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Movimientos de cámara (III): stedycam

El stedycam es otro de los movimientos de cámara importantes y, en mi opinión, cada vez se está utilizando más. Los resultados son similares a los del travelling que veíamos el otro día pero es más sencillo de hacer. Así que es una solución barata que tiene una expresividad similar al travelling.

El stedycam es un artilugio o estructura que se engancha al cuerpo del cámara y que, gracias a un sistema de muelles, estabiliza tanto la imagen que parece montada sobre un trípode pero que te permite moverla de un sitio a otro. Si te gustan los concursos de televisión tipo OT, podrás ver unos cámaras que llevan todo un mecanismo enganchado al cuerpo. También los utilizan en los conciertos o en los partidos de futbol en las celebraciones o presentaciones de las plantillas.

Decíamos en el anterior post sobre movimientos de cámara que el travelling tenía la capacidad de transmitir emociones respecto a las cosas que pasaban y a los personajes. El stedycam consigue unos resultados parecidos. Entonces, ¿para qué se utiliza?

Pues suele utilizarse cuando no podemos montar el travelling (que requiere montar unas vías) porque no cabe o porque no hay dinero para hacerlo.

Y, ¿puedo notar si están usando un travelling o un stedycam? Sí. No siempre es fácil pero sí. En primer lugar porque, aunque mire de evitarse, se nota un poquito que el cámara está caminando. Es muy sutil pero es algo que, excepto en alguna situación muy concreta, mira de evitarse. Los travelling, cuando han de reencuadrar mediante panorámicas, pueden ser más suaves o menos. Pero no suben y bajan, cosa que sí pasa en el stedycam.

También verás algún plano en el que es imposible que esté hecho por un travelling porque le hubieras visto las vías. Si dos personas salen caminando por la calle durante mucho rato en dirección a la cámara sólo puede rodarse con stedycam porque llegaría un momento en el que verías las vías.

Un stedycam muy bonito por la coreografía que ha hecho el director con los extras es de Pulp Ficción. Verás que es imposible que sea un travelling y que tiene un puntito de baile de arriba a abajo.

De todas formas, hay algunos usos del stedycam específicos de esta herramienta y muy expresivos. En algunos casos, funciona de maravilla en escenas donde quieres transmitir que el personaje está mareado o, directamente, colocado. Está claro que, en ese caso, estamos hablando de planos muy subjetivos, así que hay que usarlos con cuidado porque “cansan”. Una película que los usa con una gran inteligencia es Requiem por un sueño. Verás que, en algunas imágenes, la stedy está montada encima del actor y transmite la sensación de mono que tienen.

Por último, os dejo con uno de los vídeos más divertidos con los que me he topado en tiempo. Antonio Segura es un tipo que tiene un videoblog donde habla de todos los complementos que compra para su cámara. No te lo pierdas porque tiene una gracia innata increíble. Verás el aparato y hace una demostración de cómo se usa.

LA ESTEDICAN (Video Oficial) from Antonio Segura on Vimeo.

“Origen” de Christopher Nolan

Christopher Nolan suele introducirnos en un cosmos oscuro, con toques siniestros, a la vez que los acompaña de espectaculares e imposibles movimientos de cámara que nos transportan casi inevitablemente a un mundo imposible. Allí donde las coordenadas que rigen nuestro mundo tienden a cruzarse enmarañadamente hasta tener más proximidad a nuestros sueños que a la realidad que estos usan como combustible para crear sus realidades paralelas.

En Origen (Inception), Nolan deja de enmascarar ese mundo detrás de un personaje de cómic y nos muestra directamente ese mundo que tantas veces había recreado (ya sea en forma de sueño, ya sea, las más, en forma de pesadilla). Y lo hace con cierta destreza.origen

Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es un ladrón con una curiosa técnica. Es capaz de entrar en la mente de la gente mientras duerme, de manera que, sin ser conscientes, sus víctimas explican sus secretos más valiosos. Pero a Dom lo contratan para hacer justo lo contrario: introducir una idea en la mente de alguien sin que este sea consciente de ello a cambio de recuperar a sus hijos, de los que tuvo que separarse por motivos algo oscuros.

Aunque se perfilan algunas reflexiones interesantes (como el libre albedrío) no es una película que se preocupe demasiado de su vertiente más filosófica. Más bien, se aprovecha de esta para la dramatización y para llevar las situaciones aún más al límite.

Chritopher Nolan, en Origen, no hace más que ser fiel a su particular estilo de hacer cine: historia que evita los convencionalismos en su estructura y, cómo no, sus referencias unas veces más explícitas que otras, a nuestro inconsciente. Por ejemplo, en Batman origen, no parece casual, vista con perspectiva su carrera, que el malvado del film sea un espantapájaros, uno de los más conocidos arquetipos jungnianos.

En este caso, la exploración es mucho más profunda. Y juega con la herramienta narrativa más interesante que le daba el sueño. Los sueños son cortas fases de cuando dormimos de apenas unos minutos de duración y que, en cambio, nosotros percibimos que duran mucho más. Eso, sumado a los diferentes grados de profundidad psicológica bien traídos a su terreno, le da unas posibilidades enormes.

Por último, añadiría sin entrar en detalles, las mezclas que en los sueños se produce entre la “realidad” del sueño y la “realidad” real como cuando soñamos que caemos de un precipio y, en realidad, nos hemos caído de la cama.

Todo este cocktel viene acompañado de una plantilla de actores de un nivel muy alto: Leonardo DiCaprio, Marion Cotillard, Cillian Murphy,  Michael Caine… Al único que no acabo de ver en su papel es a Joseph Gordon-Levitt, el protagonista de 500 días juntos.

Visualmente es espectacular. El hecho de que se trate de sueños le da una libertad creativa sin límites y que Christopher Nolan aprovecha. Tiene ese punto algo barroco de El señor de los anillos en una historia contemporánea que no se ahorra algún homenaje, como un descenso de esquiadores al más puro estilo James Bond.

Si no la has visto, no te recomiendo que sigas. Eso sí, cuando lo hayas hecho, ¡vuelve a acabarlo!

Respecto a los sueños, me gustaría concretar algunos aspectos redundando en cosas que antes he comentado. El juego entre realidad y sueño le da a Origen muchas posibilidades. Yo destacaría 3:

Cuando vimos Lost, nos hicieron disfrutar con un elegante juego entre los flash backs y los flash forwards para acabar descubriéndonos lo que se ha popularizado como flash sideway. Los flash sideways consisten en mostrar dos historias que están sucediendo simultáneamente para los mismos personajes. Lo que nos pareció entonces una novedad, resulta que ahora también lo explora Origen.

Pero yo diría que estos flash sideways son, incluso, más interesantes que los de Lost porque, como si tuvieran vasos comunicantes, interactúan entre ellos. Y ahí reside su fuerza. Aquello que sucede en un estadio superior de conciencia afecta irremediablemente a los estados inferiores. Para redondearlo, cada una de estas realidades paralelas requieren también de un final que será simultáneo para cada una de las tramas que se abren. De tal manera que el clímax, necesariamente, ha de llegar en el mismo momento a todas.

Por último, destacaría un hecho más que interesante. En principio, contar una historia significa contar una serie de hechos ligados entre ellos de forma causal. Es decir, aquello que estamos viendo en un momento dado del film se produce a causa de lo que hemos visto inmediatamente antes estableciendo una relación de causa-efecto hasta que llegamos al final.

Pero en Origen estamos en el mundo de los sueños, donde todo es posible. Cada sueño es como una nueva película, con su principio este no causado. Y donde las cosas más inverosímiles (como situaciones agravitacionales o donde la muerte no implica más que subir a un estado superior) pueden producirse. Eso le permite a Nolan justificar ciertas incongruencias por el camino sin que las visagras de la narración rechinen.

Y más importante que eso: convierte el Deus ex machina en causal. Un Deus ex machina es algo que sucede en una narración sin justificarse. No deberían usarse nunca porque suelen utilizarse para “salvar” al héroe cuando está en una situación de la que él sólo no podría salir. ¿Qué interés tendría una película en la que supiéramos que, en un caso extremo, el héroe podría llamar a una corte de ángeles para que le sacaran del atoyadero?

Lo curioso es que en Origen eso sí está permitido. De repente el Deus ex machina está causado por el mundo en el que nos hemos introducido. Es un Deus ex machina causal. Te preguntarás por qué a este freaky le preocupa tanto que las cosas puedan pasar porque sí. Pues sencillamente porque, conforme nos acostumbramos a que las cosas no requieran de una explicación previa, estamos aumentando drásticamente las posibilidades narrativas de nuestras historias.

Algunos (la mayoría) han intentado romperlas pero con poco oficio. Es un deporte de riesgo. La crítica puede destrozarte y el público salir de sala sin haber entendido nada de lo que trataban de contarle. Pero Nolan lo hace con un gran acierto consciente de hasta dónde puede llevar esta potente herramienta narrativa.

Para acabar, destacaría el plano final donde, con sutileza, se juega con una dualidad que ha acompañado toda la película. Al dejar la peonza danzando sin que caiga rendida sobre la mesa, no podemos evitar preguntarnos aquello que ya se formuló en Matrix o Paul Watzlawick hace años en su famoso libro ¿Es real la realidad?


En definitiva, Origen es una de esas pocas películas de acción y trepidantes que merece la pena ir a ver al cine. Su potencia visual sólo es alcanzada por su muy buena narración y por unos personajes muy bien trabajados. Una pieza para dejarse llevar.

Movimientos de cámara (II): Travelling

En el anterior post, hablamos de las panorámicas, quizás el movimiento más conocido. Pero, como dijimos, no es el único. Con el tiempo, han llegado muchos otros Y otro del que casi todo el mundo ha oído hablar es el travelling.

El travelling implica un cambio de posición de la cámara que suele venir acompañado de un movimiento en panorámica, aunque no necesariamente. Son de gran utilidad para reforzar elementos del plano que tienen una importante carga dramática y para mostrar elementos del plano que quedarían ocultos en caso de no utilizarla.

Puede parecer que tiene unas funciones similares a la panorámica, sobre todo por aquello de mostrar elementos del pano que, si no quedarían ocultos. Pero es sólo una ilusión porque, en realidad, sus funciones son muy diferentes.

Godard, uno de los directores de cine más importantes de la historia, dijo que el montaje era una cuestión moral. Luego, esta cita se ha aprovechado para relacionarlo con muchos aspectos de la creación cinematográfica. Se habla del montaje, el plano, el travelling… Y, en todos los casos, es cierto.

¿Por qué saco este tema? ¿Y qué narices significa eso de la “cuestión moral”? Pues porque uno de los tipos de plano más “morales” es el travelling. Y, aunque es un tema bastante complejo, intentaré explicarlo para que se entienda.

Cuando el realizador y el director de fotografía deciden dónde poner la cámara, buscan unos motivos. Ponen la cámara en un sitio por algún motivo. Si la película está bien hecha, la respuesta a ese sitio “adecuado” tiene que ver con el “punto de vista” desde el que se narra la historia. ¡Carai! Me estoy complicando. Tranquilo, que ya casi estoy…

Digamos que hay planos que tienen la capacidad de identificarnos con el que sale en la imagen y planos que generan justo lo contrario. Y el travelling es uno de esos planos que, de verdad, condicionan, y mucho, nuestras filias y fobias en un film.

Pongamos por ejemplo el famoso discurso facilongo de Bill Pullman como presidente de USA en Independence Day. Hay otros planos, pero fijaos en el plano del presidente. Verás que la cámara va acercándose. No me dirás que no genera identificación. Fíjate cómo la planificación, en realidad, es muy sencilla. Planos inserto de gente escuchando y el travelling acercándose al presidente.

Eso es lo que solemos hacer cuando queremos identificar al espectador con un personaje. Justo el mecanismo inverso (o esa, separarse) provocaría el efecto contrario. De distanciamiento.

Algunas películas utilizan el travelling in (el que se acerca) en el primer plano para “meternos” casi literalmente en la trama y el travelling out (el que se separa) para “sacarnos” de la historia en su último plano.

La cosa es que los travellings tienen algunas virtudes y algún defecto que otro.

A parte de las cosas que ya hemos dicho, tienen una enorme capacidad de dar sensación de tridimensionalidad. Conseguir eso es una de las tareas más importantes del director de fotografía. Son expresivos y muy bonitos. Y, además, dan dinamismo a la imagen.

Además, es capaz de enseñar cosas que la panorámica no es capaz de enseñarnos. Digamos que la panorámica nos puede enseñar cualquier cosa que quede a la derecha, izquierda, arriba o abajo del cuadro. Pero nunca cosas que queden detrás de la acción. Por ejemplo, detrás de los personajes. Imagina un personaje que tuviera un cuchillo escondido en la espalda. Con una panorámica jamás podríamos mostrarlo. Pero con un travelling sí.

El gran defecto del travelling es que es muy caro. Requiere tiempo y eso acaba por traducirse en dinero. Por eso, producciones de bajo coste los tienen muy limitados. También es verdad que algunos directores abusan y acaban por perder efectividad.

Para acabar, te dejo con uno de los mejores travellings de toda la historia del cine. Es de la famosa escena de las escaleras del Acorazado Potemkin. Verás que es muy expresivo y que da una fuerza espectacular a la imagen. Si, además, te sitúas en los años 20, que es cuando se rodó, alucinas que alguien fuera capaz de hacer eso.

Movimientos de cámara (I): Panorámica

La panorámica es un movimiento de cámara que consiste en girarla sobre un eje, ya sea en vertical, horizontal o la suma de ambas. Y sus funciones principales suelen ser 2; enseñar una parte de la escena que, de otra manera, no podría verse, y acompañar a la acción. Por ejemplo, este vídeo que puedes ver a continuación es una panorámica en la cima del Everest.

Cuando nació el cine las cámaras eran unos trastos realmente enormes. Debía de ser muy incómodo moverlas, así que se tardó un tiempo en hacer los primeros. Además, hay que tener en cuenta que hasta mediados de la década de los 10 no había la voluntad tal y como hoy la entendemos, de contar “historias”. Más bien se mostraban situaciones o cuadros. Digamos que, por extensión, se buscaba hacer una especie de imagen teatral. Así que tampoco era necesario moverla.

Pero cuando la cámara empezó a “mandar”, aparecieron los primeros esfuerzos; Porter, el director de la conocida Asalto y robo a un tren, y Griffith fueron los primeros en conseguirlo.

La gran función de la panorámica es que nos permite seguir la acción. Imagina que los dos protagonistas caminan a lo largo de una calle. Para poder enseñar todo el paseo de los personajes, tendríamos dos opciones; o enseñamos mucha calle para que, sin mover la cámara captáramos todo el paseo, y entonces los protagonistas se verán pequeñitos. O movemos la cámara. Y una de esas opciones es la panorámica.

Digamos que ese tipo de panorámica nace, en esencia, de una necesidad. Si enfoco todo el camino sin mover la cámara, pierdo legibilidad. La legibilidad en una imagen es lo fácil que es ver las cosas importantes. Si los personajes son muy pequeños dentro de la imagen, me costará encontrarlos, por lo que la legibilidad sería muy mala. Así que encuentro una solución técnica que me permite mover la escena y, a la vez, mostrar lo que haga falta con claridad.

Pero con el tiempo se le dio una función también dramática. En el cine hay siempre hay una tensión entre lo que se ve y lo que no se ve porque queda fuera de plano. La panorámica nos permite mostrar elementos dramáticos que, de otra forma, quedarían velados al espectador.

Imagina que un hombre camina por un bosque. Va tranquilo, sin miedo a lo que pueda pasarle. Le vemos pasar entre dos árboles despreocupado. Pero la cámara hace una panorámica vertical (de la cara a los pies) y vemos que ha estado a punto de tropezarse con un cable que parece el desencadenante de que se active una trampa.

Incluso el propio movimiento puede tener carga dramática sin necesidad de enseñar nada especial. Si la cámara hace la panorámica muy rápida hacemos lo que se llama barrido. El barrido, en una escena de mucha tensión, refuerza la sensación de movimiento, de prisa. Parece que están sucendiendo muchas cosas y muy rápido.
En algunas situaciones, llega a utilizarse para el montaje. Mira, por ejemplo, esta escena comentada de una de las escenas más brillantes de toda la historia del cine. Orson Welles, en Ciudadano Kane, utiliza el barrido para dar la sensación que pasan muchos años. Nos muestra a una pareja y como, mediante la actitud, la relación va variando con el tiempo.

Puede transmitir algunas cosas más, aunque quizás no son tan evidentes. Por ejemplo, puede ser útil para transmitir mareo cuando una persona se desmaya. Otras veces se ha utilizado para enseñarnos un sueño o para mostrar que alguien se ha desplazado en el espacio más rápido de lo razonable, como en el caso de un vampiro o un espíritu. Eso sí,no hay que olvidar que el barrido (y la panorámica en general) puede tener una función puramente estética. Sencillamente porque queda bien.

La panorámica es el primer gran movimiento de cámara del cine. Con el tiempo han llegado otras soluciones que pueden parecer idénticas pero que tienen algunas diferencias que las hacen completamente distintas. Lo que nadie quitará a la panorámica es que fue la primera capaz de romper el propio marco de la imagen de cine. Toda una innovación…

Catarsis vs. efecto V

catarsis

Seguro que alguna vez habéis oído hablar de la catarsis porque tenéis un amigo freak al que le gusta el cine (o cualquier arte narrativo en general) o porque lo estáis estudiando. Es posible que no os haya acabado de quedar claro qué significa y por qué se utiliza. Menos probable es que hayáis oído hablar del efecto V. En todo caso, miraré de ayudaros.

Hagamos un viaje a la antigua Grecia para comprender qué es la catarsis. Eres un simpático o simpática ateniense que decide ir al teatro. Mientras vas por el camino piensas en que tu hija preadolescente ya empieza a salir con chicos y no te hace ninguna gracia. Estás pensando en prohibirle salir una temporadita hasta que se le pase el celo. Cueste lo que cueste.

Te sientas a ver la obra. Orgulloso/a con tus entradas en la mano para ver El increíble y espectacular mito de Perseo escrito por el mayor dramaturgo moderno: Homero, esperas que apaguen las luces. Y sube el telón…

Cuando empieza la historia, al rey de Argos, Acrisio, los oráculos le dicen que su nieto le matará. Asustado por la predicción, decide encerrar a su hija Danae. Y piensas: anda como yo. Y comprendes que tú harías lo mismo. De hecho, estás a punto de hacerlo con la tuya propia. No ibas a permitir que la muy insensata tuviera un hijo que luego te matara. Y te identificas.

Pero claro, Zeus, que todo lo puede, descubre su belleza. Y, como quien no quiere la cosa, se mete en el cuarto cerrado y la deja embarazada de Perseo. Así que, por culpa que tu hija es ligera de cascos (literalmente se lleva a la cama el primero que ve) y que Zeus es un mujeriego, tú tienes en riesgo tu vida. Así que, ni corto ni perezoso, Argos los tira al mar. Pero consiguen salir y, con el tiempo, la predicción de los oráculos se hizo cierta.

Mientras vuelves a casa, la cabeza te da vueltas. La que lía Argos por encerrar a su hija y luego, intentar matarla. ¿Y tú quieres hacer lo mismo? Sería un error hacer lo mismo porque ya se sabe que los dioses encontrarán la manera de burlarte. Así, tu hija no verá su libertad cohartada…

Todo este rollo es para explicar que Aristóteles se dio cuenta que los espectadores tendemos a identificarnos con lo que pasa en el escenario. Las obras de teatro trataban de parecerse a la realidad. A eso lo llamó mímesis. Y la mímesis provocaba que el espectador se sintiera tal y como se sentía el héroe. Y eso provoca que, cuando llega el momento clave de la historia, los espectadores sacan conclusiones válidas para su propia vida. Lo que vendría a ser una buena lección… Y ese aprendizaje solía suceder en el momento más dramático de la obra, cuando el héroe es castigado por sus pecados. De esta manera, la gente podía experimentar las graves consecuencias de tomar una mala decisión pero… ¡sin necesidad de sufrirlas! Todo un chollo…

Así, en el mito de Perseo, el momento en el que el nieto mata al abuelo se produce lo que conocemos por catarsis. De alguna manera, Aristóteles nos dice que, como hemos vivido las consecuencias de la mala decisión, de alguna manera, ya hemos sufrido sus consecuencias. Ya hemos pagado por ello. Algo parecido a redimirnos. Así, la catarsis se convierte en una especie de proceso depurador de errores. Un proceso purificador.

¿Se ha entendido? Porque para entender el efecto V hace falta entender lo que es la catarsis. ¡Pues sigo!

A principios del s. XX, un dramaturgo alemán llamado Bertolt Brecht, se preguntó qué pasaría si, en vez de buscar la identificación total del espectador (o sea, la mímesis y su consecuente catarsis), el autor buscara todo lo contrario. Es decir, que el espectador tomara conciencia de que está viendo una ficción. Qué sucedería si el espectador fuera despertado de la ensoñación que provoca una ficción y se le avisara de que lo que ve es mentira.

A eso se le llama efecto V, aunque también recibe el nombre de distanciamiento brechtiano o, simplemente, distanciamiento narrativo. Bueno, como teoría puede parecer muy interesante. Pero, ¿cómo se traduce eso luego a elementos narrativos? Pues con cualquier cosa que, por regla general, no forme parte del desarrollo normal de una historia.

En una película, los más evidentes son los casos en los que el personaje se dirige a cámara directamente. Ya sea sólo con una mirada o interpelando al público.  No hace demasiado hice un post sobre Michael Haneke y hablaba sobre este tipo de elementos, ya que es muy recurrente en su cinematografía.

Hay otras fórmulas intermedias que, de alguna manera, también avisan al espectador que lo que está viendo no es real. En el caso del cine gore, es evidente el uso de sangre artificial. No busca ni pretende que parezca cierto.

Todavía más sutil podría ser el uso del zoom. Nosotros podemos “recrear” casi todos los movimientos de cámara con el cuerpo. Un travelling es algo parecido a caminar. Nos acercamos a las cosas de forma progresiva y, sobre todo, cambiando nuestra perspectiva del espacio. En cambio, un zoom hace una especie de recorte. Tiene algunas consecuencias ópticas en las que no entraré porque tampoco soy un experto en el tema. Pero el caso es que un zoom rápido es algo que escapa a nuestra percepción “normal”. Por lo que, de alguna manera, el director nos recuerda cuál es nuestro sitio en este juego.

Y la pregunta del millón: ¿por qué hacer esto? Bueno pues… porque sí. Unas veces por el puro divertimento que supone ver que algo es mentira (como en el caso de gore). Otras muchas veces se utiliza para dar a entender al público que la realidad es mucho peor que lo que vemos (como hace Haneke). En otros casos puede ser sencillamente un recurso estilístico.

Creo que son dos de los conceptos más interesantes en narrativa. Se les puede sacar mucha punta. Asumiendo que los finales catárticos son lo habitual, te reto a que, en la próxima película que veas, busques efectos V. O que, por lo menos, trates de identificar algunos de ellos.

Cuando estoy dirigiendo un corto hay muchos elementos que hacen adquirir mucha complejidad a su ejecución. Pero diría que las dos partes más complicadas son “¿dónde colocar la cámara?” y “¿Cómo le explico yo a estos actores lo que necesito de ellos?”.

Cuando descubrí este libro lo hice pensando en cómo mejorar mi comunicación con ellos. Cómo conseguir explicar aquello que necesitas para que el resultado sea coherente. En esencia la pregunta es; ¿Cúal es el idioma en el que debo hablarles?

De él esperaba conocer con algo más de profundidad las herramientas de las que se sirven los actores para conseguir lo que quieren. La mayoría están formados en lo que se conoce por Método en sus diversas variantes (Meisner, Actor’s Studio…).

La verdad es que me ha decepcionado. El libro tiene algunas partes muy interesantes, como cuando explica Método de actores y algunas de sus descripciones de los conflictos entre actores y directores. Pero estas descripciones tienden a repetirse varias veces a lo largo del libro. Y, además, hay un mónton de anécdotas reales que pueden tener cierta gracia pero que no aportan nada al tema que se está tratando.

Da la sensación que el libro está inflado para llegar a un cierto volumen de páginas. Y, como lector, se hace pesado.

En fin, no os lo recomiendo.

El día de Sant Jordi me regalaron un libro que hacía tiempo que tenía entre ceja y ceja; Moteros tranquilos, toros salvajes de Peter Biskind. Me lo recomendaron hace años y el tema me llamaba la atención. El libro relata las relaciones entre los directores de Hollywood en los años 70, una época clave en la construcción del lenguaje cinematográfico y en las relaciones entre los creadores y la industria.

Lo que el libro explora es la aparición en los 70′s en lo que viene a llamarse New Hollywood y del que forman parte de directores tan reconocidos (algunos sólo conocidos) como Steven Spielberg, George Lucas, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Pero, además, también relata cómo directores con tanto talento (quizás hoy no tan conocidos) como Peter Bogdanovich, Hal Ashby o Dennis Hopper no consiguieron aposentar sus carreras.

Hasta finales de los 60′s, la estructura de la industria giraba en torno a los productores. Pero dos hechos vinieron a concretarse en la revolución del New Hollywood. Por un lado, en Francia llevaba años fraguándose el concepto autor, poniendo en el alma de la creación cinematográfica al director. Cuando esas teorías se concreten en la Nouvelle Vague, los aspirantes a director querrán replicar el modelo en su país.

Por otro, las universidades cinematográficas lanzaron al mercado sus primeras hornadas de estudiantes a la industria. Era la primera generación formada universitariamente para dirigir films.

En ese punto empieza el ensayo del libro. Tras el éxito de Easy rider (1969) de Dennis Hopper y La última película (1969) de Peter Bogdanovich, la industria hará un giro hacia el cine de autor. No es, ni mucho menos, que se abandonaran los títulos comerciales. También en aquella época también se estrenaron films como El coloso en llamas (1974) de John Guillermin e Irwin Allen o Love story (1970) de Arthur Hiller. Pero sí que se prestó atención a una nueva forma de cine que cambiaría, incluso, el cine comercial.

A pesar de que apenas duró muy poco, la lista de películas increíbles que dieron aquellos años no se acaba. El padrino I & II (1972 y 1974), La conversación (1974) o Apocalypse now (1979) de Coppola. Malas calles (1973), Taxi Driver (1976), El último vals (1978), o Toro salvaje (1980) de Martin Scorsese. THX 1138 () o American Graffiti () de George Lucas. M.A.S.H. (1970) o Los vividores (1971) de Robert Altman. Shampoo (1975) o Bienvenido Mr. Chance (1979) de Hal Ashby. Mi vida es mi vida (1970) de Bob Rafelson. En fin, que no acabo…

Aunque en realidad el fin de esta época lo marcaron por diferentes motivos El padrino, Tiburón (1975) de Steven Spielberg y La guerra de las galaxias (1977) de George Lucas entre otras, se ha querido señalar como culpable de la caída de ese movimiento cultural La puerta del cielo (1980) de Michael Cimino por la ruina que supuso a la productora United Artist.

En mi opinión, el libro es casi imprescindible para comprender los resortes que aquella época movieron y cómo un grupo de talentosos artistas acabaron (la mayoría) tan mal. Drogas, alcohol, creatividad, narcisismo… Un cocktel terrible para sus vidas pero delicoso para nosotros, los espectadores.

La chica del tren

Basada en un hecho real, La chica del tren nos cuenta la historia de una joven que, en la búsqueda de la aceptación de su entorno, se inventa una agresión. El problema es que saltará a los medios de comunicación y se le escapará de las manos.

Muchas películas, cuando abordan un tema, cometen el error de focalizarse demasiado en el conflicto. Eso les arrastra a dar una visión superficial de aquello que abordan. Y cubren el interés propio del tema de un paralizante maniqueísmo.la chica del tren

El caso de la chica del tren no es ese. Los personajes tienen vidas muy definidas, con muchos elementos enriquecedores en torno al conflicto. Y esa es justamente su debilidad. Son tantas las cuestiones que aborda y tan fuertes que el núcleo de su narración queda diluído casi a una mera anécdota.

La historia arranca con el encuentro patinando entre la joven protagonista y un atractivo atleta de lucha griega. Es ahí justamente donde el director, André Téchiné, da con su mejor arma. La resolución visual de ese primer encuentro es de una enorme belleza.

Ese saber hacer se extiende a lo largo de todo el film pero nunca llegará a los niveles de los primeros minutos. Pero todo ello se verá compensado por un enorme trabajo de Catherine Deneuve y Michel Blanc. Sus interpretaciones y la elaboración de sus personajes es de lo más interesante.

Como decía, el gran problema llega con el guion. Advierto que no me estoy refiriendo a los diálogos (que son sólo una parte pequeña de ese trabajo) sino a la evidente dispersión que padecen sus algo mas de 100 minutos.

Cada uno de los conflictos que el film aborda dan para una nueva película. De tal forma que el interés se diluye e impide profundizar en ninguno de ellos hasta las cotas que, como espectadores, esperamos de él.

Advierto que a partir de este momento voy a explicar cosas que quizás no quieras saber.

Yendo un poco más al fondo de la cuestión, expongamos cuántas subtramas aborda el film a un nivel parecido; la relación amorosa entre la chica y el atleta, la relación entre el abogado y la madre, el intento de asesinato que padece el deportista e, incluso, la relación entre la chica y el niño.

Son demasiados temas a abordar, demasiado interesantes todos ellos, que centrifugan nuestra atención y el tiempo que el director le presta a lo que, de verdad, debería de ser sustancial: una joven que quiere encontrar la estima en la compasión.

Es evidente que la cuestión central del film (la falsa paliza a una joven en el metro por un grupo de nazis y el antisemitismo de Francia) dan para muchas horas del película. Es también cuestión central que los personajes no sean meros arquetipos si nuestro objetivo es abordar tal temática.

Pero, ¿de verdad había necesidad de afrontar una historia de mafiosos para llegar al corazón de la trama? ¿De verdad ayuda a comprender mejor los motivos de la protagonista a pesar de intentar mantenerlos velados a través de una cortina que sólo nos deja entrar en parte en su psicología? Me atrevería a decir que no.

Por otro lado, el film pasa de puntillas sobre la reacción de los medios de comunicación y el interés que tiene que, incluso un presidente de la república pueda llegar a presentar su solidaridad sin apenas pruebas. Toda esa hipocresía y esa concepción simplista del mundo no es abordada.

Asumiendo estos problemas que tiene el guion, el casting, aunque bien hecho, acaba por demoler las bases narrativas. La fuerza interpretativa de Catherine y Michel es tan fuerte que su verdadera protagonista (Emilie Dequenne) queda totalmente eclipsada.

En fin, diría que La chica del tren abre una puerta a una temática poco tratada en el cine y que no ha sido capaz de cerrar. Me deja con las ganas de ir más allá. Veremos si, con el tiempo, alguien tomará sus elementos y los combinará con más acierto.

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MGM quiebra

De hecho, ya no es noticia que la MGM ha quebrado. Parece que la empresa debía 3500 millones de dólares y que era impagable. Así que su stock de películas (alrededor de 4000) y sus proyectos en fase de producción, como El hobbit, se han quedado huérfanos.

Durante casi 100 años, MGM ha producido películas como Mago de Oz, la serie de James Bond, las películas de la Garbo o las de los hermanos Marx. Puede dar lástima pensar en todo lo que queda atrás. De hecho, yo no puedo evitar ponerme algo nostálgico. Y reconozco que no sé muy bien por qué motivo.

Lo que sé seguro es que no hay que preocuparse. Otro se ocupará de su stock de films y, en el futuro, otro ocupará su lugar en la industria. Si eso no sucede será porque, en realidad, no había lugar para él. Duele pensarlo, pero es de sentido común.

Pero este post no es informativo. Otros ya lo hacen bien y mucho más rápido. No os lo voy a negar, nace con un puntito de indignación. ¿Por qué? Pues porque la mayor parte de las cosas que leo por la red dan a entender que esta quiebra se produce por una profunda incomprensión de internet. Y aunque es uno de sus factores, me parece que la gente de “internet” nos estamos mirando demasiado el ombligo. La quiebra de MGM, desde mi punto de vista, es algo más compleja.

Mucho antes de que internet empezara a ser de uso masivo y mucho antes de que descargarse películas de internet tuviera sentido, la industria del cine ya estaba en crisis. ¿Y desde cuando eso es así? En realidad, el cine sufrió mucho durante más o menos, 30 años: de los años 40 con la aparición de la tele hasta los 70 en los que el sector se refunda. O sea, que se reencuentra con el público.

Es a partir de ese punto que tomo interés en la cuestión. Tras este reencuentro popular, la industria topa con nuevas estrategias para llegar a él. Yo me atrevería a decir que, en esencia, el cine descubrió en su enemigo a su mejor aliado; la televisión. Campañas de marketing para dar a conocer sus nuevas propuestas.

Pero la parte más interesante de esta nueva relación con la televisión es que encontraron una vía de negocio; los vídeos VHS. Los ingresos se multiplicaron y, aquí llega la clave, las pocas estrellas de la industria se cobraron su parte del pastel. Los ingresos se estabilizaron pero las demandas de los actores no.

Los economistas saben que cuando un mercado es “muy estrecho” (es decir, cuando hay poco donde elegir) el cliente acaba pagando un precio por encima del valor que aporta. Pero no puedes renunciar a el “producto” porque eso es garantía de fracaso. Así, las productoras pagaban cantidades irrecuperables para fichar a las Julia Roberts y Mel Gibson de turno y garantizar así el éxito. Éxito de público que no económico.

Ese proceso de gastos desmesurados no acaba aquí. La entrada en la era digital provocó una locura por generar los efectos especiales más increíbles. Recuerdo que cuando se estrenó Parque jurásico y Titanic se creaban empresas de FX que, para estar a la última, debían cambiar sus equipos informáticos ultramodernos cada 6 meses. Y quebraban una tras otra.

Y todo ello conlleva una consecuencia casi más escondida (y más debastadora) que las 2 ya comentadas. El público que la industria encontró en los 70′s era joven. Y se especializaron en cine para ellos. Pero la oferta de ocio, en especial para esta generación, aumentó exponencialmente. Sobre todo, las videoconsolas.

Existen más factores que me llevarían a extenderme más; modelos de producción, exceso de exhibidores y el consecuente exceso de copias, partners que están focalizados en otras áreas de negocio que intervienen demasiado en las decisiones estratégicas del sector, estructura de la cadena de valor…

Y es cierto que, en este entorno, llega internet que permite algo perverso: la industria genera algo de valor para el público que puede conseguir… ¡gratis! Y lo terrible es que no saben de qué manera ganar con todo esto.

La industria acabará encontrando de nuevo el camino porque la gente seguirá demandando ficciones. De eso no tengo ninguna duda. Cómo se consumirá ya no lo sé. Pero aunque internet pueda ser la estocada final a una industria en crisis, no es el único factor ni necesariamente el más importante. Dicho con otras palabras, la industria ya venía con la crisis de casa.

No reduzcamos las causas y los efectos de las cosas al ámbito que nosotros, como individuos, tocamos. Internet lo está cambiando todo, eso es verdad. Pero no convirtamos esto en una cosmovisión exclusiva y excluyente de otras realidades. Dejemos de simplificar o nuestras abuelas no entenderán de qué les estamos hablando.

La autoría en el cine

Estos días me estoy leyendo un libro que, si no lo conocéis, os recomiendo a los cinéfilos y, casi me atrevería a decir, a los no cinéfilos también; Moteros tranquilos, toros salvajes. Despertará vuestra vena morbosa seguro.

El libro habla sobre la época del New Hollywood, que son los años 70′s, con la llegada de multitud de directores que marcaron un hito; Lucas, Spielberg, Altman, Hopper, Coppola, Scorsese, Beatty, Cimino… Y lo explica desde la entrañas de la propia industria. Con todos sus claroscuros. Intuición, sentido artístico, creatividad, magia… Pero también drogas, alcohol, violencia, asesinatos, paranoia, miedos…

La cosa es que hablando de Easy rider, la película dirigida por Dennis Hopper protagonizada por Peter Fonda y él mismo, entre muchísimos problemas (Hopper estaba todo el día drogado y muy violento) tuvo algunos respecto a la autoría. Uno había propuesto la idea, otro decía haber escrito el guion (aunque otros lo niegan), otro filmó pero no le dejaron montar. Y me hizo pensar que no tenía claro a quién se le podía atribuir este increíble film.

Quizás esto requiere algunas aclaraciones históricas. Ahora tenemos la idea clara de que el autor es el director. A nivel legal me parece que están reconocidos como tales el director, el director de fotografía y el productor. Pero a mi no me interesa tanto la cuestión legal como la “moral” (ojo, la ley en Europa reconoce ciertos derechos morales, pero repito que me refiero a la cuestión ética del asunto).

Desde un punto de vista “moral” en aquella época no estaba nada claro quién era el autor. Desde los años 30 hasta los 60′s el auténtico dueño de la autoría en todos los sentidos era el productor. Excepto casos muy puntuales, la mayoría de directores no eran más que meros realizadores; se les decía qué tenían que hacer y no tenían ningún tipo de decisión sobre el montaje final.

El “cine de autor”, tal y como hoy lo entendemos, no llega hasta que los franceses empiezan a utilizar esta expresión a finales de los 50′s y que acaba concretándose en la Nouvelle Vague. Digamos que ellos proponen un control total en la obra por parte del director; la idea es suya, tutela la escritura del guion, filma, y monta. Es un autor total.

La cosa es que los directores que surgen en la América de los años 60 se fijan en el cine europeo con envidia y consiguen dar ese vuelco histórico. Desde ese momento tendemos a atribuir todos los méritos al director, más allá del resto del equipo técnico y artístico. Y todo gira a su alrededor.

Volviendo al caso de Easy rider. Finales de los 60′s. Peter Fonda, que era muy amigo de Dennis Hopper, le propuso la idea de hacer una película sobre unos moteros traficantes de droga. Eso ahora puede parecer un tópico, pero en aquella época era un cambio radical. Nunca jamás se había dado el protagonismo (y la heroicidad) a personajes que iban contra el sistema (excepto algún film que se había estrenado hacía poco como Bonnie and Clyde). Es obvio que la idea era muy transgresora y, por tanto, muy influeyente en el resultado final.

El guion se lo propusieron a Terry Southern, pero Hopper y Fonda dicen que no llegó a escribir una línea. Así que lo escribieron ellos. Eso es algo en lo que Terry no está de acuerdo. No sé cuál es la verdad, pero el hecho es que en los créditos aparecen los 3.

El rodaje fue cosa de Hopper. Toda la psicodelia, los tiros de cámara, los reflejos del sol en el objetivo (prácticamente nunca se habían utilizado de ese modo), los lugares de rodaje… Pero cuando llega la hora de montar parece ser que era incapaz de bajar de las 4 horas y media de película. Así que hubo que invitarle a irse de vacaciones y que lo montara Donn Cambern. En esa etapa se puso el rock&roll como banda sonora, cosa que tampoco se había hecho jamás.

Así, ¿quién es el autor? El que aporta la idea, el guionista, el director o el montador… ¡Difícil elección!

Yo creo que depende del film. Hay películas donde el guionista condiciona tanto el resultado final que el gran autor es el guionista. En otros casos (la mayoría), el director controla tanto todo el proceso que su firma queda impresa del minuto 1 al final. Y puede que algunos montadores pongan tanto de su parte que, aunque sean menos conocidos, hayan influído mucho la obra final.

Esta lista puede alargarse muchísimo; director de fotografía, director de arte, actores y actrices, vestuario… Dicho esto, yo creo que denpende de la época. En una película de los 40′s era el productor. En el presente, en la mayoría de casos es justo darle la autoría al director. En el fondo es como un director de orquesta. Ha de garantizar que todo funciona. Y, sobre todo, es el responsable final de todo.

Es cierto que es un poco injusto, sobre todo con la fotografía, el guion y las interpretaciones. Quizás es demasiado simplificador, pero si Bill Gates el autor del Windows, y Edison el de la bombilla, ¿por qué no iba a ser el director de cine el autor final de casi todas las obras cinematográficas?