Alberto Lacasa

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La privatización de la sanidad

hospital sant pau

Hace unos días leí un artículo en El País acerca de las privatizaciones del sistema sanitario. El artículo, extensísimo, analiza los procesos de privatización de la sanidad a raiz de los recortes de las administraciones. Además, analiza qué empresas se benefician y quién hay detrás de esas sociedades.

La sensación que me deja es la que esperaba. Ni es tan terrible ni todo está tan claro. Además, todo ello me ha llevado a leer un poco sobre el tema. Y he visto algunas cosas interesantes que reconozco aún tengo que acabar de procesar.

Intentando sintetizar diría que, en primer lugar, lo que propone el artículo no es que el sistema público baje su calidad y, así, induzca a la gente a irse al sistema privado. El modelo que se está aplicando en Madrid y Valencia (que es donde centra el artículo su análisis, pero imagino que es extrapolable) consiste en condecer al sector privado la gestión de los hospitales e, incluso, de la gestión integral de una región.

Hay dos modelos posibles (con diversas variantes): uno es pagar a las empresas por la cantidad de veces que las personas utilizan sus servicios (ese sería el modelo que me explicaron en el Hospital Sant Joan de Déu cuando les hicimos un vídeo hace unos meses). La ventaja es que, en teoría, se está pagando sólo por servicio. La desventaja es que eso puede potenciar que al Hospital le interese retener al paciente para, así, aumentar sus ingresos.

En otros casos, se le paga a la empresa una cantidad fija por persona que utiliza sus servicios. La empresa se interesa por cazar talento que atraiga a pacientes para, así, cobrar más. Si he de opinar, y sin conocer el sector, me parece la mejor opción si hay que privatizar.

¿Y hay que privatizar? Pues… No lo sé. Sí sé que las teorías liberales lo que dicen es que allí donde el mercado es más eficiente mejor que la administración se meta poco. Pero el mercado sanitario no es un mercado eficiente. Tiene “fallos”.

Primero que la información es asimétrica. El paciente sabe mejor que la compañía aseguradora su estado de salud, lo que le impide a esta poner un precio ajustado a los enfermos y a los sanos. Una vez enfermo, el médico puede inducir al paciente a consumir (o no consumir) servicios en función del interés del médico para los que el paciente sólo puede confiar.

Pero mantenerlo como un servicio público también tiene sus contrapartidas. En esencia, lo que se conoce en economía como riesgo moral. Si la sanidad es gratis para el paciente, este puede tender a sobreutilizarla. Si el médico no tiene incentivos para controlar su gasto, puede tender a sobreproveer.

La sanidad pública con provisión privada (es decir, servicios públicos gestionados por empresas privadas) da una serie de ventajas a la administración. Un exdirectivo de Capio, una empresa del sector, dice que “la ventaja para la Administración es que paga una cantidad fija”. Además, “el sector privado tiene una ventaja enorme, el sistema público no tiene herramientas de prima, incentivo y castigo al empleado. Eso es fundamental en una empresa donde la gente se gana la vida. La productividad es más alta, de un 20% o 30%. El absentismo es más bajo, sin comparación. Puedes contratar a los mejores médicos, pagarles 300.000 o 400.000 euros. Y echar a un empleado si no trabaja. Existe un recorrido profesional. Instrumentos que no tiene el sector público”.

Esto, visto así, no sólo es una ventaja para la administración. También para el contribuyente, que recibe lo mismo por menos dinero. ¿Lo mismo? Sí, a pesar de que las empresas saquen beneficios. Si el coste total sumados beneficios es menor al coste de los servicios del sistema totalmente público más sus ineficiencias, me da igual lo que ganen. Estamos ganando los dos.

Pero, ¿sacarán los beneficios sólo de hacer más eficiente el sistema? Aquí me entran las dudas. El artículo propone que las empresas podrían ofrecer servicios low cost al estado a cambio de cobrar la parte “hotelera” al paciente. Si la comida y similares tienen precios equivalentes a lo que costaría quedarse en casa, nada a decir. Pero mucho me temo que, una vez te tienen allí cautivo, las facturas pueden ser espectaculares.

La parte que más me preocupa es que buena parte de la capitalización de estas empresas está en manos de empresas de capital riesgo. Estas empresas se ganan la vida comprando barato, equivocándose mucho (lo que se traduce en cierre de empresas, en este caso serían hospitales, ¿no?) y acertando unas pocas veces vendiendo muy caro. Un negocio puramente especulativo.

Eso tiene una ventaja: estas empresas prefieren reinvertir los beneficios de la empresa mientras son propietarios porque le quieren dar valor. Pero, ¿qué hace atractivo un hospital a un capital riesgo? ¿Con qué esperan forrarse? A mi me genera inquietud porque no le veo la escalabilidad (que los beneficios crezcan más rápido que los gastos) a no ser que generen ahorros constantes de forma sostenida, lo que cual no me suena demasiado bien.

Por supuesto no puedo olvidar que se tratan de concesiones públicas. Y también sabemos que en este país las concesiones tienen poco que ver con la calidad. Sólo con el amiguismo, con rescate posterior si las cosas no salen como se esperaba (ya ha pasado) y con tanto dinero bajo mano como sea posible. El 3% empieza a ser un clásico…

En resumidas cuentas, ahora sé mucho más de lo que sabía. Y sí, sigo sin tener una opinión del todo formada. Me gusta la idea de optimizar mis impuestos a través de la gestión privada de los recursos públicos. Pero si el precio es que a medio término la calidad decrecerá, prefiero sus ineficiencias.

Pd: No soy economista, así que estoy abierto a que los que de verdad saben desde la izquierda y desde la derecha hagan todas las correcciones que consideren a lo que he dicho.

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