No hace mucho colgué la crítica del nuevo film de Clint Eastwood, que retrata cómo Nelson Mandela, tras ganar las elecciones en un país absolutamente dividido, utiliza el rugby como elemento integrador.

La película está muy bien ejecutada. Como digo en la crítica, me parece que es la “típica” de deportes en el sentido que Eastwood hace un cine muy clásico. Pero, a la vez, es “diferente”, dualidad contradictoria que suele darse en sus historias.

La película me hizo pensar en un debate que algunas veces he tenido con gente. Yo no conocía este aspecto del gobierno del mítico estadista africano, y es obvio que es una clara utilización del deporte con fines políticos. En cambio, la gente tiende a decir que deberían mantenerse siempre separadas.

Muchos sabéis (y si no os lo digo) que soy un enfermo de Barça y fue por allá finales de los 60’s el president Narcís de Carreras se atrevió a calificar al Barça de “más que un club”. Unos 5 años más tarde Agustí Montal lo popularizó utilizándolo como eslogan electoral de unas elecciones que, por cierto, ganó.

Esa frase tenía connotaciones políticas. Trataba de expresar que cuando el culé cantaba un gol, no era sólo eso lo que estaba celebrando, sino que era una forma de expresar el descontento con el régimen establecido y la idenficación con cierta forma de entender Catalunya.

Muchos culers seguimos considerando vigente esa identificación entre la catalanidad y el club. Pero a muchos les molesta porque consideran que no es legítimo por lo que comentaba de la separación de estos dos conceptos.

En cambio, Mandela no tuvo ningún reparo en hacer un uso político de una selección de rugby, que había sido símbolo de la opresión del apartheid. ¿También era ilegítimo que hiciera ese uso? Para mi, añade un elemento muy interesante al debate. No he tenido la oportunidad de compartirlo con nadie, así que no sé qué me contestaría alguien que criticara este aspecto del barcelonismo del que he hablado.

En mi opinión, Mandela hizo muy bien. La realidad es que la unidad entre deporte y política ha sido, es y seguirá siendo total. No en vano, la mayoría de los eventos deportivos más importantes se hacen bajo enseñas estrictamente políticas; las olimpiadas, el mundial de fútbol o la copa Davis… La gente es fiel a Nadal, Alonso, Héctor Barberá… La identificación sólo llega por un aspecto puramente político; prodecemos de la misma entelequia política.

Que la selección española gane la eurocopa no es un hecho políticamente neutro. Que los jugadores de baloncesto ganen un europeo y canten; “yo soy español” tampoco. Que los adjetivos que se utilizan para definir la selección (o las virtudes de un equipo) sean del tipo; casta, raza… tiene una carga ideológica evidente para quien quiera verla. Es así y lo que no veo por qué debería ser malo.

Mucho más sutil es la identificación entre otros clubes y sus territorios o la propia nación española. De todas maneras, debería ser significativo que en el Bernabeu y otros estadios hayan banderas españolas. También en ello hay una connotación política, esta no reconocida.seleccion española

La pregunta del millón es; ¿por qué en un caso se habla de uso político de un club y en el otro se ve como algo “normal”? Jordi Pujol me recordó en sus memorias un concepto que había olvidado; el nacionalismo banal, que es la forma de nacionalismo tan socialmente aceptada que no se percibe como tal.

Así, la aceptación como algo normal que cuando uno sigue el mundial se identifica con la selección de su país y no otra, o las simpatías por Alonso en vez de por otro piloto de la parrilla de otro país son dos expresiones naturales de esa forma banal de identificación. Y no sólo no es malo sino que despierta cierto sentido de identidad empático y positivo.

Os prometo que este post no nace con el objeto de que nadie se sienta molesto porque no estoy criticando nada. Al contrario, a mi me parece bien. Pero he de reconocer que me llama la atención poderosamente (y me molesta) la geometría variable de nuestra percepción de lo asumible de unos principios en función de la proximidad o lejanía de los nuestros.

Desinformación atómica

No tengo ni idea del nivel de follón que hay fuera de Catalunya con lo del centro de residuos radiactivos pero aquí tenemos un circo de los que impresionan. Es un debate que junta dos aspectos que he tocado en el blog; ciencia (este mes de agosto pasado) y comunicación, y me he decidido a tocarlo.

Lo primero que tenemos que aceptar entre todos es que la mayoría no tenemos ni la más remota idea de lo que es la radiactividad. No sabemos qué riesgos reales entraña ni con qué criterios se decide colocar en un sitio o un otro una instalación de estas características.

Si aceptamos esta premisa, lo primero (y con urgencia) que deberemos hacer es escuchar a las personas que saben del tema. Y todo el que hable debe acreditar que sabe lo que dice. No es suficiente significarse como pro o anti nuclear. No, no va de eso. Va de ir en serio y explicar las cosas como son.

Yo todos y cada uno de los expertos a los que he tenido acceso, ya sea por radio, televisión, prensa y medios científicos, dicen de forma unánime que el riesgo es casi inexistente. Digo casi porque el riesgo cero no existe en ningún ámbito.

Ayer incluso explicaban en la radio que en Holanda tienen un centro de estas características (que utiliza una tecnología de cristalización de residuos, cosa que no he oído que se fuera a hacer aquí, aunque lo desconozco) lo utilizan como centro cultural e, incluso, es visitado por colegios.

También escucho que dicen que los centros de desarrollo nuclear tienden a concentrarse. Es decir, que no tiene sentido montar este centro en un lugar que no haya aportado su “cuota de solidaridad nuclear”, sino que por puro sentido común, cuanto menos recorran los residuos, mejor para todos.

A esto hay que añadir que los residuos hasta ahora suben a Francia. Lo más seguro es mover los residuos en tren. Y se me ocurren pocos caminos férreos por los que puedan pasar esos residuos que no sea Tarragona.

Se utiliza como argumento a favor que eso sería un polo de atracción de población. Los contrarios aseguran que eso espanta a la gente. No tengo ni idea de si es una cosa u otra, aunque el dato de que Ascó ha ido perdiendo 18 habitantes cada año no demuestra nada. Al menos en solitario. Nadie sabe si hubiera perdido aún más población de no montar la central. Quizás si ese dato se pudiera comparar con otros…

Yo soy pro nuclear. Como digo, me faltan muchos elementos de juicio de valor. Aún así, creo que después de todo el discurso, que comparto, que quiere combatir las emisiones de CO2, lo más lógico hoy (con lo poco que sé) es la energía de fisión.

Acepto que no pueda compartirse este punto de vista. Lo que me parece intolerable es que aquí alla tantísima gente vendiendo que esto es peligrosísimo. Y me parece intolerable por lo que he dicho; los expertos, los respetados por la comunidad científica, dicen lo contrario.

Si estos tienen razón es una irresponsabilidad enorme asegurar lo contrario. Porque la coloquen donde la coloquen, habrá gente alrededor de ese centro de residuos. Gente que se preocupa por su salud, por la de sus hijos. Personas a las que estamos condicionando, que van a sufrir sin motivo.

Greenpeace (a los que he escuchado varias veces estos días) tienen todo el derecho del mundo y argumentos muy sólidos en contra de la energía nuclear; la vida de los residuos es uno de ellos. Pero jugar con los miedos de la gente es una irresponsabilidad cuando se sustenta sólo sobre una cuestión ideológica. La desinformación nunca es una buena opción.

He intentado hablar poco del tema porque yo no he leído la letra pequeña de la ley y me parece poco responsable lanzar proclamas a favor o en contra de algo que no conoces bien. En mi opinión, hay demasiado ruído alrededor; demasiado discurso victimista por parte de la industria y demasiado relato facilón por parte de los internautas.

Cuando llegó Ángeles González-Sinde al ministerio pedí que se le diera algo de tiempo. Como a todos, me parecía poco probable que tuviera una actitud constructiva pero yo creo que la red demostró ser igual de intolerante. No la habían nombrado que ya la insultaban sólo porque se dedicaba al mundo del cine.

Pero el hecho cierto es que, al final, el trabajo de la ministra ha llegado a transformarse en una ley (o en una parte de ella). Y, quien más quien menos, ya sabe que la ley prevé la posibilidad de la creación de una comisión mixta entre el ministerio y la sociedad de autores que permitiría el cierre de páginas web de forma preventiva si se considera que hay indicios de un uso lesivo en contra de los creadores.

El debate es complejo. He dicho muchas veces que es inaceptable que muchos usuarios sientan que tienen el derecho (casi divino) de ver/escuchar/leer lo que sea sin necesidad que los creadores reciban un rédito por ello. Y los argumentos suelen ser de traca; “para lo que hacen, quien va a pagar”, “yo es que primero la veo descargada y decido si voy al cine”, o la ya mítica “cine español no se descarga nadie por lo malo que es”. Y con eso y un bizcocho, ya les basta para calmar su conciencia.

Pero la industria cae en lo mismo; resulta que tienen derecho a cobrar un canon (con el que no estoy del todo en desacuerdo). Y ese canon se puede grabar a todo el mundo, de manera que a veces la pagamos por duplicado y triplicado; si vamos a una zapatería que tiene una radio puesta, aquí paga canon la zapatería, la radio y el fabricante del aparato. Total, que cuando me compre mis mocasines nuevos, pagaré 3 veces el canon.

Dicho todo esto; que una comisión creada por el ministerio de cultura y por la sociedad de autores tenga potestad para cerrar una web de forma preventiva me parece lamentable y peligroso.

En primer lugar, hay que reconocer que, por lo que han anunciado, no cerrarán nada de buenas a primeras, sino que avisarán antes de actuar y solicitarán que se elimine el contenido susceptible de ser considerado propiedad de alguien.

Pero el hecho cierto es que entraña una complejidad enorme. Portales como youtube, a los que la gente le sube contenidos de forma libre, o portales con un modelo de negocio en los que haya puestos de trabajo en juego que, para cuando el juez decidiera que no se ha violentado ningún derecho, ya estarían en quiebra.

Yo, en realidad, estoy muy tranquilo. Mi opinión es que esta ley no es realista y cuando algo no lo es, la realidad suele ocuparse de ajustar las cosas al terreno de lo lógico. Así que no tengo ni idea de con qué ánimo inician todo esto pero estoy convencido de cómo va a acabar; en agua de borrajas.

Si ahora la comisión se vuelve loca y empieza a tomar medidas contra portales generarán psicosis. Pero, a la vez, ganarán en impopularidad. Eso no le sienta bien a ningún gobierno. Sumado a lo difícil que es cumplirla y el clima económico que tenemos que hace difícil aceptar según qué aventuras impopulares, no veo que vayan a poder llevarlo demasiado allá.

Yo dije que a Sinde había que darle un tiempo. Ahora creo que ya ha demostrado su incapacidad para entender por qué las cosas son como son. La industria y el gobierno siguen cerrando los ojos frente a la realidad. Tarde o temprano buscarán soluciones realistas. Tiempo al tiempo.

Un poquito de por favor

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Decía Karl Marx que, cuando a una realidad asentada llamada tesis, se le presentaba un grupo dispuesto a negar esa realidad (antítesis) se generaba un enfrentamiento o revolución que acababa llevando a una síntesis; una especie de negación de la negación. Y parece que estamos encadenados a esa forma de relacionarnos con el conflicto.

No escapa a esa estructura lo que ahora está sucediendo con la ley de economía sostenible de marras. Dejando de lado que esta ley, por lo que dicen, traerá algunas buenas noticias (creación de empresas en 24 horas y con un coste ridículo), en internet ha hecho estallar la indignación que bien puede acabar significando un serio cambio de statu quo.

En primer lugar, me gustaría hacer constar que no entiendo la ley y que, por tanto, dificilmente puedo aderirme o posicionarme en contra. Pero sí que he leído muchas cosas. Por un lado, el gobierno asegura que no pretende hacerse daño a ningún usuario ni ninguna web que use contenido con copyright sino a webs que hagan negocio con ello. Y yo, en esto, podría estar de acuerdo.

Los otros dicen que no tiene sentido preparar tanta artillería para un número tan limitado de webs y que el objetivo es crear una comisión (si no he entendido mal) mixta entre la SGAE y el ministerio de cultura que podría cerrar preventivamente webs sin necesidad de una orden judicial. Si esto es así, por mucho que digan la ministra que sólo van a por los que hacen negocio, me parece una situación que puede patinar con facilidad al terreno de la caza de brujas.

En segundo lugar, y a consecuencia de estas interpretaciones tan dispares, las posiciones, más que radicalizarse (ya lo estaban), se han reforzado. Y tengo la sensación de haber escuchado cosas que ya antes, en otros temas y ámbitos, había visto. Gente que pregona su predisposición a negociar y, a la práctica, hacen ostentación de intransigencia frente algunas injusticias.

Todo se ha llevado a un terreno de buenos y malos (tesis y antítesis) donde me niego a identificarme plenamente con ninguna de las dos posturas. Twitter, estos días, se ha llenado de mensajes del tipo “Ramoncín, caca”, “libre circulación de conocimiento (y mucha retórica vacía de contenido), guay”. Supongo que estamos todos un poco “calientes”, pero estoy seguro que todos entendemos que la cosa es bastante más compleja.

En uno de los lados de la mesa parecemos tener una industria que pretende mantener una situación que va en contra de la dinámica de las cosas. Demonizan las descargas y pretenden hacernos sentir como criminales cuando descargamos cosas de internet con anuncios ridículos que, más bien, incentivan mis ganas de hacer sacar humo a mi emule.

La industria puede decir lo que quiera, puede llorar tanto como aguanten sus lagrimales. Pero la realidad es que, si tiras una pelota al cielo, esta vuelve a caer. Y no, la industria no va a conseguir alcanzar la velocidad de escape de la atmósfera.

Respecto a los contenidos (ya sean libros, películas o lo que se les ocurra y sea digitalizable) no hay alternativa. Tienen una competencia que los canibaliza porque los contenidos, en realidad, los han creado ellos; el P2P y los servidores streaming que no controlan. Así que u ofrecen algo mejor que ellos, o acabarán por ahogarse. A mi sólo se me ocurre una alternativa; que ellos mismos que ofrezcan estos servicios (con más calidad incluída y ya veremos si con algún modelo freemium).

Todo esto es tan obvio que el sentido común me dice que la industria ya es consciente. Pero, entonces, ¿por qué no lo hacen? Creo que se juntan dos factores; Por un lado temen a una tecnología que no dominan. En realidad, han de competir en algo que aquellos que les están poniendo dificultades conocen mucho mejor. Por otro, suponiendo que lo hicieran todo bien, deben temer que aún no haya una garantía clara de igualar los ingresos que ahora perciben. Y razón no les falta.

Así, yo interpreto todo este proceso como la intención de ganar tiempo. Pero, como decía, time is over. Hagan lo que hagan, amenacen con lo que amenacen, la gente va a seguir descargándose películas siempre que para conseguir la versión “oficial” tengan que pagar y la “pirata” se la ofrezcan gratis. Más allá de si es justo o no y de si es legal o no, es la decisión económicamente racional como consumidor.

Y entonces llegan los usuarios de la red. ¿Los usuarios? No, los que estaban en aquella reunión no eran usuarios sino gente muy vinculada desde el punto de vista profesional a la red. Tampoco podía ser de otra manera. Pero han de ser conscientes de que no son representativos de lo que es la red (y muchos lo han aceptado abiertamente). Ellos hablan de unos supuestos derechos “fundamentales”, de compartir lo que me venga en gana. Por cierto, ¿os habéis fijado que ahora usamos para todo eso de los derechos fundamentales?

La cosa es que, según nosotros, o sea, los  internautas en general, tenemos una especie de derecho natural a compartir lo que nos dé la gana. Y algunos de los argumentos son casi para echarse a reir. Que si “las películas que la gente se descarga no son españolas”, que si “la música que hace tal o cual es tan mala que por eso la gente se la descarga gratis”, que “aprendan del open source”, que “la SGAE chupa la sangre a pobres comerciantes que lo único que quieren es escuchar por la mañana a Luis del Olmo” o que “en la vida pagarían para ir a ver tal mierda de película al cine”. Y de aquí, triple salto mortal para ganarse la legitimidad para descargar lo que les plazca.

Y todo esto lo dicen personas que su trabajo (y esto es muy importante) no es “descargable” a un click. Está muy bien que algunos programadores decidan dedicar parte de su tiempo a programar software libre. Pero estoy seguro que cuando hacen un servicio específico a un cliente no aceptarían de ningún modo que ese código se licenciara. Y ahí reside la clave; es el programador el que decide qué comparte y qué no. Y como ellos, consultores, contables, gerentes, o comerciales.

¿Por qué los generadores de contenido no pueden hacer lo mismo? ¿Por qué ellos están obligados a compartir su trabajo gratis? Joan Planas tiene razón cuando dice los que defienden lo free tendrían que potenciar creadores que trabajan en creative commons (como, por cierto, él hace) y no tirar siempre de los creadores que libremente, deciden que quieren cobrar por lo que hacen.

Si alguien considera que una película como Mentiras y gordas apunta a bodrio insufrible yo le doy la solución; no hace falta que la descargue. Se ahorrará luz, ADSL y lo más valioso, 2 horas de su tiempo. Pero es una desfachatez descargarla, verla y luego decir; “es tan mala que no pagaría por ella”. ¡Pues no la veas! Pero, así como los programadores podían decidir qué era open source y qué no, ¿qué les queda a los productores de Mentiras y gordas si hago una descarga no controlada?

Con todo, también estoy de acuerdo con Joan en que, mientras acusamos de ladrones a los creadores que generan lo que disfrutamos (aunque algunos masocas decidan descargar cosas que no les gustan), otros se enriquecen del valor que estos generan. Me da igual quién tiene razón si Gonzalo o él en el debate que han mantenido respecto a si los proveedores de ADSL son o no distribuidores en el sentido clásico de la palabra. Lo que sí sé con seguridad es que yo no pagaría el ADSL que tengo si no fuera porque hay contenido interesante. Y creo que esto va más allá de si es o no un mercado regulado.

No quiero ser un cínico. Yo también me descargo cosas y la mayoría de nosotros lo hacemos. Pero todo esto me recuerda un poco a cuando me subo al metro y a mi lado alguien se cuela con aire triunfal sin pagar. Se me queda una cara de tonto que no puedo con ella porque sé que le estoy pagando el billete. Igual que cuando voy al cine, como fui anteayer a ver In the loop, sé que también pago la entrada de todos los que se la descargan.

Estamos en tiempos de un cambio de gran calado y puede que sea inevitable la dialéctica revolucionaria extremista que bascula entre la tesis y la antítesis. Es probable que sea gracias a estas posiciones que rozan lo fundamentalista sobre lo que edifiquemos el nuevo orden sintético. Pero yo no puedo evitar sentirme distante de estas dos visiones tan sesgadas. Quizás soy yo el que no está poniendo mi granito de arena. O quizás es que a muchos les falta un cierto sentido de la perspectiva.

IN THE LOOP

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El Secretario de Estado británico para el desarrollo internacional, Simon Foster, está en contra de su país y Estados Unidos  hagan una alianza con el fin de atacar a un país de oriente medio. Sin quererlo, hace unas declaraciones que se interpretan como favorables, cosa que agrada al primer ministro británico y al presidente de USA. Así, unos y otros, harán todo lo posible por aprovechar esta posibilidad que les ha abierto.

No llevaba ni un minuto de película que In the loop me transportó a aquellos magníficos thrillers políticos de Otto Preminger.  Con un ritmo trepidante te lleva a una crisis política de las de verdad, donde hay en juego muchas cosas. Donde los intereses de muchos confluyen y chocan con tal virulencia que te salpican en la cara. Donde no siempre queda claro qué postura es la más adecuada.in-the-loop-movie

No recuerdo en los últimos años más que un film con ciertos aires similares; Spy Games y, eso sí, una gran serie; El ala oeste de la Casa Blanca. Son películas donde la tensión se vehicula a través de un diálogo sagaz y rápido. Donde se trata al espectador como una persona adulta capaz de ir más allá de los diálogos sacando conclusiones no necesariamente obvias.

Pero todo ello viene acompañado de un sentido del humor mordaz, que da dentelladas de tiburón a la política globalizada que, unas veces gozamos y otras nos somete. El público se ríe, disfruta viendo a unos políticos que, más allá de estar caricaturizados, resultan cómicos por lo creíble de su descripción.

El director, Armando Iannucci es un desconocido en nuestro país, aunque toda una celebridad en el Reino Unido. Por eso vale la pena dar algunos detalles de su forma de trabajar. El gran reto que se propone el director es que los actores aporten a la obra gran parte de su talento. Para ello casi les exige la inclusión de morcillas (frases improvisadas) e, incluso, propone réplicas a un actor sin avisar a su partener del cambio, de manera que el segundo queda sorprendido y no tiene más remedio que buscar una respuesta adecuada al personaje.

Todo ello, que al principio parece impresionar a los intérpretes, ha dotado a la narración de una velocidad y un verismo muy difíciles de ver en la gran pantalla. Iannucci ha conseguido que sus actores y actrices (James Gandolfini, el protagonista de Los Soprano, Peter Capaldi, haciendo las veces de un malhablado asesor presidencial, Mimi Kennedy o Anna Chlumsky, la niña de aquellos enormes ojos verdes de Mi chica ahora ya con casi 30 años, entre muchos otros) hagan un trabajo excelente.

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In the loop es, por tanto, una película ante todo de actores. Por ello, os recomiendo que vayáis a verla en versión original o perderéis buena parte de la esencia de su trabajo. Ya expliqué los por qués de esta decisión. Aunque es cierto que, si no entiendes el idioma, hablan muy rápido y, en varios momentos de la película, se pisan. Los subtítulos corren y hay que estar muy atento.

Aunque la historia tiene inspiración evidente en el inicio de la guerra de Irak, no habla de ninguna guerra en concreto y tampoco hace aparecer los presidentes ni habla de su partido político. De manera que nadie puede sentirse ofendido por lo que está viendo a la vez que los critica a todos. Ese es, para mi, uno de los mayores aciertos del film.

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En definitiva, In the loop es una de las mejores opciones, más inteligentes y divertidas de cuantas hay en nuestras salas. No dejéis pasar la oportunidad de verla u os arrepentiréis con el tiempo.

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No soy ningún experto en regulación en los medios de comunicación, pero creo que la nueva ley audiovisual permitirá que los canales de televisión emitan hasta 29 minutos por hora. Así que, a la práctica, la mitad del tiempo, las teles podrán ser anuncios.

Las asociaciones en defensa de los consumidores han protestado. No les parece bien. Claman a que la saturación de publicidad perjudica a los espectadores y a los anunciantes. Y yo digo, ¿y qué?

¿Por qué hay que marcarles un tope de tiempo? Si una televisión quiere ser publicidad las 24 horas del día, ¿por qué no podría serlo? Si hay alguien dispuesto a anunciarse y otro dispuesto a verlo en esas condiciones, yo no tengo nada que decir.

El tema es que, como en casi todo, el mercado debería autorregularse. La gente no es tonta y, si en una cadena hacen menos publicidad que en otra y esta llega a estorbarles, pues sólo se pasarán a la competencia. Por otro lado, los clientes, que son los anunciantes y no los espectadores (no olvidemos este detalle), saben perfectamente que los espectadores aprovechamos para ir al lavabo o preparar la cena mientras ellos se dejan un dineral. Así que ellos tampoco entrarán en un espacio que esté demasiado saturado.

Alguien quizás podría pensar que hay pocas televisiones y pueden ponerse de acuerdo; todas metemos 40 minutos de publicidad y el que no quiera tendrá que asumirlo. Aunque ya no es así (en Barcelona tenemos casi 50 canales de televisión), aceptándolo como premisa, no tengo ninguna duda de lo que pasaría. Sería un incentivo a la fuga de espectadores. ¿A dónde? Allí donde no hay barreras en el campo… todavía; internet.

Yo, y no soy el único, sólo miro en televisión fútbol. Y, algunos domingos, fútbol americano. Nada más. Las películas y algunos programas los veo por internet. Y una vez se llega a la red, no hay duda que los medios ya no podrán ponerse de acuerdo porque, de hacerlo en contra del espectador, acabarán por encontrarse alguien que lo haga sin tanta publicidad.

En este país tenemos la mala costumbre que el papá estado tiene que velar siempre por nosotros. Eso acabará por traducirse, ya lo veréis, en que regularán la publicidad también en internet. ¿Por qué no iba a hacerlo si es a lo que está acostumbrada la gente?

En mi opinión, el estado sólo debería controlar dos cosas; el horario infantil (cosa que, por cierto, no hace) y que cuando se hace publicidad, se avise (cosa que tampoco hace siempre). Traspasado a internet, lo único que queda es el control sobre avisar de la publicidad, porque el horario infantil pasa a ser responsabilidad total de los padres (no tiene sentido hablar de horario en internet, es asíncrono).

Nos hace falta un cambio de chip. El espectador/usuario lo tiene ahora más fácil para tomar decisiones. Las empresas están obligadas (estamos obligadas) a gustarles o nos abandonarán. Que el estado no juege ni el papel del ciudadano ni el de las empresas. Con que haga de estado, es suficiente.

Modificar las leyes ad hoc

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Volviendo de la oficina he escuchado que la Generalitat de Catalunya modificará el decreto que le permite otorgar las creus de Sant Jordi para que, también, pueda derogarlas. Y todo ello para poder retirársela al ahora denostado Fèlix Millet por el escándalo del Palau de la Música.

Para los que no estéis del todo situados, la creu de Sant Jordi es, en teoría, la mayor distinción que otorga la Generalitat a personalidades de gran honorabilidad de la sociedad catalana. Nació con el espíritu de poner de relieve a gente que pudiera servir de modelo para el resto de la sociedad. En pleno inicio del pujolismo, se consideró que era bueno subir a los altares a mucha gente. Y ello ha llevado, a la larga, a una cierta banalización de la distinción.

Pero ahora resulta que hemos distinguido a un tipo, por lo visto con una gran capacidad seductora, que ha aprovechado el apellido de su familia para llenarse el bolsillo. El govern le ha pedido que lo devuelva pero, como no parece dispuesto a ello, pretenden modificar el decreto lo más rápido posible para crear el mecanismo de revocación de la distinción.

Como concepto, a mi me parece bien que a Millet se le retire. Pero eso de modificar una ley… No soy ningún experto y pido perdón de antemano si cometo alguna incorrección en conceptos jurídicos. Pero me parece evidente que es una modificación ad hoc. De hecho, así lo ha expresado el conseller Baltasar después de anunciar sus intenciones; “estamos pensando en el caso Millet”.

La pregunta es; ¿es democrático modificar una ley para perjudicar a una persona? Aquí no se trata de si este tipejo merece alguna consideración por nuestra parte. Los jueces harán su trabajo y él ha confesado, así que no dudo que recibirá la pena que se merece. Pero el hecho de que Millet me revuelva el estómago no justifica cambiar la ley.

Es cierto que algunas veces nos damos cuenta que alguna ley no la hemos articulado todo lo bien que deberíamos y, después de una desgracia, hemos procedido a hacer cambios. Pero hay una diferencia sustancial; eso no ha afectado a los implicados en el caso en cuestión.

Recuerdo que hace años que salieron unos nazis en informe semanal haciendo apología de la xenofobia. El escándalo fue tal que se modificó la ley para que fuera un delito. Pero aquellos chicos salieron libres porque ellos no habían cometido ningún delito. Y es lo justo.

Si hay una diferencia importante entre la democracia y los sistemas totalitarios es, precisamente, que la ley no puede utilizarse ni a favor de uno ni en contra de nadie. ¿No os parece que este es un caso evidente? ¿Dónde está nuestra talla democrática si permitimos este juego? ¿Dónde están los límites?

No es el único caso que hemos vivido en democracia y en algunos casos hablamos de leyes muy importantes. Y antes de que nos convenzan de que merece la pena modificar una ley porque perjudica objetivamente a nuestros enemigos como sociedad (violentos, ladrones, aprovechados…) preguntémonos si no estamos a cambio cediendo parte de nuestra pequeña parcela de democracia.

I+D+i=0

CienciaSinTijeras

Como sabéis, este país es un país del que no es fácil sentirse orgulloso todas las mañanas. No sé cómo se sentirán en otros lugares, pero levantarse cada mañana con noticias del tipo caso Gurtel, Palau de la Música, paro, problemas presupuestarios, pelotazos no ayuda demasiado a tener motivos para un discurso constructivo.

Ahora resulta que todo aquel milagro económico de Aznar, que se dedicaba a dar lecciones de economía a los países que pagaban el diferencial entre nuestro PIB y el suyo, ha acabado en aguas de borrajas. Por lo visto, los primeros 4 años de Zapatero, que también uso para demostrar al resto de Europa su astucia, sólo estaban montados a hombros de la obra de su predecesor. Una enorme mentira con pies de barro.

Todo esto acaba en un paro disparado y en que las cuentas no salen. Y Zapatero, en una muestra más de su incompetencia, está dispuesto a meter la tijera allí donde menos duele a la gente; el I+D. Claro que, a medio plazo, la matará de hambre.

A Zapatero aún no le han explicado que este país tiene un serio problema no en la demanda (que ha bajado porque hay paro, pero no porque la gente no esté dispuesta a gastar), sino en la oferta. Que lo que tenemos es un problema de productividad, que cobramos mucho para el valor que le aportamos a las cosas. Y que eso genera deslocalizaciones, incomprensibles para el que cada mañana se desloma en su trabajo, y empresas deficitarias, que cierran por insolvencia. No es responsabilidad de la gente y que la única forma de arreglarlo es mediante la inversión en el I+D.

Los que me conocéis sabéis que yo no confío ni un ápice en la inversión gubernamental. Estoy seguro que el dinero con el que teóricamente apoyaban este área acababa en el menos productivo posible. Pero tiene un elemento educador con la sociedad. Le estamos diciendo a al gente cuan importante es o no esto de formarse, de evolucionar, de mejorar. Lo que pasa es que reclamar eso a un gobierno que no sabe que subir los impuestos, gravar la actividad económica en época de recesión, no es ni de derechas ni de izquierdas sino estúpido, es una pérdida de tiempo.

Lo más probable es que la culpa esté repartida. Al fin y al cabo, si recortan ahí es porque saben que a nosotros nos da igual o que preferimos eso a que recorten de otras áreas que, quizás, significaran una pérdida a corto plazo.

En definitiva, que yo también me uno a la campaña (con un día de retraso), gracias a que la he visto en el blog de Roque Madrid. Si estáis a favor de defender que la investigación, el desarrollo y la innovación son lo único que puede sacarnos de este pozo, uníos a la iniciativa de javi poniendo este banner en vuestro blog o agregándoos al grupo de facebook.

Melodías disonantes en Catalunya

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Sabéis que de tanto en tanto (muy de tanto en tanto) cuelgo algún post de política, que es una de esas pasiones reprimidas en mi vida virtual pero muy presente en real. Y a falta de un año para las elecciones de mi comunidad, me muero de ganas de explicar, desde el punto de vista más desafectado que puedo, cómo veo las futuras elecciones.

La pregunta clave de las próximas elecciones catalanas creo que está muy clara; ¿será el tripartit capaz de reeditar la mayoría absoluta? Sobre ese eje, trataré de sacar la bola de cristal e intuir qué es lo que puede suceder.

Montilla tenía dos grandes frentes; reducir los conflictos en el seno del govern y que el sector maragallista del PSC no se levantara en armas.

Pero sus socios están en plena crisis interna, haciendo que algunos afecten a la vida del gobierno. Tanto el independentismo de ERC como el ecocomunismo de Iniciativa son difíciles de realizar en la obra de 4 años de un gobierno. Sus discursos poco posibilistas les penalizan cuando toman las riendas porque frustra las expectativas de sus votantes.

IC cambia de candidato; Joan Herrera, un tipo joven, dinámico y muy inteligente. Pero la consellería de interior, una propuesta envenenada de Montilla, yo creo que les va a pasar factura. Y muy cara.

Esquerra además ha sufrido en su interior un cisma que acabó con la candidatura de Carod-Rovira. Pero cuidado, porque aunque en España trate de pintarse a Carod como un inútil, cometen un grave error. Confunden su fobia ideológica con el independentismo (le atacan por cosas tan peregrinas como que su padre era Guardia Civil) con la inteligencia del personaje. Yo creo que esto expone al fracaso a su rival Puigcercós. Es una jugada arriesgada pero puede que la única salida del tarraconense.

A todo ello se añade Reagrupament. Aquí me la juego, pero estoy seguro que Joan Laporta encabezará la lista. Parece obvio que Laporta tiene (legítimas) ambiciones políticas. Es independentista y no le veo de segundo en ningún partido. Tampoco veo ningún partido aceptando un advenedizo. Laporta en un partido grande creo que se estrellaría, pero en uno pequeño puede dar la sorpresa.

En cambio, Montilla parece haber tenido más éxito en el interior de su partido. Este parece estar controlado por el propio president y los capitanes (el sector  más españolista). Los maragallistas (por llamarlos de algún modo, los más catalanistas y federalistas) no están muy por la labor de enfrentarse. Pero el éxito no es pleno. Antoni Castells, conseller de economía, no ha tenido problemas en decir claramente que está dispuesto a plantarse frente al gobierno central si este no cumple.

¿Por qué el conseller Castells se permite este lujo? En mi opinión por dos cosas; Tiene una imagen buena en todo el espectro político, lo que lo refuerza en la centralidad. Además, es uno de los fuertes del sector catalanista del partido. Aunque esto es especular, podría estar posicionándose para suceder a Montilla en caso de que este se estrelle en las próximas elecciones. Puede que Castells esté descontando que la crisis los va a hacer saltar del gobierno.

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Todo ello creo que pasará factura al tripartit. ¿Garantiza eso la victoria de CiU? El partido catalanista de centro derecha corre el riesgo de volver a alzar el signo de la victoria a la vez que agacha la cabeza. La imagen de Mas no es buena, el PSC tratará de vender que pactarán con el PP (algo muy negativo para su imagen), y Unió da un regusto conservador que no ayuda. Además, tiene un problema latente y es que las nuevas hornadas están abandonando el posibilismo pujolista y se están abrazando al independentismo, lo que genera una crisis en el discurso.

Aún así, creo que ganarán, con opciones de gobernar y, sobre todo, sin posible reedición del tripartit. Sus posibles socios pueden ser 3; ERC, Reagrupament y, claro, el PP.

¿Estará el PP en condiciones de “ayudar” a CiU? CiU tiene que andar con mucho cuidado si pacta con ellos porque una excesiva dependencia puede ser un suicidio político.

Pero por escaños, no creo que el PP varíe mucho su número de representantes. Ciutadants tiene muchas tensiones internas y la cobertura que le dieron algunos medios (sobre todo El Mundo y la COPE) están amortizados; en mi opinión, acabar con Josep Piqué. Tampoco creo que el PP recupere los escaños y podrían ir a la pujante Rosa Díez y UPyD, con un discurso parecido al del partido de Ribera.

En el fondo, el riesgo es el mismo que el de hace 3 años; centrar el discurso sobre las relaciones Catalunya-España cuando les llega uno con un discurso más contundente que el suyo. Por eso creo que los resultados para el PP pueden ser similares.

¿Sobre qué girará el debate pre-electoral? No espero nada interesante en cuanto a propuestas. En eso ya ando desengañado. Yo creo que habrá dos grandes temas; el posible pacto CiU-PP y la corrupción.felix millet

El PSC tratará de inocular la semilla del miedo a la reedición del pacto entre los partidos de centro derecha, lo que obligará a CiU a garantizar o que no pactarán pase lo que pase, o a que no aceptará presiones “españolistas” por parte de nadie. Eso, a la práctica obligará a los convergents a recordar al PSC su dependencia del PSOE (cosa que no es costosa para estos) y dificultará el encuentro con los populares.

Sobre la corrupción algo me dice que vamos a hablar de Millet mucho durante el próximo año. El hecho que Millet estuviera dispuesto a financiar desde las FAES hasta al líder del PI me hace sospechar que todos los partidos (no todas las personas, ni siquiera la mayoría) pueden acabar encontrando muertos en sus armarios. Dudo que eso evite que, a cada nuevo escándalo, lo aprovechen para tirarse trastos a la cabeza.

Mucho me temo que el próximo año va a ser un cúmulo de melodías disonantes que alejarán un poco más a la sociedad de sus representantes. Pero esa melodía dará las claves para entender si Montilla es capaz de aguantar el chaparrón, si pasa a la oposición o si acaba con su carrera política. Entre sus acordes vislumbraremos si las sucesivas victorias insuficientes de Mas acaban por dar su fruto o si acaban por sepultarlo y si eso supondría la escalada del hijo del president Pujol. Alguno de sus arpegios responderán si cuando Carod dejó la candidatura envenenada a Puigcercós estaba o no haciendo gala a su (desconocida en España) capacidad estratégica.

La coda final de esta sinfonía es una de las más importantes y con mayores consecuencias de la historia moderna de Catalunya causando cambios de liderazgo y entradas y salidas de grupos del parlament. Dudo que tras ella llegue una melodía harmoniosa, pero lo que es seguro es que gane quien gane, será muy diferente a la que venimos oyendo desde hace 6 años.

Meteorología, imagen y política

Por 25 pesetas, programas de televisión que los políticos aprovechan para adoctrinar; las noticias, un, dos, tres, responda otra vez. Emm… Las noticias… Los programas matutinos de actualidad… En las tertulias, poniendo a más de los unos que de los otros… El tiempo… ¿El tiempo? Pues sí. Resulta que el espacio del tiempo es uno de los que ha generado más debate político desde inicios de la democracia. ¿Por qué? Sencillamente porque se basa en imágenes que son mapas.

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Así lo interpretaron los políticos del PNV cuando crearon ETB y decidieron que los planos del tiempo fueran como el de la izquierda de la imagen, incluyendo todo aquello que ellos llaman Euskal Herria, es decir, Euskadi, Navarra y País Vasco francés. Y así lo han interpretado también los del PSE cuando han variado el plano sólo a las tres provincias vascas.

Sé que puede parecer trivial, pero no lo es. Y la prueba es que ha sido una de las primeras decisiones después del cambio de gobierno en la comunidad vasca. En el fondo, tomes la decisión que tomes, condiciona una visión política del territorio. Y el recibir el mensaje diario y constante de una cierta forma de entender el territorio influye, y mucho, nuestra forma de entenderlo.

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Este debate se produce también en Catalunya. De hecho, Joan Ferran, portavoz del PSC, criticó en su día el mapa del tiempo de TV3. Entraré en más detalles en este caso porque lo conozco mejor. Básicamente TV3 lo que hace es dar el tiempo de Catalunya y después de todo lo que algunos llaman Països Catalans (Catalunya, Comunidad Valenciana, Baleares y Catalunya norte).  No hay (o no suele haber) mapa de España, sino que directamente se muestra el mapa europeo. Si sale el mapa de España es, más bien, el de la península (aunque, como en la imagen de abajo, no salen las temperaturas de Portugal).

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¿Es lógico que TV3 haga esto? En realidad, ellos responden que hace referencia a un mapa lingüístico y a una audiencia a la que se dirigen, ya que TV3 puede verse en todo este territorio hasta hace poco, ya que en la Comunidad Valenciana ahora lo han prohibido. Pero lo acepten o no, la carga política que conlleva es altísima. Y si hacemos lo contrario, ¿desparece la carga política? En absoluto, ya que como decía, seguimos mostrando una forma concreta de ver el territorio. Así, estamos condenados porque no hay un modelo libre de carga ideológica.

El peso icónico que tiene el tiempo en todos nosotros es enorme, y el debate en torno a él seguirá estando allí donde coexistan visiones territoriales antagónicas.