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“Origen” de Christopher Nolan

Christopher Nolan suele introducirnos en un cosmos oscuro, con toques siniestros, a la vez que los acompaña de espectaculares e imposibles movimientos de cámara que nos transportan casi inevitablemente a un mundo imposible. Allí donde las coordenadas que rigen nuestro mundo tienden a cruzarse enmarañadamente hasta tener más proximidad a nuestros sueños que a la realidad que estos usan como combustible para crear sus realidades paralelas.

En Origen (Inception), Nolan deja de enmascarar ese mundo detrás de un personaje de cómic y nos muestra directamente ese mundo que tantas veces había recreado (ya sea en forma de sueño, ya sea, las más, en forma de pesadilla). Y lo hace con cierta destreza.origen

Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es un ladrón con una curiosa técnica. Es capaz de entrar en la mente de la gente mientras duerme, de manera que, sin ser conscientes, sus víctimas explican sus secretos más valiosos. Pero a Dom lo contratan para hacer justo lo contrario: introducir una idea en la mente de alguien sin que este sea consciente de ello a cambio de recuperar a sus hijos, de los que tuvo que separarse por motivos algo oscuros.

Aunque se perfilan algunas reflexiones interesantes (como el libre albedrío) no es una película que se preocupe demasiado de su vertiente más filosófica. Más bien, se aprovecha de esta para la dramatización y para llevar las situaciones aún más al límite.

Chritopher Nolan, en Origen, no hace más que ser fiel a su particular estilo de hacer cine: historia que evita los convencionalismos en su estructura y, cómo no, sus referencias unas veces más explícitas que otras, a nuestro inconsciente. Por ejemplo, en Batman origen, no parece casual, vista con perspectiva su carrera, que el malvado del film sea un espantapájaros, uno de los más conocidos arquetipos jungnianos.

En este caso, la exploración es mucho más profunda. Y juega con la herramienta narrativa más interesante que le daba el sueño. Los sueños son cortas fases de cuando dormimos de apenas unos minutos de duración y que, en cambio, nosotros percibimos que duran mucho más. Eso, sumado a los diferentes grados de profundidad psicológica bien traídos a su terreno, le da unas posibilidades enormes.

Por último, añadiría sin entrar en detalles, las mezclas que en los sueños se produce entre la “realidad” del sueño y la “realidad” real como cuando soñamos que caemos de un precipio y, en realidad, nos hemos caído de la cama.

Todo este cocktel viene acompañado de una plantilla de actores de un nivel muy alto: Leonardo DiCaprio, Marion Cotillard, Cillian Murphy,  Michael Caine… Al único que no acabo de ver en su papel es a Joseph Gordon-Levitt, el protagonista de 500 días juntos.

Visualmente es espectacular. El hecho de que se trate de sueños le da una libertad creativa sin límites y que Christopher Nolan aprovecha. Tiene ese punto algo barroco de El señor de los anillos en una historia contemporánea que no se ahorra algún homenaje, como un descenso de esquiadores al más puro estilo James Bond.

Si no la has visto, no te recomiendo que sigas. Eso sí, cuando lo hayas hecho, ¡vuelve a acabarlo!

Respecto a los sueños, me gustaría concretar algunos aspectos redundando en cosas que antes he comentado. El juego entre realidad y sueño le da a Origen muchas posibilidades. Yo destacaría 3:

Cuando vimos Lost, nos hicieron disfrutar con un elegante juego entre los flash backs y los flash forwards para acabar descubriéndonos lo que se ha popularizado como flash sideway. Los flash sideways consisten en mostrar dos historias que están sucediendo simultáneamente para los mismos personajes. Lo que nos pareció entonces una novedad, resulta que ahora también lo explora Origen.

Pero yo diría que estos flash sideways son, incluso, más interesantes que los de Lost porque, como si tuvieran vasos comunicantes, interactúan entre ellos. Y ahí reside su fuerza. Aquello que sucede en un estadio superior de conciencia afecta irremediablemente a los estados inferiores. Para redondearlo, cada una de estas realidades paralelas requieren también de un final que será simultáneo para cada una de las tramas que se abren. De tal manera que el clímax, necesariamente, ha de llegar en el mismo momento a todas.

Por último, destacaría un hecho más que interesante. En principio, contar una historia significa contar una serie de hechos ligados entre ellos de forma causal. Es decir, aquello que estamos viendo en un momento dado del film se produce a causa de lo que hemos visto inmediatamente antes estableciendo una relación de causa-efecto hasta que llegamos al final.

Pero en Origen estamos en el mundo de los sueños, donde todo es posible. Cada sueño es como una nueva película, con su principio este no causado. Y donde las cosas más inverosímiles (como situaciones agravitacionales o donde la muerte no implica más que subir a un estado superior) pueden producirse. Eso le permite a Nolan justificar ciertas incongruencias por el camino sin que las visagras de la narración rechinen.

Y más importante que eso: convierte el Deus ex machina en causal. Un Deus ex machina es algo que sucede en una narración sin justificarse. No deberían usarse nunca porque suelen utilizarse para “salvar” al héroe cuando está en una situación de la que él sólo no podría salir. ¿Qué interés tendría una película en la que supiéramos que, en un caso extremo, el héroe podría llamar a una corte de ángeles para que le sacaran del atoyadero?

Lo curioso es que en Origen eso sí está permitido. De repente el Deus ex machina está causado por el mundo en el que nos hemos introducido. Es un Deus ex machina causal. Te preguntarás por qué a este freaky le preocupa tanto que las cosas puedan pasar porque sí. Pues sencillamente porque, conforme nos acostumbramos a que las cosas no requieran de una explicación previa, estamos aumentando drásticamente las posibilidades narrativas de nuestras historias.

Algunos (la mayoría) han intentado romperlas pero con poco oficio. Es un deporte de riesgo. La crítica puede destrozarte y el público salir de sala sin haber entendido nada de lo que trataban de contarle. Pero Nolan lo hace con un gran acierto consciente de hasta dónde puede llevar esta potente herramienta narrativa.

Para acabar, destacaría el plano final donde, con sutileza, se juega con una dualidad que ha acompañado toda la película. Al dejar la peonza danzando sin que caiga rendida sobre la mesa, no podemos evitar preguntarnos aquello que ya se formuló en Matrix o Paul Watzlawick hace años en su famoso libro ¿Es real la realidad?


En definitiva, Origen es una de esas pocas películas de acción y trepidantes que merece la pena ir a ver al cine. Su potencia visual sólo es alcanzada por su muy buena narración y por unos personajes muy bien trabajados. Una pieza para dejarse llevar.

La chica del tren

Basada en un hecho real, La chica del tren nos cuenta la historia de una joven que, en la búsqueda de la aceptación de su entorno, se inventa una agresión. El problema es que saltará a los medios de comunicación y se le escapará de las manos.

Muchas películas, cuando abordan un tema, cometen el error de focalizarse demasiado en el conflicto. Eso les arrastra a dar una visión superficial de aquello que abordan. Y cubren el interés propio del tema de un paralizante maniqueísmo.la chica del tren

El caso de la chica del tren no es ese. Los personajes tienen vidas muy definidas, con muchos elementos enriquecedores en torno al conflicto. Y esa es justamente su debilidad. Son tantas las cuestiones que aborda y tan fuertes que el núcleo de su narración queda diluído casi a una mera anécdota.

La historia arranca con el encuentro patinando entre la joven protagonista y un atractivo atleta de lucha griega. Es ahí justamente donde el director, André Téchiné, da con su mejor arma. La resolución visual de ese primer encuentro es de una enorme belleza.

Ese saber hacer se extiende a lo largo de todo el film pero nunca llegará a los niveles de los primeros minutos. Pero todo ello se verá compensado por un enorme trabajo de Catherine Deneuve y Michel Blanc. Sus interpretaciones y la elaboración de sus personajes es de lo más interesante.

Como decía, el gran problema llega con el guion. Advierto que no me estoy refiriendo a los diálogos (que son sólo una parte pequeña de ese trabajo) sino a la evidente dispersión que padecen sus algo mas de 100 minutos.

Cada uno de los conflictos que el film aborda dan para una nueva película. De tal forma que el interés se diluye e impide profundizar en ninguno de ellos hasta las cotas que, como espectadores, esperamos de él.

Advierto que a partir de este momento voy a explicar cosas que quizás no quieras saber.

Yendo un poco más al fondo de la cuestión, expongamos cuántas subtramas aborda el film a un nivel parecido; la relación amorosa entre la chica y el atleta, la relación entre el abogado y la madre, el intento de asesinato que padece el deportista e, incluso, la relación entre la chica y el niño.

Son demasiados temas a abordar, demasiado interesantes todos ellos, que centrifugan nuestra atención y el tiempo que el director le presta a lo que, de verdad, debería de ser sustancial: una joven que quiere encontrar la estima en la compasión.

Es evidente que la cuestión central del film (la falsa paliza a una joven en el metro por un grupo de nazis y el antisemitismo de Francia) dan para muchas horas del película. Es también cuestión central que los personajes no sean meros arquetipos si nuestro objetivo es abordar tal temática.

Pero, ¿de verdad había necesidad de afrontar una historia de mafiosos para llegar al corazón de la trama? ¿De verdad ayuda a comprender mejor los motivos de la protagonista a pesar de intentar mantenerlos velados a través de una cortina que sólo nos deja entrar en parte en su psicología? Me atrevería a decir que no.

Por otro lado, el film pasa de puntillas sobre la reacción de los medios de comunicación y el interés que tiene que, incluso un presidente de la república pueda llegar a presentar su solidaridad sin apenas pruebas. Toda esa hipocresía y esa concepción simplista del mundo no es abordada.

Asumiendo estos problemas que tiene el guion, el casting, aunque bien hecho, acaba por demoler las bases narrativas. La fuerza interpretativa de Catherine y Michel es tan fuerte que su verdadera protagonista (Emilie Dequenne) queda totalmente eclipsada.

En fin, diría que La chica del tren abre una puerta a una temática poco tratada en el cine y que no ha sido capaz de cerrar. Me deja con las ganas de ir más allá. Veremos si, con el tiempo, alguien tomará sus elementos y los combinará con más acierto.

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Ingrid

Casi sin darnos cuenta, las redes sociales online están afectando de una manera o de otra las creaciones audiovisuales. Y la nueva película de Eduard Cortés es un ejemplo de ello. Basado (imagino que sutilmente) en una relación real del propio director y una chica que conoció por la red, casi todos los creadores (guionista, actores, música) proceden de la red.

De todas maneras, ver la película no requiere para nada conocer ni comprender las redes sociales. Una cosa es que el talento y la inspiración hayan surgido de la red y otra muy distinta que sea un producto freaky sólo para usuarios myspace. Decisión que considero un acierto.

En esencia, cuenta la historia de Àlex, un hombre de mediana edad recién separado que descubre en una joven vecina una chica tan misteriosa como atractiva. Tonteando con el sadomasoquismo y las conductas autodestructivas, Àlex se verá abocado a un mundo perverso y enigmático.

He de reconocer que los primeros minutos me fascinaron. Me entusiasmó la fotografía, el montaje y la propuesta narrativa de la película. Ingrid se convierte justo en aquello que pretende el guion; tan seductora como temible.

Eduard Farelo está magnífico y la amiga de Ingrid (creo que la actriz es Iris Salmerón) también. No siento lo mismo respecto a Elena Serrano, la protagonista. Por un lado, tiene una capacidad enorme de expresar con las facciones y con el cuerpo. Pero el texto lo decía vacío, sin carga dramática. Como un autómata.

Me gustaría poner el acento en lo positivo; es un tipo de cine que nunca (o casi nunca) hemos podido ver en nuestro país. Hay detrás una asunción de riesgos que creo que hay que premiar. La propuesta es muy interesante. Estéticamente los resultados son magníficos.

Los problemas graves, y siento decirlo, están en el guion. Sencillamente no se sostiene en su propio discurrir. Así como los primeros minutos te enganchan en un producto que parece superar de largo la media nacional, acaba en una trama con la que es difícil acabar identificándose.

Así que antes de empezar a soltar spoilers, diría que el film hace una propuesta visual muy interesante pero con un guion paupérrimo. Y hasta aquí si no quieres leer nada del argumento del film.

La presentación de los personajes es muy buena. El primer acto es a cada minuto más cautivador, más interesante. Incluso algunos aspectos del diseño del personaje de Ingrid son muy acertados; esos amigos siempre presentes que utilizan su casa como fuente de inspiración, la carga dramática que adquieren las puertas o el desfile sádico que prepara en su propia casa.

Los problemas empiezan a llegar cuando el primer acto llega a su fin. Cuando, siguiendo a Ingrid sonámbula llega a una casa donde hay 3 hombres muy serios sentados en una silla. Es tan tópico y tan premoniotorio que la película o acababa sin explicación o lo hacía con una justificación absurda, que la tensión cae en picado.

El segundo acto, más allá de conseguir aumentar la tensión, Ingrid va cayendo. Irremisiblemente, la historia se estanca. Bascula en unas idas y venidas que no acaban de tener mucho que ver con el propio interés que nosotros, como espectadores, tenemos. Al fin y al cabo, como espectador, lo que me motiva es la relación entre Àlex e Ingrid. El problema es que Àlex asiste casi exclusivamente como espectador a toda la sordidez incomprensible de Ingrid.

Con este Àlex semidistanciado de la realidad de su atractiva vecina, como espectadores nos vemos obligados a esperar irremediablemente la llegada del tercer acto. Pero cuando este llega, como espectador estaba ya algo cansado. El olfato ya me anunciaba que todo quedaría sin explicación, sin por qués.

Àlex llega un punto en el que ignora tanto a Ingrid que la deja volver sola a la casa de campo. Por lo que, en el clímax, Àlex no está presente. Toda su acción en el desenlace es recibir una llamada. Demasiado pobre para un personaje tan importante.

El hecho es que, poco a poco, el guion nos arrastra a distanciarnos de Ingrid, a dejar de interesarnos por su submundo incomprensible. Es decir, hacemos lo mismo que su protagonista; tomar distancia de algo que nos produce dolor.

Llegado este punto y después de haber insistido en los errores que empobrecen el guion, no me gustaría acabar con un mensaje negativo porque creo que es injusto. Hacer cine no es fácil. Tenemos un serio problema de falta de tradición de ciertos tipos de cine más arriesgados.

Ingrid entra en esta línea. Han asumido el riesgo de hacer algo que quizás costara entender. Incluso he leído que les costó lograr un acuerdo de distribución.

Así, a pesar de lo fallido del guion, creo que Ingrid está en la buena dirección; una buena propuesta con una propuesta escénica muy bella y con una plantilla interpretativa más que solvente.

LA CINTA BLANCA

La cinta blanca nos sitúa en el periodo previo a la Gran Guerra, en la década de los 10 del siglo pasado en un tranquilo pueblo del interior de Alemania. Sin causa aparente, empiezan a sucederse una serie de asesinatos y torturas. El terror empezará a atenazar a los habitantes sin que sean capaces de encontrar al culpable.

Dirigida por Michael Haneke, de origen alemán, la película intenta ser una metáfora sutil sobre los orígenes del nazismo que sólo 20 años más tarde llevaría a Hitler al gobierno. Los personajes no son más que una representación en pequeña escala de las relaciones que se establecían en la Alemania de principios del s. XX.

Creo que Haneke acierta en casi todas las decisiones que toma. Un conmedido guión, una fotografía en blanco y negro que transporta inevitablemente a la época, un casting más que acertado y el ritmo más adecuado para contar un drama de estas características. Es evidente que el director y guionista ha tenido muy en cuenta los detalles de la época documentándose, al menos en lo visual, para elaborar la trama.

Siempre intento que antes de explicar spoilers haya buena parte de la crítica. En este caso, La cinta blanca me parece tan interesante que prefiero aprovechar todo el espacio que viene a continuación para elaborar un discurso que entre en detalles. Así, si no lo has visto, te recomiendo no seguir leyendo y que vayas corriendo a verla. Eso sí, cuando lo hayas hecho, acuérdate de volver a pasarte por aquí.

Entrando en detalle, me encanta cómo están perfilados los personajes, tanto en lo que se refiere a su construcción narrativa como desde la creación en común con el actor en la fase de la dirección interpretativa, pasando por el momento de seleccionar a los actores.

Quizás cabría destacar la capacidad que Haneke ha tenido para dar dimensiones a los personajes en una película esencialmente coral. Ha sabido cómo transmitir que los personajes no son buenos o malos, sin caer en simplificaciones maniqueas. Para ello ha tenido la inteligencia de incluir detalles que atemperan, para bien y para mal, el diseño de los personajes.

Valga como muestra el pájaro del reverendo. El hecho de que acepte que su hijo se quede con el pájaro le hace ganar en densidad. Además, aprovecha nuestro prejuicio contra él haciéndonos creer que va a negarse. En cambio, su decisión nos sorprende y hace que descubramos una nueva forma de analizar el personaje.

También el caso del médico es paradigmático. Nada más empezar la película sufre un accidente, lo cual ya nos lleva a sentir ciertas simpatías por él. En la escena en la que reaparece, nos parece un padre preocupado por sus hijos. Además se trata del médico, persona a la que se le presupone que ayuda a la gente. Y, de hecho, lo hace. Eso entra en contraste con el trato que luego hace de la amante en una de las escenas más crudas que recuerdo. Y, claro, con los abusos a su hija.

Por otro lado, los personajes de La cinta blanca con menos peso dentro de la historia también permanecen con una cierta tridimensionalidad. Y, sobre todo, están muy bien dirigidos. Me encantaría destacar el trabajo de Leonie Benesch, la prometida del maestro. Una actriz que casi es su primera película (de hecho, la primera con un papel relevante y la segunda según el IMDB) consigue, en cambio, transmitir una especie de ingenuidad esperanzada.

Por último, me parece un gran reto (y no es la primera vez que lo destaco) trabajar con niños. En este caso, los niños tienen un gran protagonismo, lo que hace que sea crítico. Además, no se trataba de encontrar 1 o 2 niños sino una legión de estos. Y, por si esto no era poco, 1 de ellos con síndrome de Down, con el agravante añadido de que tiene escenas de una enorme carga dramática.

Pero si hay algo que destaca sobre el resto es la fotografía. Haneke ha dedicido con gran acierto transportarnos con las imágenes al cine de la época. No hay que olvidar la importante aportación que el arte alemán tuvo en la creación del nazismo. Cuanto menos, parece que hay referencias a una expresión del movimiento protonazi.

No se escapa ni la música y la pintura románticas, como expresión de un cierto sentido de la identidad. Y el cine también hizo su aportación con el expresionismo (y algunos experimentos futuristas) a pesar de que, al menos  sus representantes más relevantes, acabaron teniendo que huir cuando el partido nazi tomó el poder.

Uno de los grandes representantes de esa expresión artística que acabaría por tomar significación ideológica es la película de Robert Wiene El gabinete del Doctor Caligari de 1920. De hecho, se trata de la que está considerada como la primera película expresionista. En esta película, una persona es manipulada por su psicólogo, hecho que se interpretó como la expresión de la necesidad del pueblo alemán de ser dirigido por un gran líder.

Sea o no sea una visión acertada, creo que La cinta blanca se enmarca en esta línea de sutileza. Por ello, Haneke busca esta estética que recuerda (aunque modernizada) a la de aquella época. El blanco/negro, con una iluminación muy contrastada, recuerda no sólo al cine alemán, sino al cine nórdico que habla sobre el bien y el mal. En especial, son evidentes las referencias a Dreyer.

Solemos, de forma natural, asociar el blanco al bien y el negro al mal. En cambio, hay una línea de tradición en el norte de nuestro continente de hacer una contrasignificación de colores. El negro se convierte en un color que casi nos protege, al que ampararnos y donde cobijarnos de un blanco que nos deslumbra, que nos duele en los ojos, que nos amenaza a cada segundo que aparece.

En este caso es aún más adecuado, ya que el nazismo asoció al blaco la pureza de la raza aria. Por eso, los personajes más terribles tienen en el blanco un elemento importante de su significancia; el duque, el médico, el reverendo (cuando la situación lo permitía, obviamente) y, claro, esa cinta blanca que representa la castración emocional (en algún momento casi literal cuando impide las masturbaciones del niño) causante de la futura revolución que acabaría en la II Guerra Mundial.

Añadiría que hay 2 escenas de La cinta blanca donde el blanco nos desborda, nos amenaza. En la primera es un paisaje nevado. Se produce después de uno de los hechos terribles (ahora no recuerdo cuál). El otro, cuando se narra el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria que desencadenaría la Gran Guerra.

Son constantes, para reforzar esa sensación de deja vu las panorámicas (que predominan sobre los travellings), los planos secuencia, las iluminaciones contrapicadas y los planos frontales que pueden llegar a recordar, sumándolo al uso de la dialéctica blanco/negro, a la mítica La pasión de Juana de Arco o La palabra, las dos de Dreyer. Y, de hecho, a toda una tradición audiovisual.

El guión es otro de los elementos que destacan. Creo que los diálogos están acertadísimos. Aportan una cadencia que encaja a la perfección con el ritmo del montaje. Además, ayudan mucho a los actores a hacer su trabajo.

Por otro lado, está muy bien construído el colorido que aporta la gama de personajes. Creo que Michael Haneke ha sabido encontrar el número adecuado de personajes para que toda la estratificación social que el film intenta reflejar están presente. En especial aquellas personas que tenían tanta importancia en la jerarquía de un pueblo; el duque, el cura, el maestro y el médico, además de una gran gama de personajes populares.

Por último, y en armonía con la sutileza de la que he estado hablando, el guión rezuma la represión y el miedo a Dios (cabría para otro post la relación que establece el film entre fe/Dios/miedo, muy en sintonía con el cine del que hemos estado hablando). También con sutileza, con delicadeza y con cuidado de no caer en un discurso excesivamente plano. Pero sí haciendo un entorno feroz, que te araña a cada mal paso que das.

En definitiva, creo que es uno de los films más completos que he tenido la oportunidad de ver en mis últimas visitas a la sala de cine. Por supuesto, espero vuestras opiniones del film.

Invictus

La nueva película de Clint Eastwood está ambientada en el primer año de gobierno de Nelson Mandela. El presidente de Sudáfrica, en su afán por unir a un pueblo al borde de la guerra civil, utiliza el mundial de rugby que se ha de jugar en su país. Arriesgada empresa si se tiene en cuenta que este deporte era un símbolo de la opresión blanca en el apartheid.

Si por algo se ha significado Eastwood a lo largo de estos últimos años en los que se ha dedicado a dirigir sus films es por ser uno de esos clásicos que te garantizan un nivel altísimo. Invictus no es una excepción. Sin dejar de ser la típica película de deportes, tiene algo que la hace diferente.

Por un lado destacaría que el diseño de producción es impecable. Cada plano, cada frase del guión, cada detalle en el arte tiene una justificación. No sobra nada, no falta nada. Todo en su justa medida.

Las películas de deportes suelen recordarme en mayor o menor medida al cine de masas de los años 20 y 30, cuando el cine soviético (por definición sin protagonistas individuales) y el nazi (sobre todo en los siempre recurridos documentales de Leni Riefenstahl).

Aquellos dos cines, que se separaban en muchas cosas, se unían en el protagonismo que asume la masa como colectivo capaz de cambiar cosas. Eso sí, se separaba en que uno exaltaba únicamente la masa como elemento revolucionario y el otro la utilizaba para exaltar a un líder.

El cine de deportes tiende, por definición, ha estar más cerca del facismo por aquello de que unos héroes en el terreno de juego hacen vibrar a la masa. En este caso, lo que sucede es más llamativo porque la película se sitúa con total equidistancia a estos dos modelos cinematográficos.

Es cierto que el equipo (liderado por el capitán interpretado por Matt Damon y el único negro que viste la camiseta verde y oro) y Nelson Mandela (interpretado por el gran Morgan Freeman), son los protagonistas del film y los que enaltece el film.

Pero también lo es que lo realmente relevante del film es como un pueblo, al que sólo le faltaba el fusil para enfrentarse definitivamente, acaba reconciliándose. Ningún valor hubiera tenido los riesgos que (al menos en el film) asume Mandela y el triunfo de la selección nacional de rugby, si no se hubiera conseguido que negros y blancos se dieran de la mano en la búsqueda de un objetivo común; la victoria en el mundial.

Ese es, sin duda, el elemento diferencial de la película. A todo ello le acompaña unas interpretaciones de alto nivel. Matt Damon está más que correcto en su representación de François Piennar. Aunque personalmente es un actor que me ha costado mucho que me gustara, he de reconocer que cada vez lo hae mejor.

Pero por encima de todos destaca el gran Morgan Freeman. Espectacular el timbre que ha conseguido imitando el del propio Mandela. Por ello, recomiendo mucho verla en versión original. Para los que no estéis acostumbrados, pensad que no hablan demasiado rápido y muchas escenas, al ser de deportes, son de “acción” y se habla poco.

La decisión de convertir en película el libro The human factor de John Carlin entrañaba, al menos, 3 riesgos;

Invictus, con personajes tan conocidos en la vida real exigía un casting muy minucioso para dar con los actores de nivel adecuados. Como ya he justificado, creo que Clint Eastwood dio en el clavo. Quizás tampoco lo tenía difícil teniendo en cuenta las veces que había trabajado ya con Freeman.

Otro riesgo era que un personaje como Mandela es profundamente anticinematográfico. Por lo menos la imagen que tenemos de él es la de una gran persona, dada a los demás, dispuesta a todo por reconciliar a dos familias enfrentadas, que lo convierte en alguien muy plano y poco dado al conflicto.

La solución la encuentra en dar protagonismo a la gente de la calle, al pueblo sudafricano. Pero ello entrañaba una dificultad; ¿cómo puedes hablar de tanta gente a la vez y, simultáneamente, dar un poco de profundidad a la “masa”?

Eastwood lo resuelve con gran destreza. Los agentes de su seguridad personal está compuesto por blancos y negros que irán evolucionando conforme la historia avance. Y para subrayar el hecho de que el cambio no se produce sólo entre las personas próximas al mítico político, añade dos elementos más; una masa que al principio la abuchea y que al final corea su nombre y un simpático niño que rechaza la camiseta antes del mundial y acaba abrazado al equipo en los últimos minutos de la final.

Por último, lo histórico suele ser insulso. Eso suele llevar a que los hechos históricos reales se ficcionizan para hacerlos más “agradables”. En cambio, en Invictus, da la sensación que ha querido respetarse las situaciones históricas que se dieron sin apoyarse en cosas que no pasaron.

Por ejemplo, hubiera sido mucho más fácil para escribir el guión que el presidente y el capitán se hubieran visto más veces de las que sale en el film. Hubiera dado más tiempo a construir una relación que, en realidad, se sustenta en la distancia.

Sin embargo, Eastwood ha sido capaz de aprovechar elementos que debieron darse en la realidad para dar relieve a una amistad que va más allá. La visita a la prisión y la posterior reflexión que Damon hace con su novia en la habitación del hotel.

Parece que el director americano refuerza su interés por los conflictos raciales en Invictus después de triunfar con Gran Torino y, de otra manera, en films como Banderas de nuestros padres y Cartas de Iwo Jima. Personalmente creo que esta vez ha reflejado mejor en conflicto que en Gran Torino, en un discurso mucho menos maniqueo.

En lo que nunca falla Clint es en explicar bien aquello que se propone hacer llegar al espectador. Y no cabe ninguna duda de que Invictus no es una excepción. Si no la has visto, no te la pierdas. En mi opinión, una de sus películas más interesantes.

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

Donde viven los monstruos es la historia de Max, un niño muy travieso que se siente incomprendido y escapa de casa tras una terrible discusión en busca de la tierra de las cosas salvajes. Allí encontrará a una especie de osos de peluche gigantes que le aceptan a cambio de que les haga felices.

Spike Jonze, el director, puso cardíaco a más de un ejecutivo de la Warner con su primer montaje y parece ser que el realizador de Cómo ser John Malkovich y Adaptation tuvo que rehacer parte de algunas secuencias. Supongo que, cuando aceptaron el proyecto, no entendieron que su mayor valor es, precisamente, su particular punto de vista.

Jonze decide tratarnos como personas adultas, sin condescendencia. Sin servirnos un puré donde los sentidos son unívocos. Lo hace con los niños, a los que considera seres racionales (algo no muy común en nuestra sociedad). Pero también lo hace con nosotros. Algo, dicho sea de paso, demasiado infrecuente.

Y para ello nos presenta a un protagonista complejo, cargado de contradicciones. Incapaz de entender el mundo que le rodea y con una imaginación portentosa que usa cual escondite donde albergarse cuando las cosas en el mundo real se ponen feas.

Un grave conflicto, apenas insinuado cuando descubre a su madre con Mark Ruffalo (al que ya casi podríamos considerar del clan, junto con Michel Gondry y Charlie Kaufman). Jonze podría haberse extendido, podría haber mostrado a un niño llorón o con cara de pena mirando a través de los barrotes de una escalera (en una ya tópica metáfora de la prisión en la que se supone que está el niño). Pero no. Prefiere a un niño activo, que se enfrenta al dolor que le presenta la situación.

Y ello desencadena el eje principal de Donde viven los monstruos; Max no es capaz de comprender qué les pasa a los adultos sin caer en el cliché del puber con exagerado espíritu de Peter Pan.

Todo ello convierte esta historia en una película sobre los niños, pero no únicamente para niños. De hecho, su tono tiende en algunos momentos a dar pinceladas oscuras. No artificiosas como podría darlas Tim Burton, sino en la psicología de los personajes, tanto del niño como de los monstruos a los que, por cierto, han dado voz actores tan relevantes como James Gandolfini (que da voz a Carol, el monstruo con mayor protagonismo), Forest Whitaker, o Chris Cooper.

El conflicto acompaña toda la narración, pero siempre de forma tranquila. Durante muchos minutos como espectadores sentiremos que, tras las sonrisas, los juegos, la felicidad, se esconde la semilla del rencor y del futuro enfrentamiento.

Todo ello viene acompañado de una enorme fotografía muy en la línea de lo que Spike Jonze nos tiene acostumbrados. Sus planos tienden a buscar una imperfección bella, sutil, de una fuerza enorme. Se hace notar el esfuerzo que se ha puesto al planificar los planos que iban a ejecutarse.

Donde viven los monstruos es, con toda seguridad, una de las mejores opciones que hoy podemos encontrar en nuestras carteleras. Con una ejecución excelente, la mejor alternativa al topicazo de Avatar (¡aixx, no lo he podido evitar!)

AVATAR

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La nueva película de James Cameron después de su largo silencio tras Titanic es Avatar y, entre todos, llevamos tiempo anunciando que este puede ser el primer paso para que la industria del cine salga del atolladero donde está metida. Para ello, nos piden que nos pongamos unas gafas con cristales polarizados y sincronizados con nosequé demonios de aparato tras la pantalla, nos comportemos con la misma sopresa que un niño que va por primera vez al cine y paguemos una entrada significativamente más cara.

Saber que vas a plantarte frente a 150 minutos de metraje en una historia de aventuritas y disparos no augura nada bueno. Todo y así, la importancia histórica que tiene el film lleva a la gente en masa a las salas para verla. Y sé que este post no va a frenar a nadie, pero debo advertiros; Avatar no merece que le demos tanta cancha.

avatarLa historia es la de un marine paralítico enviado a Pandora, un planeta lleno de preciosos bosques, para que la miserable raza humana pueda llevarse un mineral carísimo. El problema es que, para ello, habrá que expulsar de sus territorios a unos adorables seres azules que viven en comunión con su territorio. Gracias a una innovadora tecnología, al marine lo duermen y lo  “sincronizan” con una especie de réplica de humanoide azulillo adorable para descubrir su punto débil y, así, negociar su éxodo.

Dicen que el pobre Cameron se ha tirado 10 años desarrollando este proyecto. Y digo pobre porque debe ser terrible dedicar tanto tiempo de tu vida para acabar pariendo un guion tan malo. Los vacíos son un continuo, las historias están muy mal trenadas y la densidad de tópicos por metro de película ralla la saturación.

En muchos momentos del film lleva la historia a un punto del que sólo puede salir incluyendo un elemento ajeno a la historia. Es lo que en guion se conoce como Deus ex machina y es algo de lo que hay que huir como de los humanos en esta película. Sólo puedo comprenderlo desde la autocomplaciencia y asumiendo que él sabía/creía que la gente estaría más preocupada por la fotografía que por lo que le están contando. Y supongo que razón no le falta cuando buena parte de la sala se ha puesto a aplaudir de forma espontánea cuando se ha acabado.

Para acabar de cerrar el círculo, los personajes son planos y hace una especie de metáfora lamentable proecológista y pseudomística más acorde con el discurso de un niño de 5 años que el de una persona adulta.

Sí, sé que estáis esperando que hable del 3D. ¿De verdad es tan innovador? Para mi, si y no. Hasta ahora, los films rodados en 3D han tenido muy en cuenta esta tecnología. Lanzaban cosas al espectador para asustarlo y evitaban ciertos movimientos de cámara para no marearlo. Hay que reconocerle a James Cameron que ha roto con eso, ya que el diseño de producción mucho más parecido al de un film “normal”. Contrariamente a lo que pudiera parecer, eso ha realzado la técnica porque la ha dotado de una cierta libertad.

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Es cierto que el fim marea un poco en algún momento y que la tecnología requiere algunas mejoras para que el 3D funcione como debería. Pero hay que reconocer que algunos planos son sencillamente espectaculares y te hacen sentir que vives una experiencia única.

Dicho lo cual, y aunque no voy a entrar mucho en materia, uno tiene la impresión de que el uso que se hace de la fotografía es idéntico al que se le ha dado hasta ahora; dar sensación de tridimensionalidad. Yo me pregunto si, cuando el propio formato ya lo proporciona, hace falta que la luz lo refuerce o merecería la pena centrarse en el área más psicológica del asunto.

Pero, ¿compensa todo ello el pago de la entrada? Formularé la pregunta de otra manera para “naturalizar” el análisis. Si el público llevara 20 años viendo cine en 3D, ¿le parecería suficiente la estética visual para pagar su entrada? Yo creo que no, en absoluto. Al film de Cameron sólo le aguanta la novedad (aunque ya dijimos que no lo era tanto). De lo contrario, sería (de hecho, és) una más del montón.

Entiendo que la gente quiera conocer de primera mano de qué narices estamos hablando. Así que no sé si la recomendación debería ser “no vayáis a verla”. Quizás en este caso merezca la pena perder el tiempo con semejante sandez. Pero para aquellos puristas que quieran una historia de verdad y que el 3D les venga un poco a la fresca, es más que evitable.

Los que no la hayáis visto, os recomiendo no seguir.

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Parto de la base de que visualmente, aunque con el paso del tiempo la veremos como muy primitiva, hoy por hoy, es increíble. No voy a incidir más ello porque lo doy por hecho. Prefiero centrarme en la historia y (lo siento si hiero sensibilidades) su pésima ejecución.

La historia empieza con el protagonista viéndose obligado a sustituir a su hermano, un ciéntifico. Cuando la estás viendo te dices; primer conflicto de la historia. Hermano violento vs. hermano pacifista. Y además, al hermano se lo han cargado para que, cuando se entere el prota, pille un cabreo de los buenos. Y nada. Es sólo para justificar que le den el trabajo a un paralítico que estará encantado de gastar las piernas del humanoide azulillo adorable.

A ver James, guapito de cara. ¿A ti no te han contado que las pelis de 2 horas y media se hacen largas si no hay mucha chicha? ¡Para qué narices pierdes el tiempo si no vas a utilizarlo en la historia!

No es el único vacío de guión. De hecho, en la primera media hora he contado 4, imposible que los recuerde todos. Por ejemplo; A Jake lo pillan los humanoides adorables y deciden salvarlo porque así podrán sacarle información. ¡Bien! Son listos estos humanoides adorables. ¿Y qué hacen para sacarle la info? ¡Le enseñan todos sus secretos y le hacen todo el curso iniciático para formar parte de su comunidad! Todo con mucho sentido…

También me encanta la forma que tienen de conectarse a la naturaleza. Es todo muy místico… Básicamente tienen un cable que les cuelga del cerebro en forma de coleta y con pinta de fibra óptica que se engancha a lo que quieras. En el fondo, todo es como una especie de computador. Si se tratara de una película para niños de 5 años lo entendería. Para gente adulta, es tratarla de estúpida.

Y hay más momentos desprecio-a-la-inteligencia-del-respetable. El más destacable es una de las peores voces en off de la historia del cine. Cuando Jake tiene que montar a esa especie de dragón alado con mala leche, hace falta una voz explicativa de lo que va a hacer y por qué. En otras palabras; que mientras Cameron ha perdido el tiempo en la estupidez de los hermanos gemelos, le ha faltado para explicarnos sin necesidad de alguien que lo aclarara cómo y por qué monta el bicho de marras.

La lista de flaquezas es enorme y no me extenderé más para que, los pocos que habéis llegado hasta aquí, acabéis el post. Si este ha de ser el modelo del 3D van a pasar dos cosas; que Disney se va a forrar haciendo las pelis con los personajes de la Marvel, y que mi bolsillo va a estar encantado de la vida porque voy a ver muy pocas películas que requieran gafitas.

IN THE LOOP

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El Secretario de Estado británico para el desarrollo internacional, Simon Foster, está en contra de su país y Estados Unidos  hagan una alianza con el fin de atacar a un país de oriente medio. Sin quererlo, hace unas declaraciones que se interpretan como favorables, cosa que agrada al primer ministro británico y al presidente de USA. Así, unos y otros, harán todo lo posible por aprovechar esta posibilidad que les ha abierto.

No llevaba ni un minuto de película que In the loop me transportó a aquellos magníficos thrillers políticos de Otto Preminger.  Con un ritmo trepidante te lleva a una crisis política de las de verdad, donde hay en juego muchas cosas. Donde los intereses de muchos confluyen y chocan con tal virulencia que te salpican en la cara. Donde no siempre queda claro qué postura es la más adecuada.in-the-loop-movie

No recuerdo en los últimos años más que un film con ciertos aires similares; Spy Games y, eso sí, una gran serie; El ala oeste de la Casa Blanca. Son películas donde la tensión se vehicula a través de un diálogo sagaz y rápido. Donde se trata al espectador como una persona adulta capaz de ir más allá de los diálogos sacando conclusiones no necesariamente obvias.

Pero todo ello viene acompañado de un sentido del humor mordaz, que da dentelladas de tiburón a la política globalizada que, unas veces gozamos y otras nos somete. El público se ríe, disfruta viendo a unos políticos que, más allá de estar caricaturizados, resultan cómicos por lo creíble de su descripción.

El director, Armando Iannucci es un desconocido en nuestro país, aunque toda una celebridad en el Reino Unido. Por eso vale la pena dar algunos detalles de su forma de trabajar. El gran reto que se propone el director es que los actores aporten a la obra gran parte de su talento. Para ello casi les exige la inclusión de morcillas (frases improvisadas) e, incluso, propone réplicas a un actor sin avisar a su partener del cambio, de manera que el segundo queda sorprendido y no tiene más remedio que buscar una respuesta adecuada al personaje.

Todo ello, que al principio parece impresionar a los intérpretes, ha dotado a la narración de una velocidad y un verismo muy difíciles de ver en la gran pantalla. Iannucci ha conseguido que sus actores y actrices (James Gandolfini, el protagonista de Los Soprano, Peter Capaldi, haciendo las veces de un malhablado asesor presidencial, Mimi Kennedy o Anna Chlumsky, la niña de aquellos enormes ojos verdes de Mi chica ahora ya con casi 30 años, entre muchos otros) hagan un trabajo excelente.

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In the loop es, por tanto, una película ante todo de actores. Por ello, os recomiendo que vayáis a verla en versión original o perderéis buena parte de la esencia de su trabajo. Ya expliqué los por qués de esta decisión. Aunque es cierto que, si no entiendes el idioma, hablan muy rápido y, en varios momentos de la película, se pisan. Los subtítulos corren y hay que estar muy atento.

Aunque la historia tiene inspiración evidente en el inicio de la guerra de Irak, no habla de ninguna guerra en concreto y tampoco hace aparecer los presidentes ni habla de su partido político. De manera que nadie puede sentirse ofendido por lo que está viendo a la vez que los critica a todos. Ese es, para mi, uno de los mayores aciertos del film.

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En definitiva, In the loop es una de las mejores opciones, más inteligentes y divertidas de cuantas hay en nuestras salas. No dejéis pasar la oportunidad de verla u os arrepentiréis con el tiempo.

MOON

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La ganadora de este 2009 en Sitges se llama Moon. La trama gira en torno a un mundo que ha tomado conciencia de los serios problemas medioambientales que lo acucian, y una empresa energética monta una base lunar para conseguir allí combustible para sus centrales nucleares terráqueas. Para garantizar el mantenimiento envían, cada 3 años, a un técnico que vigila el buen estado de las cosechadoras de Helio 3, el combustible. A falta de que en 3 semanas Sam, el relevo actual, sea sustituído, empieza a tener alucinaciones que condicionarán su futuro.

El director Duncan Jones, hijo del cantante David Bowie, ha hecho un buen trabajo en su primer largometraje. Con pocos recursos, y prácticamente con un solo actor, ha conseguido hacer una historia interesante, que te atrapa desde el minuto uno.

Creo que el film tiene algunas deficiencias, en mi opinión menores, y más que aceptables en una ópera prima. Además, creo que hay una lista de elementos que la hacen más que interesante;

Por un lado, es capaz de mezclar los conflictos que ahora nos importan y que, por poco analizados (medio ambiente, exploración lunar, y otros que aquí prefiero ni señalar para no destapar sorpresas) tienen un riesgo potencial enorme. Pero no lo hace con la grandilocuencia y superficialidad de películas como El día de mañana o Armaggeddon, sino planteando una situación cotidiana, realista. Y es, precisamente este elemento, el más terrorífico de todos.

Moon utiliza, con una cierta inteligencia, elementos de grandes clásicos no sólo como inspiración sino como elementos integrados en la narración. El más evidente es el robot que charla continuamente con Sam. No hay duda de que se aprovecha de la figura de HAL 9000, el robot de 2001: una odisea en el espacio. Así, no hace falta que Duncan pierda tiempo mostrando a la máquina como potencialmente peligrosa y rival, sino que lo pone el propio espectador.

Por otro lado, me interesa mucho la sencillez visual del film. Ninguno de nosotros hemos estado en una base lunar y son poquísimos los que la han pisado o estado en un satélite artificial, por lo que difícilmente podemos saber de primera mano cómo sería una instalación de estas características. Lo que sí que tenemos es una idea mítica. En algunos casos, los directores desde el punto de vista de la realización y los directores de arte, buscan un referente barroco, sobrecargado. Muy válido para películas de acción o de un futurismo apocalíptico, pero poco apropiadas si buscas realismo.

Y algo aún más sugerente pero, a la vez, sutil. El trato que hace de la narración es el propio que supone al espectador como alguien inteligente. No explica cosas que son obvias pero que el cine de masas tiende a recalcar de forma innecesaria.

Si no la has visto, te recomiendo dos cosas; ve a verla al cine (no es lo mismo ver una película en casa) y no sigas leyendo ni esta ni ninguna sinopsis porque te garantizo que te explicarán más de lo necesario.

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El film empieza retratando la realidad diaria de nuestro personaje. Lo que me interesa es cómo combina elementos muy relevantes para la historia con elementos de una cierta banalidad pero que ayudan a dar profundidad al personaje. En una película (¿seguro que ya la has visto?) en la que el protagonista lo es por, 3 o 4 veces, es un elemento clave. ¿Por qué?

Hay una pregunta que se hacen los científicos y que el film responde en orden a los cánones establecidos por la ciencia con gran diligencia; la identidad genética no implica actuar delante de las mismas circunstancias de la misma forma.

De todas maneras, en esos primeros minutos, la película muestra los grandes conflictos del personaje; la mujer que parece querer dejarle y sus ganas de volver a la Tierra.

Y entonces llegan las alucionaciones. Creo que es, junto con el asunto de su mujer, el punto más débil del film. Y me explico. Sam es un clon, con ganas de volver a la Tierra para ver a su mujer y su hija. Intuímos que, cuando se acercan los días del regreso, los clones enferman. Y les enseñan unos vídeos conforme la mujer ya no quiere estar con él. Pero la pregunta es, ¿por qué? O, de forma más adecuada, ¿para qué?

Se supone que todo esto se enmarca en el proyecto de una empresa con unos motivos (ocultos) para, en vez de enviar humanos, mantener las instalaciones con clones “desechables”. Podríamos llegar a la conclusión de que esos clones no son capaces de sobrevivir más tiempo. Dicho esto, ¿qué necesidad hay de querer hacerles creer que su mujer quiere abandonarlos? La justificación podría estar darle prisas por volver, haciendo inevitable que sean destruídos. Lo que sucede es que él está profundamente enamorado y, además, se muere por ver a su hija. No entiendo la necesidad de hacer creer lo que no es al clon.moon

También en los primeros minutos de Moon nos presentan a Gerty, el robot que recuerda al famoso HAL 9000 de 2001: Una odisea en el espacio. Nada más ver ese objetivo que tanto recuerda al “ojo rojo” del mítico robot acompañado del inquietante emoticono, nos asaltan las dudas respecto a su honorabilidad. Si a eso añadimos la secuencia en la que parece estar con los “malos”, ni siquiera cuando se acerca el final de la trama, es fácil confiar en él.

El último elemento que quiero destacar es la relación que se establece entre el robot y los clones. En teoría el robot está programado y el clon tiene un cierto margen de libre albedrío. Pero, qué diferencia real hay entre uno y otro. La película abre una reflexión y yo creo que concluye que las diferencias son mínimas. Es cierto que es el humano el que acaba por marcharse de la luna pero cuidado. Gerty está programado para ayudar en todo lo posible a los sucesivos Sam. Pero, a la vez, recibe órdenes directas de la dirección. En caso de conflicto decide ayudar a Sam, lo cual también abre una puerta a un cierto margen de libre albedrío. Por tanto, las diferencias entre unos y otros no es tan grande como pudiera parecer.

Hay muchos más detalles pero, desde mi punto de vista, estos son los más destacados. Junto con Star Trek, es el título de ciencia ficción que más me ha gustado de este año, muy por encima de Distrito 9.

SI LA COSA FUNCIONA

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La nueva película de Woody Allen, Si la cosa funciona, narra la historia de un brillante físico, culto, progresista, neoyorquino y sociópata que ve en el resto del mundo un montón de paletos. Por azar, y después de tratar de suicidarse tras una crisis de pánico frente a la muerte, acoje a una joven que es la antítesis de él; alegre, sureña, no muy inteligente e impresionable.

Allen vuelve a girar en torno a los temas que le llaman la atención; religión, arte, el sentido de la vida, hipocondria, relaciones personales con los elementos en contra, desengaño… Pero en este caso también incluye elementos que sólo han aparecido puntualmente en su filmografía; la relación entre la América cosmopolita y la profunda.

Si la cosa funciona es un film ligero, sin más intención que hacer pasar un buen rato a quien pague la entrada. En este caso, las secuencias cómicas se suceden una tras otra sin dejarte parar de reir haciendo uso, eso sí, de los habituales recursos que te obligan a “estar puesto” en algunos temas para entenderlas.

Los personajes son los típicos arquetipos cómicos que hacen gracia por lo previsibles que son. Partiendo de este aspecto, es ineludible en un film de Woody Allen que los actores tengan un alto nivel interpretativo. Me sería difícil quedarme con uno de ellos en concreto porque están bastante bien todos.

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Larry David, que interpreta a Boris Yellnikoff, el protagonista, está muy creíble en una especie de alter ego del director algo más corrosivo.  Evan Rachel Wood interpreta a la chica, Melodie. Empezó de niña, llegando a participar en alguna película de éxito como Prácticamente magia y dándose a conocer en Thirteen. Pero este último año ha estrenado dos películas que sobresalen; El luchador y la que estamos comentando.

El resto de actores también están muy bien, y me gustaría destacar el papel de la impresionante Patricia Clarkson, madre de Melodie, que ya hemos podido ver en otras películas como Vicky Cristina Barcelona, del mismo Allen, o Elegy de Coixet. La divertida evolución de su personaje la interpreta con muy buena nota.

Son constantes los elementos metacinematográficos; largas charlas directamente ya no a cámara sino al espectador, que rompen definitivamente la 4ª pared y claras referencias a films como algunos de los musicales de los inicios del sonoro. Fred Astaire y Ginger Rogers hacen una aparición fuera de campo, y me pareció reconocer que el tema inicial del film es de El cantor de jazz, con la voz de Al Johnson, aunque no lo tengo confirmado. También hay guiños a cine de los años 40, en concreto, hay una muy evidente que toma en su origen a la película de Capra, ¡Qué bello es vivir!

En definitiva, Woody Allen vuelve a entretenernos con otra de sus pequeñas obras cómicas que, a pesar de no estar entre lo mejor de su catálogo personal, sobrepasa la mediocridad media de las carteleras.