Broadway showcase

Valentí Sanjuan, uno de los fundadores de cine.cat, redactor del programa de cine de Àlex Gorina La finestra indiscreta y conductor del Vist i no vist de Catalunya radio, lleva un tiempo diciéndonos por twitter que ha coescrito un documental y que ahora mismo lo están presentando en Sundance. Acabo de ver el trailer y estoy encantado con lo que nos han dejado ver.

Ya hice un post en el que hablé, entre otras cosas, de cómo el documental estaba cogiendo una fuerza enorme en la producción de nuestro país y, sobre todo, en Barcelona. Algún día me gustaría hacer un post especial sobre algunos que me han gustado mucho.

Mientras tanto, os presento el trailer del que hablaba Valentí, Broadway showcase. Lo dirige Albert Uria, que ha realizado algunos anuncios muy conocidos (como los de IKEA) además de 6 cortometrajes. Entre ellos, codirigió Smoke city que ganó diversos premios y fue nominado a los Goya.

El guión es de los dos y retrata la historia de unos aspirantes a entrar en el circuito neoyorquino de Broadway. Para ello, se presentan a su primera audición profesional; el showcase, donde se juegan buena parte de sus oportunidades.

Tiene una pinta increíble. En estos pocos segundos he sentido muy reflejado el estado de ansiedad de los aspirantes a actores profesionales cuando he estado en el lado de la mesa que seleccionaba. Y eso que yo no iba a darles nada parecido a una oportunidad de Broadway.

Showcase trailer from NY Showcase on Vimeo.

Estigmas se estrena en internet

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La semana pasada gracias a un twitt de Gonzalo Martín, me enteré de que Estigmas, la nueva película de Adán Aliaga se estrenaba primero por internet y era gratuíta para los primeros 1000 espectadores.

Lentamente, pero con seguridad, el cine está empezando a utilizar internet como una nueva vía de distribución, algo que se enrola con una tendencia muy clara de los espectadores y de las nuevas estrategias de las salas de cine (donde están diversificando su oferta con partidos de fútbol, óperas en directo interpretadas a miles de quilómetros…).

Ya hablamos en su día cuando se estrenó Tiro en la cabeza de Jaime Rosales. Parece evidente que las productoras acabarán por distribuir sus ficciones (acaben siendo lo que acaben siendo estas) por internet.

Y vuelve la pregunta recurrente. ¿Y las salas? Bueno, como digo, ya están empezando a diversificarse y, sin haber entrado mucho en el tema, parece obvio que sobran muchas. Así que imagino que se reducirá la oferta para ajustarse a la demanda.

A parte del exhibidor hay otro rol que podría cambiar; las distribuidoras. Si las películas ya no tienen que distribuirse de forma física, ¿para qué las quieren las majors? Ojo, porque estas distribuidoras juegan otro papel tan importante o más que la propia distribución en si.

Cuando las majors están dispuestas a producir un nuevo film, buscan una distribuidora que paga por anticipado a cambio de los derechos de distribución. Así, tienen ante todo una función financiera; yo te presto dinero a cambio de unos réditos en el futuro. ¿En qué lugar dejará a este player la distribución online? Lo que es seguro es que su dinero hace falta y desconozco hasta qué punto pueden estar paralizando ese vuelco hacia internet.

En todo caso, el que quiera ver Estigmas por internet puede hacerlo por 2,95 €. Respecto a la película, explica la historia de Bruno, un tipo lamentable que al que un día le aparecen unos estigmas que le cambian la vida. Basada en un comic, creo que es un buen intento de hacer algo que va un poco más allá aunque , a ratos, carece de ritmo y peca de pretenciosa.

Siento decir que Manuel Martínez no me gusta nada como lo hace. De hecho, este rollito que tiene de artista total no acaba de convencerme. Me da la sensación que cuando alguien que no es actor hace un papel que no es ridículo, ya se le señala como sorpresa y gran trabajo. Yo esencialmente creo que eso es una perversión de la profesión del actor. No es que me parezca mal que no-actores hagan papeles, sino todo lo contrario. Pero lo que no se vale es exigir menos el trabajo de alguien sólo porque, en realidad, es un lanzador de bolas de hierro. Si no vale, no pasa nada. En lo suyo es un fuera de serie.

A pesar de todo ello, no deja de ser una ópera prima. La propuesta me interesa y limando un poquito de allí y de aquí, Adán puede acabar haciendo grandes películas.

¿El final del realismo tímido?

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Cahiers du cinema es siempre una fuente de reflexión muy interesante. Este último número lo han dedicado al estado del cine en España y un artículo, con más preguntas que respuestas, de Àngel Quintana, profesor titular de Historia y Teoría del Cine de la Universitat de Girona, me ha ayudado a comprender el por qué de las cosas de nuestro cine.

Àngel constata que los años 90, triunfó un cierto cine de autor postmoderno en el que lo importante era la mirada personal. Pero era una mirada aséptica no necesariamente ligada a la realidad que nos rodea. Entre ellos destaca autores como Juanma Bajo Ulloa (Airbag, La madre muerta), Julio Medem (Vacas, Los amantes del círculo polar) o Álex de la Iglesia (Acción mutante, El día de la Bestia).

Con la llegada del nuevo milenio, empezó a triunfar una serie de autores que hacían producciones medianas que se contextualizaban en un cierto entorno. Se trata de un cine realista con una cierta conciencia social y partiendo de unas premisas más bien próximas a la izquierda.

Paradójicamente, estos autores no hacen un cine político en sentido estricto. En la mayoría de estos films, el posicionamiento político es muy débil, “tímido”. No hay una voluntad de lanzar un discurso en el que se presente unas posiciones como negativas y otras como razonables. Más bien son un retrato social de ciertos ambientes sociales.

Los máximos exponentes de este movimiento son Fernando León de Aranoa (Barrio, Familia, Los lunes al sol, Princesas…), Icíar Bollaín (Flores de otro mundo, Te doy mis ojos…), Achero Mañas (El bola, Noviembre…) o Gracia Querejeta (Héctor, 7 mesas de billar francés…). Aunque León de Aranoa quizás sí tiene una lectura algo más política, personalmente sólo recuerdo un film especialmente posicionado; ¡Hay motivos!, donde bastantes realizadores pedían el voto por la izquierda.

Este tipo de cine es lo que Àngel llama realismo tímido, básicamente producido en Madrid. Aunque no consiguieron acabar con el típico y constante visión de que el cine español está en crisis, estas películas consiguieron atraer al público a las salas ofreciendo producciones de una cierta calidad. El problema es que jamás consiguieron cruzar las fronteras. Ningún país parecía estar interesado en nuestras producciones, si descontamos a Almodovar, Amenabar y, en otro ámbito, Coixet.

Pero en el 2006 se produjeron dos films también de autor esta vez con clara vocación internacional y de alto presupuesto; Alatriste, de Agustín Díaz Yanes, y El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro, claros predecesores en la épica de la actual Ágora, de Amenabar. Es como si el cine patrio decidiera lanzarse a cruzar las fronteras (cosa que Alatriste apenas consiguió) y que, como actitud de mercado, me parece muy acertada.

En paralelo, un cierto cine de vanguardia y muy bajo presupuesto, ha crecido a una gran velocidad, que hace un gran uso del género documental y con base en Barcelona. Cuenta entre sus máximos exponentes autores como Jordà (De nens, 20 años no es nada), Guerín (la ciudad de Silvia), Lacuesta (Los condenados), Recha (Dies d’Agost, Petit indi), Portabella (El silencio antes de Bach), Rosales (La soledad, Tiro en la cabeza) o Albert Serra (El cant dels Ocells).

Curiosamente, este cine minoritario está consiguiendo cruzar las fronteras y triunfar en los festivales internacionales y Àngel Quintana se pregunta si esto implica un cambio de ciclo creativo. Así podría estar abriéndose una brecha que la nueva ley del cine podría acabar por fomentar, entre grandes y pequeñas producciones en las que no parecen tener cabida las producciones típicas del último decenio ¿Estaremos ante el final del realismo tímido? ¿Se abre un nuevo camino a producciones de bajo coste pero más atractivos para mercados (también minoritarios) internacionales? ¿Cuál será el rumbo que tomará nuestro cine?

El artículo (de hecho, toda el número de Octubre) analiza estos posibles cambios, las estructuras productivas, las inversiones de las televisiones y los nuevos modelos creativos. Yo no tengo claro que esté acabando este tipo de cine. De hecho, películas producidas en Barcelona en ese entorno no tan documental, ha hecho dos films como Lo mejor de mi (Roser Aguilar) o Tres dies amb la família (Mar Coll) que podrían tener puentes con el realismo tímido.

En todo caso, es eviente el crecimiento espectacular que ha tenido el documental y parece una evidencia que todo ello acabará por influenciar con fuerza el resto de la producción. Es bueno que nuestro cine triunfe fuera de nuestro país aunque sea en ámbitos minoritarios, y acabará por darnos réditos desde diversos puntos de vista (no sólo económicos). Quizás estemos encontrando nuestro camino.

REC 2

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Después del enorme éxito cosechado por REC, Jaume Balagueró y Paco Plaza decidieron hacer una segunda parte. Después de que un edificio se viera asediado por una especie de zombies, un cuerpo de los Geos decide entrar para acabar con el problema.

Ya REC tenía algunas deficiencias de guión. Recuerdo haber comentado que me pareció que tenía un gran arranque pero que, poco a poco, se diluía. Incluso el clímax es uno de los más tramposos y decadentes que tenido la oportunidad de ver.

En el caso de REC 2, cuando la película arranca ya ves que has tomado una mala (muy mala) decisión pagando los casi 8 euros de la entrada para ver lo que vulgarmente se llama pastelazo.rec-2

El tono visual es bastante parecido al de la primera parte, jugando con que uno de los personajes (en este caso varios) llevan una cámara. Y cuenta todo a través de esa mirada subjetiva pero sin la brillantez que desprendían algunos instantes de la primera. Es verdad que en esta segunda parte han sido capaces de añadir juegos con la cámara que no están mal y acaban por darle un protagonismo interesante. Pero no es suficiente como para mantener el interés del espectador. Además, así como en la primera la justificación queda muy clara, en esta segunda es más bien justa.

Las influencias de los juegos en primera persona de los videojuegos, en este caso, es más evidente. Pero los personajes son menos interesantes. Recuerdo que en la primera parte tenía una reportera y un cámara que ambicionaban tener un reportaje espectacular. En este caso, sólo son unos Geos muy asustados y unos niños que sí dan algo de interés a la trama.

Es verdad que, así como REC va poco a poco abajo, REC 2 parece crecer. A partir del Midpoint (suele ser una secuencia sobre el minuto 50), la historia toma un poco (aunque tampoco mucho) interés.rec2-03

Uno de los elementos más graves del film es que no cierra alguna de las tramas. No estoy hablando de un final abierto pensado para luego lanzar una continuación, sino más bien que no cierra alguna de las tramas más importantes del film.

¿Queda abierta la puerta a una tercera parte de REC? Yo lo dudo. Sobre todo porque la gente no va a salir contenta del cine. Aquellos impactantes trailers de la primera con el público saltando de la butaca son, en esta, imposibles, transformando su trama en una especie de Aliens, el retorno.

Empiezo a acostumbrarme a que Jaume Balagueró me dé una de cal y una de arena. Los sin nombre y frágiles me decepcionaron tanto como me sedujeron REC o Darkness. Así que no es tan mala señal de que se haya embarcado en este subproducto con Paco Plaza porque así el próximo título seguro será más interesante.

Para acabar con la piratería

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El debate de acabar con la piratería empieza a sonar a gastado, pero parece que los creadores de contenido prefieren protestar por lo injusta que es la vida. Bueno, eso es lo que hacen en público, porque estoy convencido que en privado deben estar moviendo ficha, aunque sea lentamente. Pero, por si acaso, vamos a repetir otra vez la solución.

El sector tiene un problema; ellos crean un producto que otros distribuyen de forma gratuita por la red. Y entonces el negocio muere. Frente a eso, sólo son capaces de hacer dos cosas; quejarse porque es muy injusto que ellos creen un contenido que es lo que de verdad aporta valor a la red, y otros (las operadoras como telefónica) son las que hacen el negocio con las tarifas de ADSL (algo de razón tienen). Y si no hacen eso, señalan unos supuestos valores añadidos a la sala de cine que muy pocos ven (eso reflejan las audiencias de las salas).

A la gente, en general, le pasas una copia con una imagen pixelada y con un audio con mucho ruído, y les da igual. Luego el discurso de la sala se tiene que acabar. Como alguna vez ha dicho Àlex Gorina, lo más probable es que las salas pasen a ser casi una atracción. Algo parecido a como hoy vamos al Imax. Pero que ni en broma será el lugar donde la gente irá a ver sus ficciones favoritas.

Sólo hay una solución que pare esta sangría. Y cuanto antes lo hagan, mejor para todos. Ofrecer algo que sea mejor que ese “gratuíto” de la red. Si ahora quieres descargarte algo, tienes que tener una cierta previsión (cada vez menos, es cierto). Luego, ofrece inmediatez. Si lo quieres ver, lo ves. Y la manera de ofrecer eso es con streaming. Lo que hace youtube, vamos.

Estoy seguro que, por contenidos muy premium, de mucho interés social (tipo Harry Potter) y en producciones minoritarias pero para sibaritas del cine, la gente estará dispuesta a pagar pequeñas cantidades de dinero, pero creo que en este país no estamos acostumbrados a pagar por los contenidos audiovisuales. Así que me decanto porque la mayoría de los contenidos llevarán publicidad. Eso sí, si la publicidad que llevan es como la que ahora hacen en televisión (creo que son 20 minutos por hora), la gente seguirá descargándose las cosas porque eso es insoportable.

Según en una entrevista publicada en El Pais a Al Lieberman, profesor de marketing de el programa de Entretenimiento, Medios y Tecnología de la Universidad de Nueva York (algo sabrá este tipo, digo yo), y que descubro gracias al blog de Gonzalo Martín, la industria americana ya ha aprendido del error que cometió el sector de la musica. Y no quieren caer en lo mismo con lo audiovisual.

Y, a la vez, en webwire TV, han publicado un artículo en el que hablan de imitar el modelo que ofrecen en la música Spotify, Last.fm, o We7. Y, de hecho, pone como ejemplos de eso el canal de la BBC (iPlayer), la experiencia de Channel 4 con 4oD, y Hulu, que vienen a ofrecer ese servicio. Hollywood también está arrancando su propio proyecto, un servicio de HD para películas.

Yo estoy convencido que es cuestión de tiempo porque parece que cae por propio peso. Cuánto tardarán no en darse cuenta sino en aceptarlo, ya no lo sé.

3 DÍAS CON LA FAMILIA

Cuando se habla mucho de un título español por parte de la crítica anunciándolo como una gran película, tiendo a desconfiar porque suele no utilizarse la misma vara de medir fuera y dentro. Y he de reconocer que tenía ciertos prejuicios respecto a 3 días con la familia. Me parecía poco creíble que una ópera prima sostenida en una protagonista que también es su primera vez, pudiera ser tan buena como proclamaban a los cuatro vientos. Y una vez vista, no podía estar más equivocado.

3 días con la familia narra la historia de Léa, una joven que estudia en Toulouse ingeniería y que tiene su vida allí montada, que vuelve unos días al funeral de su abuelo, el patriarca de una familia burguesa al que todos desprecian. La incomunicación, una suculenta herencia y conflictos silenciosos arrastrados desde hace tiempo, vehiculan la trama.

Suele ser un error dar un tono hiperrealista a un guión porque juega en contra de nuestra forma de entender la ficción. Pero si optas por esta vía, la historia debe entrar poco a poco, no dándole mascado todo al espectador para que participe en la historia. Y Mar Coll, la directora y coguionista junto con Valentina Viso, ha sabido hacerlo a la perfección. A cada minuto que pasa, el espectador es más partícipe de la familia hasta casi conocer todas las virtudes y defectos de sus integrantes.

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Uno de los principales aciertos es la utilización de personajes elípticos. Toda la trama gira en torno a la relación que establecían con el abuelo. Pero, a parte del desprecio que se respira, no llegamos a saber qué cara tenía, excepto por dos fotos que tampoco nos ayudan demasiado. Y una de las tías de Léa, Virginia, que ha escrito un libro inspirado en su vida, no aparece hasta la mitad del metraje a pesar de que se habla mucho de ella. Eso le da un áura magnética que, llegado el momento, Amália Sancho, la actriz que la interpreta, es capaz de sostener a la perfección con un aire seductor que carga el ambiente.

Y es que uno de los activos principales de la película es una gran combinación entre actores veteranos y novatos de mucho talento. La protagonista, Nausicaa Bonnín, está expléndida. Encuentra siempre el punto justo, sin pasarse y sin quedarse corta. No necesita hacer sobreinterpretaciones para que entiendas qué le está pasando. El resto de jóvenes, entre ellos David Verdaguer y Aida Oset, también están fantásticos y arropados por un plantel veterano de un gran nivel.

Qué decir de nombres como Eduard Fernández o Philippine Leroy-Beaulieu que no se haya dicho ya. Eduard es ese padre incapaz de asumir la separación de su mujer, que ni siquiera se atreve a contarlo a su familia por miedo a la reacción. Su vida parece estar en un compás de espera basado en la esperanza de la vuelta de su mujer. Esta, interpretada por Philippine Leroy-Beaulieu, vive yendo y viniendo y manteniendo la mentira por su marido sin entender porqué su hija (Nausicaa) no quiere relacionarse con ella.

tres-dies-amb-la-familia-02Creo que sobran las palabras cuando encuentras dentro de un mismo equipo a los protagonistas de Smoking room (Francesc Orella), del mítico Franco de Albert Boadella en ¡Buen viaje Excelencia! (Ramón Fontserè) o Isabel Rocatti, una de las protagonistas de la exitosa serie de TV3 Ventdelpla.

Pero todo el trabajo podría haberse ido al traste si la conclusión de la historia no hubiera sido la adecuada. 3 días con la familia me ha brindado uno de los mejores clímax que recuerdo del cine español. De una gran delicadeza, suavidad, realismo, inevitable… Tiene todas las virtudes que debieramos pedir a una secuencia final. Tan dramática por su sencillez y desnudez que conmueve como pocas.

He dicho varias veces que este país tiene un problema de escuela, de estilo, que permita a un conjunto de espectadores (mayor o menor) identificarse con ese tipo de historias y, a partir de ahí, crear la industria del entretenimiento que tanto reclama Gonzalo Martín. Quizás es porque me coge en un arrebato de optimismo, pero empiezo a tener la sensación que algo se mueve alrededor del ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). Sus dos primeras películas, Lo mejor de mi y 3 días con la familia, demuestran que su formación que más que valida. Y los dos títulos, unidos a la película de Judith Colell 53 días de invierno y al trabajo ya hecho por directores como Cesc Gay (En la ciudad) y algunos otros podrían marcar un camino con un cierto público que, de seguir así, les será fiel. No tengo ninguna duda.

53 DÍAS DE INVIERNO

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No son pocas las veces en las que me quejo de que los problemas del cine español son dos; la falta de escuela y la falta de talento. Y en este orden. En síntesis, considero que en este país no sabemos a qué jugamos, no sabemos qué funciona, no tenemos identidad. Si resolviéramos esta parte, si tuviéramos una “escuela”, hacer sobresalir el talento sería mucho más fácil.
Pero no está todo perdido.53diasfotorodatge

Ayer tuve la oportunidad de ver 53 días de invierno, la segunda película de Judith Colell, después de Nosotras. Y me sorprendió gratísimamente. Viene a demostrar que, si se parte de un buen guión, de una buena plantilla de actores y de una dirección más que razonable, los resultados acaban por llegar.

53 días de invierno es un retrato de la soledad en su estado más puro, con personajes recorriendo todo el espectro de edades y de una gran verosimilitud. Desde una maestra que recibe el alta después de más de un año interpretada por una siempre genial Mercedes Sampietro, hasta un guardia de seguridad interpretado por un notable Álex Brendemuhl incapaz de asumir su cruda situación económica, pasando por una joven enamorada del director de su cuarteto de cuerda interpretada por uno de los mayores valores entre nuestra juventud; Aina Clotet. A todo eso, hay que sumarle una retahila de secundarios de excepción; Montserrat Salvador, Silvia Munt, Joaquim de Almeida, Abel Folk…

53-dias-de-invierno-02La película está cargada de dolor y de silencios, aunque en algunos momentos asome la esperanza. Es evidente el juego de claroscuros íntimamente ligados al estado de ánimo de los protagonistas. Los momentos más luminosos son aquellos en los que la fe les acompaña, mientras que la oscuridad llena la pantalla cada vez que el desanimo cierne sus corazones. Las tres historias quedan unidas mediante un programa de radio de madrugada, donde los solitarios se desnudan frente a la audiencia y, sobre todo, por un encuentro fortuíto en una parada de bus.

El nivel del metraje se sostiene siempre a una cierta altura, pero esto, de por sí, quizás no hubiera sido suficiente. Hay varios momentos de una simplicidad brillante. Recuerdo con especial cariño una llamada a su mujer del personaje de Brendemuhl, que me hizo vibrar.

La recomiendo y confío en que Colell sea capaz de mantener este nivel, porque estoy seguro que seguirá ofrenciéndonos algunos de los mejores momentos de nuestro cine.

CAMINO

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Cada cierto tiempo surge una película que arrastra polémica. Ya sea por lo que trata o por cómo lo trata. Los dos ejemplos más recientes que recuerdo son el compendio de cortometrajes Nunca mais, presentado pocos días antes de las elecciones con vocación de concienciar de las maldades del PP, y La pelota vasca, un documental sobre ETA y el diálogo, que acabó sesgado porque cierto sector, una vez rodado, quiso ser eliminado del metraje para luego criticarlo justamente de falta de ciertas opiniones.

En España nunca se nos ha dado bien esto de hacer la crítica a nuestro oponente. En general son intentos bastante burdos y poco elegantes, como cuando Urdazi trató de mostrar lateórica debilidad de la única huelga general que se le hizo al PP enseñando sólo planos cortos de la manifestación. Historia pura de la televisión cuando, una vez condenados por el juez, Urdazi dijo aquello de “Ce, Ce, O, O”. Nunca mais era un producto bastante simplista que dibujaba un PP con brocha gorda. En La pelota vasca la cosa fue aún más sangrante. Se trató de dar verosimilitud a la idea de que Julio Medem manipuló el asunto dejando sin voz a las víctimas. Pero se hacía en base a unas víctimas que, una vez entrevistados, se negaron a aparecer en el metraje. Eso sin tener en cuenta que en el film sí que aparecen víctimas y que, además, una de ellas, tan significada como la hija de Ernest Lluch, era productora.

El nuevo episodio de esta cíclica historia es Camino, de la que ya hablé cuando se alzó como la gran triunfadora de los Goya. Cuando esto sucede, todo el guión, todo el trabajo interpretativo, todo el discurso narrativo, se pierde entre los pliegues de una polémica que poco tiene que ver con el cine.caminofesser2

Me gustaría matizar algunas de las cosas que dije. Por supuesto, cualquiera tiene derecho a retratar como quiera lo que quiera. Al fin y al cabo, estas cosas suelen escocernos cuando nos tocan de cerca y nos alegramos cuando le explota en las manos a algún rival ideológico. En este caso, yo estoy emocionalmente bastante lejos del Opus Dei y discrepo profundamente de algunos de sus principios que creo que, en algunos casos, rayan en lo excluyente.

El problema, para mi, de toda esta historia es que, nos guste o no, es muy fácil acusar a la Obra. Es fácil, suele salir gratis cuando no te beneficia. Pero, ¿es responsable acusar de integrista a un colectivo, ya de por si marginado en lo ideológico, con argumentos falsos? He tenido la oportunidad de conocer a bastante gente vinculada a la prelatura y, a pesar de que sí tienen una visión muy teocéntrica, no son como salen en la película. Al menos no en su mayoría. El dibujo que se hace es algo parecido a como si a los ateos nos presentaran como quema iglesias.

Jaume Roure, el productor y dueño de Mediapro, ha vendido la película como un alegato a la verdad, algo que alguien debía decir, como si no hubiera gente que ya lo ha hecho. No creo que deba recordar el esperpento que salió hace más bien poco llamado el código da Vinci. Fesser, el director, ha sido aún más sutil. Verbalmente ha dicho que era un film neutro para que cada uno se forme una visión. Además, empieza con un rótulo que reza; inspirado en hechos reales. Buena expresión, pero no deja de ser una manipulación.camino1

Lo que menos me gusta es la utilización de la muerte de la niña del Opus Alexia, en la que se inspira la obra. Eso me parece hiriente y lamentable. No hacía falta. De todas formas, esta falta nace de, para mi, un error previo del Opus. Yo creo que ellos también han aprovechado esta muerte durante muchos años, vendiendo en su versión a una niña que tampoco me creo.

Dicho lo cual, ahora sí, me gustaría comentar la película, que me parece más que correcta. Juega con dos combinaciones fascinantes. Por un lado, el guión genera una dialéctica preciosa entre ficción y realidad, entre lo que la niña sueña y la que es su verdadera vida. Podría recordar a aquellos retazos de sueño en Mar adentro en esos vuelos imaginarios, pero bien hechos. En ellos surgen con fuerza sus miedos y sus dudas, sus ilusiones y sus esclavajes a una vida que ella no ha elegido.

El otro elemento brillante, dejadme decirlo así, es la provocativa dualidad entre el niño del que se enamora, que se llama Jesús, y el Mesías. Hay otro juego casi mejor que prefiero no desvelar pero que, cuando veáis, se os hará evidente a primer golpe de vista.

Los personajes son algo planos, sin demasiada profundidad. Es casi una fábula infantil, donde los seres malos apenas están torturados por sus debilidades y donde los buenos están sometidos a su tiranía. La gran Carme Elías tiene mucho de la madrastra de La Cenicienta. Igual que la mujer que controla a la buena de Manuela Vellés, que casi parece estar bajo la desdicha de un embrujo. Y, finalmente, calificaría de fascinante la interpretación de Jordi Dauder, donde ejecuta a la perfección el papel de un cura obsesionado con aprovechar la muerte de Camino para evangelizar.

En definitiva, si de lo que se trataba era de hacer una crítica profunda, roza lo infantiloide. Pero como fábula, de lo más entretenido que ha parido nuestro cine este último año.

VICKY, CRISTINA, BARCELONA

Se ha hablado mucho del último estreno de Woody Allen y de la película que tanto estábamos esperando porque iba a rodarse en Barcelona. Y ya sé que ahora no es actualidad, pero precisamente por eso la mirada que puedo hacer sobre ella es algo más distante. Y, por tanto, algo más objetiva.

Recuerdo que cuando estuvo aquí Woody Allen rodando nos comportamos como unos auténticos cretinos. Cada día era portada por alguna tontería que nada tenía que ver con el cine. Ya dije en su día que me parecía que Barcelona no se había comportado como una ciudad cosmopolita, sino más bien al revés. Por ese motivo, Jaume Roures, productor del film y presidente de mediapro, ha dicho varias veces que no quería volver a rodar aquí con el director neoyorquino, a pesar de firmar con él 3 películas más. Le entiendo, pero es una lástima. Conste que el director no sólo no ha expresado su negativa, sino que no lo descarta.

Dicho esto, ayer vi su película. Sin la presión de la actualidad diciéndome cómo debía interpretar la historia, el guion, o las “postales” tomadas de Barcelona. Varias consideraciones;

1º/ La película no me parece, ni de largo, uno de las peores del director. Woody Allen, y la gente que me conoce sabe que lo admiro mucho, ha hecho historias mucho peores que esta. Para mi estaría en un punto medio (algo así como un 5) si lo comparamos con su filmografía. Si la comparación es con los estrenos habituales de nuestra cartelera, esta muy (pero que muy) por encima de la media. El peor Allen sobresale. Así de claro.

2º/ Sobre el retrato de Barcelona, he escuchado que esta ciudad no existe. O sea, resulta que si el director hace una postal maravillosa de Manhattan en la película con ese título, es una fotografía de Oscar. Eso sí, si hace lo mismo en nuestra ciudad, nos parece fatal. Hubiéramos preferido que hubiera enseñado las mierdas de los perros de la Zona Franca. Muy típico, para no perder la sana costumbre a autoflagelarnos. Pues me niego. Barcelona es bonita. Muy bonita. Con sus miserias, es verdad, pero bonita al fin y al cabo. Y diré más. Teniendo en cuenta que las protqagonistas son unas turistas, ¿qué otra ciudad le enseñaríais?  A un amigo que visitara la ciudad ¿Lo llevarías a los bajos fondos para que vea a la gente que más padece? No, lo llevarías a las ramblas y a la sagrada familia. Y si no lo hicieras, tu amigo te lo exigiría.

3º/ Sobre la cuestión nacional; He escuchado alguna voces que casi me hacen reir tanto de un lado como del otro.

Para unos, resulta que la cuestión catalana no sale lo suficiente. ¿¿¿Que no sale lo suficiente??? Una de las protagonistas resulta estar haciendo una tesis sobre identidad catalana. Y se refiere, constantemente a lo catalán como catalán cuando es propio, y a lo español como español cuando es general. No olvidéis que es la película más taquillera de Woody Allen en USA. Y habla de Catalunya muchísimo. Igual hubieran preferido que alguien saliera con la barretina. Pues lo siento, pero eso no hubiera sido identitario sino ridículo.

Pero esto no es todo. Vamos con los otros. A los otros les preocupa que casi todas las copias en Catalunya sean en catalán. Vaya por delante que un país culto y avanzado vería las películas en versión original. Pero dicho esto, es el colmo. Cuando la industria decide distribuir las películas en castellano nos dan discursos con una suficiencia moral insoportable; que si la libertad, que si es lo normal, que si contra la industria no se puede ir, bla, bla, bla… Esta vez, la industria (Roures) decide distribuir la película básicamente en catalán. Y entonces, esos mismos cretinos que iban de abiertos en lo cultural, ahora ponen el grito en el cielo. ¡Y dicen que son presiones de la Generalitat! Eso es que no conocen a Roures. Y que nadie me hable de las subvenciones, porque entonces hablaremos de las que ha recibido “Sangre de mayo” (15 veces superiores y con una historia ultraidentitaria). Además, es lo más lógico cuando tienes un público que habla dos idiomas y en la película también se utilizan dos. De hecho, me pregunto cómo habrán interpretado algunas escenas esos supuestos liberales del tres al cuarto.

4º/ ¡Por fin voy a hablar de la película! Para mi no deja de ser una historia neoyorquina contada en Barcelona. No me acabo de creer a Bardem como esa especie de pintor ultraelitista, aunque tome copas en el “cuatre cantons”, bar típico donde la progresía culta de Barcelona se entretenía a principios del siglo XX. Ese tipo de artista en España es muy progre, justo como el propio Bardem. Dicho con otras palabras. Lo veo como un pintor americano y no como un tipo que nació en Asturias entre montañas.

Las interpretaciones vuelven a ser el punto fuerte. Tanto Bardem como Scarlett están como siempre, a un nivel altísimo. He de decir que me sorprendió gratamente Rebecca Hall, la chica que hace de Vicky. Me encantó el trabajo que ha hecho. Incluso, los secundarios, como Patricia Clarkson, hacen una gran labor para enriquecer la narración.

Mención a parte merece Penélope Cruz, de la que todo el mundo ha destacado su trabajo. Inconmesurable de no ser por las escenas más conocidas de la película; las de amor entre las chicas. Allí patina cuando una mujer apasionada como es su caso, está como incómoda frente a la idea de besar a su compañera de reparto. Es el único pero, porque el resto es genial. Por cierto, es el único personaje que me creo en España. Y para los malpensados, no es por lo loca que está, sino porque su forma de decir las cosas (en castellano) me la creo. O sea, me la imagino por la calle, vamos.

En el fondo no es más que una historia basada en la típica estructura de la comedia de enredo. Entretenida y coherente en su narración. Cuando pago una entrada de cine, me conformo con que se cumplan estas dos premisas.

REC

Youtube está revolucionando nuestra forma de ver las imágenes. No creo que nadie pueda discutir eso. Años atrás, hubiera sido imposible que diarios de tirada nacional hubieran puesto en sus portadas fotografías tan pixeladas. Y de eso tiene una gran “culpa” internet. Entrecomillo la palabra porque no sé hasta qué punto se trata de una banalización de la imagen, o un aumento de nuestra capacidad de abstracción visual.
“REC”, junto con la ya citada “Redacted”, es hija de esa trivialidad de la imagen, más fragmetada y menos académica. La historia no escapa a la típica trama de zoombies. Un cámara y una periodista, haciendo un seguimiento de un equipo de bomberos, se ven encerrados en un edificio donde unos humanos ensangrentados y rabiosos les atacan sin saber muy bien por qué.
La estructura es la clásica de un film de estas características, con los tempos que acostumbran a tener, con las dosis de humor y con las clásicas persecuciones entre humanos y zoombies con el añadido vampírico de la contaminación sutil en sus presas.
¿Qué es entonces lo que hace diferente este film? Precisamente es su rechazo a mostrarse como tal. Desde una supuesta telerrealidad, parodia a la televisión, la cual también se jacta de realista. Creo que Plaza y Balagueró se aprovechan de la credibilidad de este género televisivo para transmitir un mensaje que va más allá del reality.
Uno de los retos de un film como este es el ritmo. Las escenas, necesariamente, se han de mostrar en tiempo real, así que el tiempo cinematográfico no es alterable. Por tanto, el único recurso temporal del que disponen es la elipsis. Es, para mí, uno de los grandes aciertos. A lo largo del metraje, hay una clara evolución hacia el tiempo real. Empieza con una narración muy fragmentada y acaba en planos secuencia extensísimos.
Otro reto es el de producir todo el desarrollo en casi una sola localización. No es fácil y, en cambio, hay una gran solvencia a la hora de repartir la información del guión y en el ritmo interno del propio discurso.
Cuando Filmax apostó por crear la ya quebrada Fastastic Factory, fichó a directores muy reconocidos del mercado del terror internacional como Brian Yuzna (con films gore como “El dentista”), o Jack Sholder (“reanimator”). Fue, en cambio, el casi desconocido Jaume Balagueró con “Darkness” el único que fue capaz de dotar de estilo a las series B que esta producía. Sus posteriores películas han mantenido el nivel de manera notable. Así, se está convirtiendo en una de las pocas garantías de solvencia de nuestro cine.