió la idea de enviar imágenes sin nada. ¿Sin nada? No exactamente. Con un texto del tipo; «¿Cómo nos conocimos?». Y, tal como se hizo en las postales, etiquetaba a todos aquellos que quería que comentaran cómo se habían conocido.

¿Qué valor tiene, en ese caso, la foto en si? En realidad, nada. Lo único importante, el verdadero contenido reside en lo que los amigos, la comunidad, comenta respecto a ello. Y aquí llega lo bueno. El contenido fuente deja de ser relevante para dar todo el peso a la herramienta, que es la que de verdad genera comunidad. Lo que a los fundadores de facebook utilizaron para «generar» comunidad ha dado paso a algo más abstracto y creado por la propia estructura de su red social.

Respecto a eso, surgen preguntas que, probablemente, sólo el tiempo puede contestar; ¿Forma parte del proceso natural de una red social empezar por lo real para acabar por un uso más abstracto? ¿Requiere un aprendizaje ese proceso? Quiero decir, ¿sería posible que las redes sociales virtuales del futuro se desvincularan de ese anclaje en un elemento real para concentrarse sólo en lo relacional? ¿Cómo se establecerán esas relaciones cuando las fronteras entre lo real y lo virtual se difuminen?

Quizás llegue un día en el que, cuando un proyecto se lance, no queramos saber cómo se anclará con la realidad sino qué sólo nos interesaremos por el tipo de relaciones podremos establecer gracias a ella.