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Viaje a Grecia (II): Atenas

A parte de la Acrópolis, Atenas tiene muchas más cosas en forma de ruinas. Cuando bajamos de la piedra sagrada pasamos por una roca, que resbalaba una barbaridad que llamaba mucho la atención. Por lo visto se llama Areópago y es el lugar en el que, según la tradición griega, se realizó el primer juicio de sangre de la historia después de que Ares, dios de la guerra, asesinara a uno de los hijos de Poseidón.

Subimos a pesar de que resbalaba muchísimo allí donde en el s. V a.C. se enjuiciaba a los criminales. Desde alli tuvimos la oportunidad de ver una bonita estampa de algo que visitaríamos a continuación: el ágora griego.

Una de las cosas interesantes de viajar a un sitio así es que acabé refrescando casi sin quererlo, muchas palabras que sólo había pronunciado para decir que no recordaba exactamente qué eran: órdenes jónico, dórico y corintio, friso, establamento, metopa o triglifos son sólo algunos ejemplos.

Los ágoras que visitamos, que fueron unos cuantos, te debajan muy clara la estructura típica de este tipo de centros urbanos. En esencia, eran centros con edificios públicos rodeados por estoas, que son porches cubiertos con montones de columnas y que hacían de entrada. Es el edificio que hay a la derecha de la foto perfectamente reconstruído. Por lo visto se llenaban de tiendas y también de filósofos educando a sus pupilos.

Y al salir de ahí nos dirigimos al barrio de los alfareros. Más allá de las ruinas y el museo que también puede visitarse allí, hay una historia mítica muy bonita. Según la mitología griega, Deméter era la diosa de la agricultura, de la vida y de la fertilidad. Y su hija Perséfone fue secuestrada por Hades, el dios del inframundo. Deméter empezó a buscar a su hija y descuidó sus funciones con lo que llegó el invierno.

Deméter acabó encontrando a su hija y pudo sacarla de allí, por lo que llegó la primavera y, de nuevo, la vida. El problema es que Perséfone había comido frutos de una granada del inframundo y nadie que hubiera probado comida de muertos podía volver al mundo de los vivos. Pero llegaron al acuerdo que Perséfone pasaría un tercio del año en el inframundo. Y así llegaron las estaciones.

En una población muy próxima, Eleusis, había un santuario dedicado a Demetra y su hija Perséfone. Y durante 2000 años se hicieron peregrinaciones que salían de este barrio en lo que se conocía como misterios de Eulesis. ¿Sabéis cuándo se perdieron? Pues cuando el emperador Constantino I, no sólo legalizó el cristianismo sino que hizo todo lo posible por acabar con el paganismo. Y los misterios fueron reprimidos.

Cuando los romanos llegaron a la ciudad también montaron su centro de reunión público: el foro romano. Es algo más pequeño que el ágora romano (o a mi me lo pareció) pero su pequña joya es la torre de los vientos. Es una torre octogonal en la que cada una de sus caras hay un relieve relacionado con la deidad del viento correspondiente. Y, por lo visto, dentro había una clepsidra. Sé que suena fatal pero tranquilo, no te estoy insultando. Es un reloj de agua.

Antes de subirnos al monte Filopapos visitamos dos cosas más. La primera es un templo ortodoxo muy chiquitín que tiene un encanto enorme: la Panagia Gorgoepikoos. Está justo al lado de la actual catedral y en la época que se construyó (s. XII)  tenía espacio suficiente. Da una idea de cómo esta ciudad decayó con el tiempo…

Y acabamos visitando el templo de Zeus Olímpico. Se trata del templo más grande jamás construído hasta la época de los romanos. Tardó muchos años en construírse porque tuvo pausas enormes. Creo que fue Aristóteles que lo puso como ejemplo de desmesura, algo que a los dioses no les gustaba demasiado. Pero muchos años después, el emperador romano Adriano se decidió acabarlo bajo la premisa de su increíble tamaño.

Cuando bajamos de Filopapos intentamos encontrar algún sitio para cenar que no fuera para guiris. He de decir que lo conseguimos a medias. Encontramos una cadena de hamburgueserías que se llamaba Goody’s. Sé que no suena muy griego. No era nuestra intención pero es que a lado y lado sólo veíamos cafeterías y el hambre apretaba.

Pero eso sí, ni un solo guiri a la vista. Y, además, resultó ser el fast food líder del país creado por un griego. Por cierto, su carta es mucho mejor que cualquiera de las que podemos probar por aquí. Goody’s nos acompañaría algunos días más porque no sólo se podían pedir hamburguesas (también tenían ensaladas y diversos tipos de pasta) y estaba por todas partes.

Cuando llegamos al hotel caímos rendidos ya con la cabeza puesta en el al día siguiente el calor seguiría apretando y que, además, debíamos recorrer unos 200 kilómetros. Íbamos a conocer la cuna de la cultura helénica: Micenas, la capital de un poderoso imperio del s. XV a.C..

Viaje a Grecia (I): Acrópolis

Este verano, con mi pareja, nos hemos ido de viaje a Grecia. La idea era hacer un mix de vacaciones cañeras y de vacaciones tranquilas. Así que, a priori, Grecia era un destino más que adecuado porque es una suma de ruinas cargadas de historia y de islas donde hay poco más que hacer que disfrutar de vistas y de playas.

Así que el día 17 de Agosto, tomamos el avión muy temprano y, después de una escala en Praga, aterrizamos en Atenas. El recibimiento fue un golpe de aire caliente en la cara. No os podéis imaginar el calor que hemos llegado a pasar. En Atenas las máximas rondaban los 40 grados. Eso cuando estás en casa es duro, pero cuando estás visitando ruínas en las que no hay una sombra, inhumano.

Pero superada esa fase de sufrir el calor, pones los pies en el suelo. La primera impresión que te llevas de Atenas es que se trata de una ciudad sucia, con mugre por todas partes. Los edificios no tienen ningún interés y no parece que los atenienses traten la ciudad como se merece.

Tras la primera pequeña decepción, dejamos las cosas en el hotel y fuímos a pasear a dos de los barrios más típicos de Atenas: Plaka y Monastiraki. Están señaladas como zonas turísticas y no se equivocan. Son dos barrios de calles estrechas con alguna pequeña iglesia por en medio, restaurantes para guiris y camisetas por paredes. La conclusión es tan dolorosa como evidente: no me gusta nada.

Teníamos sólo un día y medio en Atenas, así que el día entero era para ver los típicos lugares. Así que, al día siguiente, nos levantamos temprano y a las 8 y poco entrábamos en la Acrópolis. Todo la desilusión que te llevas al ver la ciudad, se compensa cuando entras en el recinto a pesar de que deberíamos haber ido más tarde para no coincidir con los cruceros (que también lo visitan a primera hora). A parte de un par de teatros y una estoa a sus pies, la Acrópolis tiene 3 cosas casi de visita obligatoria.

Eso sí, antes de verlas tienes que subir las escaleras que dan acceso a la superficie de la acrópolis, los propileos. Aunque había demasiada gente, eran una pasada. Con la emoción contenida de que saber que todo aquello se había construído nada menos que 3500 años y que, en pocos segundos, tendría ante mi el Partenón. Tan contenida que, en la foto, lo disimulo muy bien. Yo creo que era calor.  Y eso que no eran más de las 9…

La más importante de estas tres cosas a ver, por supuesto, es el Partenón. Antes de salir leí bastante sobre lo que íbamos a visitar, pero el Partenón es tan conocido que no voy a contaros gran cosa. Intento imaginarme a la gente de aquella época cuando se plantaban delante de aquellas increíbles columnas, con sus proporciones perfectas.

Dentro estaba dividida en dos naos. En una de ellas había una estátua de Atenea, la diosa de sabiduría, altísima. Debía ser muy impactante allí dentro. La segunda estancia, por lo visto, sólo podía ser visitada por sacerdotisas. Sí, imagino que esta estampa no es muy científica, pero no puedo evitar imaginármelas consumiendo drogas, semidesnudas y conectándose con su trascendencia en una especie de orgía. ¿Os imagináis alguien mejor que Tinto Brass para reflejar una escena así? ¡Yo lo fichaba!

Pero también hay dos templos a su alrededor que tienen un encanto especial porque están relacionadas con la propia historia mítica de la ciudad. Nada más entrar, a la derecha queda el templo de Atenea Nike. No tengo fotos porque era una montaña de andamios. Pero fue allí donde el rey de la región Ática, Egeo, esperaba a que su hijo Teseo volviera vencedor de su enfrentamiento con el minotauro. Estaba tan nervioso que le pidió al hijo que, si vencía, cambiara las velas negras del barco por unas blancas. Pero el hijo, aunque volvía vencedor, estaba despechado por Ariadna y olvidó cambiarlas. Dicen que Egeo esperaba sobre el templo para ver llegar el barco cuanto antes. Y cuando vio las velas negras, se suicidó tirándose al mar al que luego dio nombre.

El otro templo es el Erecteion, que tiene las cariátides, estás preciosas columnas con forma de mujer. Fue allí donde Poseidon y Atenea se disputaron covertirse en el protector de la ciudad. He leído varias versiones sobre cómo se produjo, pero más o menos, todos vienen a coincidir en que cada uno de los dioses tuvo que entregar algo a la ciudad. Poseidón clavó su tridente justo al lado de este templo (algunos afirman ver el golpe del tridente en una piedra), y brotó una fuente. Pero era de agua salada. Atenea, en cambio, hizo crecer el primer olivo, dando alimento a sus ciudadanos. Una de las versiones dice que fueron los dioses quienes tomaron la decisión. Otra que los ciudadanos optaron por Atenea. La última, es que los hombres votaron Poseidón y las mujeres a Atenea. Ganaron ellas. Pero para no enfurecer a Poseidón más de la cuenta, le quitaron el voto a las mujeres. Bonita manera de justificar su no derecho a voto, ¿no os parece?

Aunque durante el día visitamos algunas cosas más, que contaré en los próximos posts, el día de visitas lo acabamos en el monte Filopapos, que está muy cerquita de la Acrópolis. Desde allí hay una vista envidiable del monte sagrado. Fue un bonito colofón al paseo por la ciudad griega.

(Esta es la vista desde Filopapos. A la izquierda están los propileos, la montaña de andamios esconde Atenea Nike. A la derecha el Partenón y, entre los propileos y el Partenón, el Erectión con las cariátides)

Semiótica nacional

Por lo general, miro de evitar hacer posts relacionados con temas políticos y, cuando lo hago, prefiero no mojarme mucho. Espero ser capaz de expresar lo que quiero decir sin herir sensibilidades.

He tenido que oir muchas veces que fútbol y política no deberían unirse nunca. Y suelen criticar al Barça por mezclar naranjas con melones. Pero, paradójicamente, la competición futbolística más importante del mundo tiene su fundamento en la identificación nacional. Y es divertido ver cómo gente que se llena la boca de “no hay que mezclar deporte con política”, en cambio, defienden a Alonso, a Nadal, a Pedrosa o Lorenzo y a la selección con vehemencia.

Parto de la base que a mi me parece fantástico. Quede claro que no lo critico como ya lo expliqué con más detalle en otro post. Pero me sorprende el poder cegador que tiene lo que los sociólogos llaman nacionalismo banal.

Si acaso queda alguna duda que esto que expongo, os propongo que os miréis dos portadas de diario que se han publicado hoy después de la victoria española frente a los alemanes:

La razón no ha podido evitar hacer una portada que dijera “España vence unida”. No creo que nadie pueda dudar ni un segundo de su fuerte contenido político-deportivo. Y como, sutilmente, pretende dejar a cierta gente fuera y aleccionar a aquellos que no quieren estar “unidos” tal y como ellos lo entienden.

Las construcciones nacionales, como los idiomas, se hacen en torno a una cierta concepción que la sociedad tiene de si misma. De aquello que valora y de aquello que desprecia, de las virtudes que exalta y de los defectos que trata de esconder. Palabras o expresiones como la roja, podemos, raza, furia, a por ellos, o toreros se relacionan a menudo con los buenos resultados del equipo nacional. Y conectar la “unidad” con la selección genera ciertas construcciones de identidad.

Unido a todo ello un ruído de fondo que surge cuando la furia entró en entredicho; ¿exceso de catalanes en la selección? Yo estoy seguro de que no es una opinión generalizada. Pero algunos de los medios a los que les entraron las dudas van más allá de los que ya proscribimos por radicales; intereconomías, libertades digitales y similares subproductos pseudofascistoides.

Los mismos periodistas que cuando España perdió contra suiza decían que había demasiados catalanes y que se han pasado la liga diciendo que el Barça ha ganado la liga gracias al villarato, se alegran ahora de su estético juego. No dudo que ellos mismos volverán a atacarnos en septiembre…

También forma parte del relato (o del no-relato) el hablar de los (poquísimos) disturbios que hubo ayer en Barcelona y, en cambio, sí hacerlo cuando el Barça (ligado sutilmente al nacionalismo) gana un título. El hecho de publicar algo y el espacio que se le presta modifica profundamente la huella que deja en nosotros esa información.

Más interesante y sutil es la portada de hoy del AS ha hecho una portada que dice “Visca España”, donde se evidencia que hubo un debate (y cómo se ha resuelto). Por cierto, estoy gratísimamente sorprendido. Lo digo con sinceridad.

Parte de ese discurso también se genera a traves de las radios y también representan parte de cómo nos expresamos colectivamente cuando identificamos ciertos símbolos nacionales, en especial aquellas de marcado carácter nacionalista español.

Por ejemplo, la COPE hoy decía: “Un tío como, pongamos por caso, Montilla. Se nos antoja una reliquia de otra época. O tal vez sólo un señor pelmazo con problemas de estreñimiento. Pero, ¡hombre de Dios! Celebre usted las victorias de España dándose un abrazo con la parienta o con la vecina, o con la muchacha.”

Pero no sólo un medio de constrastado desprestigio como la COPE ha aprovechado la ocasión para atacar lo que ellos interpretan como nacionalismo. En Punto Radio, Luis del Olmo decía: “Un alcalde de un pueblo vasco, que esta mañana o ayer por la noche decía: ‘a ver si nos da una alegría Alemania’. ¿Qué cara…? ¡Bah!” “¿Quién ha dicho eso?” “Pues nada, un tío…” “En el camino yo también me he encontrado gente que no tienen el nombre del padre en el carné”. Sólo pensad por un momento qué pasaría si un nacionalista llamara hijo de puta a algún “no nacionalista”.

Y, lo que más me interesa porque es mucho más sutil. Digo sutil porque no insulta sino que ensalza elementos que forman parte del imaginario colectivo. En la Cadena SER decían: “Va a presionar arriba. ¡Qué pelotas tiene este Busquets! Yo te juro que el otro día le vi de espaldas, y te juro que el caballo de Espartero no las tiene como este”. Y en otro momento, enfadados por un supuesto penalty decían: “¡Alonso la pone! Llega Ramos… ¡Penalty! ¡Penalty mamón!”

He cogido ejemplos muy extremos para que se entienda lo que trato de explicar. La identidad nacional de (todos) los países se construye en torno a ciertas formas de expresarse mediante signos iconográficos y verbales. Y parte del proceso de identificación supone asumir como propio ese discurso.

En lo personal, me cuesta mucho no ponerme de los nervios cuando escucho a J. o Camacho en Tele 5, por no hablar del comentario (supuestamente inocente) de Luis del Olmo explicando, como quien no quiere la cosa, que un nacionalista le ha dicho que prefiere que España pierda encendiendo, con cierta lógica, los ánimos de los españoles.

Así, mientras los titulares de los medios de comunicación cada vez que abren la boca me distancian emocionalmente del equipo (y de paso del pais), el equipo me genera muchísimas simpatías. España, desde la Eurocopa, es la única selección que me ha hecho disfrutar. Y me refiero a única de TODAS las selecciones actuales y pasadas. Me identifico con su forma de jugar y con muchos de sus jugadores. Pero va más allá…

Cuando la selección la lideraba tipos que me dan tanta rabia como Raul o Hierro, también sentía una cierta identificación. Y ese es mi drama personal: Cada gol de España me produce unas alegrías enormes y el miedo (después casi siempre confirmado) que será utilizado como elemento de agresión contra nosotros. Así que nunca sé realmente lo que quiero.

Dicho esto, no sólo estoy seguro que España ganará el mundial sino que me alegraré cuando eso suceda. Eso sí, me meteré pronto en la cama para que no me lo estropeen. ¡Mucha suerte!

El fin de semana pasado se reunió en Sitges el Club Bilderberg, el ya famoso grupo de poderosos que cada año buscan un país en el que hacer una reunión. Hay mucha literatura acerca del club y de la famosa trilateral y, basicamente, lo que nos dicen sus autores es que Bilderberg lo que pretende es crear una supraestructura mundial capaz de controlar los gobiernos y a las personas.

Toda esta literatura conspiranoica está liderada por Daniel Estulin que, cual Salman Rusdhie, va cambiando de casa cada poquísimo tiempo para evitar que los socios del club lo maten.

A mi todo esto me parece un chiste. Pero un chiste de los malos. Tengamos en cuenta que Estulin asegura que deciden cosas como guerras, precio del petróleo, presidentes de gobierno… Si tan poderoso fuera este grupo y tanto quisiera evitar que se supiera qué se habla en sus reuniones, no entiendo cómo ha conseguido editar, al menos, dos libros best sellers.

La técnica de los conspiranoicos es muy sencilla; dicen una serie obviedades sobre cosas que van a pasar mezcladas con otras cosas más improbables. Las obvias garantizan un cierto índice de acierto. Y lo que no, pues sencillamente lo justifican con alguna explicación absurda. Y digo absurda porque, si entre los planes de Bilderberg estaba (como Estulin dijo) que Esperanza Aguirre sería ahora la presidenta de España, no se entiende que no lo consiguieran si tanto poder tienen.

Así que, como el lunes salió en RAC1, tomé nota de las cosas que vaticinó. Y, de aquí un tiempo, rendimos cuentas…

1. Bilderberg, según Estulin, ha perdido el control de la economía por culpa de la crisis (yo recuerdo haberle oído decir que la habían provocado ellos, pero ahora no estoy seguro…). Así que su gran objetivo es salvar al euro. Para ello, están dispuestos a dejar fuera a Grecia, España y Portugal. El debate, según él, es cómo justificar la salida del euro de estos países sin destruir a la moneda en ese proceso.

2. También dijo que de las cuatro monedas importantes del mundo (euro, dollar, yen y libra) habría que devaluar 3 y salvar una y que estaban analizando cuál lo necesitaba más. Me pregunto si los socios del club americanos, europeos e ingleses pueden tener intereses comunes en algo así (teniendo en cuenta que eso encarece el producto de unos respecto a los otros)…

3. También apuntó que para Bilderberg las grandes amenazas hoy por hoy de la economía europea son Rusia e Irán. Y que todo lo de Afganistan no era más que una estrategia para montar bases americanas secretas (las más grandes del mundo) para tener un punto de apoyo. Según él, no tanto para atacar Iran (que también) sino para tener a Rusia a raya.

4. Aseguró que la famosa caída de Wall Street de un 10% en 10 minutos demuestra que Bilderberg ha perdido el control y que tiene que ver con la decisión (errónea) de derogar el acta Glass-Steagall. Básicamente es una normativa que surgió tras el crack del 29 y que regulaba las inversiones que podían hacer los bancos comerciales. Por supuesto, él asegura que esa decisión la tomó el club.

Los datos más divertidos para nosotros son los siguientes;

5. La más arriesgada; No invitaron a nadie del PP, lo que “demuestra” que no piensan apoyarles en las próximas elecciones. Y de lo que él deduce que las elecciones no las van a ganar. Él cree (y recalca que es su opinión), apoyarán a un socialista, Bernardino Leon (Secretario General de la Oficina de Gobierno), que estaba invitado a la reunión.

6.  Esta es la más divertida; No han invitado a nadie independentista catalanista, por lo que este año no habrá ruídos nacionalistas fuertes. Curioso puente…

Están son las que anoté yo. Os dejo con el link del podcast por si queréis oirlo en catalán.

Lost & BBQ

Como sabéis, ayer se emitió el último episodio de Lost pre-noche final. Y, tras él, nos quedan 2 horas (episodios) y media para que todo esto se acabe. Y estoy casi tan ansioso como antes del Barça-Sevilla que, para mi, decidía la liga. Que nadie se preocupe porque no pienso contar nada clave. Es más. este último episodio aún no he tenido la oportunidad de verlo.
Para celebrar y disfrutar de este final, me han invitado a una fiesta que promete casi tanto como el propio capítulo. Cenita con carne a la brasa, horas de charla, alguna que otra copilla y, a las 6, todos sentados frente a la televisión. No me digáis que no os doy envidia…
El problema vendrá el lunes, claro. Todo un día de trabajo con unos ojerones de campeonato. ¡Ah! Por cierto, por la tarde tengo que ir a grabar a un precandidato a las elecciones del Barça. Ya veremos cuánto café necesito para recuperarme. Pero la ocasión se lo merece. (pues va a ser que no, que el lunes es la segunda pascua, y en Catalunya es fiesta. Aunque la entrevista imagino que seguirá en pie)
Aún no sabemos qué pasará al final. Por ahora, mi teoría del final, al menos, se le parece. Claro que debo confesar que tampoco arriesgué mucho.

No descarto algún megagiro en los últimos 5 minutos de este culebrón. Pero a priori parece que están cerrando todos los hilos. De hecho, yo diría que lo más relevante está explicado (con la falta de algún pequeño matiz). Y, además, es importante que cierren bien las historias personales. Ya me pasó con el final de Battlestar Galactica, que algunas personas me dijeron que el final era un poco frío, anticlímax. Yo no estoy de acuerdo. Básicamente lo que sucede es que hay tantas tramas que cerrar que los últimos 15 minutos son postclímax, algo a lo que no estamos demasiado acostumbrados.
En el cine las películas casi nunca acaban con el clímax. Colocan siempre una escena corta al final para que podamos rebajar el grado de tensión. Es como una escena de salida. Esta suele explicarnos lo que les pasa a los protagonistas tras la apoteosis del clímax.
En las series el problema es que hay tantos personajes que esos microfinales se alargan mucho. Y es verdad que dejan una sensación rara. Con Lost es posible que pase algo parecido. Y más con lo que les ha pasado esta temporada a los personajes…

En todo caso, tengo muchas ganas de ver cómo acaba todo. Prometo comentar la serie como un todo la semana que viene desde un enfoque más narrativo del que suele hacerse. Y, después, quién sabe si volver a disfrutarla entera con todas las claves en la mano…

No hace mucho colgué la crítica del nuevo film de Clint Eastwood, que retrata cómo Nelson Mandela, tras ganar las elecciones en un país absolutamente dividido, utiliza el rugby como elemento integrador.

La película está muy bien ejecutada. Como digo en la crítica, me parece que es la “típica” de deportes en el sentido que Eastwood hace un cine muy clásico. Pero, a la vez, es “diferente”, dualidad contradictoria que suele darse en sus historias.

La película me hizo pensar en un debate que algunas veces he tenido con gente. Yo no conocía este aspecto del gobierno del mítico estadista africano, y es obvio que es una clara utilización del deporte con fines políticos. En cambio, la gente tiende a decir que deberían mantenerse siempre separadas.

Muchos sabéis (y si no os lo digo) que soy un enfermo de Barça y fue por allá finales de los 60′s el president Narcís de Carreras se atrevió a calificar al Barça de “más que un club”. Unos 5 años más tarde Agustí Montal lo popularizó utilizándolo como eslogan electoral de unas elecciones que, por cierto, ganó.

Esa frase tenía connotaciones políticas. Trataba de expresar que cuando el culé cantaba un gol, no era sólo eso lo que estaba celebrando, sino que era una forma de expresar el descontento con el régimen establecido y la idenficación con cierta forma de entender Catalunya.

Muchos culers seguimos considerando vigente esa identificación entre la catalanidad y el club. Pero a muchos les molesta porque consideran que no es legítimo por lo que comentaba de la separación de estos dos conceptos.

En cambio, Mandela no tuvo ningún reparo en hacer un uso político de una selección de rugby, que había sido símbolo de la opresión del apartheid. ¿También era ilegítimo que hiciera ese uso? Para mi, añade un elemento muy interesante al debate. No he tenido la oportunidad de compartirlo con nadie, así que no sé qué me contestaría alguien que criticara este aspecto del barcelonismo del que he hablado.

En mi opinión, Mandela hizo muy bien. La realidad es que la unidad entre deporte y política ha sido, es y seguirá siendo total. No en vano, la mayoría de los eventos deportivos más importantes se hacen bajo enseñas estrictamente políticas; las olimpiadas, el mundial de fútbol o la copa Davis… La gente es fiel a Nadal, Alonso, Héctor Barberá… La identificación sólo llega por un aspecto puramente político; prodecemos de la misma entelequia política.

Que la selección española gane la eurocopa no es un hecho políticamente neutro. Que los jugadores de baloncesto ganen un europeo y canten; “yo soy español” tampoco. Que los adjetivos que se utilizan para definir la selección (o las virtudes de un equipo) sean del tipo; casta, raza… tiene una carga ideológica evidente para quien quiera verla. Es así y lo que no veo por qué debería ser malo.

Mucho más sutil es la identificación entre otros clubes y sus territorios o la propia nación española. De todas maneras, debería ser significativo que en el Bernabeu y otros estadios hayan banderas españolas. También en ello hay una connotación política, esta no reconocida.seleccion española

La pregunta del millón es; ¿por qué en un caso se habla de uso político de un club y en el otro se ve como algo “normal”? Jordi Pujol me recordó en sus memorias un concepto que había olvidado; el nacionalismo banal, que es la forma de nacionalismo tan socialmente aceptada que no se percibe como tal.

Así, la aceptación como algo normal que cuando uno sigue el mundial se identifica con la selección de su país y no otra, o las simpatías por Alonso en vez de por otro piloto de la parrilla de otro país son dos expresiones naturales de esa forma banal de identificación. Y no sólo no es malo sino que despierta cierto sentido de identidad empático y positivo.

Os prometo que este post no nace con el objeto de que nadie se sienta molesto porque no estoy criticando nada. Al contrario, a mi me parece bien. Pero he de reconocer que me llama la atención poderosamente (y me molesta) la geometría variable de nuestra percepción de lo asumible de unos principios en función de la proximidad o lejanía de los nuestros.

Desinformación atómica

No tengo ni idea del nivel de follón que hay fuera de Catalunya con lo del centro de residuos radiactivos pero aquí tenemos un circo de los que impresionan. Es un debate que junta dos aspectos que he tocado en el blog; ciencia (este mes de agosto pasado) y comunicación, y me he decidido a tocarlo.

Lo primero que tenemos que aceptar entre todos es que la mayoría no tenemos ni la más remota idea de lo que es la radiactividad. No sabemos qué riesgos reales entraña ni con qué criterios se decide colocar en un sitio o un otro una instalación de estas características.

Si aceptamos esta premisa, lo primero (y con urgencia) que deberemos hacer es escuchar a las personas que saben del tema. Y todo el que hable debe acreditar que sabe lo que dice. No es suficiente significarse como pro o anti nuclear. No, no va de eso. Va de ir en serio y explicar las cosas como son.

Yo todos y cada uno de los expertos a los que he tenido acceso, ya sea por radio, televisión, prensa y medios científicos, dicen de forma unánime que el riesgo es casi inexistente. Digo casi porque el riesgo cero no existe en ningún ámbito.

Ayer incluso explicaban en la radio que en Holanda tienen un centro de estas características (que utiliza una tecnología de cristalización de residuos, cosa que no he oído que se fuera a hacer aquí, aunque lo desconozco) lo utilizan como centro cultural e, incluso, es visitado por colegios.

También escucho que dicen que los centros de desarrollo nuclear tienden a concentrarse. Es decir, que no tiene sentido montar este centro en un lugar que no haya aportado su “cuota de solidaridad nuclear”, sino que por puro sentido común, cuanto menos recorran los residuos, mejor para todos.

A esto hay que añadir que los residuos hasta ahora suben a Francia. Lo más seguro es mover los residuos en tren. Y se me ocurren pocos caminos férreos por los que puedan pasar esos residuos que no sea Tarragona.

Se utiliza como argumento a favor que eso sería un polo de atracción de población. Los contrarios aseguran que eso espanta a la gente. No tengo ni idea de si es una cosa u otra, aunque el dato de que Ascó ha ido perdiendo 18 habitantes cada año no demuestra nada. Al menos en solitario. Nadie sabe si hubiera perdido aún más población de no montar la central. Quizás si ese dato se pudiera comparar con otros…

Yo soy pro nuclear. Como digo, me faltan muchos elementos de juicio de valor. Aún así, creo que después de todo el discurso, que comparto, que quiere combatir las emisiones de CO2, lo más lógico hoy (con lo poco que sé) es la energía de fisión.

Acepto que no pueda compartirse este punto de vista. Lo que me parece intolerable es que aquí alla tantísima gente vendiendo que esto es peligrosísimo. Y me parece intolerable por lo que he dicho; los expertos, los respetados por la comunidad científica, dicen lo contrario.

Si estos tienen razón es una irresponsabilidad enorme asegurar lo contrario. Porque la coloquen donde la coloquen, habrá gente alrededor de ese centro de residuos. Gente que se preocupa por su salud, por la de sus hijos. Personas a las que estamos condicionando, que van a sufrir sin motivo.

Greenpeace (a los que he escuchado varias veces estos días) tienen todo el derecho del mundo y argumentos muy sólidos en contra de la energía nuclear; la vida de los residuos es uno de ellos. Pero jugar con los miedos de la gente es una irresponsabilidad cuando se sustenta sólo sobre una cuestión ideológica. La desinformación nunca es una buena opción.

Somos hologramas

Un holograma es una placa fotográfica que tiene la imagen grabada en 3 dimensiones. Si eso llama la atención, espera a esto; si divides una placa en 2 partes, cada una de ellas será capaz de reproducir la imagen entera. Y por cada división que hagas sucederá lo mismo. Esto es así porque cada punto de la placa guarda información de toda la imagen.

Hace unos meses, con un amigo nos planteábamos si, en realidad, a nosotros nos pasaba un fenómeno parecido a este. Acabábamos de terminar de ver Esto es ritmo. Allí, un profesor de danza, en base a una posición corporal, les decía a unos niños qué probabilidades tenían de triunfar en la vida. Es decir, algo tan puntual como extender bien los brazos, o la posición del mentón podían ser muy relevantes.

Paralelamente todos nos hemos encontrado con situaciones parecidas. De hecho, cada vez que conocemos a alguien decidimos de forma inconsciente si va a caernos bien o no en cuestión de un par de minutos. Y todo lo que, en realidad, podemos leer tiene su base en factores físicos; posición del cuerpo, facciones de la cara, estructura corporal… Y solemos equivocarnos poco…

Está claro que nosotros tenemos nuestra forma de ser y esa información se transmite a cada uno de los puntos de nuestro cuerpo y de nuestra forma de actuar frente a las cosas. Lo que yo me preguntaba era si no era posible que alguno de esos elementos pudiera ser contradictorio con nuestra verdadera forma de ser.

Mi conclusión es que no o, al menos, muy raramente. La gente que baila, como en el documental que antes citaba, transmite su actitud en la vida. Estoy seguro que alguien experimentado puede analizarlo y extraer conclusiones casi definitivas.

Y, como en el caso de los hologramas, si vamos dividiendo la tarea analizada en partes más pequeñas, la información sigue ahí en su totalidad. En el caso del baile, un sólo paso o una simple postura.

De esa manera, una persona que sepa leer el cuerpo hasta ese punto, puede deducir nuestra forma de trabajar, estudiar, escribir, o de divertirnos. Y no sólo eso, sino que el que nos ve trabajar, estudiar, escribir o divertirnos, puede deducir todo lo demás. O casi.

Esto tiene algo de desalentador porque todos tenemos aspectos que no nos gustan y que tratamos de evitar. Intentamos no hacerlos pero, sobre todo, de transmitir. Que la gente nos los vean.

Pero visto lo visto, parece inevitable que la gente que nos rodea perciba contiuamente cada uno de nuestros defectos y, eso sí, también de cada una de nuestras virtudes.

Hay una segunda pregunta, que casi me interesa más. Imaginemos que una persona poco segura tiende a no mantener la espalda recta. Si la endereza, ¿mejorará su seguridad?

No sé qué diría a este respecto un psicólogo. Yo intuyo que sí. Si los cambios pueden ir desde dentro hasta fuera, ¿por qué no podrían ir de fuera a dentro?

Igual que en las fotografías holográficas, somos un todo que se contiene en cada una de las cosas que hacemos o decimos. Mirarlo así me genera tanta fascinación como vértigo. Somos a la vez tan simples y tan complejos como un holograma.

Acceso ¿libre? a la cultura

En estos días en los que la cuestión del acceso a la cultura en internet está en las páginas (y a veces portadas) de todos los diarios, me parece pertinente tomar posición sobre este tema.

No han sido pocas las veces que me he significado a favor de las descargas. A mi, como concepto, ya me está bien tener tan a mano la posibilidad de ver/leer/escuchar lo que me apetezca just in time. Insisto en ello porque cuando no estás puesto en un extremo es fácil que algunos puedan perderlo de vista.

También he dicho muchas veces que ello requiere un matiz. Lo que, en realidad, me atrae, es que obliga a que todo se mueva mucho más rápido y como estoy convencido de que a la gente le sigue gustando que le cuenten cosas (sea en el soporte que sea), la industria acabará por encontrar modelo de negocio. Incluso me atrevo a decir que los que nos movemos en el ámbito de las nuevas tecnologías, tenemos claro, al menos, por donde debería intentarse.

Pero la industria todavía no lo tiene claro y hace todo lo posible por mantener el control de la situación. Aunque creo que se equivocan, entiendo que les de miedo dar el paso y, desde ese punto de vista, me parece razonable que no quieran que esto se les vaya de las manos.

La asociación de internautas, y la red en general entendida como el conjunto de sus usuarios “relevantes” han defendido que las medidas que se están tomando ponen en grave riesgo a la libertad de expresión o el modelo de negocio de algunos portales entre otros aspectos.

Uno de ellos es el acceso libre a la cultura. Según parece, el no poder descargar un film supone un recorte en la libertad del acceso a la cultura. Pero, ¿es eso verdad?

Analicemos con un mínimo de rigor qué significa acceso libre a la cultura. Este derecho es uno de los más importantes de las sociedades modernas y conlleva un buen puñado de cosas; educación para todos, universidades, no prohibición de publicaciones o películas, impedir la destrucción de ciertas obras arquitectónicas, literarias, escultóricas…

Visto desde este punto de vista es seguro uno de los derechos más importantes del ser humano y sólo después de algunos muy esenciales como el derecho a la vida. Así, el poder disfrutar de películas descargadas de internet no es sino una pequeña (pequeñísima) parte del sentido profundo de uno de nuestros mayores valores.

¿Qué significa libre? Libre significa que nadie por ningún tipo de razón tiene vetada la posibilidad de disfrutar de la obra artística. Implica universalidad. Nadie debería poder pararme en la puerta del museo del Prado por ningún motivo que no sea poner en riesgo las obras de arte que allí se exponen (o lo que es lo mismo, poner en riesgo el mismo derecho que exijo para mi).

Pero, ¿es lo mismo libre que gratis? No. Libre sólo significa lo que significa. Ni más ni menos.

Así pues, si la industria y el gobierno impideran de facto (algo imposible si no ofrecen algo mejor) las descargas ilegales, ¿estarían poniendo en riesgo el libre acceso a la cultura? En absoluto. Esas obras seguirían siendo accesibles libremente por cualquiera que quisiera verlas. Eso sí, previo pago en taquilla.

Para mi hay dos conclusiones importantes;

1º/ No podemos permitirnos el lujo de vanalizar conceptos tan importantes y trascendentes de nuestra sociedad para defender algo también de mucho valor pero que se situa lejos en relación a ello.

2º/ ¿No merecería la pena que defendieramos todo con más seriedad? Yo creo que sería positivo porque nos entenderían mejor. Cuando a mi padre le hablo del riesgo a perder libertad de expresión o de la limitación del acceso libre a la cultura me mira con cara rara. Soy consciente que en muchos ámbitos, cuando se reivindica algo, suele caerse en el lema fácil. Pero yo opino que es un error y aleja al que no está contigo.

La famosa disposición de la ley de economía sostenible es muchas cosas (un grave error irrealista, inaplicable, falaz), pero no pone en riesgo el acceso libre a la cutura. O hablamos con propiedad de las cosas o acabaremos por hacernos trampas al solitario.

La gente que me conoce sabe que siento auténtica fascinación por el personaje Jordi Pujol (no tan intensamente aunque también por su política y su obra de gobierno). Muchas veces pienso que, con independencia de las identificación que uno pueda sentir por él, ha conjuntado dos conceptos básicos en política que hace tiempo no veo en nuestro país; lideraje y decisión para tomar medidas más o menos populares.

El libro lo he leído en su lengua original; catalán. Desconozco si lo han traducido ya o no. De todas formas, hablaré de esta versión. Este segundo volumen está centrado en la época que se inicia en la transición hasta el 93, cuando el PSOE pierde la mayoría absoluta en Madrid y el papel de CiU toma relieve.

Es sabido que el libro se ha escrito en base a unas conversaciones y material que el expresident de la Generalitat ha pasado a Manel Cuyàs, director adjunto de El Punt y creo que íntimo amigo suyo. La mano y diligencia de Cuyàs se nota en la elección de las palabras, en el orden de las ideas y en la voluntad de aclarar hasta el último detalle. Tengo a Pujol por un personaje mucho más anárquico y apasionado. Pero, como lector, agradezco los esfuerzos por situar las cosas y por no dar por hecho que has leído el primer volumen.

En el fondo, el libro es un alegato en defensa de su obra de gobierno. Lo comprendo y, además, me parece lo razonable. En algún momento también deja escapar alguna autocrítica, pero de forma muy superficial. Insinúa que, a veces, la política te lleva a tomar decisiones contrarias a tu ideario, y en otros casos es categórico con su error, como cuando para no ayudar al PSOE, decidió dar libertad de voto frente a la entrada a la OTAN (probablemente provocando ello la derrota del referendum en catalunya).

Aún así, me hubiera gustado algún elemento más del tipo; aquí no llegamos (quizás porque no se pudo), aquí no negocié bien esto, o en esto perjudiqué los intereses de Catalunya y/o España. Y llega a molestarme algún punto del libro donde ataca al PSC asumiendo lo que este hubiera hecho en caso de gobernar. No creo que la figura de Pujol esté en discusión como para que haga falta algo así.

Acabarlo me ha dejado una sensación dual y contradictoria. Por un lado, hubiera agradecido algo más de “sangre” no con cosas que no pasaron sino con cosas que pasaron. Puntos conflictivos, con nombres y apellidos, crisis de gobierno, situaciones de tensión con Unió (que todos sabemos que hubo), o con el gobierno central… Es verdad que habla de las grandes crisis; Banca Catalana, los incendios del 94, el fracaso del proyecto reformista y cosas por el estilo.

Pero como catalán y como ciudadano le agradezco que los rencores se los haya guardado para él y no haya encendido el ventilador acusando al personal. Como persona me interesa mucho conocer los tejemanejes que se cuecen en la política pero sé positivamente que es malo para el país que alguien los saque a la luz.

Yo creo que el libro transmite los valores esenciales de la política pujolista o, al menos aquellos que él siente como propios (y he de decir que, en esencia, estoy de acuerdo en que eran la base de su política); un catalanismo no asentado sobre el conflicto sino sobre el respeto. Cree que España le debe más de lo que se le ha reconocido. Y doy fe que no siempre le ha venido bien desde el punto de vista electoral…

Al leerlo, no puedo evitar una cierta nostalgia. Sé que no todo era bueno ni en Catalunya ni en España. Pero tengo la sensación de que Pujol tenía los objetivos claros. Y, sobre ellos, hacía pivotar toda su política. No es crea que no aparecerán nunca más políticos como él (sería absurdo y, aunque de otro perfil, quizás Aguirre estaría en esta línea pero no puedo asegurarlo porque no conozco los detalles), pero hay que reconocer que a nivel estatal y a nivel catalán no tenemos ninguno a la vista.