Alberto Lacasa

Reflexiones sobre televisión y cine

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Ingrid

Casi sin darnos cuenta, las redes sociales online están afectando de una manera o de otra las creaciones audiovisuales. Y la nueva película de Eduard Cortés es un ejemplo de ello. Basado (imagino que sutilmente) en una relación real del propio director y una chica que conoció por la red, casi todos los creadores (guionista, actores, música) proceden de la red.

De todas maneras, ver la película no requiere para nada conocer ni comprender las redes sociales. Una cosa es que el talento y la inspiración hayan surgido de la red y otra muy distinta que sea un producto freaky sólo para usuarios myspace. Decisión que considero un acierto.

En esencia, cuenta la historia de Àlex, un hombre de mediana edad recién separado que descubre en una joven vecina una chica tan misteriosa como atractiva. Tonteando con el sadomasoquismo y las conductas autodestructivas, Àlex se verá abocado a un mundo perverso y enigmático.

He de reconocer que los primeros minutos me fascinaron. Me entusiasmó la fotografía, el montaje y la propuesta narrativa de la película. Ingrid se convierte justo en aquello que pretende el guion; tan seductora como temible.

Eduard Farelo está magnífico y la amiga de Ingrid (creo que la actriz es Iris Salmerón) también. No siento lo mismo respecto a Elena Serrano, la protagonista. Por un lado, tiene una capacidad enorme de expresar con las facciones y con el cuerpo. Pero el texto lo decía vacío, sin carga dramática. Como un autómata.

Me gustaría poner el acento en lo positivo; es un tipo de cine que nunca (o casi nunca) hemos podido ver en nuestro país. Hay detrás una asunción de riesgos que creo que hay que premiar. La propuesta es muy interesante. Estéticamente los resultados son magníficos.

Los problemas graves, y siento decirlo, están en el guion. Sencillamente no se sostiene en su propio discurrir. Así como los primeros minutos te enganchan en un producto que parece superar de largo la media nacional, acaba en una trama con la que es difícil acabar identificándose.

Así que antes de empezar a soltar spoilers, diría que el film hace una propuesta visual muy interesante pero con un guion paupérrimo. Y hasta aquí si no quieres leer nada del argumento del film.

La presentación de los personajes es muy buena. El primer acto es a cada minuto más cautivador, más interesante. Incluso algunos aspectos del diseño del personaje de Ingrid son muy acertados; esos amigos siempre presentes que utilizan su casa como fuente de inspiración, la carga dramática que adquieren las puertas o el desfile sádico que prepara en su propia casa.

Los problemas empiezan a llegar cuando el primer acto llega a su fin. Cuando, siguiendo a Ingrid sonámbula llega a una casa donde hay 3 hombres muy serios sentados en una silla. Es tan tópico y tan premoniotorio que la película o acababa sin explicación o lo hacía con una justificación absurda, que la tensión cae en picado.

El segundo acto, más allá de conseguir aumentar la tensión, Ingrid va cayendo. Irremisiblemente, la historia se estanca. Bascula en unas idas y venidas que no acaban de tener mucho que ver con el propio interés que nosotros, como espectadores, tenemos. Al fin y al cabo, como espectador, lo que me motiva es la relación entre Àlex e Ingrid. El problema es que Àlex asiste casi exclusivamente como espectador a toda la sordidez incomprensible de Ingrid.

Con este Àlex semidistanciado de la realidad de su atractiva vecina, como espectadores nos vemos obligados a esperar irremediablemente la llegada del tercer acto. Pero cuando este llega, como espectador estaba ya algo cansado. El olfato ya me anunciaba que todo quedaría sin explicación, sin por qués.

Àlex llega un punto en el que ignora tanto a Ingrid que la deja volver sola a la casa de campo. Por lo que, en el clímax, Àlex no está presente. Toda su acción en el desenlace es recibir una llamada. Demasiado pobre para un personaje tan importante.

El hecho es que, poco a poco, el guion nos arrastra a distanciarnos de Ingrid, a dejar de interesarnos por su submundo incomprensible. Es decir, hacemos lo mismo que su protagonista; tomar distancia de algo que nos produce dolor.

Llegado este punto y después de haber insistido en los errores que empobrecen el guion, no me gustaría acabar con un mensaje negativo porque creo que es injusto. Hacer cine no es fácil. Tenemos un serio problema de falta de tradición de ciertos tipos de cine más arriesgados.

Ingrid entra en esta línea. Han asumido el riesgo de hacer algo que quizás costara entender. Incluso he leído que les costó lograr un acuerdo de distribución.

Así, a pesar de lo fallido del guion, creo que Ingrid está en la buena dirección; una buena propuesta con una propuesta escénica muy bella y con una plantilla interpretativa más que solvente.

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Broadway showcase

Valentí Sanjuan, uno de los fundadores de cine.cat, redactor del programa de cine de Àlex Gorina La finestra indiscreta y conductor del Vist i no vist de Catalunya radio, lleva un tiempo diciéndonos por twitter que ha coescrito un documental y que ahora mismo lo están presentando en Sundance. Acabo de ver el trailer y estoy encantado con lo que nos han dejado ver.

Ya hice un post en el que hablé, entre otras cosas, de cómo el documental estaba cogiendo una fuerza enorme en la producción de nuestro país y, sobre todo, en Barcelona. Algún día me gustaría hacer un post especial sobre algunos que me han gustado mucho.

Mientras tanto, os presento el trailer del que hablaba Valentí, Broadway showcase. Lo dirige Albert Uria, que ha realizado algunos anuncios muy conocidos (como los de IKEA) además de 6 cortometrajes. Entre ellos, codirigió Smoke city que ganó diversos premios y fue nominado a los Goya.

El guión es de los dos y retrata la historia de unos aspirantes a entrar en el circuito neoyorquino de Broadway. Para ello, se presentan a su primera audición profesional; el showcase, donde se juegan buena parte de sus oportunidades.

Tiene una pinta increíble. En estos pocos segundos he sentido muy reflejado el estado de ansiedad de los aspirantes a actores profesionales cuando he estado en el lado de la mesa que seleccionaba. Y eso que yo no iba a darles nada parecido a una oportunidad de Broadway.

Showcase trailer from NY Showcase on Vimeo.

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Estigmas se estrena en internet

estigmas

La semana pasada gracias a un twitt de Gonzalo Martín, me enteré de que Estigmas, la nueva película de Adán Aliaga se estrenaba primero por internet y era gratuíta para los primeros 1000 espectadores.

Lentamente, pero con seguridad, el cine está empezando a utilizar internet como una nueva vía de distribución, algo que se enrola con una tendencia muy clara de los espectadores y de las nuevas estrategias de las salas de cine (donde están diversificando su oferta con partidos de fútbol, óperas en directo interpretadas a miles de quilómetros…).

Ya hablamos en su día cuando se estrenó Tiro en la cabeza de Jaime Rosales. Parece evidente que las productoras acabarán por distribuir sus ficciones (acaben siendo lo que acaben siendo estas) por internet.

Y vuelve la pregunta recurrente. ¿Y las salas? Bueno, como digo, ya están empezando a diversificarse y, sin haber entrado mucho en el tema, parece obvio que sobran muchas. Así que imagino que se reducirá la oferta para ajustarse a la demanda.

A parte del exhibidor hay otro rol que podría cambiar; las distribuidoras. Si las películas ya no tienen que distribuirse de forma física, ¿para qué las quieren las majors? Ojo, porque estas distribuidoras juegan otro papel tan importante o más que la propia distribución en si.

Cuando las majors están dispuestas a producir un nuevo film, buscan una distribuidora que paga por anticipado a cambio de los derechos de distribución. Así, tienen ante todo una función financiera; yo te presto dinero a cambio de unos réditos en el futuro. ¿En qué lugar dejará a este player la distribución online? Lo que es seguro es que su dinero hace falta y desconozco hasta qué punto pueden estar paralizando ese vuelco hacia internet.

En todo caso, el que quiera ver Estigmas por internet puede hacerlo por 2,95 €. Respecto a la película, explica la historia de Bruno, un tipo lamentable que al que un día le aparecen unos estigmas que le cambian la vida. Basada en un comic, creo que es un buen intento de hacer algo que va un poco más allá aunque , a ratos, carece de ritmo y peca de pretenciosa.

Siento decir que Manuel Martínez no me gusta nada como lo hace. De hecho, este rollito que tiene de artista total no acaba de convencerme. Me da la sensación que cuando alguien que no es actor hace un papel que no es ridículo, ya se le señala como sorpresa y gran trabajo. Yo esencialmente creo que eso es una perversión de la profesión del actor. No es que me parezca mal que no-actores hagan papeles, sino todo lo contrario. Pero lo que no se vale es exigir menos el trabajo de alguien sólo porque, en realidad, es un lanzador de bolas de hierro. Si no vale, no pasa nada. En lo suyo es un fuera de serie.

A pesar de todo ello, no deja de ser una ópera prima. La propuesta me interesa y limando un poquito de allí y de aquí, Adán puede acabar haciendo grandes películas.

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¿El final del realismo tímido?

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Cahiers du cinema es siempre una fuente de reflexión muy interesante. Este último número lo han dedicado al estado del cine en España y un artículo, con más preguntas que respuestas, de Àngel Quintana, profesor titular de Historia y Teoría del Cine de la Universitat de Girona, me ha ayudado a comprender el por qué de las cosas de nuestro cine.

Àngel constata que los años 90, triunfó un cierto cine de autor postmoderno en el que lo importante era la mirada personal. Pero era una mirada aséptica no necesariamente ligada a la realidad que nos rodea. Entre ellos destaca autores como Juanma Bajo Ulloa (Airbag, La madre muerta), Julio Medem (Vacas, Los amantes del círculo polar) o Álex de la Iglesia (Acción mutante, El día de la Bestia).

Con la llegada del nuevo milenio, empezó a triunfar una serie de autores que hacían producciones medianas que se contextualizaban en un cierto entorno. Se trata de un cine realista con una cierta conciencia social y partiendo de unas premisas más bien próximas a la izquierda.

Paradójicamente, estos autores no hacen un cine político en sentido estricto. En la mayoría de estos films, el posicionamiento político es muy débil, “tímido”. No hay una voluntad de lanzar un discurso en el que se presente unas posiciones como negativas y otras como razonables. Más bien son un retrato social de ciertos ambientes sociales.

Los máximos exponentes de este movimiento son Fernando León de Aranoa (Barrio, Familia, Los lunes al sol, Princesas…), Icíar Bollaín (Flores de otro mundo, Te doy mis ojos…), Achero Mañas (El bola, Noviembre…) o Gracia Querejeta (Héctor, 7 mesas de billar francés…). Aunque León de Aranoa quizás sí tiene una lectura algo más política, personalmente sólo recuerdo un film especialmente posicionado; ¡Hay motivos!, donde bastantes realizadores pedían el voto por la izquierda.

Este tipo de cine es lo que Àngel llama realismo tímido, básicamente producido en Madrid. Aunque no consiguieron acabar con el típico y constante visión de que el cine español está en crisis, estas películas consiguieron atraer al público a las salas ofreciendo producciones de una cierta calidad. El problema es que jamás consiguieron cruzar las fronteras. Ningún país parecía estar interesado en nuestras producciones, si descontamos a Almodovar, Amenabar y, en otro ámbito, Coixet.

Pero en el 2006 se produjeron dos films también de autor esta vez con clara vocación internacional y de alto presupuesto; Alatriste, de Agustín Díaz Yanes, y El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro, claros predecesores en la épica de la actual Ágora, de Amenabar. Es como si el cine patrio decidiera lanzarse a cruzar las fronteras (cosa que Alatriste apenas consiguió) y que, como actitud de mercado, me parece muy acertada.

En paralelo, un cierto cine de vanguardia y muy bajo presupuesto, ha crecido a una gran velocidad, que hace un gran uso del género documental y con base en Barcelona. Cuenta entre sus máximos exponentes autores como Jordà (De nens, 20 años no es nada), Guerín (la ciudad de Silvia), Lacuesta (Los condenados), Recha (Dies d’Agost, Petit indi), Portabella (El silencio antes de Bach), Rosales (La soledad, Tiro en la cabeza) o Albert Serra (El cant dels Ocells).

Curiosamente, este cine minoritario está consiguiendo cruzar las fronteras y triunfar en los festivales internacionales y Àngel Quintana se pregunta si esto implica un cambio de ciclo creativo. Así podría estar abriéndose una brecha que la nueva ley del cine podría acabar por fomentar, entre grandes y pequeñas producciones en las que no parecen tener cabida las producciones típicas del último decenio ¿Estaremos ante el final del realismo tímido? ¿Se abre un nuevo camino a producciones de bajo coste pero más atractivos para mercados (también minoritarios) internacionales? ¿Cuál será el rumbo que tomará nuestro cine?

El artículo (de hecho, toda el número de Octubre) analiza estos posibles cambios, las estructuras productivas, las inversiones de las televisiones y los nuevos modelos creativos. Yo no tengo claro que esté acabando este tipo de cine. De hecho, películas producidas en Barcelona en ese entorno no tan documental, ha hecho dos films como Lo mejor de mi (Roser Aguilar) o Tres dies amb la família (Mar Coll) que podrían tener puentes con el realismo tímido.

En todo caso, es eviente el crecimiento espectacular que ha tenido el documental y parece una evidencia que todo ello acabará por influenciar con fuerza el resto de la producción. Es bueno que nuestro cine triunfe fuera de nuestro país aunque sea en ámbitos minoritarios, y acabará por darnos réditos desde diversos puntos de vista (no sólo económicos). Quizás estemos encontrando nuestro camino.

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REC 2

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Después del enorme éxito cosechado por REC, Jaume Balagueró y Paco Plaza decidieron hacer una segunda parte. Después de que un edificio se viera asediado por una especie de zombies, un cuerpo de los Geos decide entrar para acabar con el problema.

Ya REC tenía algunas deficiencias de guión. Recuerdo haber comentado que me pareció que tenía un gran arranque pero que, poco a poco, se diluía. Incluso el clímax es uno de los más tramposos y decadentes que tenido la oportunidad de ver.

En el caso de REC 2, cuando la película arranca ya ves que has tomado una mala (muy mala) decisión pagando los casi 8 euros de la entrada para ver lo que vulgarmente se llama pastelazo.rec-2

El tono visual es bastante parecido al de la primera parte, jugando con que uno de los personajes (en este caso varios) llevan una cámara. Y cuenta todo a través de esa mirada subjetiva pero sin la brillantez que desprendían algunos instantes de la primera. Es verdad que en esta segunda parte han sido capaces de añadir juegos con la cámara que no están mal y acaban por darle un protagonismo interesante. Pero no es suficiente como para mantener el interés del espectador. Además, así como en la primera la justificación queda muy clara, en esta segunda es más bien justa.

Las influencias de los juegos en primera persona de los videojuegos, en este caso, es más evidente. Pero los personajes son menos interesantes. Recuerdo que en la primera parte tenía una reportera y un cámara que ambicionaban tener un reportaje espectacular. En este caso, sólo son unos Geos muy asustados y unos niños que sí dan algo de interés a la trama.

Es verdad que, así como REC va poco a poco abajo, REC 2 parece crecer. A partir del Midpoint (suele ser una secuencia sobre el minuto 50), la historia toma un poco (aunque tampoco mucho) interés.rec2-03

Uno de los elementos más graves del film es que no cierra alguna de las tramas. No estoy hablando de un final abierto pensado para luego lanzar una continuación, sino más bien que no cierra alguna de las tramas más importantes del film.

¿Queda abierta la puerta a una tercera parte de REC? Yo lo dudo. Sobre todo porque la gente no va a salir contenta del cine. Aquellos impactantes trailers de la primera con el público saltando de la butaca son, en esta, imposibles, transformando su trama en una especie de Aliens, el retorno.

Empiezo a acostumbrarme a que Jaume Balagueró me dé una de cal y una de arena. Los sin nombre y frágiles me decepcionaron tanto como me sedujeron REC o Darkness. Así que no es tan mala señal de que se haya embarcado en este subproducto con Paco Plaza porque así el próximo título seguro será más interesante.

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Para acabar con la piratería

piratas

El debate de acabar con la piratería empieza a sonar a gastado, pero parece que los creadores de contenido prefieren protestar por lo injusta que es la vida. Bueno, eso es lo que hacen en público, porque estoy convencido que en privado deben estar moviendo ficha, aunque sea lentamente. Pero, por si acaso, vamos a repetir otra vez la solución.

El sector tiene un problema; ellos crean un producto que otros distribuyen de forma gratuita por la red. Y entonces el negocio muere. Frente a eso, sólo son capaces de hacer dos cosas; quejarse porque es muy injusto que ellos creen un contenido que es lo que de verdad aporta valor a la red, y otros (las operadoras como telefónica) son las que hacen el negocio con las tarifas de ADSL (algo de razón tienen). Y si no hacen eso, señalan unos supuestos valores añadidos a la sala de cine que muy pocos ven (eso reflejan las audiencias de las salas).

A la gente, en general, le pasas una copia con una imagen pixelada y con un audio con mucho ruído, y les da igual. Luego el discurso de la sala se tiene que acabar. Como alguna vez ha dicho Àlex Gorina, lo más probable es que las salas pasen a ser casi una atracción. Algo parecido a como hoy vamos al Imax. Pero que ni en broma será el lugar donde la gente irá a ver sus ficciones favoritas.

Sólo hay una solución que pare esta sangría. Y cuanto antes lo hagan, mejor para todos. Ofrecer algo que sea mejor que ese “gratuíto” de la red. Si ahora quieres descargarte algo, tienes que tener una cierta previsión (cada vez menos, es cierto). Luego, ofrece inmediatez. Si lo quieres ver, lo ves. Y la manera de ofrecer eso es con streaming. Lo que hace youtube, vamos.

Estoy seguro que, por contenidos muy premium, de mucho interés social (tipo Harry Potter) y en producciones minoritarias pero para sibaritas del cine, la gente estará dispuesta a pagar pequeñas cantidades de dinero, pero creo que en este país no estamos acostumbrados a pagar por los contenidos audiovisuales. Así que me decanto porque la mayoría de los contenidos llevarán publicidad. Eso sí, si la publicidad que llevan es como la que ahora hacen en televisión (creo que son 20 minutos por hora), la gente seguirá descargándose las cosas porque eso es insoportable.

Según en una entrevista publicada en El Pais a Al Lieberman, profesor de marketing de el programa de Entretenimiento, Medios y Tecnología de la Universidad de Nueva York (algo sabrá este tipo, digo yo), y que descubro gracias al blog de Gonzalo Martín, la industria americana ya ha aprendido del error que cometió el sector de la musica. Y no quieren caer en lo mismo con lo audiovisual.

Y, a la vez, en webwire TV, han publicado un artículo en el que hablan de imitar el modelo que ofrecen en la música Spotify, Last.fm, o We7. Y, de hecho, pone como ejemplos de eso el canal de la BBC (iPlayer), la experiencia de Channel 4 con 4oD, y Hulu, que vienen a ofrecer ese servicio. Hollywood también está arrancando su propio proyecto, un servicio de HD para películas.

Yo estoy convencido que es cuestión de tiempo porque parece que cae por propio peso. Cuánto tardarán no en darse cuenta sino en aceptarlo, ya no lo sé.

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3 DÍAS CON LA FAMILIA

Cuando se habla mucho de un título español por parte de la crítica anunciándolo como una gran película, tiendo a desconfiar porque suele no utilizarse la misma vara de medir fuera y dentro. Y he de reconocer que tenía ciertos prejuicios respecto a 3 días con la familia. Me parecía poco creíble que una ópera prima sostenida en una protagonista que también es su primera vez, pudiera ser tan buena como proclamaban a los cuatro vientos. Y una vez vista, no podía estar más equivocado.

3 días con la familia narra la historia de Léa, una joven que estudia en Toulouse ingeniería y que tiene su vida allí montada, que vuelve unos días al funeral de su abuelo, el patriarca de una familia burguesa al que todos desprecian. La incomunicación, una suculenta herencia y conflictos silenciosos arrastrados desde hace tiempo, vehiculan la trama.

Suele ser un error dar un tono hiperrealista a un guión porque juega en contra de nuestra forma de entender la ficción. Pero si optas por esta vía, la historia debe entrar poco a poco, no dándole mascado todo al espectador para que participe en la historia. Y Mar Coll, la directora y coguionista junto con Valentina Viso, ha sabido hacerlo a la perfección. A cada minuto que pasa, el espectador es más partícipe de la familia hasta casi conocer todas las virtudes y defectos de sus integrantes.

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Uno de los principales aciertos es la utilización de personajes elípticos. Toda la trama gira en torno a la relación que establecían con el abuelo. Pero, a parte del desprecio que se respira, no llegamos a saber qué cara tenía, excepto por dos fotos que tampoco nos ayudan demasiado. Y una de las tías de Léa, Virginia, que ha escrito un libro inspirado en su vida, no aparece hasta la mitad del metraje a pesar de que se habla mucho de ella. Eso le da un áura magnética que, llegado el momento, Amália Sancho, la actriz que la interpreta, es capaz de sostener a la perfección con un aire seductor que carga el ambiente.

Y es que uno de los activos principales de la película es una gran combinación entre actores veteranos y novatos de mucho talento. La protagonista, Nausicaa Bonnín, está expléndida. Encuentra siempre el punto justo, sin pasarse y sin quedarse corta. No necesita hacer sobreinterpretaciones para que entiendas qué le está pasando. El resto de jóvenes, entre ellos David Verdaguer y Aida Oset, también están fantásticos y arropados por un plantel veterano de un gran nivel.

Qué decir de nombres como Eduard Fernández o Philippine Leroy-Beaulieu que no se haya dicho ya. Eduard es ese padre incapaz de asumir la separación de su mujer, que ni siquiera se atreve a contarlo a su familia por miedo a la reacción. Su vida parece estar en un compás de espera basado en la esperanza de la vuelta de su mujer. Esta, interpretada por Philippine Leroy-Beaulieu, vive yendo y viniendo y manteniendo la mentira por su marido sin entender porqué su hija (Nausicaa) no quiere relacionarse con ella.

tres-dies-amb-la-familia-02Creo que sobran las palabras cuando encuentras dentro de un mismo equipo a los protagonistas de Smoking room (Francesc Orella), del mítico Franco de Albert Boadella en ¡Buen viaje Excelencia! (Ramón Fontserè) o Isabel Rocatti, una de las protagonistas de la exitosa serie de TV3 Ventdelpla.

Pero todo el trabajo podría haberse ido al traste si la conclusión de la historia no hubiera sido la adecuada. 3 días con la familia me ha brindado uno de los mejores clímax que recuerdo del cine español. De una gran delicadeza, suavidad, realismo, inevitable… Tiene todas las virtudes que debieramos pedir a una secuencia final. Tan dramática por su sencillez y desnudez que conmueve como pocas.

He dicho varias veces que este país tiene un problema de escuela, de estilo, que permita a un conjunto de espectadores (mayor o menor) identificarse con ese tipo de historias y, a partir de ahí, crear la industria del entretenimiento que tanto reclama Gonzalo Martín. Quizás es porque me coge en un arrebato de optimismo, pero empiezo a tener la sensación que algo se mueve alrededor del ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). Sus dos primeras películas, Lo mejor de mi y 3 días con la familia, demuestran que su formación que más que valida. Y los dos títulos, unidos a la película de Judith Colell 53 días de invierno y al trabajo ya hecho por directores como Cesc Gay (En la ciudad) y algunos otros podrían marcar un camino con un cierto público que, de seguir así, les será fiel. No tengo ninguna duda.

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53 DÍAS DE INVIERNO

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No son pocas las veces en las que me quejo de que los problemas del cine español son dos; la falta de escuela y la falta de talento. Y en este orden. En síntesis, considero que en este país no sabemos a qué jugamos, no sabemos qué funciona, no tenemos identidad. Si resolviéramos esta parte, si tuviéramos una “escuela”, hacer sobresalir el talento sería mucho más fácil.
Pero no está todo perdido.53diasfotorodatge

Ayer tuve la oportunidad de ver 53 días de invierno, la segunda película de Judith Colell, después de Nosotras. Y me sorprendió gratísimamente. Viene a demostrar que, si se parte de un buen guión, de una buena plantilla de actores y de una dirección más que razonable, los resultados acaban por llegar.

53 días de invierno es un retrato de la soledad en su estado más puro, con personajes recorriendo todo el espectro de edades y de una gran verosimilitud. Desde una maestra que recibe el alta después de más de un año interpretada por una siempre genial Mercedes Sampietro, hasta un guardia de seguridad interpretado por un notable Álex Brendemuhl incapaz de asumir su cruda situación económica, pasando por una joven enamorada del director de su cuarteto de cuerda interpretada por uno de los mayores valores entre nuestra juventud; Aina Clotet. A todo eso, hay que sumarle una retahila de secundarios de excepción; Montserrat Salvador, Silvia Munt, Joaquim de Almeida, Abel Folk…

53-dias-de-invierno-02La película está cargada de dolor y de silencios, aunque en algunos momentos asome la esperanza. Es evidente el juego de claroscuros íntimamente ligados al estado de ánimo de los protagonistas. Los momentos más luminosos son aquellos en los que la fe les acompaña, mientras que la oscuridad llena la pantalla cada vez que el desanimo cierne sus corazones. Las tres historias quedan unidas mediante un programa de radio de madrugada, donde los solitarios se desnudan frente a la audiencia y, sobre todo, por un encuentro fortuíto en una parada de bus.

El nivel del metraje se sostiene siempre a una cierta altura, pero esto, de por sí, quizás no hubiera sido suficiente. Hay varios momentos de una simplicidad brillante. Recuerdo con especial cariño una llamada a su mujer del personaje de Brendemuhl, que me hizo vibrar.

La recomiendo y confío en que Colell sea capaz de mantener este nivel, porque estoy seguro que seguirá ofrenciéndonos algunos de los mejores momentos de nuestro cine.