Alberto Lacasa

Reflexiones sobre televisión y cine

guion y cine

El sistema de estudios y el Star System

Ayer hablábamos de cómo en USA, la guerra de patentes protagonizada por MPPA y las majors acabó con la victoría de los segundos cuando estos decidieron montar su sistema paralelo en el punto más alejado de Nueva York en el país.

Eso desencadenó en el sistema de estudios. Si alguien pensaba que las majors eran los buenos de la historia se equivoca. O, al menos, en parte. Porque se produjo lo que yo suelo llamar el efecto Star Wars; consiste en el fenómeno de criticar al “padre” cosas que luego tú acabarás haciendo.

Para empezar, las majors se lanzaron a controlar todo el mercado en una especie de oligarquía. El secreto estaba en controlar toda lo que los economistas llaman la cadena de valor. Para no extenderme, porque esto puede ser un rollo, en el cine hay 3 partes importantes del proceso; producción, distribución y exhibición. O sea, hacer la película, llevarla hasta los cines, y mostrarla en los cines. Ellos se dieron cuenta que donde estaba el dinero no era en hacer una película sino en poder pasarla en los cines. Así que si alguna vez pensaste que la mayor parte del dinero lo invertían en hacer algunas de las joyas que hoy disfrutamos, te equivocas. El dinero estaba en la exhibición. Y eso se llevaba la práctica totalidad del presupuesto.

Digo todo esto porque es importante entender quién cortaba el bacalao en aquella época; los productores. Como hoy… pero más. Y que su foco no estaba en hacer películas sino en tener películas que exhibir. Es un matiz, pero es importante. Muy importante.

Recordemos también que habíamos dicho que el cine era sólo consumido por lo más mediocre de la sociedad. Eso dejaría de ser así. Pero lo que no cambió es lo importante que era que el público fuera capaz de entender la historia de cabo a rabo. Y eso sentó las bases de lo que hoy conocemos como Modo de Representación Institucional o paradigma clásico. Lo que comunmente llamamos cine comercial.

Tampoco los productores tardaron en darse cuenta de que había ciertos actores que conectaban con el público de forma especial. Y eso es importante porque hay un cierto proceso de idealización de los actores y actrices. ¿Y eso por qué? Durante siglos, los pintores y escultores, cuando querían deificar a Dios o a una persona no (sólo) la dibujaban guapa, proporcionada, esbelta… Sobre todo la hacían grande. Eso es algo que tenemos muy metido en nuestro inconsciente. Y el cine justo lo que hace es mostrar a nuestros héores de un tamaño enorme. Eso generó el star system.

Para los actores esto puede parecer fantástico. Y seguro que, en cierta medida, lo era. Pero había un precio; el cine los encasillaba. Los productores también cayeron en la cuenta que era mucho más rentable asociar un arquetipo de personaje a cada actor y actriz. Y eso limitaba sus posibilidades interpretativas.

En el cine mudo, actores y actrices como John Gilbert, Gloria Swanson, Barbara Lamarr, Clara Bow… Eran auténticas estrellas. Pero ninguno de ellos como la más grande pareja de la época silente del cine; Duglas Fairbanks y Mary Pickford. Ellos dos eran los más adorados por el público de la época.

En aquella época podríamos decir que destaban 2 géneros por encima de los demás; el western y la comedia. El western alargaría durante décadas su papel predominante ayudando al país a adquirir una conciencia colectiva que, por su corta historia, aún no tenía. Digamos que ayudó a asentar el relato mitológico nacional. Por destacar tres títulos de una lista extensísima, diría 3; Asalto y Robo al Tren (1903) de Edwin Porter, que fue la primera, La masacre (1909) de David Griffith y El caballo de hierro (1924) del gran John Ford.

Por otro lado, en la comedia dominaba un gag muy físico heredero de un género teatral muy expresivo; la comedia del arte. A este humor se le llamó slapstick y lo inició un tipo que hoy casi nadie conoce pero que los grandes como Lloyd o Chaplin le llamaban maestro; Max Linder. De hecho, Chaplin directamente se copió el personaje. Actores que destacaran en este género son bastante concidos, a parte de los dichos, me encanta Buster Keaton.

Este es un buen ejemplo de Max Linder:

Y una escena de Chaplin que, quizás, está inspirada en este corto que hemos visto:

El cine sonoro no tardaría en llegar definitivamente con El cantor de jazz (1927). No llegó de golpe; antes se habían hecho experimentos como añadir efectos de sonido (como golpes de espadas) a las películas. Esta nueva tecnología traía 2 problemas importantes.

Las películas se rodaban a 16 fotogramas, que es el número mínimo de imágenes por segundo para que parezca que la imagen es un continuo. Pero para poder sincronizar el audio eran necesario pasar a 24. Algo parecido nos está pasando ahora con el 3D, que implica un aumento de fotogramas por segundo, pero esa ya es otra historia.

Además, conseguir un buen sonido no era fácil. Las cámaras hacían mucho ruido. En los estudios se grababan muchas películas a la vez, se les daba órdenes a los actores con la cámara en funcionamiento. Y, sobre todo, algunos actores y actrices no tenían una voz acorde a su belleza. Y algunos de ellos se quedaron en el tránsito como John Gilbert o Mary Prevost.

En esos primeros años, las productoras se especializaban en ciertos géneros. Por ejemplo, la Universal dio grandes títulos de terror en la época del cine mudo: El fantasma de la ópera (1925), Drácula (1931) de Tod Browning, o El doctor Frankestein (1932) de John Whale.

Drácula, por ejemplo, es una de mis obsesiones particulares. La película brilla con ese Bela Lugosi que, de niño, me parecía la auténtica encarnación del mal.

El cine como industria se convirtió en algo muy rentable para los pocos que habían sido capaces de menterse en el sistema cuando este estaba en ciernes. Eso los convirtió en muy poderosos. Los Bill Gates de la época, hechos a si mismo, estaban allí.

Ni siquiera la Gran Depresión pudo con ellos. Inventaron un nuevo concepto que también arrastramos hasta nuestros días. Para toda aquella gente que no podía ir a los grandes estrenos, empezaron a lanzarse películas de bajo presupuesto con entradas más baratas. Las llamaron películas B.

Todo ello llevó al cine a lo que se conoce como la época dorada del cine hasta que la tele le quitara en 1946 la corona de medio popular. También algunas prohibiciones anticompetencia que coincidirían en el tiempo. Aunque de eso ya hablaremos más adelante. Tal era su poder, que la segunda guerra mundial fue financiada, sobre todo, por esta industria. Y todo ello gracias a una industria que supo hacer girar su negocio sobre dos grandes ejes: el sistema de estudios y el Star system.

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