Alberto Lacasa

Audiovisual, política y más allá

Date archives junio 2015

Política

Corrientes de fondo

Pedro Sánchez

En las tertulias de bar, a las que soy un adicto, es bastante común la pregunta: «¿Tú crees que el 27S habrá independencia?». Hay respuestas de todo tipo. Desde el que sólo recurre al que la ley lo impide, al que cree que la voluntad lo es todo, pasando por los que defienden que la cuestión es bastante más compleja.

Honestamente, no tengo ni idea de qué pasará después del 27S. Aunque Podemos modifica bastante las condiciones de la contienda, considero plausible una victoria en diputados soberanistas y un empate técnico en votos. Probablemente, con algunos votos más a favor de las fuerzas unionistas. Eso nos lleva a un escenario difícil. Pero se dé el que se dé, suelo terminar la frase añadiendo que la independencia es inevitable a largo plazo.

Muchos españoles estarían de acuerdo conmigo en que estamos viviendo una segunda transición. Con voluntad de ser preciso, creo que estamos cerrándola. Aunque no considero que estemos en sus últimos compases, sí interpreto que empieza a sonar la coda final.

No cabe duda que la crisis está catalizando este proceso. Quizás, sin ella, todo esto hubiera llegado mucho más tarde. Pero su corriente transformadora es anterior a la crisis. Abro un pequeño paréntesis. No deja de ser sorprendente cómo se ha utilizado la crisis para legitimar las opciones de cambio político en España y, a la vez, para deslegitimar el proceso soberanista catalán. Cierro paréntesis.

Los vectores de cambio son, básicamente, tres. Se está exigiendo un cambio político. No creo que sea exactamente hacia la izquierda, como percibo es el sentir popular. No cabe duda que Colau y Carmena han logrado un gran éxito. Pero no hay que perder de vista que representan un 25 y un 32% de los votantes respectivamente en dos grandes ciudades. En mi opinión, lo esencial es que las marcas de siempre, o se transforman o serán sustituidas. Seguirá habiendo una España que exige políticas sociales y otra que apuesta por el conservadurismo. No rompemos, por tanto, con las políticas de derechas sino con la estirpe o la «casta», como les gusta decir a algunos, que ha heredado el gobierno tras la caída del régimen. Es decir, vector número 1: queremos romper con el caciquismo franquista.

El segundo vector, quizás menos obvio en España. Franco hizo que los españoles se avergonzaran de sus símbolos. Tras la dictadura, se han escondido. Aunque los usaban y ha molestado cualquier gesto de no adhesión más o menos duro o explícito, el hecho cierto es que han preferido cohesionar a través de otros símbolos.

Pero esa vergüenza ha ido menguando. Poco a poco, la izquierda le ha perdido el miedo. Lo alimentan tres cuestiones; las políticas de Aznar, creo que es su gran victoria y herencia. Los éxitos deportivos de la última década con cánticos desacomplejados como «yo soy español». Por último, el proceso independentista catalán. Esta suma de cuestiones es lo que explica, por ejemplo, el slogan que usará el PSOE de cara a las generales; «Más España» o también que Pablo Iglesias sea el político que más utiliza el concepto patria.

Quiero hacer notar es que estos valores ya estaban ahí. Subyacían. No es cierto que los únicos nacionalistas en España fueran los franquistas. También hubo exposiciones duras en contra del catalanismo por parte de Azaña.

Yo nunca he sido españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco.

Dejo de lado que este comentario certifica que, en parte, la guerra española era una guerra contra Catalunya. Si no era suficiente,  a posteriori, Negrín hizo comentarios en la misma línea cuando era presidente de la república en plena guerra civil.

No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza.

Es decir, sólo reflota lo que ya existía. Nada nuevo ni exclusivo de la derecha. Muy anterior a la propia guerra civil. Por tanto, segundo vector: recuperación del orgullo nacional español.

El tercero, obviamente, es el proceso catalán. El catalanismo se siente, en general, maltratado. Como decía Germà Bel en una cena a la que asistí, el Estatut del 2003 nació con voluntad de articular una España federal y acabó convertido en un muro de contención para no perder competencias. Las tensiones con el ya exministro Wert demuestran que no fue útil ni siquiera para eso. La sentencia del TC fue, para muchos, una ruptura emocional con España muy difícil de reconstruir.

Lo que provoca a ojos catalanistas esta tensión, es la percepción de que los españoles viven como una agresión una fórmula que no sea la del estado centralizado. Bajo esta premisa, el desacomplejamiento identitario de la izquierda española, la emergencia de Ciudadanos, que nace para luchar contra el nacionalismo catalán, y el persistente uso de los símbolos patrios por parte del PP, no hacen más que alimentar dicha percepción.

A eso cabe sumar que, a pesar de lo que publican los medios, el peso de las fuerzas soberanistas elección tras elección, se mantiene. En las elecciones municipales, las fuerzas soberanistas vuelven a sumar un 45%. Sumando todo el voto Colau al unionismo, están sobre un 44%. Es decir, el ánimo ha decaído, pero en 5 años, el soberanismo mantiene el pulso. Esto difícilmente es un soufflé.

España tiene derecho a recuperar la normalidad de sus símbolos y a hacer un cambio político profundo. Más cuando responden a corrientes de fondo. Ahora bien, se me hace difícil imaginar una Catalunya acomodada en esa realidad. Ni veo a España dispuesta a cambiar su ruta ni a Catalunya renunciando a su identidad. Si no hay cambios, el desencuentro se producirá. Tarde o temprano.

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El relato de la derrota

cataluña

Me he resistido mucho a escribir un post en la línea del que ahora leeréis. Lo hago a regañadientes, pero encuentro que es imprescindible una mirada serena sobre la situación en que se encuentra el secesionismo a menos de 100 días de las elecciones. Las redes sociales y la calle vive en un permanente estado de histerismo que no augura nada de bueno para el catalanismo de cara al 27S. Creo que los datos se tienen que mirar con serenidad, o nos haremos daño.

Muchos decían que si no queríamos perder la iniciativa política, las elecciones tenían que ser antes de las municipales. Ahora sabemos que tenían razón. Es posible que hayamos dejado pasar una oportunidad histórica de ganar. Quizás sí. Ahora, quien surfea la ola, es Podemos. Ya no tenemos el control que teníamos sobre el tempo político, y ésta era una de las pocas herramientas que teníamos a nuestro alcance ante las armas que tiene un Estado poderoso. En todo caso, ya está hecho. Hay que mirar hacia adelante.

El catalanismo no ha sabido encontrar una fórmula ilusionante de cara a las elecciones que vienen. Defendí la lista unitaria, y a pesar de que no digo que ésta tuviera que ser la fórmula definitiva, sí que es cierto que hemos perdido atractivo. Lo cierto es que hasta el 9N nuestra gran fortaleza era la percepción de unidad del catalanismo, y hoy esta unidad no existe. Bajo ninguna fórmula. La gente se acusa sistemáticamente de ser los culpables de la división. No hablo sólo de los políticos, sino de la gente de base. Difícil sumar adhesiones cuando, entre nosotros, tenemos esta guerra fratricida.

No es serio acusar a otros de hacer bien las cosas. Los críticos con que ICV pacte con Podemos no están más que demostrando su impotencia. La izquierda españolista, por acto u omisión, se está organizando bien. No tienen ninguna obligación de apoyar nuestras propuestas. Si las fuerzas de izquierdas españolistas son más atractivas que las catalanistas para los catalanes, algo pasa. Lo que hace falta no es cambiar ni ICV ni Podemos, sino abrir una reflexión en ERC y en la CUP.

No todo es dramático. Quizás haya que mirar los datos otra vez. El 9N decíamos que hacían falta unos 300 mil votos más a favor de la independencia. Ahora, cuando escucho a los tertulianos que han matado el proceso infinitas veces decir que el independentismo se deshincha, no puedo más que reír. El voto claramente catalanista se mantiene sobre el 45%, al cual se tendría que sumar voto de otras fuerzas, como ICV, que aglutinan voto a las dos bandas del eje nacional. Así ha sido en las elecciones municipales, aunque no se puedan extrapolar directamente sobre las catalanas. Y así es en la encuesta de El Periódico publicada esta semana pasada.

A pesar de que toda la encuesta busca deslegitimar el tono plebiscitario de las elecciones con preguntas tramposas, el hecho cierto es que la encuesta es creíble. Pero insisto, el voto catalanista se mantiene sobre el 45%. Con un añadido. Este voto es, cada vez, más claramente independentista. Los partidos han ido clarificando sus posiciones. No perder voto es una buena señal.

Por lo tanto, no hay que ponerse tan nervioso. Lo que hace falta es trabajar estos 3 meses para convencer a los que el 9N votaron SíNo. El gran drama no es que la gente haya perdido las ganas de tirar adelante el proceso, sino que después de medio año, estamos donde estábamos.

Tampoco tenemos que olvidar el contexto en que se celebrarán las elecciones. Llegaremos con toda la inercia post 11S. Será una inercia de victoria. Si conseguimos que los partidos catalanistas no se saquen los ojos en plena campaña electoral, si hacemos el que hacíamos, si defendemos el derecho de la gente a dudar, si defendemos el derecho de la gente a opinar diferente y seguimos insistiendo, tenemos mucho ganado. Si no, podemos abandonar ahora mismo.

Si el catalanismo quiere tener opciones de victoria, tiene que abandonar este histerismo propio de quien teme que las cosas pueden no irle bien. Sin quererlo, estamos alimentando el relato de la derrota cuando, objetivamente, no estamos mal. La propuesta tiene que mantener la ilusión que tenía. O dejaremos pasar una oportunidad que nadie nos garantiza que se vuelva a producir en el tiempo, digamos, de una legislatura.

guion y cine

La serie «Antes de amanecer»

Antes de amanecer

Es difícil que yo descubra a alguien el valor de la filmografía de Richard Linklater. Más difícil todavía si no hablo de su último estreno, «Boyhood», que me entusiasmó. Ni siquiera este estreno es tan nuevo…

Me apetece hablar de su serie de películas «Before…» («Antes de amanecer», «Antes del atardecer» y «Antes del anochecer»). Es una de esas series que todo cinéfilo debería haber visto hace años. Yo, en cambio, lo tenía como tarea pendiente. Y este fin de semana he decidido verlas todas a ritmo de una diaria.

La serie arranca con dos jóvenes de veintipocos años, emocionados por la magia de un encuentro casual. Romanticismo idílico propio de la época en la que creemos que todo es posible. Nada parece que pueda negarse; una relación puede construirse sobre una noche maravillosa y mágica en el entorno de una de las ciudades más bellas de Europa: Viena. Y una promesa final: volveremos a vernos en seis meses.

La película tiene toda esa magia que inevitablemente todos encontramos a faltar cuando pasan los años. La mirada sobre el amor es pura, incondicional. El amor todo lo puede. Es el amor que las películas de Hollywood utiliza como ingrediente fundamental en sus films románticos. La diferencia es que aquí Linklater lo enmarca en su espacio natural; la juventud. Donde las promesas todavía están por cumplir, cuando cualquier sueño se puede materializar.

Antes de amanecer

Sus conversaciones son frescas, sin el lastre que supone el haber sufrido tropiezos. Es una de las cosas que mejor capta la serie. Entre Ethan Hawke y Julie Delpy saltan chispas. Es fácil reconocerse en una noche donde conoces a alguien con quien, sin entender muy bien por qué, conectas. Cualquier comentario les arranca una sonrisa, aunque a todas luces haga incompatible la relación. No hay conciencia de lo difícil que es superar ciertas diferencias. Es la magia que sólo pervive si no hay un reencuentro…

En «Antes del atardecer», los personajes ya han entrado en la treintena. Se reencuentran pero no como se habían prometido, sino 9 años después. Los dos han vivido obsesionados con recuperar las sensaciones de aquella noche con otra persona. Pero no ha sido posible. La realidad no puede competir con una noche idealizada…

Él escribe un libro explicando aquella experiencia a pesar de que se ha casado y tiene un hijo. Guarda la confianza íntima de que el libro le dé la oportunidad de reencontrarse con ella. Ella ha construido una no-relación con alguien que el trabajo lo mantiene alejado.

El amor ya no es aquella cosa idílica. Los dos se han enfrentado con incredulidad al hecho de que no han podido enamorarse más. No con aquella potencia. No con aquella incondicionalidad. No con aquella sensación transformadora de la vida propia. Cada nueva relación no ha sido más que una desilusión con la que no han querido o sabido convivir.

El reencuentro les da una oportunidad y abre un interrogante; ¿y si vivir profundamente enamorado de alguien toda la vida es posible? ¿ Y si realmente están hechos el uno para el otro? ¿Y si la vida la debían vivir juntos?

Pero en la película ya planea la fuente de conflicto como algo tangible. Él no quiere separarse de su hijo, al que adora. Ella no soporta la idea de vivir en un país como EEUU, donde vive el hijo de Jesse, el personaje de Hawke. Pero como en todo inicio de relación se evita el conflicto. La pasión por estar juntos supera cualquier dificultad.

Antes del atardecer

La serie se cierra con «Antes del anochecer», donde los personajes entran en la madurez. Su relación está asentada. Tienen dos hijas y viven en París. Los dos se han visto obligados a hacer renuncias. Algunas tácitas. Otras abiertamente pactadas. Jesse renuncia a ver crecer a su hijo por ella, pero no puede evitar recordarle a Céline (Delpy) el enorme sacrificio que hace. Ella acepta las consecuencias de vivir con un escritor que basa su carrera en explicar las intimidades de la relación.

Por el camino, también se han dejado algunas cosas importantes. El sexo ya no es apasionado, se ha cotidianizado. Céline siente pasión por cantar y componer. Este hobbie actúa de metáfora perfecta para explicar la historia. La voz de Céline es una de las cosas que más seducen a Jesse cuando se conocen. En cambio, ella se ve obligada a abandonar su hobbie para ocuparse de aquello que él, como escritor, no puede hacer: ocuparse de la casa y de las hijas. Paradójicamente, él pierde una de las cosas que más le gustan de ella y la causa es… ¡Él! Como la vida misma…

Las renuncias se hacen cada vez menos tolerables para los dos. Cada vez resulta menos comprensible para Jesse que Céline no acepte vivir en EEUU, ni para Céline es aceptable seguir renunciando a tener vida. Todo ello les lleva a una catarsis final donde sólo podrán escoger entre dos opciones: continuar la relación asumiendo que algo entre ellos se ha roto para siempre o dejar la relación.

En cualquier caso, las dos opciones tienen algo de descreído. Ahora ya no es aceptable mantener el sueño de juventud. Ya será innegociable que acepten que su sueño era una quimera. Puede mascarse el fracaso.

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La trilogía funciona como una metáfora de cómo evolucionan las relaciones: como nacen, crecen y acaban ahogadas en sus propias expectativas. El proceso que viven los personajes es equiparable al de cualquiera de nuestras relaciones. Con un punto de vista pesimista, ya lo admito. Es en este sentido que la serie persigue mimetizar la vida real. Evoca films como  «Secretos de un matrimonio» de Ingmar Bergman, que en realidad también fue una serie, o la visión de la pareja de Woody Allen.

Una de las virtudes de la trilogía, que Linklater recupera en «Boyhood», es la transformación física, real, que sufren los personajes. La evolución de sus caras, con las arrugas. La transformación de sus voces. Es imprescindible verlas en VO o perderás este detalle tan relevante de la historia.

Quizás la mayor virtud de la serie es la increíble verdad que transmite a cada segundo. La naturalidad con la que parecen estar hablando. En ningún caso se nota que dialogan, en el sentido de diálogo guionizado. Más bien, se trata de conversaciones. Naturales, reales. Sin las prisas típicas de un film.

Inevitable relacionar su cine con cierta tradición europea, en especial la francesa. Tiene algunos aires que recuerdan las películas de la Nouvelle Vague. También del Cinéma Vérité que, a su vez, inspiró algunos de los directores más relevantes del cine independiente norteamericano de la modernidad, como Cassavetes. Linklater le debe mucho al director de «Una mujer bajo la influencia».

Es evidente que el guión se sienta sobre trabajo de improvisación con los actores. Ese grado de verismo es imposible sin la complicidad con y entre los actores. Supongo que por eso en las dos últimas entregas, Hawke y Delpy aparecen como guionistas. Es en este aspecto donde la conexión con Cassavetes es más evidente.

Rodaje "antes del anochecer"

Linklater parece interesado en la evolución de las personas a lo largo del tiempo. La relación que establece con los personajes podría morir aquí, una vez el fuego que ha mantenido encendida la llama de la relación se ha apagado. Ojalá encuentre motivos para reabrirla 9 años después.

Política

El zugzwang de Duran i Lleida

duran

Quedan 4 meses para las elecciones más trascendentes de Cataluña. Es cierto que el catalanismo no llega en su mejor momento. A pesar de que los resultados de las elecciones municipales dan un claro crecimiento de las fuerzas soberanistas, las relaciones entre ellos no han acabado de mejorar.

Por este camino, nada fácil, una de las estaciones es el referéndum interno de Unió. Todos sabíamos que Duran y su gente harían el posible para no dar un apoyo explícito a la independencia. Y han formulado una pregunta que sólo gusta a aquellos que quieren complicar las cosas. Con una calle harta de estos tacticismos políticos, nos encontraremos con aquello de siempre; Efectivamente, pasado el referéndum, y sea cual sea la respuesta, no sabremos qué opina de verdad la gente a Unió.

Según El Economista, la jugada de Duran es: si gano, CDC tendrá que hacer camino solo y yo me sacaré de encima la losa de defender el proceso. Si pierdo, tendremos que reformular la pregunta y, con el poco tiempo que queda hasta las elecciones, Mas tendrá un buen lío.

Yo, en cambio, encuentro que es un zugzwang para Duran. Un zugzwang es una jugada del ajedrez donde el jugador que tiene que mover, haga el que haga, quedará en peor posición que la que actualmente tiene. Este es, por mí, el jardín en que se ha metido Duran sin ayuda de nadie.

Con una pregunta clara, Duran habría podido ganar, lo que lo hubiera legitimado para salir adelante la separación con CDC. ¿Y si pierde? Hubiera podido dimitir y arreglado. Está claro que ciertos sectores hubieran hecho cierta leña. Muy bien. Pero habría podido jugar a ser un ex político con cierto carisma. No olvidamos que durante años, Duran ha sido muy valorado por la ciudadanía.

Analicemos qué le puede pasar al presidente de Unió después de esta pregunta.

Si gana su opción, CDC tendrá que romper con Unió. ¿Qué le suma a estas alturas Unió a Mas? Sinceramente, creo que poco. De hecho, no olvidemos que Mas está haciendo lo posible por usar su marca personal por encima de las siglas, ya muy desgastadas. Por lo tanto, todo nos trae a la ruptura. Si la ruptura se hace efectiva, ¿Qué resultados hay que esperar en Cataluña de un partido en contra del aborto, contra los derechos de los homosexuales, los de un hombre que encarna la definición de la casta y de la derecha más conservadora? ¿Tiene espacio político? Yo lo dudo. Los resultados serán tan malos, que en Duran difícilmente podrá evitar una dimisión bastante más dolorosa que si la hace ahora.

Si no gana su opción, puede alargar el debate. Ante esto, ¿CDC sacará de su programa el proceso? A 4 meses de las elecciones es un suicidio y me parece muy poco probable que se produzca. O Duran acepta lo que propone CDC, o las tensiones a Unión, si los independentistas se sienten ganadores, serán tremendas. Quizás se le rompe el partido por dentro. Y volveremos a la situación inicial. ¿Dejar CDC? Suicidio. ¿Continuar a CDC? Han ganado Castellà y los suyos. Y dimisión (mediante una derrota doble: a la pregunta y al intento de hacer trampa).

Los que seguro que están más contentos son los del PSC. Si Duran se se acaba presentando solo, se ahorrarán el titular de ser los grandes derrotados porque esto se lo comerá el (que era el) partido de Carrasco i Formiguera.