Posts de tema libre

No hace mucho colgué la crítica del nuevo film de Clint Eastwood, que retrata cómo Nelson Mandela, tras ganar las elecciones en un país absolutamente dividido, utiliza el rugby como elemento integrador.

La película está muy bien ejecutada. Como digo en la crítica, me parece que es la “típica” de deportes en el sentido que Eastwood hace un cine muy clásico. Pero, a la vez, es “diferente”, dualidad contradictoria que suele darse en sus historias.

La película me hizo pensar en un debate que algunas veces he tenido con gente. Yo no conocía este aspecto del gobierno del mítico estadista africano, y es obvio que es una clara utilización del deporte con fines políticos. En cambio, la gente tiende a decir que deberían mantenerse siempre separadas.

Muchos sabéis (y si no os lo digo) que soy un enfermo de Barça y fue por allá finales de los 60’s el president Narcís de Carreras se atrevió a calificar al Barça de “más que un club”. Unos 5 años más tarde Agustí Montal lo popularizó utilizándolo como eslogan electoral de unas elecciones que, por cierto, ganó.

Esa frase tenía connotaciones políticas. Trataba de expresar que cuando el culé cantaba un gol, no era sólo eso lo que estaba celebrando, sino que era una forma de expresar el descontento con el régimen establecido y la idenficación con cierta forma de entender Catalunya.

Muchos culers seguimos considerando vigente esa identificación entre la catalanidad y el club. Pero a muchos les molesta porque consideran que no es legítimo por lo que comentaba de la separación de estos dos conceptos.

En cambio, Mandela no tuvo ningún reparo en hacer un uso político de una selección de rugby, que había sido símbolo de la opresión del apartheid. ¿También era ilegítimo que hiciera ese uso? Para mi, añade un elemento muy interesante al debate. No he tenido la oportunidad de compartirlo con nadie, así que no sé qué me contestaría alguien que criticara este aspecto del barcelonismo del que he hablado.

En mi opinión, Mandela hizo muy bien. La realidad es que la unidad entre deporte y política ha sido, es y seguirá siendo total. No en vano, la mayoría de los eventos deportivos más importantes se hacen bajo enseñas estrictamente políticas; las olimpiadas, el mundial de fútbol o la copa Davis… La gente es fiel a Nadal, Alonso, Héctor Barberá… La identificación sólo llega por un aspecto puramente político; prodecemos de la misma entelequia política.

Que la selección española gane la eurocopa no es un hecho políticamente neutro. Que los jugadores de baloncesto ganen un europeo y canten; “yo soy español” tampoco. Que los adjetivos que se utilizan para definir la selección (o las virtudes de un equipo) sean del tipo; casta, raza… tiene una carga ideológica evidente para quien quiera verla. Es así y lo que no veo por qué debería ser malo.

Mucho más sutil es la identificación entre otros clubes y sus territorios o la propia nación española. De todas maneras, debería ser significativo que en el Bernabeu y otros estadios hayan banderas españolas. También en ello hay una connotación política, esta no reconocida.seleccion española

La pregunta del millón es; ¿por qué en un caso se habla de uso político de un club y en el otro se ve como algo “normal”? Jordi Pujol me recordó en sus memorias un concepto que había olvidado; el nacionalismo banal, que es la forma de nacionalismo tan socialmente aceptada que no se percibe como tal.

Así, la aceptación como algo normal que cuando uno sigue el mundial se identifica con la selección de su país y no otra, o las simpatías por Alonso en vez de por otro piloto de la parrilla de otro país son dos expresiones naturales de esa forma banal de identificación. Y no sólo no es malo sino que despierta cierto sentido de identidad empático y positivo.

Os prometo que este post no nace con el objeto de que nadie se sienta molesto porque no estoy criticando nada. Al contrario, a mi me parece bien. Pero he de reconocer que me llama la atención poderosamente (y me molesta) la geometría variable de nuestra percepción de lo asumible de unos principios en función de la proximidad o lejanía de los nuestros.

Desinformación atómica

No tengo ni idea del nivel de follón que hay fuera de Catalunya con lo del centro de residuos radiactivos pero aquí tenemos un circo de los que impresionan. Es un debate que junta dos aspectos que he tocado en el blog; ciencia (este mes de agosto pasado) y comunicación, y me he decidido a tocarlo.

Lo primero que tenemos que aceptar entre todos es que la mayoría no tenemos ni la más remota idea de lo que es la radiactividad. No sabemos qué riesgos reales entraña ni con qué criterios se decide colocar en un sitio o un otro una instalación de estas características.

Si aceptamos esta premisa, lo primero (y con urgencia) que deberemos hacer es escuchar a las personas que saben del tema. Y todo el que hable debe acreditar que sabe lo que dice. No es suficiente significarse como pro o anti nuclear. No, no va de eso. Va de ir en serio y explicar las cosas como son.

Yo todos y cada uno de los expertos a los que he tenido acceso, ya sea por radio, televisión, prensa y medios científicos, dicen de forma unánime que el riesgo es casi inexistente. Digo casi porque el riesgo cero no existe en ningún ámbito.

Ayer incluso explicaban en la radio que en Holanda tienen un centro de estas características (que utiliza una tecnología de cristalización de residuos, cosa que no he oído que se fuera a hacer aquí, aunque lo desconozco) lo utilizan como centro cultural e, incluso, es visitado por colegios.

También escucho que dicen que los centros de desarrollo nuclear tienden a concentrarse. Es decir, que no tiene sentido montar este centro en un lugar que no haya aportado su “cuota de solidaridad nuclear”, sino que por puro sentido común, cuanto menos recorran los residuos, mejor para todos.

A esto hay que añadir que los residuos hasta ahora suben a Francia. Lo más seguro es mover los residuos en tren. Y se me ocurren pocos caminos férreos por los que puedan pasar esos residuos que no sea Tarragona.

Se utiliza como argumento a favor que eso sería un polo de atracción de población. Los contrarios aseguran que eso espanta a la gente. No tengo ni idea de si es una cosa u otra, aunque el dato de que Ascó ha ido perdiendo 18 habitantes cada año no demuestra nada. Al menos en solitario. Nadie sabe si hubiera perdido aún más población de no montar la central. Quizás si ese dato se pudiera comparar con otros…

Yo soy pro nuclear. Como digo, me faltan muchos elementos de juicio de valor. Aún así, creo que después de todo el discurso, que comparto, que quiere combatir las emisiones de CO2, lo más lógico hoy (con lo poco que sé) es la energía de fisión.

Acepto que no pueda compartirse este punto de vista. Lo que me parece intolerable es que aquí alla tantísima gente vendiendo que esto es peligrosísimo. Y me parece intolerable por lo que he dicho; los expertos, los respetados por la comunidad científica, dicen lo contrario.

Si estos tienen razón es una irresponsabilidad enorme asegurar lo contrario. Porque la coloquen donde la coloquen, habrá gente alrededor de ese centro de residuos. Gente que se preocupa por su salud, por la de sus hijos. Personas a las que estamos condicionando, que van a sufrir sin motivo.

Greenpeace (a los que he escuchado varias veces estos días) tienen todo el derecho del mundo y argumentos muy sólidos en contra de la energía nuclear; la vida de los residuos es uno de ellos. Pero jugar con los miedos de la gente es una irresponsabilidad cuando se sustenta sólo sobre una cuestión ideológica. La desinformación nunca es una buena opción.

Somos hologramas

Un holograma es una placa fotográfica que tiene la imagen grabada en 3 dimensiones. Si eso llama la atención, espera a esto; si divides una placa en 2 partes, cada una de ellas será capaz de reproducir la imagen entera. Y por cada división que hagas sucederá lo mismo. Esto es así porque cada punto de la placa guarda información de toda la imagen.

Hace unos meses, con un amigo nos planteábamos si, en realidad, a nosotros nos pasaba un fenómeno parecido a este. Acabábamos de terminar de ver Esto es ritmo. Allí, un profesor de danza, en base a una posición corporal, les decía a unos niños qué probabilidades tenían de triunfar en la vida. Es decir, algo tan puntual como extender bien los brazos, o la posición del mentón podían ser muy relevantes.

Paralelamente todos nos hemos encontrado con situaciones parecidas. De hecho, cada vez que conocemos a alguien decidimos de forma inconsciente si va a caernos bien o no en cuestión de un par de minutos. Y todo lo que, en realidad, podemos leer tiene su base en factores físicos; posición del cuerpo, facciones de la cara, estructura corporal… Y solemos equivocarnos poco…

Está claro que nosotros tenemos nuestra forma de ser y esa información se transmite a cada uno de los puntos de nuestro cuerpo y de nuestra forma de actuar frente a las cosas. Lo que yo me preguntaba era si no era posible que alguno de esos elementos pudiera ser contradictorio con nuestra verdadera forma de ser.

Mi conclusión es que no o, al menos, muy raramente. La gente que baila, como en el documental que antes citaba, transmite su actitud en la vida. Estoy seguro que alguien experimentado puede analizarlo y extraer conclusiones casi definitivas.

Y, como en el caso de los hologramas, si vamos dividiendo la tarea analizada en partes más pequeñas, la información sigue ahí en su totalidad. En el caso del baile, un sólo paso o una simple postura.

De esa manera, una persona que sepa leer el cuerpo hasta ese punto, puede deducir nuestra forma de trabajar, estudiar, escribir, o de divertirnos. Y no sólo eso, sino que el que nos ve trabajar, estudiar, escribir o divertirnos, puede deducir todo lo demás. O casi.

Esto tiene algo de desalentador porque todos tenemos aspectos que no nos gustan y que tratamos de evitar. Intentamos no hacerlos pero, sobre todo, de transmitir. Que la gente nos los vean.

Pero visto lo visto, parece inevitable que la gente que nos rodea perciba contiuamente cada uno de nuestros defectos y, eso sí, también de cada una de nuestras virtudes.

Hay una segunda pregunta, que casi me interesa más. Imaginemos que una persona poco segura tiende a no mantener la espalda recta. Si la endereza, ¿mejorará su seguridad?

No sé qué diría a este respecto un psicólogo. Yo intuyo que sí. Si los cambios pueden ir desde dentro hasta fuera, ¿por qué no podrían ir de fuera a dentro?

Igual que en las fotografías holográficas, somos un todo que se contiene en cada una de las cosas que hacemos o decimos. Mirarlo así me genera tanta fascinación como vértigo. Somos a la vez tan simples y tan complejos como un holograma.

Acceso ¿libre? a la cultura

En estos días en los que la cuestión del acceso a la cultura en internet está en las páginas (y a veces portadas) de todos los diarios, me parece pertinente tomar posición sobre este tema.

No han sido pocas las veces que me he significado a favor de las descargas. A mi, como concepto, ya me está bien tener tan a mano la posibilidad de ver/leer/escuchar lo que me apetezca just in time. Insisto en ello porque cuando no estás puesto en un extremo es fácil que algunos puedan perderlo de vista.

También he dicho muchas veces que ello requiere un matiz. Lo que, en realidad, me atrae, es que obliga a que todo se mueva mucho más rápido y como estoy convencido de que a la gente le sigue gustando que le cuenten cosas (sea en el soporte que sea), la industria acabará por encontrar modelo de negocio. Incluso me atrevo a decir que los que nos movemos en el ámbito de las nuevas tecnologías, tenemos claro, al menos, por donde debería intentarse.

Pero la industria todavía no lo tiene claro y hace todo lo posible por mantener el control de la situación. Aunque creo que se equivocan, entiendo que les de miedo dar el paso y, desde ese punto de vista, me parece razonable que no quieran que esto se les vaya de las manos.

La asociación de internautas, y la red en general entendida como el conjunto de sus usuarios “relevantes” han defendido que las medidas que se están tomando ponen en grave riesgo a la libertad de expresión o el modelo de negocio de algunos portales entre otros aspectos.

Uno de ellos es el acceso libre a la cultura. Según parece, el no poder descargar un film supone un recorte en la libertad del acceso a la cultura. Pero, ¿es eso verdad?

Analicemos con un mínimo de rigor qué significa acceso libre a la cultura. Este derecho es uno de los más importantes de las sociedades modernas y conlleva un buen puñado de cosas; educación para todos, universidades, no prohibición de publicaciones o películas, impedir la destrucción de ciertas obras arquitectónicas, literarias, escultóricas…

Visto desde este punto de vista es seguro uno de los derechos más importantes del ser humano y sólo después de algunos muy esenciales como el derecho a la vida. Así, el poder disfrutar de películas descargadas de internet no es sino una pequeña (pequeñísima) parte del sentido profundo de uno de nuestros mayores valores.

¿Qué significa libre? Libre significa que nadie por ningún tipo de razón tiene vetada la posibilidad de disfrutar de la obra artística. Implica universalidad. Nadie debería poder pararme en la puerta del museo del Prado por ningún motivo que no sea poner en riesgo las obras de arte que allí se exponen (o lo que es lo mismo, poner en riesgo el mismo derecho que exijo para mi).

Pero, ¿es lo mismo libre que gratis? No. Libre sólo significa lo que significa. Ni más ni menos.

Así pues, si la industria y el gobierno impideran de facto (algo imposible si no ofrecen algo mejor) las descargas ilegales, ¿estarían poniendo en riesgo el libre acceso a la cultura? En absoluto. Esas obras seguirían siendo accesibles libremente por cualquiera que quisiera verlas. Eso sí, previo pago en taquilla.

Para mi hay dos conclusiones importantes;

1º/ No podemos permitirnos el lujo de vanalizar conceptos tan importantes y trascendentes de nuestra sociedad para defender algo también de mucho valor pero que se situa lejos en relación a ello.

2º/ ¿No merecería la pena que defendieramos todo con más seriedad? Yo creo que sería positivo porque nos entenderían mejor. Cuando a mi padre le hablo del riesgo a perder libertad de expresión o de la limitación del acceso libre a la cultura me mira con cara rara. Soy consciente que en muchos ámbitos, cuando se reivindica algo, suele caerse en el lema fácil. Pero yo opino que es un error y aleja al que no está contigo.

La famosa disposición de la ley de economía sostenible es muchas cosas (un grave error irrealista, inaplicable, falaz), pero no pone en riesgo el acceso libre a la cutura. O hablamos con propiedad de las cosas o acabaremos por hacernos trampas al solitario.

La gente que me conoce sabe que siento auténtica fascinación por el personaje Jordi Pujol (no tan intensamente aunque también por su política y su obra de gobierno). Muchas veces pienso que, con independencia de las identificación que uno pueda sentir por él, ha conjuntado dos conceptos básicos en política que hace tiempo no veo en nuestro país; lideraje y decisión para tomar medidas más o menos populares.

El libro lo he leído en su lengua original; catalán. Desconozco si lo han traducido ya o no. De todas formas, hablaré de esta versión. Este segundo volumen está centrado en la época que se inicia en la transición hasta el 93, cuando el PSOE pierde la mayoría absoluta en Madrid y el papel de CiU toma relieve.

Es sabido que el libro se ha escrito en base a unas conversaciones y material que el expresident de la Generalitat ha pasado a Manel Cuyàs, director adjunto de El Punt y creo que íntimo amigo suyo. La mano y diligencia de Cuyàs se nota en la elección de las palabras, en el orden de las ideas y en la voluntad de aclarar hasta el último detalle. Tengo a Pujol por un personaje mucho más anárquico y apasionado. Pero, como lector, agradezco los esfuerzos por situar las cosas y por no dar por hecho que has leído el primer volumen.

En el fondo, el libro es un alegato en defensa de su obra de gobierno. Lo comprendo y, además, me parece lo razonable. En algún momento también deja escapar alguna autocrítica, pero de forma muy superficial. Insinúa que, a veces, la política te lleva a tomar decisiones contrarias a tu ideario, y en otros casos es categórico con su error, como cuando para no ayudar al PSOE, decidió dar libertad de voto frente a la entrada a la OTAN (probablemente provocando ello la derrota del referendum en catalunya).

Aún así, me hubiera gustado algún elemento más del tipo; aquí no llegamos (quizás porque no se pudo), aquí no negocié bien esto, o en esto perjudiqué los intereses de Catalunya y/o España. Y llega a molestarme algún punto del libro donde ataca al PSC asumiendo lo que este hubiera hecho en caso de gobernar. No creo que la figura de Pujol esté en discusión como para que haga falta algo así.

Acabarlo me ha dejado una sensación dual y contradictoria. Por un lado, hubiera agradecido algo más de “sangre” no con cosas que no pasaron sino con cosas que pasaron. Puntos conflictivos, con nombres y apellidos, crisis de gobierno, situaciones de tensión con Unió (que todos sabemos que hubo), o con el gobierno central… Es verdad que habla de las grandes crisis; Banca Catalana, los incendios del 94, el fracaso del proyecto reformista y cosas por el estilo.

Pero como catalán y como ciudadano le agradezco que los rencores se los haya guardado para él y no haya encendido el ventilador acusando al personal. Como persona me interesa mucho conocer los tejemanejes que se cuecen en la política pero sé positivamente que es malo para el país que alguien los saque a la luz.

Yo creo que el libro transmite los valores esenciales de la política pujolista o, al menos aquellos que él siente como propios (y he de decir que, en esencia, estoy de acuerdo en que eran la base de su política); un catalanismo no asentado sobre el conflicto sino sobre el respeto. Cree que España le debe más de lo que se le ha reconocido. Y doy fe que no siempre le ha venido bien desde el punto de vista electoral…

Al leerlo, no puedo evitar una cierta nostalgia. Sé que no todo era bueno ni en Catalunya ni en España. Pero tengo la sensación de que Pujol tenía los objetivos claros. Y, sobre ellos, hacía pivotar toda su política. No es crea que no aparecerán nunca más políticos como él (sería absurdo y, aunque de otro perfil, quizás Aguirre estaría en esta línea pero no puedo asegurarlo porque no conozco los detalles), pero hay que reconocer que a nivel estatal y a nivel catalán no tenemos ninguno a la vista.

Las verdades inexistentes

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Esta semana me han dado una noticia de esas que te ponen los pelos de punta; un familiar muy joven le han detectado una de esas enfermedades que da miedo pronunciar. Por fortuna, parece que no hay nada que temer más allá de una operación sin más riesgos de la cuenta.

Así que, después de un buen susto, es inevitable que surjan diversos tipos de reflexiones todas de gran calado. Te preguntas mil cosas acerca de la persona afectada, de tu relación con él, de cómo hubiera afectado a la familia de haber revestido la gravedad que otros casos tienen. E incluso, algunas conversaciones que en su momento parecían casi banales, toman un relieve diferente y una trascendencia difícil de asumir.

Y también surgen preguntas y reflexiones más personales. Me quiero parar en una. Cuando sufrimos un trago como este, el desasosiego hace casi inevitable pensar en “la fragilidad de la vida” y, sobre todo, en “debería ser capaz de disfrutar de los pequeños momentos”.

Y, de repente, me surge la pregunta; casi todos pensamos en los “pequeños momentos” cuando el miedo llama a nuestra puerta. Un miedo real, consistente. Que te hace consciente de que puedes perder algo muy valioso y a lo que no le has dado demasiada importancia porque la das por descontada. ¿Cómo podemos ignorar en la vida diaria algo tan obvio? Y no llego a demasiadas conclusiones, sino más bien a otro buen puñado de preguntas.

¿Cuáles son esas pequeñas cosas? Solemos relacionarlas con elementos cotidianos, por definición tibios pero con un punto positivo. Al levantarnos por las mañanas y encontrar a alguien al otro lado de la cama, a poder calentar la taza de leche de nuestro hijo, al café con nuestros padres, o a una cerveza con los amigos. El problema es que, cuando las vivimos en presente, son signo de que toca ir a trabajar, de que los niños acaban por ocupar el muy escaso tiempo personal agotando nuestras energías, de que tienes demasiadas obligaciones familiares o que justo el día que hemos quedado para la cerveza estamos tremendamente cansados del trabajo de toda la semana. Parece pues, que es una especie de defecto congénito.

Por otro lado, el ser humano es un animal ambicioso. Estamos diseñados para, una vez tenemos satisfechas ciertas necesidades, buscar nuevos retos. Una vez tenemos pareja, familia, amigos, un trabajo, intentamos aprender cosas nuevas, una casa más cómoda, un sueldo más alto… Parece que olvidamos que lo realmente importante es poder comer y gente que nos quiera, pero porque lo asumimos como algo básico. Eso nos hace crecer y, visto así, no parece malo.

Entonces, ¿descuidamos las cosas importantes? ¿Realmente son las cosas pequeñas las que tienen valor? Y llego a dos conclusiones;

- Sólo nos damos cuenta del valor de las “cosas pequeñas” cuando nos topamos con una “cosa grande” negativa. Es decir, necesitamos que pase algo enorme para ser conscientes de la importancia de lo pequeño. Es una de las mayores contradicciones con la que nos topamos en la vida.

- No recuerdo ningún momento “pequeño” importante en el que no fuera especialmente feliz, lo que le hace abandonar su papel de suceso “pequeño”. El catálogo, en realidad, es muy pequeño. Aquella canción que escuchaste en ciertas circunstancias, o aquel día que, tumbado en un descampado saliendo del invierno, el sol te calentaba lo justo para sentirte en un estado de confor increíble.

Si es una lección que hemos “aprendido” tantas veces, ¿por qué la olvidamos tan facilmente? A mi sólo se me ocurre una respuesta; en realidad las “cosas pequeñas” no son tan importantes como decimos. Al menos no lo son más que las “cosas grandes”. Las cosas pequeñas son imprescindibles, te permiten sobrevivir. Pero no se trata de eso; queremos ser felices. Y las pequeñas cosas, aunque hablemos mucho de “la felicidad de los momentos pequeños” es una verdad vacía, inexistente.

Sin las cervezas con los amigos seríamos muy infelices, pero lo que nos hace vibrar es ir a hacer puenting con ellos. Imagino que es fantástico calentarle la leche cada mañana a tu hijo, pero lo que enorgullece a los padres es el primer paso, las primeras palabras, o la entrada en la universidad.

Estos días le he dado muchas vueltas al tema y no estoy muy seguro de qué pienso. Realmente es una cuestión dolorosa. Ojalá esta vez sea capaz de asumir la importancia de esos “momentos pequeños” pero, ¿podré? ¿Aprenderé la lección esta vez? ¿O debo seguir aspirando más allá de lo “pequeño”?

Modificar las leyes ad hoc

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Volviendo de la oficina he escuchado que la Generalitat de Catalunya modificará el decreto que le permite otorgar las creus de Sant Jordi para que, también, pueda derogarlas. Y todo ello para poder retirársela al ahora denostado Fèlix Millet por el escándalo del Palau de la Música.

Para los que no estéis del todo situados, la creu de Sant Jordi es, en teoría, la mayor distinción que otorga la Generalitat a personalidades de gran honorabilidad de la sociedad catalana. Nació con el espíritu de poner de relieve a gente que pudiera servir de modelo para el resto de la sociedad. En pleno inicio del pujolismo, se consideró que era bueno subir a los altares a mucha gente. Y ello ha llevado, a la larga, a una cierta banalización de la distinción.

Pero ahora resulta que hemos distinguido a un tipo, por lo visto con una gran capacidad seductora, que ha aprovechado el apellido de su familia para llenarse el bolsillo. El govern le ha pedido que lo devuelva pero, como no parece dispuesto a ello, pretenden modificar el decreto lo más rápido posible para crear el mecanismo de revocación de la distinción.

Como concepto, a mi me parece bien que a Millet se le retire. Pero eso de modificar una ley… No soy ningún experto y pido perdón de antemano si cometo alguna incorrección en conceptos jurídicos. Pero me parece evidente que es una modificación ad hoc. De hecho, así lo ha expresado el conseller Baltasar después de anunciar sus intenciones; “estamos pensando en el caso Millet”.

La pregunta es; ¿es democrático modificar una ley para perjudicar a una persona? Aquí no se trata de si este tipejo merece alguna consideración por nuestra parte. Los jueces harán su trabajo y él ha confesado, así que no dudo que recibirá la pena que se merece. Pero el hecho de que Millet me revuelva el estómago no justifica cambiar la ley.

Es cierto que algunas veces nos damos cuenta que alguna ley no la hemos articulado todo lo bien que deberíamos y, después de una desgracia, hemos procedido a hacer cambios. Pero hay una diferencia sustancial; eso no ha afectado a los implicados en el caso en cuestión.

Recuerdo que hace años que salieron unos nazis en informe semanal haciendo apología de la xenofobia. El escándalo fue tal que se modificó la ley para que fuera un delito. Pero aquellos chicos salieron libres porque ellos no habían cometido ningún delito. Y es lo justo.

Si hay una diferencia importante entre la democracia y los sistemas totalitarios es, precisamente, que la ley no puede utilizarse ni a favor de uno ni en contra de nadie. ¿No os parece que este es un caso evidente? ¿Dónde está nuestra talla democrática si permitimos este juego? ¿Dónde están los límites?

No es el único caso que hemos vivido en democracia y en algunos casos hablamos de leyes muy importantes. Y antes de que nos convenzan de que merece la pena modificar una ley porque perjudica objetivamente a nuestros enemigos como sociedad (violentos, ladrones, aprovechados…) preguntémonos si no estamos a cambio cediendo parte de nuestra pequeña parcela de democracia.

Melodías disonantes en Catalunya

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Sabéis que de tanto en tanto (muy de tanto en tanto) cuelgo algún post de política, que es una de esas pasiones reprimidas en mi vida virtual pero muy presente en real. Y a falta de un año para las elecciones de mi comunidad, me muero de ganas de explicar, desde el punto de vista más desafectado que puedo, cómo veo las futuras elecciones.

La pregunta clave de las próximas elecciones catalanas creo que está muy clara; ¿será el tripartit capaz de reeditar la mayoría absoluta? Sobre ese eje, trataré de sacar la bola de cristal e intuir qué es lo que puede suceder.

Montilla tenía dos grandes frentes; reducir los conflictos en el seno del govern y que el sector maragallista del PSC no se levantara en armas.

Pero sus socios están en plena crisis interna, haciendo que algunos afecten a la vida del gobierno. Tanto el independentismo de ERC como el ecocomunismo de Iniciativa son difíciles de realizar en la obra de 4 años de un gobierno. Sus discursos poco posibilistas les penalizan cuando toman las riendas porque frustra las expectativas de sus votantes.

IC cambia de candidato; Joan Herrera, un tipo joven, dinámico y muy inteligente. Pero la consellería de interior, una propuesta envenenada de Montilla, yo creo que les va a pasar factura. Y muy cara.

Esquerra además ha sufrido en su interior un cisma que acabó con la candidatura de Carod-Rovira. Pero cuidado, porque aunque en España trate de pintarse a Carod como un inútil, cometen un grave error. Confunden su fobia ideológica con el independentismo (le atacan por cosas tan peregrinas como que su padre era Guardia Civil) con la inteligencia del personaje. Yo creo que esto expone al fracaso a su rival Puigcercós. Es una jugada arriesgada pero puede que la única salida del tarraconense.

A todo ello se añade Reagrupament. Aquí me la juego, pero estoy seguro que Joan Laporta encabezará la lista. Parece obvio que Laporta tiene (legítimas) ambiciones políticas. Es independentista y no le veo de segundo en ningún partido. Tampoco veo ningún partido aceptando un advenedizo. Laporta en un partido grande creo que se estrellaría, pero en uno pequeño puede dar la sorpresa.

En cambio, Montilla parece haber tenido más éxito en el interior de su partido. Este parece estar controlado por el propio president y los capitanes (el sector  más españolista). Los maragallistas (por llamarlos de algún modo, los más catalanistas y federalistas) no están muy por la labor de enfrentarse. Pero el éxito no es pleno. Antoni Castells, conseller de economía, no ha tenido problemas en decir claramente que está dispuesto a plantarse frente al gobierno central si este no cumple.

¿Por qué el conseller Castells se permite este lujo? En mi opinión por dos cosas; Tiene una imagen buena en todo el espectro político, lo que lo refuerza en la centralidad. Además, es uno de los fuertes del sector catalanista del partido. Aunque esto es especular, podría estar posicionándose para suceder a Montilla en caso de que este se estrelle en las próximas elecciones. Puede que Castells esté descontando que la crisis los va a hacer saltar del gobierno.

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Todo ello creo que pasará factura al tripartit. ¿Garantiza eso la victoria de CiU? El partido catalanista de centro derecha corre el riesgo de volver a alzar el signo de la victoria a la vez que agacha la cabeza. La imagen de Mas no es buena, el PSC tratará de vender que pactarán con el PP (algo muy negativo para su imagen), y Unió da un regusto conservador que no ayuda. Además, tiene un problema latente y es que las nuevas hornadas están abandonando el posibilismo pujolista y se están abrazando al independentismo, lo que genera una crisis en el discurso.

Aún así, creo que ganarán, con opciones de gobernar y, sobre todo, sin posible reedición del tripartit. Sus posibles socios pueden ser 3; ERC, Reagrupament y, claro, el PP.

¿Estará el PP en condiciones de “ayudar” a CiU? CiU tiene que andar con mucho cuidado si pacta con ellos porque una excesiva dependencia puede ser un suicidio político.

Pero por escaños, no creo que el PP varíe mucho su número de representantes. Ciutadants tiene muchas tensiones internas y la cobertura que le dieron algunos medios (sobre todo El Mundo y la COPE) están amortizados; en mi opinión, acabar con Josep Piqué. Tampoco creo que el PP recupere los escaños y podrían ir a la pujante Rosa Díez y UPyD, con un discurso parecido al del partido de Ribera.

En el fondo, el riesgo es el mismo que el de hace 3 años; centrar el discurso sobre las relaciones Catalunya-España cuando les llega uno con un discurso más contundente que el suyo. Por eso creo que los resultados para el PP pueden ser similares.

¿Sobre qué girará el debate pre-electoral? No espero nada interesante en cuanto a propuestas. En eso ya ando desengañado. Yo creo que habrá dos grandes temas; el posible pacto CiU-PP y la corrupción.felix millet

El PSC tratará de inocular la semilla del miedo a la reedición del pacto entre los partidos de centro derecha, lo que obligará a CiU a garantizar o que no pactarán pase lo que pase, o a que no aceptará presiones “españolistas” por parte de nadie. Eso, a la práctica obligará a los convergents a recordar al PSC su dependencia del PSOE (cosa que no es costosa para estos) y dificultará el encuentro con los populares.

Sobre la corrupción algo me dice que vamos a hablar de Millet mucho durante el próximo año. El hecho que Millet estuviera dispuesto a financiar desde las FAES hasta al líder del PI me hace sospechar que todos los partidos (no todas las personas, ni siquiera la mayoría) pueden acabar encontrando muertos en sus armarios. Dudo que eso evite que, a cada nuevo escándalo, lo aprovechen para tirarse trastos a la cabeza.

Mucho me temo que el próximo año va a ser un cúmulo de melodías disonantes que alejarán un poco más a la sociedad de sus representantes. Pero esa melodía dará las claves para entender si Montilla es capaz de aguantar el chaparrón, si pasa a la oposición o si acaba con su carrera política. Entre sus acordes vislumbraremos si las sucesivas victorias insuficientes de Mas acaban por dar su fruto o si acaban por sepultarlo y si eso supondría la escalada del hijo del president Pujol. Alguno de sus arpegios responderán si cuando Carod dejó la candidatura envenenada a Puigcercós estaba o no haciendo gala a su (desconocida en España) capacidad estratégica.

La coda final de esta sinfonía es una de las más importantes y con mayores consecuencias de la historia moderna de Catalunya causando cambios de liderazgo y entradas y salidas de grupos del parlament. Dudo que tras ella llegue una melodía harmoniosa, pero lo que es seguro es que gane quien gane, será muy diferente a la que venimos oyendo desde hace 6 años.

Hace cosa de 1 mes y medio un amigo y yo teníamos que montar una despedida de soltero. Por circunstancias que ahora no vienen al caso, tuvimos que organizarlo en muy poco tiempo; una semana. Así que una tarde, nos dedicamos a llamar a sitios a ver si nos lo aceptaban.

Acabamos contactando con eventosporbarcelona.com, que es una web el beso eventos bcn. La cosa es que hablé yo personalmente con Daniel Arévalo, que creo que es el dueño de la empresa. Me dijo lo que incluía (streap tease, cena, discoteca, espectáculo de humor…) y el precio. Me preguntó cuántos seríamos y yo le dije que entre 6 y 8. Y no puso ninguna objeción.

El día que llega el momento, éramos 6. Y empezaron los problemas. Según él había reservado 8 personas y ahora no se podía echar atrás. Yo le dije ese no era nuestro problema y que, in situ, volveríamos a hablar del tema.

Cuando llegó la noche nos cobraron 8. La chica que se ocupó de nosotros en la despedida de soltero, Ruth, creo que hizo bien su trabajo. Respecto a ella no tengo ninguna queja. Según él, le costaría más dinero del que le pagábamos si no pagábamos los 8. Pero yo voy a contaros la verdad del asunto.

La verdad es que a mi en el restaurante me sirvieron 6 cubiertos. ¿Tengo que creerme que ellos pagaron 8? Ni en broma. Es más, uno de los de la mesa, bastante cabreado por la situación, pidió un cubierto más y nos llamaron la atención. ¿Sabéis eso qué significa? Que eventos por barcelona o, lo que es lo mismo, el beso eventos bcn, se ha embolsado los dos cubiertos que no consumimos.

La verdad es que fuímos a una discoteca y nos dieron 6 pases, no 8. ¿Quiere que me crea que él pagó 8?

Aquí básicamente hay dos problemas;

El primero es que Daniel de eventosporbarcelona me dio a entender que, con todo esto, él podía acabar perdiendo dinero y es mentira. No voy a quejarme de que alguien gane dinero. Al fin y al cabo, ellos te dan un servicio y tú puedes contratarlo o no. Pero la honradez debería ir por delante de este tipo de cosas. No hace ninguna falta mentir y, por cierto, da una idea de su ética.

Y segundo y más importante; Si yo le dije que a la despedida de soltero iríamos entre 6 a 8 y con 8 hace negocio y con 6 no, sólo tenía que haberme dicho; u 8 o nada. Pero no. Él decidió montarlo para 8 y así se llevaba 2 limpios en caso de no cubrir las plazas. Pudo haberse equivocado, pero alguien que se equivoca asume responsabilidades. No fue el caso.

Yo no hubiera tenido ningún problema en pagar 8 personas si hubiera sido eso lo que hubiera pedido. Pero repito que el error fue de él y de eventos por barcelona/el beso eventos.

Os preguntaréis por qué no hicimos nada. Pues porque había una paga y señal pagada y, si nos ponemos duros; ¿qué hubiera pasado con la despedida? ¿Armamos un jaleo y le jorobamos a nuestro amigo el asunto?

No tengo ni idea de si todas las empresas que se dedican a organizar despedidas de soltero actúan igual. El hecho es que yo me he encontrado con problemas con esta y quería utilizar mi blog para denunciarlo. A partir de ahí, que cada uno decida si contratarlo o no.

No hace mucho, trataba de escribir un post desde mi móvil. Es verdad que es un trasto bastante viejo, pero tiene un teclado separado de la pantalla y lo bastante grande como para que escribir no sea un esfuerzo demasiado grande.

Cuando lo acabé, estaba orgulloso de lo que había escrito. Pensé que había podido aprovechar bien el tiempo del viaje. Y entonces llegué a la oficina…

Lo que me encontré al releerlo en el PC era un telegrama al que sólo le faltaban los STOPS. Los párrafos eran frases, y las frases dificilmente superaban las 7 u 8 palabras.

Creo que es una obviedad que el medio condiciona al escribir. No escribimos igual sobre papel, en un ordenador o en el móvil. Y eso abre un debate interesante; Con el incremento enorme de nuevas tecnologías que permiten escribir (sms, pda, formularios y comentarios online, nanobloging…) se están “creando”, a su vez, nuevas formas de redactar. Pero, ¿está empobreciendo el lenguaje ese proceso?

Hay opiniones para todos los gustos; los unos dicen que los niños se están acostumbrando a que, en vez de escribir “qu”, escribir “k”, que donde ponían una “h” ahora, simplemente, no está. Otros se preguntan si todo eso, en realidad, tiene no tanta importancia y que, cuando necesiten escribir como “toca”, lo saben hacer.

Personalmente, aunque sí que creo que hay un cierto empobrecimiento a la hora de escribir, no comparto para nada la idea de que los niños tienen menos recursos de los que tenían. Suele enmarcarse este “problema” en uno mucho más global en el que el eje del discurso es; “se ha perdido la cultura del esfuerzo” que es, para mi, uno de los mayores errores a la hora de afrontar un problema que se me ocurren. Como dijo hace poco en un artículo en La Vanguardia Salvador Cardús, no es la cultura del esfuerzo la que se ha perdido, sino la recompensa a ese esfuerzo.

Todo esto me lleva a que tendremos diversas formas de escribir en función del medio a través del cual transmitamos el mensaje. Al final, lo importante es comunicarse; cuando alguien quiera escribir una carta, novela o lo que sea que requiera unos mínimos estándares de escritura, los cumplirá. El que, por el contrario, se vea limitado, ya sea por el número de caracteres o por la “comodidad” del aparato a través del cual se transmita la información, intentará comprimir al máximo su texto.

Obviamente que habrá influencias y que algunas de las fórmulas que utilizamos en estas nuevas tecnologías, acabarán por adoptarse mayoritariamente en los textos “formales”. Pero eso no tiene por qué ser malo necesariamente.

Por lo que a mi respecta, la próxima vez que trate de escribir un texto (post) en un medio (el móvil) que no sea para el que está destinado (la web), intentaré tener presente las diferencias.