Alberto Lacasa

Reflexiones sobre televisión y cine

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Facebook el 3º en vídeo en streaming

crecimiento¿Dónde va la gente a buscar vídeos online? Esta respuesta es fácil de contestar; la gente que quiere ver clips cortos, divertidos, espontáneos, fuera de los círculos del sistema de producción clásico, en youtube. Los que buscan sus series favoritas y grandes producciones con gran calidad, en USA, buscan Hulu (en España, aunque hay varios proyectos que quieren hacer lo mismo, aún no tenemos un estandar ni un nivel de contenidos similar).

No es extraño pues, como leo en un post de webTV wire, que las dos primeras posiciones del ranking de los servidores de streaming sean para estos dos portales; youtube tiene 6,6 miles de millones de streams y 105 millones de visitas frente a los 632 millones de streams y 13 millones de visitantes de hulu.

Pero la sorpresa ha llegado con la tercera posición. Facebook se ha plantado en la 3ª posición con 217 millones de streams y 31 millones de usuarios. No sé de qué cifra partía pero parece que el crecimiento ha sido espectacular.

Hasta ahora una de las grandes preocupaciones que creo debíamos tener los creadores de contenidos era el monopolio que se está generando en torno a youtube y a google en general. Pero, ¿puede estar indicando este crecimiento espectacular un cambio de tendencia?

Muchas veces, cuando charlamos entre gente del sector detectamos un claro cambio en el consumo de blogs. Leemos lo mismo en cantidad, pero ya no usamos tanto los lectores de feeds como las recomendaciones de nuestros contactos en twitter. En el fondo, hemos pasado de un; “¿A quién lees?” a un “¿De quién te fías?”. Es un cambio de unas consecuencias increíbles aunque lo hayamos vivido con gran naturalidad.

En el fondo, viene a implicar que, si hace antes había una serie de medios que decidían qué merecía la pena ser publicado, hemos pasado a un modelo donde una serie de usuarios-nodo son los que hacen esa tarea. Ahora, los medios que basan su estrategia en la calidad y no en el SEO, no tienen más remedio que interesar a esos pocos prescriptores de contenidos.

Este crecimiento entronca a la perfección con esta evolución, pero esta vez con el usuario de a pie. Ya no el geek, altamente tecnificado, sino la verdadera masa del 2.0.

Puede que la pregunta del futuro ya no sea; ¿dónde van los usuarios a buscar sus vídeos? sino ¿de quién se fían

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El vídeo online y la desintermediación

El otro día leía un interesante post de Gonzalo Martín sobre desintermediación. Os recomiendo su lectura porque profundiza en el concepto. Yo hago una pequeña definición del asunto y abro una reflexión.

Hasta ahora, si querías emitir contenido de vídeo tenías muy pocas opciones: o negociabas con una de las pocas televisiones que tenían licencia para emitir o te quedabas con las ganas. Con internet esa barrera ha desaparecido.

Aunque esto tiene algún  pero económico (no es fácil monetizar los contenidos ni es tan sencillo como subir el vídeo a un youtube), el hecho cierto es que ha cambiado muchas cosas. La más importante es que una cierta censura y condiciones draconianas mueren en este proceso.

En teoría, los 4 que ahora mandaban pierden control y capacidad de decidir. Y los procesos creativos, o las ideas poco representadas, las imágenes que, por escabrosa o por el motivo que sea, acababan en un cajón, ahora han cobrado nueva vida.

El elemento clave, desde mi punto de vista, es que se ha roto lo que se conoce como barrera de entrada. Hasta ahora, colar tus contenidos era carísimo y muy pocos podían hacerlo. Hoy, todo el mundo puede colgar su vídeo en internet.

Abro un pero que pocas veces he visto cuestionado. La enjundia del asunto es: antes mandaban 4 (tve, las 3 privadas y las autonómicas). ¿Y ahora? En realidad, hoy también tenemos un pequeño grupo de empresas, con intereses mediáticos, políticos y económicos que “controlan” de facto que vemos y hacemos en la red y que, por tanto, tienen un potencial censurador muy grande.

Los separaría en dos grupos: proveedores de streaming y proveedores isp.

Los proveedores de streaming son los servicios que permiten subir vídeos a la red y que luego los espectadores puedan verlos (youtube, vimeo, blip…). En realidad, tienen una capacidad enorme de censura. He vivido algún caso de cerca de algún canal honesto que ha sufrido el cierre y lo difícil que es reactivarlo (sin contactos diría que imposible).

En teoría las normas están claras. Y la inmensa mayoría de estos contenidos no son un problema para ellos. Pero eso no evita que hay un embudo. Como la mayoría de las personas buscan los vídeos en los mismos sitios, es imprescindible estar en ellos. Así, en España, no estar en youtube es no estar. Intermediación monopolística.

Por otra parte, estos mismos proveedores tienen también un buscador que te hace estar o no estar. Aquí es donde volverán a aparecer (y donde, de hecho, han aparecido ya) las nuevas barreras de entrada. O pagas mejorando las búsquedas de forma natural con SEO, o pagas por aparecer primero con SEM. O estás fuera. Nuevas barreras de entrada en los nuevos espacios.

Los proveedores de isp son los que nos dan conexión a internet (Telefónica, Orange, Jazztel…). Ellos saben exactamente el tipo de contenido y el contenido concreto que estamos consumiendo. Sobre esto sí que se ha hablado mucho: la neutralidad de la red (que el proveedor isp no pueda condicionar la velocidad o el acceso de nuestra conexión en función de los usos que hagamos).

Sabemos que estos ya han practicado una cierta censura, en especial con los sistemas P2P (contra los que tienen algunos intereses). Y, en este caso, volvemos a tener un nuevo embudo por el que hemos de pasar. ¿Qué pasa si un contenido afecta frontalmente sus intereses? Y una pregunta casi más interesante: ¿y si un contenido les interesa mucho?

No es que tema una censura a la antigua, pero sí con nuevas fórmulas: por ejemplo enterrándolos en los resultados haciéndolos inaccesibles y haciendo la conectividad a esos contenidos incómoda (reduciendo la velocidad y cosas similares).

¿Realmente estamos desintermediando o estamos colocando nuevos intermediarios con intereses distintos? ¿Qué tipo de contenidos encontrarán problemas para ser emitidos por la red? Hoy, todos aprendemos. Pero cuando estos players tengan claro de qué va esto, ¿cómo llevarán el agua a su molino? Preguntas que no sé cómo contestar…

 

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Charlie Sheen, el mundo puesto del revés

¿Quién podía pensar que la cancelación de la serie Two and a half men iba a traer tanta cola? Por primera vez que yo sepa, el protagonista decide hacer un programa en directo y online donde da su punto de vista sobre lo sucedido.

Más allá de la grotesca imagen que el actor ofrece sobre si mismo, me parece que, a su alrededor, han sucedido cosas relevantes en esto de la televisión online.

Para empezar, demuestra que internet no es más que una parte natural de nuestra vida. Nada de diferencias entre lo online y lo offline. Lo que interesa en un lado, interesa en el otro. Lo prueba que Charlie Sheen apenas ha necesitado unas horas para acumular centenares de miles de followers en twitter. En estos momentos, supera los dos millones.

No puedo evitar pensar que estos programas de telerrealidad (tipo Sálvame) que tienen un antihéroe por estrella, como Belén Esteban, corren el riesgo de ver cómo este prefiere ir por libre. ¿Cómo le iría a Belén si montara su propio canal tal y como ha hecho Sheen?

Hasta ahora las televisiones han tenido (y jugado) con el hecho de que tienen una licencia para emitir por un espacio muy restringido, el radioeléctrico. En cierta medida, parte de su valor añadido es ese. Hoy, con internet, queda devaluado. Y el valor pasan a ser los contenidos en si mismos. Si el contenido (véase Belén) decide hacer como Sheen, ¿en qué lugar quedan T5 o A3?

Pero lo que me parece más interesante es cómo ustream está cogiendo el lugar predominante de las transmisiones en streaming. Uno pudiera pensar que la fuerza de youtube debería hacer que los usuarios prefirieran hacerla en el referente. El problema es… ¡que no pueden hacerlo!

Youtube ha hablado varias veces sobre ofrecer esta posibilidad pero nunca ha acabado llevándola a término. La explicación más probable es que temen que se use para emitir contenidos protegidos (como, de hecho, se hace en ustream).

El problema es que emitir contenido en directo de los usuarios, sobre todo ahora que la movilidad es el eje en el que todo parece entroncar, es clave. No es que crea que esto va a permitir a ustream pasar por delante de youtube. Pero es un hecho que, en la red, todo pasa demasiado deprisa. Y es un riesgo evidente que tu competencia pueda ofrecer servicios que no están a tu alcance.

Es verdad que ahora youtube tiene intención de realizar eventos muy premium en live y esa es una parte del pastel muy jugosa. Coqueteo con la idea de ver los partidos del Barça o del Madrid por youtube. Y no puedo evitar preguntarme qué será de Canal +, La Sexta o las Autonómicas.

Pero una cosa es emitir contenido premium en directo y otra muy distinta la ventaja competitiva que supone ofrecérselo a los usuarios. ¿Qué movimientos hará youtube en esa dirección? ¿Cómo cambiará el evidente éxito del programa de Charlie Sheen el negocio del vídeo online?

ACTUALIZACIÓN: Había puesto un enlace al vídeo de Charlie Sheen, pero él mismo lo ha cerrado.

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El valor del directo en la televisión del futuro

Hace años, hacer en televisión un programa en directo era algo muy complejo. Más allá de las noticias, muy pocos programas de televisión se hacían en directo por el enorme riesgo y los elevados costes que esto suponía. Y eso hacía que aquellos programas que sí se hacían en directo, hicieran incapié en ello, recordando al espectador que lo que estaban viendo en sus pantallas ocurría justo en esos instantes.

Eso suponía un enorme prestigio. Parecía que un programa en directo estaba más vivo y era más interesante y real que si se hacía en diferido. Aunque eso sigue siendo así, de alguna manera asumimos como normal que los programas sean en directo. Muchos de ellos lo son. Sin contarlos, diría que son mayoría.

Y entonces llega internet. Se habla mucho de cómo internet rompe las barreras del espacio. Pero es que también rompe las del tiempo. Ya no tengo por qué ver Buenafuente o El diario de Patricia en directo. Puedo verlos por la mañana o cuando llego a casa si es que no estoy en casa cuando empiezan.

¿Qué sentido tendrá entonces hacer programas en directo? El programa diario no estaría asociado a una hora (más allá del momento de colgarlo en la red) y al hecho de que, si está vinculado a actualidad, tendrá una fecha de caducidad muy próxima.

Claro que se muchos de estos programas pueden emitirse en streaming en directo. Pero lo que es seguro es que podremos verlos a la hora que nos venga en gana. Y eso conlleva muchos cambios en la relación entre contenido y telespectador. De la misma forma que Lost es una serie y, en cambio, los lazos que hemos establecido con ella son muy distintos a los que habíamos establecido hasta entonces con cualquier serie, Buenafuente no será lo mismo cuando nos acostumbremos a verlo cuando nos apetezca.

El cambio más drástico que intuyo es que el tratamiento de la actualidad cambiará. Cuando los guionistas de un programa como Buenafuente preparan el guion, saben con qué información llegará el espectador al sofá. Si Millet ha salido ya de la carcel o no, y si el Barça ya es líder de primera división. Pero ahora, puede que la información que ellos traten se haya actualizado. Puede que cuando el espectador mire su tele (o su iPhone, iPad o lo que demonios quiera usar), Millet ya estará otra vez en la cárcel o el Barça habrá perdido la liga (¡ey, espero que no!). Así que la relación entre actualidad y entretenimiento audiovisual podría tomar un rumbo.

Más allá de esos matices, ¿qué sentido tendrá hacer directos con el sobrecoste que eso supone? Yo creo que se reducirá mucho la cantidad. Me atrevería a decir que sólo tienen sentido dos tipos de programas que seguirán haciendo en directo:

– Eventos masivos de interés general. Por ejemplo partidos de fútbol, conciertos, ficciones que trascienden de lo habitual y que se espera que sean grandes éxitos (como el final de Lost o el estreno del último film de Eclipse)…

– Información de noticias. En eso tiene mucho sentido la información 24 horas que va repitiendo contenidos.

Así, de la transición que hicimos del diferido al directo pasaremos de nuevo al diferido. Pero un diferido… diferente. A la carta. De más calidad.

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Google TV y la convergencia tecnológica

Ahora hacía (demasiado) tiempo que no hablaba sobre webTV, video online o convergencia tecnológica. Pero este anuncio de google, que era ya un secreto a voces, me obliga a volver a tocar el tema dedicándole, al menos, un post.

Hace ya tiempo que empecé a escribir en el blog. En varios de mis primeros posts ya hablaba superficialmente de la convergencia tecnológica; de cómo internet se volvía más televisión y la televisión más internet.

La clave del problema era que internet te da acceso a muchísimo contenido pero no es demasiado cómodo disfrutarlo para ocio. O, por lo menos, no tan cómodo como estar sentado delante de la televisión en el sofá y gozando de alta definición. Eso es lo que nos hacía pensar a todos en este proceso.

Además, a todo este juego se unía el móvil. Muchos de los contenidos que queríamos ver también buscábamos la posibilidad de poderlos disfrutar en el tren o en el coche sin demasiadas complicaciones.

Con el tiempo han ido surgiendo proyectos que buscaban cubrir ese espacio. Boxes para televisiones, proveedores de contenido en la red pensados para ser servidos en televisión e incluso nuevos gadgets como el iPad, que se sitúan entre la portabilidad y el tamaño suficiente para consumir letras e imágenes.

Ahora Google se lanza a esa carrera con una propuesta interesante. Básicamente se trata de televisiones que ya llevarán incorporado lo suficiente para poder navegar por internet buscando ese contenido (película, vídeo, live streaming…) que buscamos. Si nuestra televisión no lo llevara incorporado, podremos comprar una box, como la de la TDT o Canal Satélite y obtener los mismos servicios.

La pregunta que me surge es si la navegación será cómoda. Yo creo que el gran handicap de la navegación mediante televisión es escribir una URL sin necesitar un mando del tamaño de un camión. Para mi, escribir con teclados numéricos como si se tratara de un SMS de un móvil está totalmente descartado.

Un amigo me proponía que se lo imaginaba los nuevos mandos a distancia como una pantalla táctil de un smartphone actual donde estaría toda la navegación. No está mal como idea, ¿no? Claro que eso encarecería mucho los mandos a distancia. Al menos a corto plazo.
Yo personalmente tengo muchas ganas de probarlo. El problema es que ya veremos lo que tardará en llegar a nuestro país. Google dice que lanzará en 2011 en varios países, pero no dice cuáles. Así que tendremos que esperar.

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Un poquito de por favor

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Decía Karl Marx que, cuando a una realidad asentada llamada tesis, se le presentaba un grupo dispuesto a negar esa realidad (antítesis) se generaba un enfrentamiento o revolución que acababa llevando a una síntesis; una especie de negación de la negación. Y parece que estamos encadenados a esa forma de relacionarnos con el conflicto.

No escapa a esa estructura lo que ahora está sucediendo con la ley de economía sostenible de marras. Dejando de lado que esta ley, por lo que dicen, traerá algunas buenas noticias (creación de empresas en 24 horas y con un coste ridículo), en internet ha hecho estallar la indignación que bien puede acabar significando un serio cambio de statu quo.

En primer lugar, me gustaría hacer constar que no entiendo la ley y que, por tanto, dificilmente puedo aderirme o posicionarme en contra. Pero sí que he leído muchas cosas. Por un lado, el gobierno asegura que no pretende hacerse daño a ningún usuario ni ninguna web que use contenido con copyright sino a webs que hagan negocio con ello. Y yo, en esto, podría estar de acuerdo.

Los otros dicen que no tiene sentido preparar tanta artillería para un número tan limitado de webs y que el objetivo es crear una comisión (si no he entendido mal) mixta entre la SGAE y el ministerio de cultura que podría cerrar preventivamente webs sin necesidad de una orden judicial. Si esto es así, por mucho que digan la ministra que sólo van a por los que hacen negocio, me parece una situación que puede patinar con facilidad al terreno de la caza de brujas.

En segundo lugar, y a consecuencia de estas interpretaciones tan dispares, las posiciones, más que radicalizarse (ya lo estaban), se han reforzado. Y tengo la sensación de haber escuchado cosas que ya antes, en otros temas y ámbitos, había visto. Gente que pregona su predisposición a negociar y, a la práctica, hacen ostentación de intransigencia frente algunas injusticias.

Todo se ha llevado a un terreno de buenos y malos (tesis y antítesis) donde me niego a identificarme plenamente con ninguna de las dos posturas. Twitter, estos días, se ha llenado de mensajes del tipo “Ramoncín, caca”, “libre circulación de conocimiento (y mucha retórica vacía de contenido), guay”. Supongo que estamos todos un poco “calientes”, pero estoy seguro que todos entendemos que la cosa es bastante más compleja.

En uno de los lados de la mesa parecemos tener una industria que pretende mantener una situación que va en contra de la dinámica de las cosas. Demonizan las descargas y pretenden hacernos sentir como criminales cuando descargamos cosas de internet con anuncios ridículos que, más bien, incentivan mis ganas de hacer sacar humo a mi emule.

La industria puede decir lo que quiera, puede llorar tanto como aguanten sus lagrimales. Pero la realidad es que, si tiras una pelota al cielo, esta vuelve a caer. Y no, la industria no va a conseguir alcanzar la velocidad de escape de la atmósfera.

Respecto a los contenidos (ya sean libros, películas o lo que se les ocurra y sea digitalizable) no hay alternativa. Tienen una competencia que los canibaliza porque los contenidos, en realidad, los han creado ellos; el P2P y los servidores streaming que no controlan. Así que u ofrecen algo mejor que ellos, o acabarán por ahogarse. A mi sólo se me ocurre una alternativa; que ellos mismos que ofrezcan estos servicios (con más calidad incluída y ya veremos si con algún modelo freemium).

Todo esto es tan obvio que el sentido común me dice que la industria ya es consciente. Pero, entonces, ¿por qué no lo hacen? Creo que se juntan dos factores; Por un lado temen a una tecnología que no dominan. En realidad, han de competir en algo que aquellos que les están poniendo dificultades conocen mucho mejor. Por otro, suponiendo que lo hicieran todo bien, deben temer que aún no haya una garantía clara de igualar los ingresos que ahora perciben. Y razón no les falta.

Así, yo interpreto todo este proceso como la intención de ganar tiempo. Pero, como decía, time is over. Hagan lo que hagan, amenacen con lo que amenacen, la gente va a seguir descargándose películas siempre que para conseguir la versión “oficial” tengan que pagar y la “pirata” se la ofrezcan gratis. Más allá de si es justo o no y de si es legal o no, es la decisión económicamente racional como consumidor.

Y entonces llegan los usuarios de la red. ¿Los usuarios? No, los que estaban en aquella reunión no eran usuarios sino gente muy vinculada desde el punto de vista profesional a la red. Tampoco podía ser de otra manera. Pero han de ser conscientes de que no son representativos de lo que es la red (y muchos lo han aceptado abiertamente). Ellos hablan de unos supuestos derechos “fundamentales”, de compartir lo que me venga en gana. Por cierto, ¿os habéis fijado que ahora usamos para todo eso de los derechos fundamentales?

La cosa es que, según nosotros, o sea, los  internautas en general, tenemos una especie de derecho natural a compartir lo que nos dé la gana. Y algunos de los argumentos son casi para echarse a reir. Que si “las películas que la gente se descarga no son españolas”, que si “la música que hace tal o cual es tan mala que por eso la gente se la descarga gratis”, que “aprendan del open source”, que “la SGAE chupa la sangre a pobres comerciantes que lo único que quieren es escuchar por la mañana a Luis del Olmo” o que “en la vida pagarían para ir a ver tal mierda de película al cine”. Y de aquí, triple salto mortal para ganarse la legitimidad para descargar lo que les plazca.

Y todo esto lo dicen personas que su trabajo (y esto es muy importante) no es “descargable” a un click. Está muy bien que algunos programadores decidan dedicar parte de su tiempo a programar software libre. Pero estoy seguro que cuando hacen un servicio específico a un cliente no aceptarían de ningún modo que ese código se licenciara. Y ahí reside la clave; es el programador el que decide qué comparte y qué no. Y como ellos, consultores, contables, gerentes, o comerciales.

¿Por qué los generadores de contenido no pueden hacer lo mismo? ¿Por qué ellos están obligados a compartir su trabajo gratis? Joan Planas tiene razón cuando dice los que defienden lo free tendrían que potenciar creadores que trabajan en creative commons (como, por cierto, él hace) y no tirar siempre de los creadores que libremente, deciden que quieren cobrar por lo que hacen.

Si alguien considera que una película como Mentiras y gordas apunta a bodrio insufrible yo le doy la solución; no hace falta que la descargue. Se ahorrará luz, ADSL y lo más valioso, 2 horas de su tiempo. Pero es una desfachatez descargarla, verla y luego decir; “es tan mala que no pagaría por ella”. ¡Pues no la veas! Pero, así como los programadores podían decidir qué era open source y qué no, ¿qué les queda a los productores de Mentiras y gordas si hago una descarga no controlada?

Con todo, también estoy de acuerdo con Joan en que, mientras acusamos de ladrones a los creadores que generan lo que disfrutamos (aunque algunos masocas decidan descargar cosas que no les gustan), otros se enriquecen del valor que estos generan. Me da igual quién tiene razón si Gonzalo o él en el debate que han mantenido respecto a si los proveedores de ADSL son o no distribuidores en el sentido clásico de la palabra. Lo que sí sé con seguridad es que yo no pagaría el ADSL que tengo si no fuera porque hay contenido interesante. Y creo que esto va más allá de si es o no un mercado regulado.

No quiero ser un cínico. Yo también me descargo cosas y la mayoría de nosotros lo hacemos. Pero todo esto me recuerda un poco a cuando me subo al metro y a mi lado alguien se cuela con aire triunfal sin pagar. Se me queda una cara de tonto que no puedo con ella porque sé que le estoy pagando el billete. Igual que cuando voy al cine, como fui anteayer a ver In the loop, sé que también pago la entrada de todos los que se la descargan.

Estamos en tiempos de un cambio de gran calado y puede que sea inevitable la dialéctica revolucionaria extremista que bascula entre la tesis y la antítesis. Es probable que sea gracias a estas posiciones que rozan lo fundamentalista sobre lo que edifiquemos el nuevo orden sintético. Pero yo no puedo evitar sentirme distante de estas dos visiones tan sesgadas. Quizás soy yo el que no está poniendo mi granito de arena. O quizás es que a muchos les falta un cierto sentido de la perspectiva.

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Cobrando por los contenidos

tarjeta-credito

Es un debate que ya hemos discutido algunas veces en el blog y lo hemos hecho infinidad de veces cuando nos hemos encontrado gente del sector del webTV. La pregunta clave es si la gente está dispuesta a pagar por el entretenimiento audiovisual o no.

Para mi en este debate se juntan diversos aspectos. La primera pregunta que me parece clave es; ¿Cuánto está la gente dispuesta a pagar por una hora de ocio? O lo que es lo mismo; ¿Qué valor tiene, en horas de su esfuerzo/trabajo, una hora de ocio? Teniendo en cuenta que esto depende mucho de la edad, voy a centrarme en la franja más joven con capacidad de compra, que es la gente que acostumbra a ver más contenidos audiovisuales por internet.

Está claro que la gente no está dispuesta a pagar lo mismo por todas las horas de ocio. Una hora de lectura podríamos establecerla sobre los 2 euros (teniendo en cuenta que una novedad cuesta algo más de 20 euros y un libro suele tener unas 300 páginas), una hora de cine unos 4 euros (aunque solemos añadir otros 2 en palomitas y bebida), y una hora de discoteca unos 5 euros (eso sin tomar ningún cubata, por lo que acaba siendo mucho más).

A priori, lo que parece probar esto es que la gente está dispuesta a pagar por cosas que le hacen disfrutar y no sólo por necesidades básicas y, además, lo hacen en una horquilla de precios de entre 2 y 5 euros. Esto, que puede parecer una obviedad, no es baladí. Si la gente está dispuesta a pagar por cosas que sólo les ofrecen algo tan intangible como placer, ¿Por qué no parecen dispuestos a pagar por contenidos en internet?

Creo que era la semana pasada, Albert Garcia Pujadas, CEO de Nikodemo, se quejaba en su blog porque, tras decidir cobrar por las descargas de algunos de sus vídeos, algunos usuarios les habían acusado de “venderse” y de caer en los “errores” de la industria clásica. ¿Por qué sus usuarios, que llevan años disfrutando de las aventuras de Cálico, no están dispuestos a soltar ni un euro para seguir gozando de las aventuras de su antihéroe? Y conste que son sólo las descargas. Pueden seguir viéndose en streaming. ¡Parece insólito!

Jesús Encinar, CEO de idealista, ha explicado con una claridad meridiana por qué los contenidos cada vez “valen menos”. En el fondo, este concepto en economía se llama valor marginal, y lo que dice es que conforme acumulamos unidades de un cierto bien, el valor de comprar una nueva unidad es menor. Imagina que estás en el desierto y no te queda agua. ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por una botella de agua? Todo lo que tienes. ¿Y por la segunda? Puede que te interesara para garantizar tu supervivencia en lo que te quede de ruta. ¿Y por la tercera? Casi te la tendrían que regalar.

El volumen de contenidos en la red es tan enorme que la percepción del valor de disfrutar de un nuevo contenido es prácticamente cero. Por eso los medios tradicionales que cobraron en un principio (y que ahora pretenden volver a cobrar) fracasaron.

Pero eso es un problema porque, aunque el coste de la producción de vídeo por internet es muy inferior al de la televisión convencional, lo cierto es que siguen siendo muy elevados. ¿Cómo vamos a pagar todo eso si nadie está dispuesto a pagar por ello?

Sólo existen dos modelos, que pueden llegar a combinarse (como, de hecho, está haciendo Nikodemo); publicidad y pago por contenidos. El problema es que los productores tememos, por un lado, que los usuarios no quieran pagar por nuestras producciones y, por el otro, que la publicidad les parezca demasiado intrusiva. Y nosotros, como dice Albert, bien hemos de comer cada día.

¿Podemos evitar la percepción de los usuarios de que nuestro contenido no es igual al resto de contenidos? Dicho con otras palabras; ¿Pueden considerar nuestros usuarios que nuestros contenidos tienen la suficiente exclusividad como para pagar por ellos?

En el caso de Cálico, yo creo que sí. A priori me parece previsible el cabreo de los usuarios porque, entre todos, les hemos vendido que esto iba de otra cosa (no digo la gente de Nikodemo sino internet en general). Pero también creo que la gente seguirá queriendo ver sus contenidos porque son buenos. Y cuando se den cuenta que ellos podrán seguir disfrutando de mucho contenido gratis, se acabará el debate y algunos euros caerán vía descargas. Estoy convencido. ¿Por qué no iban a caer si la gente está dispuesta a pagar por unos politonos extravagantes?

Pero, mientras tanto, y por si nos sirve de consuelo, no nos llamemos a engaño. En realidad, los usuarios ya pagan por nuestros contenidos; su conexión a internet. ¿Para qué pagar a Telefónica una conexión si no hubiera contenidos que disfrutar? Voy más allá. ¿Podría ser que, en paralelo a como baje el precio de la conexión aumente la inversión directa en los contenidos que interesan a la gente?

Creo que doy el sentir general del sector del webTV si digo que aún no está del todo claro cuál va a ser el modelo de negocio definitivo del sector. Pero lo que está claro es que no podemos seguir viviendo del aire. En mi opinión, no veo claro el cobrar por todos los contenidos, pero sí por una parte. Las publicidades, pagos por descargas y similares se van a multiplicar. Tenemos una referencia; lo que la gente ya hoy paga por los contenidos audiovisuales hoy. Y los usuarios lo entenderán. Estoy seguro.

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El 3D y Avatar

NOTA:  Si lo que quieres es leer la crítica de Avatar, la encontrarás en el enlace.

Ya todo el mundo habla sin parar de Avatar. Parece que los pocos minutos presentados son espectaculares y la gente que los ha visto, comenta que es una experiencia radicalmente distinta a la que hemos vivido nunca hasta ahora en una sala cinematográfica. Pero, ¿de verdad es tan relevante este estreno?

La industria del cine parece estar desesperada. Todo el sistema de descargas y los nuevos servicios de streaming amenazan a su sector. Ellos hacen una inversión muy fuerte y, en cambio, no son capaces de controlar la distribución y, por tanto, el negocio.

avatar¿Hay alguna manera de pararlo? Hay dos; la primera es ofrecer de forma inmediata y online un servicio gratuíto igual y de mayor calidad insertando publicidad (modelo Hulu) u ofreciendo aún más calidad y, puede que en el futuro algún servicio extra, por una cantidad no muy grande.

La segunda es devolver a la sala el valor añadido que tuvo en el pasado. Antes, cuando hablabas con la gente, te decían que tal o cual película había que verla en el cine, que no podías esperar a la tele porque perdía. Con los grandes equipos de sonido, el DVD y, sobre todo, la gratuidad de la red, la percepción de valor ha caído en picado.

La apuesta de la industria es el 3D y, como siempre, buscamos abanderados de nuestros objetivos; preguntarse si Avatar, la primera gran película 3D, va a triunfar es lo mismo que preguntarse si el 3D va a ser algo más que un cine IMAX o cine para niños. Preguntarse si Avatar llenará las salas es lo mismo que preguntarse por el futuro de esta industria. O eso creen ellos…

Y a todo esto, su director, James Cameron, se siente como pez en el agua porque ha tratado, y mi opinión es que conseguido, darle un vuelco a la cinematografía un par de veces antes con sendas películas más caras de la historia hasta ese momento; Terminator II y Titanic. Esta es su tercera vez, ya que ha gastado 200 millones de dólares.

¿Puede sacar el 3D el polvo a las butacas de las salas? Analicemos la situación.

Mucha gente compara este momento revolucionario con la aparición del sonido o el color. Y lo es. Es evidente que la experiencia cinematográfica cambia radicalmente. Y aparecerán nuevas formas gracias a este nuevo tratamiento visual. No tengo ninguna duda. ¿Evitará esto el pirateo? A corto plazo seguro. Pero, ¿llevará eso a la gente a meterse en una sala de cine? Sí, pero no por siempre. Y ese es, para mi, uno de los problemas.

3D

No nos equivoquemos; el sonido atrajo a gente al cine, pero el cine mudo crecía en popularidad. De hecho, si se añadió el sonido fue por su éxito, y no a la inversa. El sonido sólo reforzó una tendencia existente y, eso sí, dio nuevos recursos a grandes creadores.

El color es la muestra que un cambio de tecnología no implica éxito. La época dorada de hollywood acaba justo cuando el color se populariza. Es verdad que recibió varios varapalos; les acusaron de monopistas y perdieron la distribución, perdieron el control sobre directores y actores… Pero fue la televisión, sobre todo con los noticiarios y las series matinales, las que casi barrieron la industria cinematográfica.

El cine respondió parecido a como intenta responder ahora; con espectacularidad. Nuevos sistemas panorámicos (el cinemascope, por ejemplo, data de aquella época) y cine épico; Ben-hur o los 10 mandamientos. Pero hay una diferencia y a mi me parece clave. Los espectadores no habían dado la espalda al cine porque las películas les parecieran aburridas sino porque salió algo que les era más cómodo. Cuando el cine les dio, tan bien como lo hacían antes, cosas que la tele no podía ofrecer, la gente volvió. Pero ya eran buenos haciendo productos de entretenimiento. Ahora no es el caso.

A posteriori se han vivido otras crisis, por ejemplo la de finales de los 70’s. El público se cansó de lo que hacían en las salas, es decir, uno de los aspectos claves de la situación actual. ¿Qué devolvió a la gente a las salas? Que un grupo jóvenes medio chiflados que asustaban mucho con sus ideas a las majors, dieron un espectáculo que jamás se había dado; Spielberg, Lucas, Scorsese, Coppola, Zemeckis…

¿Quién está montando esto del 3D? Los de la revolución de los 80’s, ahora con casi 60 años. Así, por lo que están interesados es por la tecnología. Pero el problema es que las historias trilladas por las que la gente ha perdido (o está perdiendo) el interés, siguen siendo los que quieren explotar en estos nuevos sistemas. Es decir, en contraposición a lo que hicieron estos directores cuando llegaron, que fue cambiar las historias que se contaban, ahora esperan que sólo la tecnología levante la situación. Y yo no lo creo.

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Además, Avatar es una película tremendamente cara y parece obvio que ese no puede ser el camino. Por lo que la propuesta Avatar es casi, autoconcluyente; no es pregonera de ningún cambio narrativo, que es el que al final cuenta, más allá del 3D.

No olvidemos que, si le preguntas a la gente por qué no va al cine, la respuesta suele ser del tipo; “es que no vale la pena”. Yo no descarto, en absoluto, que nuevos realizadores que ahora incluso no conocemos, aprovechen esta tecnología para crear nuevos conceptos. Lo que pongo en duda es que, a medio plazo, cuando el 3D no sea una novedad, él sólo sea capaz de sostener esta situación.

A mi me parece imposible que Avatar no reviente. Pero es que es la primera, por lo que su éxito sólo quiere decir que la gente tiene ganas de probar algo nuevo. Pero sostener todo sólo sobre la tecnología 3D es un error. Yo creo que la industria se está haciendo trampas al solitario y, como no tenga un golpe de suerte, lo va a pasar mal.

ACTUALIZACIÓN; Jorge Mochón me ha pasado el enlace al trailer con su twitter. Os lo pongo.

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Para acabar con la piratería

piratas

El debate de acabar con la piratería empieza a sonar a gastado, pero parece que los creadores de contenido prefieren protestar por lo injusta que es la vida. Bueno, eso es lo que hacen en público, porque estoy convencido que en privado deben estar moviendo ficha, aunque sea lentamente. Pero, por si acaso, vamos a repetir otra vez la solución.

El sector tiene un problema; ellos crean un producto que otros distribuyen de forma gratuita por la red. Y entonces el negocio muere. Frente a eso, sólo son capaces de hacer dos cosas; quejarse porque es muy injusto que ellos creen un contenido que es lo que de verdad aporta valor a la red, y otros (las operadoras como telefónica) son las que hacen el negocio con las tarifas de ADSL (algo de razón tienen). Y si no hacen eso, señalan unos supuestos valores añadidos a la sala de cine que muy pocos ven (eso reflejan las audiencias de las salas).

A la gente, en general, le pasas una copia con una imagen pixelada y con un audio con mucho ruído, y les da igual. Luego el discurso de la sala se tiene que acabar. Como alguna vez ha dicho Àlex Gorina, lo más probable es que las salas pasen a ser casi una atracción. Algo parecido a como hoy vamos al Imax. Pero que ni en broma será el lugar donde la gente irá a ver sus ficciones favoritas.

Sólo hay una solución que pare esta sangría. Y cuanto antes lo hagan, mejor para todos. Ofrecer algo que sea mejor que ese “gratuíto” de la red. Si ahora quieres descargarte algo, tienes que tener una cierta previsión (cada vez menos, es cierto). Luego, ofrece inmediatez. Si lo quieres ver, lo ves. Y la manera de ofrecer eso es con streaming. Lo que hace youtube, vamos.

Estoy seguro que, por contenidos muy premium, de mucho interés social (tipo Harry Potter) y en producciones minoritarias pero para sibaritas del cine, la gente estará dispuesta a pagar pequeñas cantidades de dinero, pero creo que en este país no estamos acostumbrados a pagar por los contenidos audiovisuales. Así que me decanto porque la mayoría de los contenidos llevarán publicidad. Eso sí, si la publicidad que llevan es como la que ahora hacen en televisión (creo que son 20 minutos por hora), la gente seguirá descargándose las cosas porque eso es insoportable.

Según en una entrevista publicada en El Pais a Al Lieberman, profesor de marketing de el programa de Entretenimiento, Medios y Tecnología de la Universidad de Nueva York (algo sabrá este tipo, digo yo), y que descubro gracias al blog de Gonzalo Martín, la industria americana ya ha aprendido del error que cometió el sector de la musica. Y no quieren caer en lo mismo con lo audiovisual.

Y, a la vez, en webwire TV, han publicado un artículo en el que hablan de imitar el modelo que ofrecen en la música Spotify, Last.fm, o We7. Y, de hecho, pone como ejemplos de eso el canal de la BBC (iPlayer), la experiencia de Channel 4 con 4oD, y Hulu, que vienen a ofrecer ese servicio. Hollywood también está arrancando su propio proyecto, un servicio de HD para películas.

Yo estoy convencido que es cuestión de tiempo porque parece que cae por propio peso. Cuánto tardarán no en darse cuenta sino en aceptarlo, ya no lo sé.