Alberto Lacasa

Reflexiones sobre televisión y cine

Posts tagged descargas ilegales

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Campañas antipirateo en vídeo

El IPR Center, que es un ente estatal norteamericano que centra sus esfuerzos en proteger los derechos intelectuales, ha hecho una campaña de vídeo muy interesante.

En mi opinión, la propuesta es utilizar los códigos de la red para evitar, precisamente, aquello que la red provoca.

A mi me parece que la solución a todo esto va a llegar por la vía de la mejora  de la oferta de los creadores de contenido. Pero que, mientras tanto, imaginen cómo llegar a los corazones de los internautas, me gusta.

 

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Derechos de autor y la nueva ley de economía sostenible

He intentado hablar poco del tema porque yo no he leído la letra pequeña de la ley y me parece poco responsable lanzar proclamas a favor o en contra de algo que no conoces bien. En mi opinión, hay demasiado ruído alrededor; demasiado discurso victimista por parte de la industria y demasiado relato facilón por parte de los internautas.

Cuando llegó Ángeles González-Sinde al ministerio pedí que se le diera algo de tiempo. Como a todos, me parecía poco probable que tuviera una actitud constructiva pero yo creo que la red demostró ser igual de intolerante. No la habían nombrado que ya la insultaban sólo porque se dedicaba al mundo del cine.

Pero el hecho cierto es que, al final, el trabajo de la ministra ha llegado a transformarse en una ley (o en una parte de ella). Y, quien más quien menos, ya sabe que la ley prevé la posibilidad de la creación de una comisión mixta entre el ministerio y la sociedad de autores que permitiría el cierre de páginas web de forma preventiva si se considera que hay indicios de un uso lesivo en contra de los creadores.

El debate es complejo. He dicho muchas veces que es inaceptable que muchos usuarios sientan que tienen el derecho (casi divino) de ver/escuchar/leer lo que sea sin necesidad que los creadores reciban un rédito por ello. Y los argumentos suelen ser de traca; “para lo que hacen, quien va a pagar”, “yo es que primero la veo descargada y decido si voy al cine”, o la ya mítica “cine español no se descarga nadie por lo malo que es”. Y con eso y un bizcocho, ya les basta para calmar su conciencia.

Pero la industria cae en lo mismo; resulta que tienen derecho a cobrar un canon (con el que no estoy del todo en desacuerdo). Y ese canon se puede grabar a todo el mundo, de manera que a veces la pagamos por duplicado y triplicado; si vamos a una zapatería que tiene una radio puesta, aquí paga canon la zapatería, la radio y el fabricante del aparato. Total, que cuando me compre mis mocasines nuevos, pagaré 3 veces el canon.

Dicho todo esto; que una comisión creada por el ministerio de cultura y por la sociedad de autores tenga potestad para cerrar una web de forma preventiva me parece lamentable y peligroso.

En primer lugar, hay que reconocer que, por lo que han anunciado, no cerrarán nada de buenas a primeras, sino que avisarán antes de actuar y solicitarán que se elimine el contenido susceptible de ser considerado propiedad de alguien.

Pero el hecho cierto es que entraña una complejidad enorme. Portales como youtube, a los que la gente le sube contenidos de forma libre, o portales con un modelo de negocio en los que haya puestos de trabajo en juego que, para cuando el juez decidiera que no se ha violentado ningún derecho, ya estarían en quiebra.

Yo, en realidad, estoy muy tranquilo. Mi opinión es que esta ley no es realista y cuando algo no lo es, la realidad suele ocuparse de ajustar las cosas al terreno de lo lógico. Así que no tengo ni idea de con qué ánimo inician todo esto pero estoy convencido de cómo va a acabar; en agua de borrajas.

Si ahora la comisión se vuelve loca y empieza a tomar medidas contra portales generarán psicosis. Pero, a la vez, ganarán en impopularidad. Eso no le sienta bien a ningún gobierno. Sumado a lo difícil que es cumplirla y el clima económico que tenemos que hace difícil aceptar según qué aventuras impopulares, no veo que vayan a poder llevarlo demasiado allá.

Yo dije que a Sinde había que darle un tiempo. Ahora creo que ya ha demostrado su incapacidad para entender por qué las cosas son como son. La industria y el gobierno siguen cerrando los ojos frente a la realidad. Tarde o temprano buscarán soluciones realistas. Tiempo al tiempo.

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Un poquito de por favor

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Decía Karl Marx que, cuando a una realidad asentada llamada tesis, se le presentaba un grupo dispuesto a negar esa realidad (antítesis) se generaba un enfrentamiento o revolución que acababa llevando a una síntesis; una especie de negación de la negación. Y parece que estamos encadenados a esa forma de relacionarnos con el conflicto.

No escapa a esa estructura lo que ahora está sucediendo con la ley de economía sostenible de marras. Dejando de lado que esta ley, por lo que dicen, traerá algunas buenas noticias (creación de empresas en 24 horas y con un coste ridículo), en internet ha hecho estallar la indignación que bien puede acabar significando un serio cambio de statu quo.

En primer lugar, me gustaría hacer constar que no entiendo la ley y que, por tanto, dificilmente puedo aderirme o posicionarme en contra. Pero sí que he leído muchas cosas. Por un lado, el gobierno asegura que no pretende hacerse daño a ningún usuario ni ninguna web que use contenido con copyright sino a webs que hagan negocio con ello. Y yo, en esto, podría estar de acuerdo.

Los otros dicen que no tiene sentido preparar tanta artillería para un número tan limitado de webs y que el objetivo es crear una comisión (si no he entendido mal) mixta entre la SGAE y el ministerio de cultura que podría cerrar preventivamente webs sin necesidad de una orden judicial. Si esto es así, por mucho que digan la ministra que sólo van a por los que hacen negocio, me parece una situación que puede patinar con facilidad al terreno de la caza de brujas.

En segundo lugar, y a consecuencia de estas interpretaciones tan dispares, las posiciones, más que radicalizarse (ya lo estaban), se han reforzado. Y tengo la sensación de haber escuchado cosas que ya antes, en otros temas y ámbitos, había visto. Gente que pregona su predisposición a negociar y, a la práctica, hacen ostentación de intransigencia frente algunas injusticias.

Todo se ha llevado a un terreno de buenos y malos (tesis y antítesis) donde me niego a identificarme plenamente con ninguna de las dos posturas. Twitter, estos días, se ha llenado de mensajes del tipo “Ramoncín, caca”, “libre circulación de conocimiento (y mucha retórica vacía de contenido), guay”. Supongo que estamos todos un poco “calientes”, pero estoy seguro que todos entendemos que la cosa es bastante más compleja.

En uno de los lados de la mesa parecemos tener una industria que pretende mantener una situación que va en contra de la dinámica de las cosas. Demonizan las descargas y pretenden hacernos sentir como criminales cuando descargamos cosas de internet con anuncios ridículos que, más bien, incentivan mis ganas de hacer sacar humo a mi emule.

La industria puede decir lo que quiera, puede llorar tanto como aguanten sus lagrimales. Pero la realidad es que, si tiras una pelota al cielo, esta vuelve a caer. Y no, la industria no va a conseguir alcanzar la velocidad de escape de la atmósfera.

Respecto a los contenidos (ya sean libros, películas o lo que se les ocurra y sea digitalizable) no hay alternativa. Tienen una competencia que los canibaliza porque los contenidos, en realidad, los han creado ellos; el P2P y los servidores streaming que no controlan. Así que u ofrecen algo mejor que ellos, o acabarán por ahogarse. A mi sólo se me ocurre una alternativa; que ellos mismos que ofrezcan estos servicios (con más calidad incluída y ya veremos si con algún modelo freemium).

Todo esto es tan obvio que el sentido común me dice que la industria ya es consciente. Pero, entonces, ¿por qué no lo hacen? Creo que se juntan dos factores; Por un lado temen a una tecnología que no dominan. En realidad, han de competir en algo que aquellos que les están poniendo dificultades conocen mucho mejor. Por otro, suponiendo que lo hicieran todo bien, deben temer que aún no haya una garantía clara de igualar los ingresos que ahora perciben. Y razón no les falta.

Así, yo interpreto todo este proceso como la intención de ganar tiempo. Pero, como decía, time is over. Hagan lo que hagan, amenacen con lo que amenacen, la gente va a seguir descargándose películas siempre que para conseguir la versión “oficial” tengan que pagar y la “pirata” se la ofrezcan gratis. Más allá de si es justo o no y de si es legal o no, es la decisión económicamente racional como consumidor.

Y entonces llegan los usuarios de la red. ¿Los usuarios? No, los que estaban en aquella reunión no eran usuarios sino gente muy vinculada desde el punto de vista profesional a la red. Tampoco podía ser de otra manera. Pero han de ser conscientes de que no son representativos de lo que es la red (y muchos lo han aceptado abiertamente). Ellos hablan de unos supuestos derechos “fundamentales”, de compartir lo que me venga en gana. Por cierto, ¿os habéis fijado que ahora usamos para todo eso de los derechos fundamentales?

La cosa es que, según nosotros, o sea, los  internautas en general, tenemos una especie de derecho natural a compartir lo que nos dé la gana. Y algunos de los argumentos son casi para echarse a reir. Que si “las películas que la gente se descarga no son españolas”, que si “la música que hace tal o cual es tan mala que por eso la gente se la descarga gratis”, que “aprendan del open source”, que “la SGAE chupa la sangre a pobres comerciantes que lo único que quieren es escuchar por la mañana a Luis del Olmo” o que “en la vida pagarían para ir a ver tal mierda de película al cine”. Y de aquí, triple salto mortal para ganarse la legitimidad para descargar lo que les plazca.

Y todo esto lo dicen personas que su trabajo (y esto es muy importante) no es “descargable” a un click. Está muy bien que algunos programadores decidan dedicar parte de su tiempo a programar software libre. Pero estoy seguro que cuando hacen un servicio específico a un cliente no aceptarían de ningún modo que ese código se licenciara. Y ahí reside la clave; es el programador el que decide qué comparte y qué no. Y como ellos, consultores, contables, gerentes, o comerciales.

¿Por qué los generadores de contenido no pueden hacer lo mismo? ¿Por qué ellos están obligados a compartir su trabajo gratis? Joan Planas tiene razón cuando dice los que defienden lo free tendrían que potenciar creadores que trabajan en creative commons (como, por cierto, él hace) y no tirar siempre de los creadores que libremente, deciden que quieren cobrar por lo que hacen.

Si alguien considera que una película como Mentiras y gordas apunta a bodrio insufrible yo le doy la solución; no hace falta que la descargue. Se ahorrará luz, ADSL y lo más valioso, 2 horas de su tiempo. Pero es una desfachatez descargarla, verla y luego decir; “es tan mala que no pagaría por ella”. ¡Pues no la veas! Pero, así como los programadores podían decidir qué era open source y qué no, ¿qué les queda a los productores de Mentiras y gordas si hago una descarga no controlada?

Con todo, también estoy de acuerdo con Joan en que, mientras acusamos de ladrones a los creadores que generan lo que disfrutamos (aunque algunos masocas decidan descargar cosas que no les gustan), otros se enriquecen del valor que estos generan. Me da igual quién tiene razón si Gonzalo o él en el debate que han mantenido respecto a si los proveedores de ADSL son o no distribuidores en el sentido clásico de la palabra. Lo que sí sé con seguridad es que yo no pagaría el ADSL que tengo si no fuera porque hay contenido interesante. Y creo que esto va más allá de si es o no un mercado regulado.

No quiero ser un cínico. Yo también me descargo cosas y la mayoría de nosotros lo hacemos. Pero todo esto me recuerda un poco a cuando me subo al metro y a mi lado alguien se cuela con aire triunfal sin pagar. Se me queda una cara de tonto que no puedo con ella porque sé que le estoy pagando el billete. Igual que cuando voy al cine, como fui anteayer a ver In the loop, sé que también pago la entrada de todos los que se la descargan.

Estamos en tiempos de un cambio de gran calado y puede que sea inevitable la dialéctica revolucionaria extremista que bascula entre la tesis y la antítesis. Es probable que sea gracias a estas posiciones que rozan lo fundamentalista sobre lo que edifiquemos el nuevo orden sintético. Pero yo no puedo evitar sentirme distante de estas dos visiones tan sesgadas. Quizás soy yo el que no está poniendo mi granito de arena. O quizás es que a muchos les falta un cierto sentido de la perspectiva.

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Versión original en series

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Aunque suelo dar la batalla por perdida, muchas veces trato de convencer a la gente que ver películas (y, por qué no) televisión en versión original es una buena idea. Ellos suelen tener la impresión que, de hacerlo, se pierden buena parte de lo que pasa porque no pueden “ver” las imágenes. Pero, en mi opinión se equivocan.

Si eres de los que opinan así, imagínate que eres el director de la película. ¿En qué incidirías más a la hora de exigir a tus actores? Obviamente las caras y los gestos. Pero, ¿no sería para ti muy importante cómo dicen las cosas? Honestamente, el trabajo de un actor es en, por lo menos, un 50%, la entonación.

Y lo que sucede cuando se dobla una película, por bien que se haga, es que hay un director de doblaje que no tiene por qué tener la misma visión del proyecto que el verdadero director de la obra. Además, los sonidos pasan a sonar enlatados, artificiosos. Hasta tal punto que, cuando te acostumbras a la versión original, el doblaje que distrae continuamente de la historia.

Pero ahora parece que muchos de ellos, la necesidad de estar a la última en las series que siguen, ya sea Lost, Anatomía de Grey o Battlestar Galactica, pasa por encima del miedo a la versión original. Y eso pasa por hacer cosas ilegales 😉 y verlo subtitulado.

Quizás eso dé una oportunidad real a la versión original en nuestro país, muy acostumbrado al “cómodo” doblaje. Y para los que aún no os hayáis atrevido, os garantizo que, en cuanto hayáis visto un par de episodios (o películas) veréis que vuestra capacidad de “leer” y “ver lo que pasa” aumenta. Y es que no se leen subtítulos como se leen libros. Pero ese ya es otro tema.

¡Ah! Y otro argumento falaz es aquel que alguna vez me han dicho; “claro, tú como entiendes el inglés.” Bueno, pues ni mi inglés es tan bueno como para entenderlo absolutamente todo, ni me restringo a ver películas en inglés. De hecho, veo mucho cine europeo en sueco, alemán, italiano, rumano (que ahora está bastante de moda), e incluso coreano, japonés… ¿Por qué no iba a hacerlo?

Los que aún no os hayáis atrevido, os recomiendo que lo probéis con alguna de estas películas en inglés que hablan poco y corren mucho (de acción) y le déis 3 ó 4 películas de margen. El resultado os satisfará, ya lo veréis.

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Para acabar con la piratería

piratas

El debate de acabar con la piratería empieza a sonar a gastado, pero parece que los creadores de contenido prefieren protestar por lo injusta que es la vida. Bueno, eso es lo que hacen en público, porque estoy convencido que en privado deben estar moviendo ficha, aunque sea lentamente. Pero, por si acaso, vamos a repetir otra vez la solución.

El sector tiene un problema; ellos crean un producto que otros distribuyen de forma gratuita por la red. Y entonces el negocio muere. Frente a eso, sólo son capaces de hacer dos cosas; quejarse porque es muy injusto que ellos creen un contenido que es lo que de verdad aporta valor a la red, y otros (las operadoras como telefónica) son las que hacen el negocio con las tarifas de ADSL (algo de razón tienen). Y si no hacen eso, señalan unos supuestos valores añadidos a la sala de cine que muy pocos ven (eso reflejan las audiencias de las salas).

A la gente, en general, le pasas una copia con una imagen pixelada y con un audio con mucho ruído, y les da igual. Luego el discurso de la sala se tiene que acabar. Como alguna vez ha dicho Àlex Gorina, lo más probable es que las salas pasen a ser casi una atracción. Algo parecido a como hoy vamos al Imax. Pero que ni en broma será el lugar donde la gente irá a ver sus ficciones favoritas.

Sólo hay una solución que pare esta sangría. Y cuanto antes lo hagan, mejor para todos. Ofrecer algo que sea mejor que ese “gratuíto” de la red. Si ahora quieres descargarte algo, tienes que tener una cierta previsión (cada vez menos, es cierto). Luego, ofrece inmediatez. Si lo quieres ver, lo ves. Y la manera de ofrecer eso es con streaming. Lo que hace youtube, vamos.

Estoy seguro que, por contenidos muy premium, de mucho interés social (tipo Harry Potter) y en producciones minoritarias pero para sibaritas del cine, la gente estará dispuesta a pagar pequeñas cantidades de dinero, pero creo que en este país no estamos acostumbrados a pagar por los contenidos audiovisuales. Así que me decanto porque la mayoría de los contenidos llevarán publicidad. Eso sí, si la publicidad que llevan es como la que ahora hacen en televisión (creo que son 20 minutos por hora), la gente seguirá descargándose las cosas porque eso es insoportable.

Según en una entrevista publicada en El Pais a Al Lieberman, profesor de marketing de el programa de Entretenimiento, Medios y Tecnología de la Universidad de Nueva York (algo sabrá este tipo, digo yo), y que descubro gracias al blog de Gonzalo Martín, la industria americana ya ha aprendido del error que cometió el sector de la musica. Y no quieren caer en lo mismo con lo audiovisual.

Y, a la vez, en webwire TV, han publicado un artículo en el que hablan de imitar el modelo que ofrecen en la música Spotify, Last.fm, o We7. Y, de hecho, pone como ejemplos de eso el canal de la BBC (iPlayer), la experiencia de Channel 4 con 4oD, y Hulu, que vienen a ofrecer ese servicio. Hollywood también está arrancando su propio proyecto, un servicio de HD para películas.

Yo estoy convencido que es cuestión de tiempo porque parece que cae por propio peso. Cuánto tardarán no en darse cuenta sino en aceptarlo, ya no lo sé.

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J. J. Abrams entiende el sector

lost

Lost, la serie ideada por J. J. Abrams, se ha convertido en parte de la mitología de nuestra sociedad. Abrams ha sabido conectar con cierta generación, en un lenguaje que entiende y que le resulta atractivo. Sus tramas, sus saltos en el tiempo en forma de flash backs y flash forwards, sus triángulos relacionales, y su estructura basada en la teoría de las mistery boxes, la han convertido en una de las series más innovadoras de la historia de la televisión.

No es el único ámbito donde es un referente. También se ha convertido en punta de lanza de las descargas… ¿ilegales? Los fans no americanos, una vez emitido un episodio en USA, pueden acceder a él con softwares de descarga sólo una hora después. En seguida aparecen también los subtítulos generados por los propios usuarios. En otras palabras, los espectadores colaboran para facilitar la distribución de los contenidos.

Frente a eso, pueden optarse por dos caminos; el primero es lanzar una lucha absurda contra el pirateo que acabará por perderse. La segunda es ofrecer, por lo menos, algo lo más parecido posible a lo que ofrece la red. Abrams ha optado por la segunda y, de cara a la sexta y última temporada de la serie, los capítulos van a emitirse con el mínimo decalaje entre los otros países y USA. Claro que algunos seguirán optando por verla cuanto antes mejor, pero estoy seguro que muchos preferirán verla doblada y en la televisión. Y el último episodio va a emitirse en todos los países el mismo día. Lo celebrarán ellos podrán controlar todas las visualizaciones. Lo celebraremos nosotros, que podremos verlo de forma inmediata en nuestras pantallas.

Creo que es un paso en la dirección adecuada. Sin duda, internet seguirá ofreciendo algo que la televisión aún no puede hacer; ver lo que quieres cuando quieres. Pero hay una clara voluntad de acercarse lo máximo a las necesidades del espectador, que quiere consumir, cuanto antes, cada uno de sus episodios.

Aunque lo dudo, espero que esto sirva para que algunos se den cuenta de cuál es el camino.

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González-Sinde no es tan mala opción

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Por fin se ha concretado la crisis de gobierno que, desde hace un buen puñado de meses, parecía evidente que se iba  a producir. La cosa está tan tensa, con un PP preparado (yo creo que ahora sí) para lanzarse al asalto del gobierno tan pronto como pueda, que los golpes han empezado a caerle con dureza ya al PSOE casi antes de la entrega de carteras.

La más polémica en la red es la de Ángeles González-Sinde, que asumirá la cartera de Cultura. No hacen falta muchas presentaciones, pero a grandes trazos diría que viene de una familia muy vinculada al mundo del cine, ya que su padre José María fue productor y primer presidente de la Academia del Cine, donde ella ostentaba el cargo hasta ayer, y su hermano, que es asistente de dirección.

Como presidenta de la Academia, guionista y directora, se ha significado a favor del canon digital y en contra del P2P. Así que el nombramiento ha sido recibido en la red casi como una afrenta. Bloggeros tan relevantes como Enrique Dans o grupos en facebook como el Ángeles González-Sinde pírate se han levantado considerando esto como una afrenta del gobierno a la libre circulación de archivos por la red.

La industria no está queriendo aceptar lo que ya es una realidad. La gente se descarga películas de forma gratuíta, si no consideramos el pago del ADSL. Quieran o no, nuestra forma de consumir ficción ha cambiado para siempre y cada vez va a ser más difícil encontrar a gente dispuesta a pagar por algo que ya reciben de forma gratuíta en su casa. El resto de valores que teóricamente aporta la sala (ambiente, sonido, tamaño y calidad de imagen…) son cosas que, parece obvio, la gente no valora. Así que da igual que lo repitan (repitamos algunos) hasta la saciedad. Hay que aceptarlo.

Pero independientemente de eso, ¿qué esperan los internautas? ¿un ministro de cultura que se enfrente a la industria? ¿Insinuan que, de ser ellos el presidente, pondrían a un ministro contrario al canon? Yo creo que no. Entre otras cosas porque provocaría muchísimas tensiones inútiles. Y digo inútiles porque tanto da qué diga el ministro de turno o los anuncios absurdos que pongan antes de las películas. La gente seguirá practicando la “piratería”.

Lo que le debemos reclamar a la ministra es que nos escuche, que entienda por qué se está produciendo esta situación y que ayude a la industria en esa reconversión imprescindible para su supervivencia. No me estoy refiriendo a subvenciones, sino a una cuestión más de acompañamiento si la industria así lo reclama.

Es cierto que, desde mi punto de vista, ha demostrado su ignorancia sobre este y otros temas culturales. De hecho, Ángeles apoyó ese engendro partidista que fue el manifiesto en defensa de la lengua. Y cuando dijo “hay autonomías donde los niños saben desenvolverse sólo en su lengua materna”, o se refiere a los manchegos, o tiene muy poco conocimiento sobre la realidad cultural del país, algo grave ostentando el cargo que ocupa.

Pero a pesar de todo ello, González-Sinde me parece, a priori, de personalidad tranquila. Mucho más que su antecesor, César Antonio Molina, que siempre me resultó algo intolerante. Y ese es un buen principio.

Igual que he dicho que no puedes poner un ministro contrario a la industria, también creo que ella es consciente que no puede ponerse en contra de la gente para defender ciertas cosas.Y ya ha empezado a dar pasos en esa dirección. No es que la aplauda, es que me congratulo de que aplique puro sentido común, cosa no siempre presente en nuestros políticos.

Si después su trabajo no nos parece bien, ya le cantaremos las cuarenta, confío que con algo más de elegancia de lo que lo estamos haciendo ahora. Mientras tanto, démosle algo de tiempo y no pretendamos que sea ella sola quien cambie el statu quo actual. Paciencia y realismo.