Alberto Lacasa

Reflexiones sobre televisión y cine

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twin peaks (2); influencias

Para entender twin peaks, como con casi todas las series o películas, es importante entender el contexto en el que se produce. Y, en este caso, los dos motivos más importantes a tener en cuenta son; las series de la época y el propio autor.

En aquel momento, triunfaban dos series que también han sido capaces de quedarse en el imaginario incluso de aquellos que no las vimos apenas; “Santa Bárbara” y “Dallas”. Eran dos culebrones que presentaban a unos personajes que, no sólo se vanagloriaban de ser malos sino que, incluso, resultaban glamurosos. Vivían envueltos en riqueza, en el american dream al que aspiramos casi sin darnos cuenta.

Siempre digo que David Lynch, junto con Tarantino, son las dos mayores recicladoras de mierda. Y me explico. Sus influencias tienden a ser subproductos de serie b, la mayoría aborrecibles desde el minuto 1. Y, en cambio, consiguen convertirlo en algo interesante y atractivo. Al menos para mí 😉

En este caso, Lynch juega a la contraposición. Toma la idea de poner a la serie el nombre de una ciudad, pero la convierte en una antiutopía, en un lugar siniestro. Donde había viñedos, coloca chimeneas humeantes. Donde había ricos, coloca a estridentes personajes. Donde había luz, aparecen tinieblas. Donde había música “triunfal”, escuchamos música inquietante. Como muestra, os paso las caretas de las 3 series para que comparéis;

Por otro lado, hay un aspecto muy interesante en la segunda temporada. Los que no la hayáis visto, ojo porque voy a contar cosas. Y vaya por delante que no he acabado de ver la serie, así que cuidado con lo que me ponéis 😛

Si os fijáis, en la segunda temporada, el asesinato de Laura Palmer actúa como un selluelo para luego entrar en el tema que de verdad parece interesarle a Lynch; los ovnis o espíritus o lo que demonios sea. En el capítulo 7 descubrimos al asesino y en el 8 muere, por cierto, en uno de los momentos más increíbles. Pero ojo, porque durante esos primeros capítulos plantea las bases de lo que viene detrás. Este concepto, el de hacer seguir al espectador un elemento de escasa relevancia, lo “inventó” uno de los más grandes genios; Alfred Hitchcock. Es lo que llamó Mcguffin. Hay una película de Hitchcock donde lo utiliza de una forma similar a esta, descubriendo al espectador que la importancia está en otro lugar a media película; “psicosis”.  Cuando empieza la historia, pensamos que nos cuenta cómo una joven escapa de la policía después de robar una maleta llena de dinero (este es el mcguffin). A media película la matan y descubrimos que lo realmente imporante es el hostal y sus “inquilinos”!!!

Por otro lado, uno de los momentos sobresalientes, como me dijo David, es el momento en el que se conoce al asesino. Allí se produce un juego muy interesante, mostrando indistintamente al “espíritu” que controla la voluntad del padre de Laura, y al padre mismo. ¿Os recuerda a una película? Si! Al final de “psicosis”!! Curioso puente, ¿no os parece?

Junto con este momento de cambio (alrededor del 8), que también se produce de alguna manera en la primera temporada en el capítulo 3 y el entierro de Laura, no sólo hay un cambio en el tema central de la serie, sino en casi todas las tramas, que pasan de mal a peor. Y llama la atención porque en muchas de ellas se produce aquello que los personajes deseaban. Y acaba por convertirse en una pesadilla. El caso paradigmático es el del dueño de la gasolinera, casado con una maniacodepresiva, y enamorado de la camarera de la cafetería. Como espectador, llegas a pensar que, a poco que su mujer fuera algo positiva, él lo llevaría mejor. Y, efectivamente, el cambio se produce. Y se convierte en una adolescente fogosa que es mucho peor que la anterior.

El planteamiento me encanta, aunque he de decir que los últimos capítulos que he visto, tras la solución del caso, no me parecen tan buenos (voy por el 15). Ya os contaré qué me parece lo que queda y la película. Eso sí, “fire walk with me” por siempre más.

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twin peaks (1); el estilo

Cuando estrenaron Twin Peaks, yo tenía 11 años y, la verdad, me atraía muy poco. Con el tiempo conocí a David Lynch, que creó la historia y, durante mucho tiempo me dije que tenía que recuperarla. Por fin lo he hecho y ha sido una de las experiencias más brutales que he tenido.

Quiero dedicarle un par de posts, el primero sobre el estilo de la serie y el segundo de las influencias.

Yo creo que David Lynch tiene 3 etapas muy diferentes. Al principio, sus películas eran muy oscuras y difíciles de ver, en el sentido de que resultaban casi dolorosas, como los cortos “six heads getting sick”, “grandmother” o la película “cabeza borradora”. Poco a poco, sus historias se fueron aclarando y haciéndose más “normales”; es la época de “corazón salvaje” o “terciopelo azul”. La última, de unos años para acá, está volviéndose otra vez muy oscuro y con tramas muy difíciles de desentrañar, como en “mulholland drive” o “inland empire”.

Pues bien, Twin Peaks se enmarca justo en la segunda época, en la menos atrevida y más comprensible para el gran público. Los personajes, aunque histriónicos, resultan por lo menos plausibles. A mi me encanta el personaje del agente especial Cooper (Kyle MacLachlan), el protagonista, que navega entre lo genial en sus deducciones y lo absurdo de sus observaciones en lo que no tiene que ver con la investigación (el cariño que, de repente, coge a los árboles, la equivocada percepción que tiene al principio respecto a la gente del pueblo, la intervención de los sueños en sus decisiones…). Hay otro personaje muy importante, Diane, que sólo aparece de forma indirecta citada en las cintas que Cooper va grabando a lo largo de la serie (he de decir que estoy en la segunda temporada y quizás aparece después).

Además, hay montones de elementos lynchianos; la habitación onírica de color rojo con el enano, la mujer que acuna entre sus brazos a un tronco, la adolescente sexualmente precoz con tintes vougeristas,…

En general, Lynch siempre cuida mucho la música, y la serie no es una excepción. Simplificando, van apareciendo 3 temas constantemente que refuerzan las situaciones; una de tono cómico, otra de tono emocional (ya sea triste, ya sea porque resuelve una situación amorosa…) y otra de tono angustioso. Aprovecha a la perfección las posibilidades que le da este recurso narrativo para marcar mejor el ritmo de la historia.

En la primera temporada creo que hay una escena que es la clave. En los primeros 3 capítulos, percibimos un pueblo donde parece que no pasa nada, donde la muerte de una adolescente es un hecho aislado en una especie de remanso de paz. Así se encarga de recondárnoslo Cooper constantemente (llega a plantearse comprarse una casa). Pero en el entierro de Laura Palmer todo se destapa, todo el dolor supura, y las heridas mal cerradas vierten más dolor del que nadie pudiera imaginar.

Quería aprovechar para analizar una de las escenas, el momento en el que los padres de Laura descubren que ella ha muerto. Os la pongo;

Vaya por delante una aclaración que puede resultar obvia, pero no lo es tanto. El cine (y la ficción en tv) es, sobre todo, imagen. Lo que quiere decir que, salvo honrosas excepciones, los diálogos que lo dicen todo, aburren. Un buen guion no es, como mucha gente piensa, unos grandes diálogos (que también) sino aquel que se entiende prescindiendo de ellos. Y en este caso se aprecia donde la conversación es casi irrelevante.

La madre busca a Laura y esta, lógicamente no aparece. El padre está a punto de cerrar un negocio bastante importante. Y la madre llama. El padre está feliz, las cosas le van bien. Sarah, la madre, pregunta; “está laura contigo?”. Nosotros ya sabemos que ha muerto. Y cuando, a la vez que se dice esa frase, vemos llegar el coche de policía por la ventana somos conscientes de cómo va a acabar todo. Por cierto, es una gran fórmula para hacer participar al espectador, que piensa “ui, ui, uiiii…”.

De fondo, un sonido grave pero constante, mantiene la tensión a flor de piel. El padre intenta tranquilizar a la madre; seguro que está con Bobby. Pero nosotros estamos viendo cómo el policía se acerca con malas noticias.

Y el policía entra. Nosotros no lo vemos, pero lo sabemos porque hemos escuchado la puerta y, además, el padre mira en esa dirección. Mientras le dice a su mujer; “take it easy” (tranquilizate). Lynch alarga la secuencia mostrando un plano del policía preguntando por el padre. A priori es innecesario. Nosotros ya sabemos qué anda buscando. Pero de esa forma genera alarga nuestro sufrimiento como espectadores. Y vuelva a ver al padre. Sólo con la frase; “sheriff thruman” entendemos que el padre ha entendido. Casi se le ha escapado. Y su mujer, al otro lado, lo escucha. Y los nervios empiezan a apoderarse de ella. Se genera una tensión magistral con muy pocos detalles.

Y todo empieza a tomar cuerpo; la madre empieza a decir “oh, dios mio”, el padre deja el teléfono poco a poco, y el sheriff se quita el sombrero, signo inequívoco de que va a dar una mala noticia. Mientras la madre se pone histérica, vemos que el padre se prepara para el golpe con el simple movimiento de ponerse de pie.  Y la conversación de a continuación es una obra maestra;

El sheriff pone su mano en el hombro del padre rompiendo la distancia y el padre dice antes de que le pueda decir nada; “es sobre laura”. Casi una afirmación. “eso me temo”. ¡Aquí nadie ha dicho “laura ha muerto” y hay una tensión increíble! La música se transforma en la melodía de “dolor”. Y todo se derrumba. El padre suelta el teléfono y, al otro lado, su mujer escucha el golpe. Es su forma de decirle (sin palabras) que su hija ha muerto. Comprendemos que la madre lo ha entendido cuando dice; “mi pequeña”. Y chilla.

Para acabar de dar la última puntilla, aparece el socio del padre semienfadado porque no ha traído los contratos. Es un truco de guión para acentuar el dolor. Pero entiende que algo pasa y, mientras la música sube de volumen, el padre dice ahora sí, por fin; “mi hija ha muerto”.

Para cerrar la escena, vuelve la música de intriga, mientras vemos el teléfono descolgado y escuchamos el último grito desgarrador de la madre. Ese teléfono, suelto, casi olvidado, dice mucho más que mostrar directamente a la madre destrozada. Da profundidad a la narración, realza el siguiente plano y es una metáfora mucho más interesante.

Me parece de una delicadeza increíble. Dos minutos que son una auténtica joya de la historia de la televisión.